- ene 31, 2012 • 22:44h
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Prefiero un millón de voces críticas
antes que el silencio de las dictaduras.”
Dilma Rousseff
Elegir el momento para una visita presidencial puede ser una labor sumamente ingrata en este mundo tan impredecible y cambiante. Cuando la fecha de viaje de un jefe de estado queda colocada en su agenda, anunciada y conciliada con los anfitriones, por lo regular la vida se encarga de rodearla de imprevistos. Los palacios de gobierno no logran controlar el azar, ni tampoco prever esos acontecimientos sorpresivos que enrarecen el escenario del arribo de un dignatario. Dilma Rousseff bien que lo sabe. Su presencia en La Habana se coordinó durante semanas y fue precedida incluso por la del canciller Antonio de Aguiar Patriota. Todo parecía atado y bien atado: un cronograma rápido, eficiente, protocolar, enfocado en temas económicos, que terminaría al abordar su avión con destino a Haití. Pero algo se complicó.
Varios días antes de que la economista y política brasileña aterrizara en el Aeropuerto “José Martí”, un joven cubano murió después de una prolongada huelga de hambre. Los medios oficiales se lanzaron de lleno a presentarlo como un delincuente común, aunque había sido detenido en una marcha opositora por las calles de Contramaestre. El discurso del poder se radicalizó y la temperatura política alcanzó esos grados en lo que se manejan tan bien nuestros gobernantes. En ese contexto, la recién concluida Conferencia del PCC se convirtió más en un acto de reafirmación que de cambio, en una declaración de unidad en lugar de apertura. Muchos de los que aguardaban por el anuncio de transformaciones políticas de gran calado, se percataron de que el evento fue más bien la última oportunidad perdida por la generación en el poder. Un día después de su clausura, Raúl Castro —el secretario general del único partido permitido— recibió a Dilma Rousseff, la otrora guerrillera que hoy dirige un país con diversas fuerzas políticas y una prensa muy crítica.
La agenda cubana de Dilma incluye repasar las obras constructivas del puerto de Mariel y la posible concesión de un nuevo crédito bancario. Brasil es nuestro segundo socio comercial en Latinoamérica. pero no se trata sólo de una cuestión de recursos. En estos momentos al raulismo también le urge ser legitimado por otros presidentes de la región. Así que por estos días habrá sonrisas, manos estrechadas, compromisos de “amistad eterna” y fotos, muchas fotos. Los activistas cívicos —por su parte— intentarán un encuentro con la mujer que fue torturada y encarcelada durante un gobierno militar, aunque existen muy pocas posibilidades de que los reciba. Dilma Rousseff sí que conversará con Raúl Castro, estará muy cerca de él justo en esta delicada coyuntura en que el azar la ha colocado. Esperamos que no desaproveche la ocasión y sea consecuente con la algarabía democrática, en lugar de optar por el silencio cómplice ante una dictadura.
Yoani Sánchez
La Habana






Amadeus, cuánta razón tenía ese periodista.
Tiene mucho que ver también con la genial frase “Nadie sabe el pasado que le espera”, que igualmente le vendría muy bien a la bruja brasileña.
“Prefiero un millón de voces críticas
antes que el silencio de las dictaduras.”
Dilma Roussef
Dijo una vez Robert Hofner, un fallecido y conocido anchorman de la TV austriaca, que “la venganza del periodista es le archivo”. Y tenía razón.
No se puede esperar nada que venga de los izquierdista maquillados, pero que en el fondo todos son unos miserables comunistas.
Lo que se tiene que hacer en el caso de los paises libres es aniquilarlos en las urnas y mandarlos para las clocas donde viven, salen y hondean la hoz y el martillo ignorando las muertes que este credo ha portado con el paso de los años.
Siempre uno le puede tender la mano a un comunista e intentar dialogar con ellos pero cuando empiezan a perder la razón terminan por cortartela.
Que se vaya pa su país la pan timba esa.
Dilma: Guerrillera fuí …
Los izquierdistas solo son democraticos hasta que alcanzen el poder. Una vez en el trono se olvidan de las reglas conque obtuvieron el poder y las cambian a su antojo y beneficio. Cuantos ejemplos quieren que les nombre?