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De la poesía

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    Editor Jefe
  • Ene 14, 201207:35h
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Por Valerio Magrelli

A de Autor

Antes de interrogarnos sobre la poesía, será oportuno preguntarse quién es aquel que la escribe. Una pregunta en apariencia tan simple se revela en realidad muy espinosa. Desde los clásicos hasta hoy, innumerables, tortuosas e ingeniosísimas han sido las hipótesis formuladas para dar respuesta a la cuestión.

Dante, por ejemplo, deriva la palabra “autor” (sin la c de “auctor”) del verbo “avieo”, que quiere decir “yo ato”. El motivo de su propuesta es bastante bizarro: en base a la costumbre latina de no distinguir la “v” de la “u”, “avieo”, o sea “auieo”, correspondería a una palabra formada sólo por vocales (a-u-i-e-o) y por lo tanto, perfecta en sí misma, ya que las vocales, según Dante, representan “el alma y el enlace de cada palabra”. Gracias a esta transformación, el término autor acabaría significando “ligator”, es decir, “aquel que anuda”.

No hay nada que decir: según una lógica similar, se corre el riesgo de quedar atado. Lo importante, sin embargo, es otra cosa. Tantas elucubraciones tenían un objetivo bien preciso: asimilar el autor a una presencia divina, y reconocer en su relación con el texto un poder absoluto, demiúrgico. De diferente manera, la misma actitud llega hasta el romanticismo, cuando empieza a delinearse la crisis del concepto de identidad que culmina con las tesis de Nietzsche sobre el yo múltiple.

“Yo es otro”, sostendrá el más famoso de los poetas: Arthur Rimbaud. “El yo es un simple adverbio de lugar”, le responderá un filósofo poco conocido: Giuseppe Rensi. Adiós sueños de gloria: la figura del sujeto se ha reducido a un conjunto de fragmentos. La última etapa de este desmantelamiento está en Michel Foucault, que ha llegado a afirmar: “La huella del autor está sólo en la singularidad de su ausencia; a él le corresponde el papel del muerto en el juego de la escritura”. El papel del muerto en las cartas, el papel del muerto en el papel.

Llegamos así al núcleo de la cuestión: si el autor, de ser aquel Dios que era, ha pasado ahora a difunto, entonces ¿quién escribe los poemas? Es un gran problema, pero tal vez, a fin de cuentas, se escribe justamente para tratar de descubrirlo, para pasar del texto a su remitente, para saltar del gesto a su instigador.

U de Urgencia

Prefiero esta palabra a aquella, más desgastada, de “inspiración”. “Urgencia” indica un movimiento, una presión que impulsa al poeta a escribir en determinado momento, y no en otro. Quizás a alguien el término le pueda parecer inadecuado, por demasiado cercano al universo corpóreo (la pareja digestión-evacuación). Al contrario, el vocablo se recomienda justo por esa cercanía, como han hecho notar muchos escritores.

La analogía entre la poesía y las heces aparece, por supuesto, en las vanguardia, dedicadas al sabotaje y a la mezcla de códigos, pero mucho más sorprendente resulta reencontrarla en un autor post-simbolista como Paul Valéry. Una de sus prosas, titulada Elementos físicos, plantea esta extraña pregunta: ¿por qué razón aquello que sale del cuerpo debería ser más sucio que aquello que ha entrado en éste? Al contrario, rebate Valéry, aquello que echamos fuera debería ser considerado como el purísimo, refinado y sapiente producto de una complicada elaboración.

Y he aquí su desconcertante tesis: “Oh, cuerpo glorioso, ¡algún santo debería mostrar amor por tu mierda! Mientras aún está dentro, es sagrada como si fuese una parte del Yo, y cuando digo ‘yo’ ella también está incluida. Luego se hace notar dentro de mí y se vuelve imperiosa. Un extranjero por expulsar. Y sin embargo sigue siendo MI criatura, mi obra más importante”.

He traducido como “mierda” la palabra francesa “fiente” porque los otros sinónimos están todos en plural (heces, excrementos) y no cubren la singularidad de la producción orgánica que el autor pretende subrayar (“MI criatura, mi obra”) al escoger, sobre todo, el género femenino. Pero nadie, probablemente, ha llegado tan lejos como para parangonar el producto poético con el escatológico, el objeto más sublime con el más vulgar. Y todo esto bajo el signo de la urgencia, o sea, del súbito reclamo de una materia que escapa, empuja y pide prepotentemente ver la luz.

* Estas voces forman parte de un abecedario que bajo el título Che cos’è la poesía recoge en CD unas charlas de Valerio Magrelli en el auditorio Parco della Musica, en Roma, el 13 de mayo del 2005. El CD fue editado por Luca Sossella editore, ese mismo año. Traducción: Ernesto Hernández Busto.

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