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El Tao Jones Index

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    Editor Jefe
  • may 05, 201222:54h
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por Leon Wieseltier

“Aunque sigo siendo bastante tímido, me siento capaz de proyectar una tranquila pero inconfundible confianza, no importa si estoy reunido con líderes mundiales como Barack Obama, hablando a un gran público o lidiando con un policía de tráfico… En la mayoría de las ocasiones, interactuando con la gente, dejo que mi ego se haga pequeño, humilde, y sobre todo irrelevante, mientras me concentro en traer bondad y beneficio a quienquiera con que esté interactuando… Me siento sorprendido de lo mucho que mi simple deseo de paz mundial ha resonado en tanta gente.” El hombre que ha escrito estas palabras debe de ser insufrible. Nunca me he reunido con él, pero he leído su libro. Se llama Search Inside Yourself: The Unexpected Path to Achieving Success, Happiness (and World Peace), y es Chade-Meng Tan, un ingeniero de Google, Empleado Numero 107, conocido oficialmente como el “muchacho excelente (y nadie lo puede negar)”, cuya obligación es “iluminar las mentes, abrir los corazones, crear la paz mundial.” Su libro ha convertido mi corazón en una piedra. Es obra de la más desagradable autocomplacencia, y un precioso documento acerca de la santurronería e insularidad de Silicon Valley. Es también un ejemplo insidioso de lo que solía ser conocido como psicología industrial, la promoción administrativa de doctrinas mentales que pacifiquen a los obreros y los motiven para un “alto rendimiento”. En el caso del lama capellán de Google, el instrumento para joder mentes corporativamente es el budismo.

Busca dentro de ti es un programa tipo zen de “inteligencia emocional” que se ha enseñado en Google University a los empleados de Google desde el 2007. Su concepto central es la “plena atención,” un tipo de atención serenamente centrada, y consiste en una serie de meditaciones y ejercicios mente-cuerpo —“prácticas de sabiduría en un ambiente corporativo”— que están pensadas para hacer resaltar el “desempeño estelar del trabajo, el liderazgo destacable y la habilidad de crear las condiciones necesarias para la felicidad.” Desde luego, Meng no capta la ironía de refinar la atención de gente cuyo negocio es dispersar e incluso destruir la atención, al incluir una receta para un “e-mailing plenamente atento” (“comienza por inspirar conscientemente…”). Meng medita “cada vez que voy y regreso desde mi oficina al baño.” Al baño, en serio. “Total atención —explica— es la mente del simplemente ser. Todo lo que necesitas es prestar atención momento por momento sin juzgar. Es así de sencillo.” (La negación de la complejidad significante se inscribe en el estilo del libro, auténticamente naif: “Las conversaciones difíciles son conversaciones que son difíciles de mantener”). Debido al curso de Meng, los empleados de Google son ascendidos, vienen al trabajo más a menudo y se divierten. Como un ejemplo de alguien que capta que “trabajar es algo que haces por diversión,” nos pone —en uno de los muchos pasajes inconscientes de este manual de la conciencia de uno mismo— a Warren Buffett. Más que diversión, “tu trabajo se convertirá en la fuente de tu felicidad.” Y de la felicidad de la compañía también.

Hay muchas cosas que están mal en todo esto. Inspira conscientemente y considéralas. “Prestar atención momento por momento” es una renuncia al carácter crítico. El presente puro es para los niños y los místicos. La serenidad que Meng enseña es un quietismo de déjalo venir, déjalo pasar, una sumisión organizativa —y una técnica de manipulación mental pensada para quitarle al individuo cualquier obstáculo interno para la ejecución generosa de sus tareas. La “atención total puede aumentar mi felicidad sin cambiar nada mas”.¡Buen trabajador! ¡Engranaje ilustrado! Meng y sus autoridades —“estrategas de la felicidad,” “académicos del liderazgo”— insisten en el carácter “sin prejuicios” de la atención ideal. Este es uno de los grandes errores americanos. En lugar de enseñarle a la gente cómo juzgar, les enseñamos cómo no juzgar —pero no hay ninguna circunstancia o contexto en el que la ausencia de juicio no sea un juicio, específicamente uno de concesión y aquiescencia. O en palabras de un antiguo maestro citado arrebatadamente por Meng, “simplemente deja de tener preferencias.” ¿Podría haber una instrucción menos digna de Google? Está también la cuestión de la relación entre trabajo y alegría. La insatisfacción frente al trabajo es un destino desgraciado, aunque común; pero la promoción del empleo en el lugar de la más profunda de las felicidades individuales es una terrible ilusión. La plenitud espiritual no debería buscarse en una pantalla o un número. Y sin embargo aquí está Meng, que le dice a un monje que “la razón por la que se hizo monje es porque en 1972 no era posible unirse a Google,” espiritualizando la corporación. Esta es una astuta expresión de su forma de moverse, de su idea de éxito; y del imperialismo de la oficina, y la penetración de la vida profesional en la vida privada. “Simplemente ser” es posible tan sólo lejos del frío, cuantificado universo de la productividad y los logros. “Sólo ser” es tan sólo una apostilla de ello. En cuanto a la paz en el mundo, como la gente de Siria, Congo, Sudán y Tibet pueden confirmar, no es la paz del individuo. Pero el empleado 107 dice que “la forma de crear condiciones de paz para el mundo es crear un programa de inteligencia emocional basado en una plena atención, perfeccionarlo dentro de Google y después darlo como uno de los regalos de Google al mundo.” Pero ¿quién se creen que son esta gente?

Existe también una objeción empírica a su propaganda sectaria. Es el ethos stajanovista en Mountain View. “Cuando llegas a un sitio así, te puede despedazar,” le explicó un ingeniero de ventas de Google a The New York Times, que hacía un reportaje sobre el dharma de los negocios de Meng. En “una cultura de semanas laborales de ochenta horas,” el asalto en la esfera privada debe distinguirse por la transposición de sus valores a la esfera del trabajo, y la alienación puede ser resuelta por una promesa de salvación. La clase de Meng, dijo el ingeniero de ventas, “es aplicable de forma amplia [porque] todo el mundo lucha.” ¿Soy la persona más lista de la habitación? ¿Qué pasa si no?” Los pobres tipos de Google, con todo y sus perfectos currículums, necesitan ayuda. Otro empleado de Google, “un ingeniero con gafas tipo rockabilly que trabaja en la fiabilidad de los sitios web,” declaró que “el negocio es una máquina hecha de gente. Si tienes gente, tienes problemas.” Pero hasta el advenimiento de la singularidad, cuando el lobo sea amigo del cordero y el leopardo mande mensajes de texto a su crío, Google, con su “saludable desprecio hacia lo imposible,” tendrá que soportar la fragilidad de los mortales. Qué gran fallo para un modelo de negocio. Pero al menos algunos de ellos se harán ricos.

Este artículo fue publicado en la edición electrónica de The New Republic, y aparecerá en la revista correspondiente al 24 de mayo de 2012. Traducción: Juan Carlos Castillón.

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