- abr 13, 2012 • 13:51h
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Los disfraces
No es cuento
que el diablo se presente
como ya el gran Frégoli
disfrazado.
Pero el verdadero travesti
que fue uno de los ejes
del viejo melodrama
no está agotado en absoluto.
No tiene ninguna necesidad
de maquillaje, pelucas y esas cosas.
Basta mirarse en el espejo
para creerse otro.
Otros y siempre diferentes
pero siempre reconocibles
para quien tiene ya un cliché
de nuestro rostro.
Por eso resulta siempre vano
el arte del desdoblamiento:
hemos querido camuflarnos
como los prostitutos noctívagos
para esconder mejor nuestras llagas
pero es inútil, basta con mirarnos.
De Quaderno di quatro anni, Traducción: EHB



