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Una visita a la realidad

  • feb 16, 201218:44h
  • 4 comentarios

Nunca se sabe qué es peor. La debacle de un hospital en ruinas, como la mayoría de Ciudad de La Habana o quizás de todo el país, o la precisión no menos mortífera de una sala de terapia de lujo, uno de esos hangares de ciencia-ficción que salen en las películas del Primer Mundo y que, de pronto, un Día del Amor cualquiera tú también te lo topas, pero en un rincón de El Vedado.

29 y E, aproximadamente.

Oncología y Radiobiología, dice en el fachada con una tipografía escalofriante. En el lobby, una obra de arte monstruosa de modernidad está dedicada a la “esperanza”. Es obvio que entramos en un terreno donde el materialismo y Dios comparten la misma patria isotrópica (como isótopos radiactivos).

Traté de entrar y salir con anteojeras. Sin reparar en detalles. Sin humanizar los rostros de los que vienen en silla de ruedas hacia mí. Sin oír los quejidos de la cama de al lado. Sin entender la lengua materna que dice en pleno pasillo la edad de ese muchacho (el maxilar minado) o de aquella adolescente calva (la sangre licuada).

Saludé a mis familiares como si hubiese regresado de un largo exilio. Miré afuera por los cristales velados. Juro que no supe decir cuál era aquella ciudad, mucho menos en cuál fecha estábamos. La noche tan bella y yo sin ganas de darme cuenta de que aún respiraba. Yo venía no del extranjero, sino de entre los muertos. Muertos por ahora sin diagnóstico de cáncer, como mi prima del campo, pero igual ya listos para ir soltando pedazos de operación en operación. Pedazos de memoria cortados de gratis. Mareo. No sentir absolutamente nada de nada. Irreconocer los rostros avejentados de otros primos menores que yo. Horror. Cuando despierte, tendré de pronto como cien años.

La tenían sedada, en un saloncito de lujo. Llena de tubos. Glosectomía parcial, creí entender o al menos reconstruí el vocablo gracias a la etimología. Mi prima tendría que volver a aprender a hablar. Tendría, también, que aferrarse a aquel monumento amateur a la esperanza. Esta no es su primera intervención quirúrgica. Y de tanto cut-and-paste el cuerpo se nos acaba.

El parte médico fue gentil. Cada enfermero con porte de reguetonero profesional, tan llenos de vitalidad y humor. Nos asomamos por un cristal a la sala de terapia intensiva. Bastante inflamada por la manipulación invasiva, ella dormía con una mueca de dolor. Pesadillas, seguro. Pesadillas de no poder ni tampoco querer despertar.

En media hora yo estaba libre otra vez. Un borracho echaba pestes del gobierno sobre el contén (desde que lo vi, supe que ese detalle no sería narrable: demasiado literario, demasiada alegoría de un buen final contrastado para una crónica, pero fue así). Decía que él sí había vivido el capitalismo y que por eso él sí sabía lo que era vivir. No lo creo. Se notaba aún joven entre la mugre apestosa y la falta de luz. El capitalismo cubano hoy por hoy queda demasiado lejos en el pasado. No le creí. Demasiada reiteración de la palabras vida y vivir. A lo mejor se le moría alguien allá dentro y no se atrevía a pasar. Estamos atrapados.

Los equipos se veían tan pulcros. El piso de algún material sintético, brillaba bajo los neones. Un aire acondicionado a tope. Y sin embargo cierta sensación sobrecogedora de soledad. Morir será lo más fácil. Afuera en la calle 23 no faltaba definitivamente nadie. Están todos los que están, incluyéndome a mí. Los que estén acostados a las 8 de la noche no tienen nada que hacer aquí. Es como si nunca hubieran existido. Como si nunca hubiéramos existido. Náusea.

Recuerdo mis estudios de Bioquímica, en el siglo pasado, no muy lejos de allí: en 25 y K, aproximadamente. Leíamos sobre los mil y un mecanismos moleculares del cáncer (tengo colegas de aula que se han doctorado en el tema). Casi bello. Un reloj fuera de control. Travesuras de la evolución, virus incluidos. Pero hay mil y una estrategias desarrollables para burlarnos mañana del cáncer. El hombre tiene bastante idea de qué hacer al respecto. Sólo nos falta tiempo y dinero. Y el planeta no nos dará la misericordia de semejante oportunidad. Tampoco la historia, con sus crisis y revoluciones perennes. Por el momento, cortamos pedacitos de carne. Inyectamos algún que otro anticuerpo monoclonal o suero radiactivo. Y sacamos estadísticas esperanzadoras, como nos impone el mausoleo a priori que te da la bienvenida a ese hospital resucitado de entre sus ruinas, en 29 y F.

Orlando Luis Pardo
La Habana

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4 respuestas
Comentarios

  • pedro dice:

    hola estuve hace poco en ese hospital con mi mama es un desastre total y de reparado ni lo mas minimo un desastre total , imagina unas consultas que estube sin ventanas por que tenian aire acondicionado y no funsionaba era algo horrible entre los olores , la suciedad uff ni hablar , el calor , miles de personas dentro ,si no tienes quien te ayude alli o conosca te mata el tren , estando alli como ven que conosco al dr mas 3 personas se me hacercaron para que le dijera que querian que los atendieran porque no tenian turnos y venian de lejos

  • Elizabeth dice:

    Recuerdo muy bien ese hospital. Tenia unos abuelitos con quienes me quedaba despues de la escuela (Guido Fuentes en 23 y B) yo vivia en 29 entre B y C. Tendria unos 6-7 annos cuando mi abuelito iba con un termo de cafe or de te, a veces sopa y unas frazadas a llevarles a los familiares de estas personas en ese hospital (al azar, sin conocerlos) para que no pasaran la noche tan mal. Su casa estaba en F entre 29 y Zapata si mal no recuerdo porque hace mucho ya (como 30 annos y 20 de esos aca). Recuerdo que lo acompannaba a estas peregrinaciones y lo ayudaba con eso. Estas personas en aquel entonces se suponia que se quedaran en un albergue que creo estuvo en F (en la esquina con 29, frente a la escuela primaria cuyo nombre no recuerdo y una parada de guagua) pero nunca habia camas y dormian en el lobby del hospital o la calle. Venian de toda Cuba y recuerdo que le agradecian mucho este gesto a mi abuelo. Una historia de horror porque al parecer se rego la voz y alguien penso que tenia dinero -todo lo contrario, era mas bien un sacrificio- y alguien (un par de tipos) se vistieron de enfermeros con carnet de salud publica y los injectaron con un brebaje que casi los mata a el y a mi abuela -que estaba invalida- con el cuento de que eran vacunas -que en esa epoca habian anunciado vendrian- revolvieron la casa y claro que no encontraron nada. Los dejaron ahi casi muertos y con la llave del gas abierta. Los encontraron unas personas de las que estaban en el hospital, que lo conocian de aquellas interacciones de generosidad que tenian los pobres. En fin que esas personas les salvaron la vida y nos avisaron en nuestra casa un par de cuadras mas alla. El barrio completo ayudo porque eran increiblemente buenos con todo el mundo, pero nunca se recuperaron del todo. Ambos murieron de las complicaciones que lo que les injectaron les produjeron. Los malechores fueron capturados y hubo un programa de TV dedicado a esto porque habian hecho lo mismo con otras personas en La Habana. No recuerdo que les hicieron. Alguna condena, etc. Complicada la naturaleza humana. En fin que recuerdo ese lugar muy bien.

  • anticuerpo dice:

    Cunde atención..el oncológico está restaurado, según entiendo, no va por ahí este post, vaya que me parece que es más filosófica la reflexión. Suerte a la pariente de OLP y a toda la familía.

  • cundejo cojo dice:

    no es facil …. y pensar que el cira garcia con to los hierro y el cimex,los pediatricos le faltan y el atrazo e espantoso el dinero que coje cuba donde lo meten ppor dios porque mira que ellos le entran dinero de las remensas y demas cosas porque no resturan los hospitales la parte peditrica almeno aunke sea un hospital que tenha las verdaderas condiciones que rabia me da ver eso….