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El gran enterrador

  • ene 30, 201216:51h
  • 9 comentarios

Otra reunión de la cúpula del Partido Comunista Cubano. ¿Qué hace Raúl Castro a más de seis años de ocupar el poder? Digamos que el general es una especie de Gorbachov tropical cruzado con Stalin. Cambios sí, pero económicos, menores, a culatazos, y sin vestigios de libertades políticas.

Raúl, cautelosamente, trata de reformar el sistema. La sociedad produce muy poco y muy mal. La revolución lleva más de medio siglo racionando los alimentos en cantidades decrecientes y el salario promedio de los trabajadores es de unos doce dólares mensuales. La mitad de las edificaciones está a punto del colapso. Faltan un millón y medio de viviendas para una población de apenas once millones de habitantes. La corrupción es enorme y el deseo de los jóvenes no es crear una microempresa, sino largarse de un país en el que el transporte es una pesadilla, las oportunidades laborales un chiste e internet una quimera.

No todos, claro. Dentro de esa miseria, acaso un uno por ciento —algo más de cien mil personas— vive relativamente bien. Son los “nomenklaturosos”. Comen y se visten sin dificultades, viajan al extranjero, disponen de autos con gasolina abundante, se curan en unos pocos hospitales razonablemente dotados, compran en tiendas dolarizadas y forman parte de lo que allá llaman la “nomenklatura”. Suelen estar vinculados a la policía política, al ejército, a los altos cargos administrativos y a las empresas extranjeras.

El pueblo de a pie los odia y envidia. Es lo que suele suceder cuando se vive en sociedades sin esperanzas de mejorar la calidad de vida. No importa lo que la persona estudie, valga o se esfuerce. No hay ladera que escalar ni incentivos por hacer bien las cosas. Un buen cirujano o un ingeniero notable y laborioso saben que nunca podrán tener una casa con piscina, yate y gimnasio, como la del general Ramiro Valdés en la Playa de Santa Fe en las afueras de La Habana.

Tres generaciones consecutivas de cubanos han aprendido esa terrible lección: la única manera de tener una existencia materialmente agradable es pertenecer al cogollo de los que mandan y disfrutan, pero ese espacio es muy pequeño y generalmente inaccesible. No hay competencia ni existe meritocracia para alcanzar la cima. Lo que se premia es la lealtad política al jefe. Las únicas recompensas importantes se obtienen cantando en el coro de los aduladores.

¿En qué consisten las cacareadas reformas? El objetivo es revertir medio siglo de galopante improductividad provocada por el colectivismo y por las locuras del Comandante. ¿Cómo? Descentralizando los mecanismos de toma de decisiones y creando un tejido microempresarial privado que absorba la cuantiosa mano de obra excedente de la que Raúl Castro quiere liberar al Estado: más o menos el 25 por ciento de las personas en edad de trabajar.

Y aquí vienen las contradicciones: todo esto, naturalmente, sin renunciar al partido único, a la planificación centralizada y al control de precios, porque la existencia de propiedad privada no se percibe como un derecho moralmente justificable que forma parte de un modo más racional y eficiente de organizar a la sociedad, sino como un mal necesario para salvar al sistema de los males que él mismo genera.

Para colmo de males, Raúl no tiene demasiada suerte. Heredó la presidencia de un régimen decrépito cuya consigna era “socialismo o muerte”, y su primera medida fue matar al socialismo que sustentaba ideológicamente a la dictadura. Acabó con la cháchara marxista-leninista y se acogió a la jerigonza del pragmatismo autoritario de los palos y las zanahorias. Lo único importante es el poder y la supervivencia de la clase dominante.

Mientras tanto, Fidel agoniza lentamente, fuera de combate, a la espera de que lo sepulten. Por ahora, es un zombi que da tumbos frente a los visitantes que acuden, maravillados, a ver el último acto de la vieja atracción caribeña. Pero, de todas esas muertes, ninguna será más devastadora que la de Hugo Chávez, el loquito de los petrodólares. Cuando se muera se secará la interesada compasión venezolana y en Cuba, súbitamente, se reducirá el consumo un 50 por ciento, como cuando desaparecieron la URSS y sus subsidios. Será la de Dios es Cristo. Raúl lo sabe y lo teme.

Carlos Alberto Montaner
Miami-Madrid

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9 respuestas
Comentarios

  • Navarrete dice:

    Que dicha, alguien que al fin expresa coherentemente lo que sucede en la Isla.
    Hace falta que Patricia Janiot y Claudia Palacios lo lean, para que puedan hacer mejores debates en CNN en Español.
    Por favor lean estas cosas y no se inventen noticias e historias que dan riza y dejan mucho que desear del nivel profesional de quien las publica.

  • Sin Salida dice:

    Me gustaría plantear una hipótesis provocadora: Que el principal problema en Cuba es la falta de un auténtico partido comunista en la clandestinidad.

  • Priapo dice:

    Yo creo que Qué tal es Dalia Soto del Valle. Así se explica lo que le dijo el esposo

  • [...] en Penúltimos Días, Miami. Chávez Cuba Raúl Castro [...]

  • Sin Salida dice:

    No comparto el optimismo de CAM. Precisamente por que la nomenclatura es muy reducida, y está armada, es relativamente fácil garantizar su nivel económico aun sin los subsidios venezolanos.

    El ajuste lo hará el pueblo reduciendo su consumo y los organismos represivos aumentando la represión.

    Y claro, siempre podrán contar con la panda de bien intencionados en la O.N.U. para que pongan en marcha un programa de ayudas como en Corea del Norte.

    La transición pasa por fracturar la oligarquía dominante. Una revuelta popular espontanea es posible pero poco probable.

  • Cagüento y Ptolomeo dice:

    La Que Tal es de la epoca de la Calabazita y de Tia Tata Cuenta Cuentos. Ella no piensa todo se lo dice su esposo y ella se lo cree al pie de la letra. Ella es como Mayito el niño mimado de Havanastation. El marido le dio una computadora y ella no es capaz de razonar por su cuenta teniendo acceso a mucha informacion.
    Tambien puede ser un agente de desinfornacion bien entrenado y asume ese papel ingenuo para meter su veneno.

  • // Raúl no, ¡nosotros! //

    Raúl no es el problema. No puede hacer otra cosa, no sabe hacer otra cosa, no le importa lo que se haga mientras no sea un obvio perjuicio inmediato para él y su clan.

    El problema es y siempre ha sido que *no tienen oposición efectiva*, ni nadie habla, ni piensa, parece, que sin oposición efectiva toda la gente práctica tiene que entendérselas con lo que hay: un grupito de abusadores con el País en sus manos.

    El problema no es Raúl. Somos el resto de nosotros… si ni al menos empezamos a pensar en que *tenemos* que hacer lo que hay que hacer.

  • Ruben dice:

    Noto cierto despiste en Montaner con respecto a quien vive mejor en Cuba y el como lo logran.

    No se llega a vivir “relativamente bien” en Cuba solo adulando al gran señor … asi muchos estarian en la cupula. Ademas hay que pisotear a todo aquel cuya miseria te haga escalar. Hacer tus discursitos y dar la apariencia de gran jefe. Otros se asocian a extranjeros para lavar dinero pero igual tienen que apaelear y sobornar a diestras y siniestras.

    Y el buen cirujano, honesto, noble … no sueña con una casa con piscina y un yate … su aspiracion es solo la de tener un carrito para moverse, una casa decente para vivir y una mesa sin hambrunas. Ese es el “cuban dream”.

  • Qué tal! dice:

    No, fíjese que no, porque para ese entonces, antes de que ocurra el final apoteósico que usted vaticina, CAM, la isla comenzará a producir petroleo en abundancia. Ya lo verá usted. Mi esposo me lo ha confirmado, que hay mucho petróleo en la plataforma insular, y más allá, en aguas territoriales cubanas. No es que le falte razón en muchas cosas que usted señala y con la elegancia con que usted acostumbra a hacerlo, pero creo que el gobierno ha ido dando pasos para solucionar lo peor de la crisis que pudiera venir. Que tampoco ocurrió el acabose luego de 1991 cuando desapareció la URSS. Qué tal!