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La planta, nuestra planta

  • mar 02, 201212:15h
  • 6 comentarios

Llegó en marzo de 2006, a pocos días de que abril lanzara sobre nosotros sus chaparrones frenéticos. Vino en un camión, impecablemente nueva, relucientemente útil. Era nuestra planta eléctrica, nuestro propio grupo electrógeno, que haría funcionar el ascensor y la luz de los pasillos cuando el apagón ensombreciera la zona. Estábamos salvados. La Revolución Energética nos beneficiaba con aquel aparato que tenía la forma de una locomotora detenida. Para reforzar el parecido ferroviario, su imponente estructura culminaba en una chimenea de la que nunca veríamos salir ni una sola voluta de humo.

Aquel primero de mayo, Fidel Castro informó en la Plaza que ya todos los edificios altos de la zona tenían su propia manera de autoabastecerse de electricidad. Sin embargo, todavía “nuestra planta” no había producido ni un solo watt, no había ronroneado ni una sola vez. En el tiempo transcurrido entre la llegada de aquel objeto y su anuncio público, se crearon tres puestos laborales para custodiarlo y recargarlo de combustible. Los empleados se dispusieron en turnos rotativos, aunque en un primer momento no tenían otro contenido de trabajo que observar nuestra hermosa “máquina de luz”. Se hicieron varios intentos de encenderla, pero no funcionaba bien. Quizás no habíamos sabido instalarla, quizás necesitaba más petróleo, quizás…

Se la llevaron a las pocas semanas de haber sido un número más en aquel discurso del Máximo Líder. La base de concreto que los vecinos construyeron para colocarla se quedó como un banco para sentarse los niños. Los tres empleados que la cuidaban disfrutaron unos meses más de su sueldo sin trabajo, hasta que las plazas fueron cerradas. La planta eléctrica —según explicó el camionero que vino a buscarla— se reubicó en una escuela para estudiantes latinoamericanos. No sin antes prometernos que la verdaderamente nuestra —más grande y con mayor capacidad— llegaría en pocos días.

Ya han pasado seis años. La gente habla de aquel grupo electrógeno como quien menciona un espectro encantado que se hubiera cruzado en su camino. Otros, lo más divertidos, bromean y gritan de balcón a balcón: “Oye… yo creo que ahora sí viene por ahí la planta, nuestra planta”.

Yoani Sánchez
La Habana

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6 respuestas
Comentarios

  • oscar canosa dice:

    Y todavia tienes que subir 14 Pisos?

  • Fidel.Gusano dice:

    No te apures Greñúa que pronto arranca la “Scarabeo” y ustedes van a ver quién soy yo..!!!
    Ahora sí..!!!

  • german dice:

    jajajaj yoani , esto si me ha hecho mearme de la risa que pais es una locura , jajajaj del 2006 bueno pero les quedo en esa locura un banco jajajaj cuba es una pelicula de luis bunuel , jajajajaaj yo me rio lose pero se para ustedes esto no da gracias cuando tienen que subir las escaleras , pero mira la parte positiva esta lpv , jajajajaja

  • Orwell dice:

    Eso se parece a los paneles solares de Barak Hussein, cada ves que el gobierno suelta la plata para una planta de paneles solares el lugar se va ha la quiebra pero la ignorante manada lo mismo que en Cuba sigue dando vitores en la Plaza….cada cual tiene lo que se merece,,,

  • Regina dice:

    Mira tu, un enorme grupo electrógeno acaba de instalarse en el fondo de la casa de Guillermo García. Por algo será

  • Amadeus dice:

    Cuba es un país a merced de un orate.

    Desde el cafe caturra y el Cordón de La Habana, las vacas que iban a producir más leche y queso Camembert que Francia (sic) hasta las plantas y la revolución energética, Fidel Castro ha estado experimentando e improvisando con varias generaciones de cubanos. Ahora le dio por la “extinción de la especie” porque ya no se le ocurre otra nueva charranada, afortunadamente, porque esa Isla ya no esta para las chochadas del Comandante.