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Adrian Melis: el arte del no-trabajo y el trabajo del arte

  • feb 24, 201214:42h
  • 4 comentarios

Cuando en 1830 José Antonio Saco escribía sus recomendaciones para eliminar la vagancia en Cuba (su célebre Memoria) seguramente no imaginaba que dos siglos después la pereza seguiría siendo un tema de inquietante actualidad en la isla. A principio del siglo XX, durante la República, abundaron los testimonios críticos sobre esta “enfermedad moral” del cubano que, según Emilio Roig de Leuchsenring, tendría sus raíces en la organización colonial del trabajo en dos castas incomunicadas: el que explota y el explotado, sin esperanzas de ascenso social. La vagancia sería en realidad una especie de picaresca defensiva, la respuesta privada a un sistema económico y social incapaz de garantizar un funcionamiento equilibrado de sus partes.

La implantación del sistema socialista como parte del experimento revolucionario iniciado en 1959 consagró antiguas y nuevas formas de improductividad. Pero si antes la vagancia era un fenómeno que se mostraba sin vergüenza en la plaza y en el espacio público, ahora debía enmascararse dentro del esquema de apicultura social y el culto propagandístico a la productividad. El ejercicio improductivo creció, entonces, acompañado del disimulo. Puede afirmarse que a lo largo de los últimos cuarenta años los cubanos se han dedicado a refinar el ejercicio de no hacer nada, hasta el punto de convertirlo —literalmente— en un arte.

En un país donde nadie vive de su salario y la ilegalidad es norma de supervivencia cotidiana, el esfuerzo por evitar el trabajo productivo o sortear el absurdo de la economía estatal ha terminado convertido en preocupación del llamado arte conceptual, sobre todo en esa variante que Tania Bruguera ha bautizado “arte de conducta”. Es el caso del joven artista Adrián Melis (La Habana, 1985) que convierte el topos cubano de la pereza en el tema central de su obra, explorando de manera muy original el imaginario asociado a esta suerte de picaresca nacional.

El “arte sindicalista” de Melis, donde se cruzan el performance, el videoarte y lo conductual, se regodea en eso que en el argot cubano se denomina (sintomáticamente) “el invento”, una serie de códigos de supervivencia dentro de un mundo esencialmente disfuncional pero rotundamente inmovilista.

Por ejemplo, para su obra El valor de la ausencia Melis se dedicó a comprar (y a grabar) una larga serie de excusas cubanas para el absentismo laboral. El precio de la excusa lo fijó a partir de los días que el empleado en cuestión conseguía no trabajar; por ejemplo, si usted llamaba a su empleador diciendo que se había hecho un esguince —y con eso conseguía que le dieran dos días sin trabajar—, el artista abonaba al voluntario el salario de esos dos día. Al grabar las llamadas que estos trabajadores hacían a su centro laboral para excusarse por no asistir al trabajo, Melis acabó por detallar una especie de “imaginario creativo de la excusa laboral”.

En otra de sus obras “laborales”, la instalación Plan de producción de sueños para las empresas estatales en Cuba, Melis ha recopilado 300 sueños escritos por los trabajadores tras dormirse durante el horario laboral por falta de motivación y aburrimiento; el fruto de ese ejercicio de improductividad (en descripciones transcritas o dibujos cuidadosamente empacados en unas cajas de tabaco) se convierte así en producto, presentado en estanterías cómo si de un archivo se tratase. Esta instalación, presentada por primera vez en la feria ARCO 2012, se acompaña de una serie de fotografías que ilustran el carácter procesual de la propuesta.

Así como la vagancia ha escoltado al modelo socialista cubano durante décadas, la llamada “actualización del modelo” tiene también un correlato omnipresente: la corrupción. Ante el fracaso de un sistema que “no funciona ni para nosotros mismos” (Fidel Castro dixit), el raulismo ha tenido que abrir la puerta a una serie de reformas económicas que pretenden implantar un nuevo esquema de productividad. Pero este reformismo controlado no ha podido prescindir de una nueva némesis, en variantes tan ubicuas como esquivas. Si Saco, ya en el siglo XIX, detallaba el contrapunto entre la vagancia y el culto al rápido beneficio producido por los juegos de azar, la sociedad cubana entra al siglo XXI amenazada por la práctica del beneficio adicional e instantáneo fuera de la ley. Una práctica generalizada e indispensable dentro de la nueva maquinaria del capitalismo de Estado “instantáneo”.

No son pocos los analistas convencidos de que sin la corrupción el sistema cubano sencillamente colapsaría. Uno puede acercarse el fenómeno desde la perspectiva pedagógica y moralizadora del poder ciudadano pero sólo corriendo el riesgo de limitar el alcance de un fenómeno a ciertos funcionarios o de ignorar por qué realmente el cubano no quiere “meterse en candela”. La realidad es que en Cuba los que practican y sostienen la corrupción son al mismo tiempo sus “víctimas”; el marco de la ilegalidad es sencillamente la manera de “resolver” todo aquello de lo que el Estado no consigue encargarse.

Esta paradoja inherente a nuestra realidad económica actual es el tema de otra de las obras de Melis denominada Vigilia y destinada a ilustrar el llamado “desvío de recursos”.

Haciendo uso de su relación con el vigilante de una carpintería en la que trabajaba, Melis robó una cantidad determinada de madera que luego empleó en la construcción de una posta de vigilancia en el propio centro.

“La posta —según cuenta el artista— fue situada en una zona favorable para el control de actividades de naturaleza similar al gesto que la creó, pudiendo ser empleada por el custodio con el que se negoció la extracción de la madera o por los otros que comparten esta función de vigilancia en las instalaciones de esta carpintería”.

Se trata de la ilustración perfecta de la naturaleza paradójica del “funcionamiento económico” en Cuba, y la erosión de la ética provocada por el ejercicio disfuncional de la sociedad y el carácter cada vez más abstracto de la ideología.

Ese gusto por lo paradójico recorre toda la obra de este artista conceptual cubano, que se adentra en los pliegues de lo social desde un arte no inocente pero tampoco “comprometido”. La intención artística opera aquí como una forma de desvelamiento de la contradicción entre el individuo y su “medio”, incitándolo a revelar informaciones y verdades en relación con su mundo de inconformidades —laborales o de otro tipo. El arte es concebido no sólo como discurso estético o simple manera de presentar el objeto artístico, sino como un campo de ambigüedad donde el ocio se mezcla con el imaginario social para producir un sentido inquietante.

Ernesto Hernández Busto
Barcelona

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4 respuestas
Comentarios

  • pd dice:

    No, no es texto de catálogo…

  • Que tal! dice:

    Muy bueno el post (un texto para el catálogo según entiendo) y muy bueno el comentario desde Alemania, muy detallado y convincente. Lo que ha hecho ese muchacho en Cuba es muy imaginativo, sin duda.Ana María F.

  • jCamacho dice:

    Buen post.
    Te comento que en la década del 90 en Cuba (principios) alguien escribió una tesis de grado en la facultad de derecho donde demostraba que cada uno de las cosas que utilizaba para escribir la tesis (comenzando con el papel), era robada!!

  • el-yoyo dice:

    Es interesante este artículo sin embargo antes de que el autor se entierre la espada del HARAKIRI me gustaría darle algunas opiniones que “si no alivian el mal cubano” al menos no nos hace pasar por extraterrestres:

    Yo como tú tuve un Blog bastante visitado. Revisa los IPs y las horas de visita de este blog y te darás cuenta de cuanta gente anda majaseando y no precisamente en Cuba.

    Yo vivo en Alemania y trabajo por supuesto en este país. Mira la hora en que estoy escribiendo.

    No, no me hice un esguince, ni mi suegra se murió. Estoy sentado en mi puesto de trabajo. Hoy viernes, TODOS mis colegas alemanes están enfermos. Al parecer tenemos una especie de virus que ataca los viernes que hace que mis colegas, muy alemanes ellos, no vengan a trabajar.

    En verdad yo no pudiera filmar un corto como ese en Alemania sólo porque a diferencia con Cuba, a los alemanes les pagan uno de los salarios más altos de Europa y eso haría incosteable el documental. Además en esta Vago-sociedad 2.0 la gente no llama al departamento de personal sino que se loguea en la Intranet desde la casa y se declara enfermo. En Alemania puedes permanecer hasta 2 días en casa sin tener que presentar certificado médico.

    De Lunes a Jueves, cuando todos se han recuperado de ese “virus maligno” que azota los viernes, los ordenadores están todos perdidos entre Yahoo news, Facebook o Skype en una especie de Vagancia 2.0 ; cosa que los cubanos no pueden darse el lujo por razones obvias. El empleador tiene prohibido “huzmear” en el ordenador del empleado desde la Red so pena de ser acusado de hostigamiento, violación de la privacidad y no sé cuantas cosas más.

    Si la que está chateando en Facebook es una trabajadora y no un trabajador entonces esta puede alegar acoso o discriminación por causa de sexo.

    En mi empresa los trabajadores se enferman como promedio 22 días al año y dado que yo (el cubano) no me enfermo nunca, hay alguien por ahí que se ha metido un mes y medio en casa sin hacer nada.

    ¡Por supuesto que, el trabajador, aunque haya estado enfermo tiene derecho a sus 30 días de vacaciones pagadas!

    En el supuesto caso de que el empleador finalmente haya logrado quitarse de arriba a uno de estos vagos 2.0 , entonces este “pobre empleado” tiene derecho a 1 año al 80% de paga sentadito en su casa.

    La mayoría de esta gente se “traumatiza”. Los trauma psicológicos azotan de una manera bestial esta sociedad; sobre todo porque el seguro médico te envía un par de semanas con tus hijos y a veces con tu espos@ (si el trauma es “grande”) a un HOTEL o Balneario con todos los gastos pagos y jardín de la infancia incluidos ara que te recuperes de las lesiones psicológicas que este malvado empleador te ha creado.

    Créeme que si la recuperación de Alemania después de la guerra hubiese dependido de esta generación de alemanes, este país sería otra Rumanía o Bielorrusia.

    Por supuesto siempre hay excepciones:

    Si eres extranjero conseguir un trabajo es dificilísimo, por tanto una vez que consigues pincha te aferras a ella como a un clavo ardiendo. En mi empresa “equipo español” donde están todos los “vagos de latinoamérica y España”, llueva truene o relampaguee la gente viene a trabajar. ¿Por qué? porque como extranjero hasta que no trabajes un par de años no tienes derecho a “traumatizarte”

    Así Ernesto, no te hagas el HARAKIRI, que los cubanos no somos tan malos. En definitiva mi mensaje a lo puedo resumir en dos oraciones:

    - Si a los cubanos no les pagan, está muy bien que no trabajen.
    - Cría fama y acuéstate a dormir es un dicho aplicable a todos en el mundo. Alemania y Cuba son dos dignos ejemplos de ello.

    P.D.: Y ahora déjame ponerme a pinchar! :-)