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Muera la muerte

  • ene 26, 201219:39h
  • 10 comentarios

“Si tenemos que matar, matamos”. En los años noventa en Cuba oí en más de una ocasión esa sentencia, siempre en voz de los policías en trance de represión, nunca represión política sino por conflictos de tipo tumultuario, incluida la noche de los cristales rotos en un cine en pleno Festival Latinoamericano de La Habana.

Corrían entonces los años más ríspidos del Período Especial en Tiempos de Paz. Tras el cambio de siglo y milenio no recuerdo haberla escuchado de nuevo. Al principio, me ilusioné con la educación cívica y humanística que pudiera estar recibiendo la Policía Nacional Revolucionaria. Luego empezaron a aparecer testimonios de que el copyright de la frase había pasado a los interrogadores de los cuerpos secretos de seguridad. Finalmente se hizo obvio el anacronismo implícito en aquella construcción gramatical. Técnicamente, “tuvieron que matar, y mataron”. Me atrevería a conjugar que “tendrán que seguir matando, y matarán”.

Ahí está la Pena de Muerte para probarlo, ese eufemismo fósil de nuestro obsoleto Código Penal, tan flamante como al inicio de la Revolución cubana. Lo cierto es que no es penosa para nada la muerte legalizada entre nuestro populacho. En los últimos meses, dada la vertiginosa espiral de atracos y crímenes en la capital, se escucha como al azar que Raúl Castro tendrá que aplicar con mano dura el “palito” (es decir, el fusilamiento del reo atado a un poste, una práctica que el actual Presidente ejerció).

Año tras año se me acercan con culpa los colegas remanentes del campo científico o cultural (soy bioquímico y escritor). Vienen a despedirse del país en mi persona, preocupados por un destino desperdiciado (el mío; el del país ya a ninguno le importa). Paradójicamente, con no poco dolor, a todos les recomiendo sin remordimiento que dejen a Cuba atrás. Que salvando sus vidas se salva la memoria imaginaria de nuestra nación. Que la Cuba del alma sólo puede sobrevivir bien lejos de la Cuba del cuerpo. Que nadie merece ser verdugo ni víctima en esta masacre de baja intensidad. Ni siquiera testigo.

Tres décadas después de los asqueantes actos de repudio cuando el éxodo masivo por el puerto del Mariel en 1980 (los viví en la carne pioneril de la primera muchacha que amé), coincido increíblemente con las consignas gubernamentales de entonces: ¡Que se vayan, que se vayan…!

Me asiste un motivo de fuerza moral superior. Creo en la inviolabilidad de la vida humana (y de toda forma de vida) y sé de sobra que muchos de mis colegas terminarían en Cuba condenados a ostracismos que podrían radicalizarlos y granjearles una condena carcelaria para la que no están en absoluto preparados y donde lo más natural del mundo sería morir (por la violencia rampante entre los reclusos, por las enfermedades incurables en esas condiciones tan cómplices, por la tristeza terminal de un destino desperdiciado (el de ellos; el mío ya no me importa).

A nuestros demagogos así en la Isla como en el Exilio les cuesta dinero reconocerlo, pero la transición democrática en Cuba primero ha de ser demográfica. De hecho, más de un quinto de nuestra población es ya cosmopolíticamente libre. Contadísimas republiquitas de Latinoamérica pueden vanagloriarse de semejante índice civilizatorio.

La tierra natal no tiene por qué ser también tierra de cementerio. La lógica liquidadora impuesta a las masas desde la élite es tan insultante como inevitable y se confunde con la lógica liquidadora impuesta a la élite desde las masas. No hay vida verosímil en ese clima crispado a perpetuidad entre la arrogancia y el despotismo. Cuba como carroña. Si tienen que matar, que se maten entre ellos, compañeros.

En este punto mis colegas puntualmente me abrazan llorando de agradecimiento y se van. La sensación que me dejan es la de haber sido su salvador. En serio. El Estado cubano estigmatiza a muerte. Yo los exilio a la vida.

Orlando Luis Pardo Lazo
La Habana

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10 respuestas
Comentarios

  • Maniel Rodriguez dice:

    Orlando escribes fuera de liga la verdad, pero me desola tanto oir este relato.

    Yo salí siendo un chamaco de Cuba y vivo cada dia de mi vida con la añoransa de ver mi tierra algún dia libre de tanta fustracion y sueños rotos.

    Me siento cubano 100% (orgulloso de ser cubano y de la habana), pero también me siento español-catalán y no logro la felicidad ni la esperitualidad plena al sentir que tengo mi familia y amigos en la isla padeciendo la condena de estar presos en la isla y sin una planificacion de su futuro.
    La desolación es total al ver la nueva oleada de emigrantes cubanos que llegan y como piensan ahí siento repugnancia hacia mis compatriotas que tanto quiero.

    Yo creo ue todos los cubanos llevamos una frstacion dentro sea como fuese que hubiesemos salido.

    Espero que todo esto acabe algún y que tanto sufrimiento no se siga padeciendo en mi querida y añorada tierra.

    Un abrazo en la lejanía.

  • german dice:

    una vez pense que usa era nuestra aliada ,pero despues de ver el versalles .donde cada cuatro anos se toman su cafecito ,me di cuenta que no que si del millon de cubanos que vive en miami , manana se muere fidel , y sacamos 100 dolares delbanco solo para comprar bebida y festejar ese dia dime cuanto se va , y si ese pais se libera y en cuba puedes invertir , mandar llevar carros , y lo demas se que miami , ya no sera miami , matematica pura por eso ahi que mantener aquello como esta , que se cae pero no se cae , y elversalles abierto para un cafecito.

  • Seneca dice:

    Orlando Luis, que bien escrito!. Puedo compartir o no tus ideas en este articulo, pero cuando escribes para todos, eres buenisimo. Me recordaste mucho una cancion muy bien escrita tambien, y que esta muy vigente todavia en nuestro triste pais :
    “Escapad gente tierna
    que esta tierra está enferma,
    y no esperes mañana
    lo que no te dió ayer,
    que no hay nada que hacer.
    Toma tu mula, tu hembra y tu arreo,
    sigue el camino del pueblo hebreo
    y busca otra luna.
    Tal vez mañana sonría la fortuna;
    y si te toca llorar
    es mejor frente al mar…”

  • Fidel.Gusano dice:

    Qué no venga el Papa… Qué no venga el Papa !!!!!..
    Qué se vaya…Qué se vaya el Papa…Qué se vaya el Papa..!!!…
    Qué se aleje el Papa !!!…
    (Lo mio es La Plataforma de Singapur por si acaso se me muere Hugito…!)

  • Pedro Julio Suarez dice:

    Orlando Luis, tu articulo me ha llegado a alma, yo fui de los que abandono el pais a principio de los 90, cuando creia estar convencido que no valia la pena ningun sacrificio por un pueblo tan sumiso. A mi alrededor, solo companeros de trabajo temerosos de hacer cualquier accion lo que retroalimentaba mi cobardia. Los tiempos han cambiado gracias a Uds., que estan haciendo lo que yo por cobardia no hice. Hay un futuro de libertad para Cuba en sus manos en la medida en que unan sus fuerzas.

  • los que recién se van te dejan con el bulto de la patria de culero roto y sucio y los que yaaaa se fueron ven en ti un futuro de patria o vida, sobreviviremos… eres, a tu pesar, el nuevo padre de la patria, olpl, no crees?

  • fer dice:

    genial una vez mas orlando
    desgraciadamente mucho de nosotros hemos exorcisado nuestra culpa por haber abandonado nuestro pais con otros muchos orlandos.a algunos ,como tu lo has hecho,nos han exiliado a la vida.a otros los han despedido con dureza pero sobretodo esta el desgarro de un pais que cada vez mas va al abismo del alma.
    un abrazo orlando.

  • Fidel.Gusano dice:

    Ñoooo..!
    Este si es un revolucionario…!!!
    Está más loco que yo !!!!….A viaje !..

  • Inès dice:

    Bravo. Qué buen escritor.

  • matronize