- feb 11, 2012 • 13:20h
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Estos días de reposo, cuando no he tenido ánimo siquiera para abrir mi máquina y escribir, han sido útiles sin embargo para meditar sobre la realidad cubana, la actualidad, el futuro y mis propios postulados. En más de una ocasión amigos y enemigos me han tildado de inflexible, o al menos de ser demasiado cáustica. Y tienen razón. No en lo referente a mi acidez habitual con respecto al gobierno: reafirmo cada invectiva y crítica que le he dedicado a la autocracia y multiplico exponencialmente mi acritud para con ellos. No los quiero, no los apruebo en nada y los combatiré con mi estilo montaraz mientras tengan un mínimo de energía vital; desprecio profundamente a la(s) dictadura(s) y me niego a servir u obedecer al régimen.
Pero también he sido un poco injusta en mis valoraciones críticas para con mis coterráneos. Sobre todo cuando arremeto contra lo que he considerado excesiva pasividad y mansedumbre de la gente. Y es que la indefensión permanente crea un embotamiento de los sentidos que impide formularse con claridad alguna propuesta. En conversación con algunos amigos que me han visitado por estos días de convalecencia he tenido la satisfacción de comprobar que la gente no es ni tan mansa ni tan ciega, sólo que no han encontrado el rumbo. Muchos no son permisivos, sino temerosos. Las características de las dictaduras hacen que el imaginario popular las magnifique; lucen mayores y más poderosas que lo que realmente son. Ahora esa imagen está comenzando a resquebrajarse.
Un ejemplo fue una amiga que, sin que yo lo sospechara, es una lectora habitual de los blogs de la plataforma Voces Cubanas. Yo ni siquiera imaginaba que ella sabe hace años a qué me dedico y es una fan asidua que insta a su hijo —un joven veinteañero— a conseguirle en soporte digital todo lo que se publica en las web independientes, incluidos los sitios Estado de SATS y las grabaciones de las Razones Ciudadanas, entre otros. Por mi parte, no le había hablado de mis ideas políticas y de mis actividades disidentes, aunque mis opiniones son de sobra conocidas y hasta compartidas entre todos mis amigos. No me gusta asustar a la gente. Sin embargo, en ella se había producido justamente el efecto contrario: “Desde que te leo, desde que sé de todos ustedes y de lo que hacen, tengo menos temor. Cada vez me convenzo más de que la única manera de combatir a este gobierno es dejando de hacerle el juego. Quiero que mis hijos conozcan otra cosa, una Cuba diferente a la nuestra.”
Entonces, también ha sido mi error. Yo misma he subestimado el poder de la opinión expresada libremente; he menospreciado el alcance —limitado, pero inexorable— de la prensa independiente y de la voluntad individual de los desobedientes. Y he sobredimensionado el miedo de los cubanos. Esta amiga es miembro del partido comunista, una simuladora más; pero también es, desde hace años, una activista silenciosa que traslada a su centro de trabajo y a su núcleo en discos y en memorias flash todo el espectro de opiniones que se está moviendo actualmente en Cuba, sobre todo las opiniones contrarias al gobierno.
Más aún, recientemente me he convencido del poder de creer en nuestra propia fuerza. Nosotros, los desobedientes, no somos un fenómeno “subterráneo”; andamos con el rostro a descubierto y hacemos públicos nuestros propios encuentros, nuestras aspiraciones y nuestras opiniones. Subterráneo es el gobierno, encerrado en sus palacios y conspirando sus propios congresos y leyes. Ocultos andan los señores del poder, temerosos de que la gente sepa lo que fraguan, aterrorizados ante los efectos de cualquier medida que ellos mismos propongan, sobrecogidos ante la menor posibilidad de que los cubanos tengan acceso a la información. Es cierto que la gente tiene miedo, pero las masas son generalmente más ignorantes que cobardes. Los gobernantes cubanos son en realidad el atajo de verdaderos cobardes que se amparan en la fuerza que les da el poder absoluto para reprimir e imponerse. Sin embargo, sobreviven en un permanente estado de sobresalto, desconfiando hasta de sus propios secuaces. Pido, pues, perdón a los cubanos. Al menos a aquellos a quienes he juzgado mal: ocultos ustedes y descubiertos nosotros, a fin de cuentas estamos del mismo lado.
Miriam Celaya
La Habana







Muy bien escrito y muy alentador, pero la realidad es que más de 50 años de dictadura tienen que tener su fruto.
Una población atemorizada por una realidad palpable o a veces imaginaria y una no muy grande parte de la población que se ha criado dentro de un sistema que te alienta a robar, mentir, a perder la moral y los modales.
Hay una gran parte de la juventud que no sirve para nada, han heredado el juego de la doble moral, la desfachatez y el descaro y el dale a l que no dio, el pie hasta adentro y quitate tu pa ponerme yo.
Que dios nos ayude ya que el mundo sigue hacia adelante y Cuba no para de retroceder hacia atrás.
Debe de ser la Luna Llena o el catarro se le subió pal celebro…!!!
Hay muchos tipos de desobediencia Civil. Desde la Negativa abierta hasta el solo pensamiento Opositor. Al final, lo que cuenta es la Intencion.
Muy bueno Miriam, pero quedan muchos dentro y fuera que no les interesa la politica, el trabajo de Uds. dara su fruto, que Dios le de la enegia necesaria para lograr el fin de la tirania, adelante amiga. Como me gustaria conocerte, sera dificil.