- feb 11, 2012 • 00:37h
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Préstame tu fragor, tu andadura tan suave,
tu nocturno deslizarte a través de la Europa iluminada,
oh, tren de lujo! y la angustiante música
que resuena a lo largo de tus pasillos de cuero dorado,
mientras detrás de las puertas lacadas, de las manijas de pesado bronce
duermen los millonarios.
Recorro canturreando tus pasillos
y sigo tu carrera hacia Viena y Budapest,
mezclando mi voz a tus cien mil voces,
oh, Harmonika-Zug!
Por primera vez he sentido toda la dulzura de vivir,
en una cabina del Nord-Express, entre Wirballen y Pskow.
Nos deslizábamos a través de praderas donde los pastores
bajo grupos de árboles gigantes parecidos a colinas,
vestían toscas y sucias pieles de carnero…
(Las ocho de una mañana de otoño, y la hermosa cantante
de los ojos violeta canta en el compartimento de al lado).
Y ustedes, grandes vidrios a través de los cuales he visto pasar la Siberia y los montes del Sannio,
La Castilla, áspera y sin flores, y el mar de Mármara bajo una lluvia tibia!
Préstenme, oh Oriente-Express, oh Sud-Brenner-Bahn, préstenme
sus milagrosos fragores sordos y
sus vibrantes voces de cantarela;
préstenme la respiración ligera y fácil
de las locomotoras altas y sutiles, de los movimientos
tan desenvueltos, las locomotoras de los expresos
que preceden sin esfuerzo cuatro vagones amarillos con letras de oro
en las solitarias montañas de la Serbia,
y más lejos, a través de la Bulgaria llena de rosas…
Ah, hace falta que estos fragores y este movimiento
entren en mis poemas y digan
por mí mi vida indecible, mi vida
de niño que no quiere saber nada, sino
esperar eternamente cosas vagas.
PD: Valery Larbaud, Les Poésies d’A.O. Barnabooth, 1913. El poema original, en francés. Traducción de Ernesto Hernández Busto.
Foto: Pullman Orient Express – Train Bleu





Ernestico, Muy buen hecho, mi hijito. Te felicita una de las muchas de tus “otras madres.”
Qué bello poema, la saudade del silbato del tren en la lejanía de la noche
Y dormir.