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Bloguear, ahora y entonces

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    Editor Jefe
  • Ene 14, 201206:13h
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'Nouvellistes' chismeando y leyendo en un café del Palais-Royal (Bibliothèque Nationale de France)

Por Robert Darnton

Bloguear hace brotar el elemento pega-y-corre de la comunicación. Los blogueros tienden a la camorra. A menudo golpean por debajo de la cintura, y cuando logran dar un golpe, salen corriendo en busca de otro objetivo. ¡Pow! La idea es provocar, anotar, desahogarse opinando y, a menudo, cotillear.

Los blogs más chismosos toman por blanco figuras públicas, combinan dos ingredientes básicos —premura y celebridad—, y se dedican a los golpes rápidos, normalmente no más largos que un párrafo. A menudo atraen a un grupo particular, como los seguidores de Hollywood (Perez Hilton), los adictos a la política (Wonkette), los universitarios (Ivy Gate) y los abogados (Underneath Their Robes). Políticamente pueden inclinarse a la derecha (Michelle Malkin) o la izquierda (Daily Kos). Pero todos se ciñen a una fórmula que proviene del viejo periodismo sensacionalista: los nombres hacen las noticias.

¿Qué tan nueva es entonces la blogosfera? ¿Debemos pensar en ella como un producto derivado de los modernos medios de comunicación y signo de un tiempo en el que los periódicos parecen condenados a la obsolescencia? Aprovechan al máximo las innovaciones técnicas —la posibilidad de de un contacto constante con comunidades virtuales a través de sitios web con la ventaja añadida de la brevedad a través de plataformas como Twitter, con su límite de 140 caracteres por mensaje. Y sin embargo una forma de intercambiar mensajes similar a la de un blog pudo encontrarse en varios tiempos y lugares mucho antes de Internet.

Este es, por ejemplo, un post reciente de The Superficial:

RadarOnline informa que la cruzada del “matrimonio tradicional” y antigua Miss California Carrie Prejean está viviendo en pecado con su prometido Kyle Boller de los St. Louis Rams, sin duda alguna comiendo marisco. ¡A LA HOGUERA!

Y esta es una típica entrada de Le Gazetier cuirassé ou anecdotes scandaleuses de la cour de France (1771):

La Señorita Romans se casara próximamente con el Sr. de Croismare, Gobernador de la Escuela Militar, que empleará a sus seis ayudantes de campo para que ocupen su lugar a la hora de cumplir sus deberes conyugales.

El abuso breve, rápido, se prodigó en todos los sistemas de comunicación: los vilipendios garrapateados en los palacetes durante las peleas del Renacimiento italiano, los insultos rituales conocidos como “playing the dozens” entre los afroamericanos, los carteles en las manifestaciones contra regímenes despóticos, y el graffiti en numerosas ocasiones, como durante el alzamiento parisino de mayo a junio de 1968 (uno de ellos decía: “Voici la maison d’un affreux petit bourgeois”). Cuando se mezclan con tino, provocación y eficacia pueden ser dinamita, el equivalente escrito de los cócteles Molotov.

Este tema merece más estudio, porque a pesar de su carácter explosivo, los elementos semejantes al blog de eras pasadas de la comunicación tienden a ser ignorados por sociólogos, politólogos e historiadores que se concentran en los textos mayores y el discurso formal.

Para apreciar la importancia del blog premoderno, se puede consultar una base de datos como la Eighteenth Century Collections Online y descargarse un periódico londinense del siglo XVIII. No tendrá cabeceras, introducción, clara distinción entre noticias y anuncios ni articulación espacial en las densas columnas de textos, más allá de un ingrediente crucial; el párrafo. Los párrafos eran las unidades autosuficientes de las noticias. No estaban conectados unos con otros, porque escritores y lectores no conocían el concepto de la “historia” noticiosa como una narrativa que durase más allá de una docena de palabras. Las noticias llegaban a retazos, a menudo eran “avisos” de naturaleza sobria —la llegada de un navío, el nacimiento del heredero de un título de nobleza— hasta la década de 1770, cuando se volvieron más jugosos. Aparecieron los premodernos pliegos escandalosos, que explotaban el reciente descubrimiento de la atracción magnética de las noticias hacia los nombres. Como editores del Morning Post y el Morning Herald, dos religiosos, el reverendo Henry Bate (conocido como el “el Reverendo Magullador”) y el reverendo William Jackson (conocido como el “Dr. Viperino”) llenaron sus párrafos con cotilleos sobre los grandes, y este nuevo tipo de noticias se vendió como pan caliente. Gran parte de las mismas provenía de una rica fuente: la cafetería.

Las cafeterías londinenses eran centros nerviosos, en que los habituales recogían habladurías sobre las vidas privadas de las figuras públicas. Algunos habituales reducían las conversaciones a notas escritas, siempre en la forma de párrafos, y llevaban sus boletines a editores y cajistas que los pasaban a tipos móviles y alineaban los párrafos en columnas sobre la mesa de composición, listos para ser impresos como los “avisos más frescos.” Conocidos como “parrafistas”, estos primeros reporteros podían ser pagados por pieza o entregar textos para ganar puntos en la lucha cotidiana por controlar la opinión pública. Algunos lo hacían por placer —como muchos blogueros de hoy.

El café francés funcionaba de manera similar, pero la prensa francesa estaba censurada, y los periódicos franceses impresos fuera de Francia se cuidaban mucho de ofender a las autoridades francesas. Los chismes circulaban, en consecuencia, “bajo mano”, en forma de notas cortas garrapateadas en pedazos de papel que iban de un lado a otro en los bolsillos y se pasaban de mano en mano. (Algunos de ellos aún existen en los archivos de La Bastilla, porque fueron confiscados cuando la policía cacheaba a los prisioneros.) Aunque esos boletines usualmente contenían sólo algunas frases, no eran conocidos como párrafos sino como “anécdotas.”

Hace dos o tres siglos, el término anécdota significaba exactamente lo contrario de lo que significa hoy. En lugar de representar un incidente trivial o un chisme poco fiable, como en la expresión “prueba anecdótica,” traía consigo la noción de “historia secreta” —episodios referidos a las vidas privadas de importantes personajes, que habían tenido lugar pero no podían ser publicados abiertamente. De acuerdo a los diccionarios de la época y a la Enciclopedia de Diderot, el concepto derivaba de Procopio, el historiador bizantino del siglo VI, que escribió escandalosas historias secretas sobre las vidas privadas de Justiniano, Teodora y Belisario, como acompañamiento de la narrativa políticamente correcta de sus historias formales.

Procopio —sin relación alguna con el famoso Café Procope parisino— fue reconocido como el antepasado remoto de otra variante del blogger premoderno, el “nouvelliste.” Los creadores de cotilleos que se ocupaban de los circuitos orales de la comunicación eran conocidos como “nouvellistes de bouche.” Cuando pasaban las noticias a anécdotas escritas y juntaban las anécdotas en “gazetins” manuscritos, se graduaban en las filas de los “nouvellistes à la main.” He aquí algunos ejemplos recogidos por el panfletista Pierre Manuel:

El Príncipe de Conti ha sido puesto fuera de servicio por una chica conocida como la Pequeña J… Él responsabiliza de eso a Guerin, su consejero médico.

El Duque de… sorprendió a su esposa en los brazos del tutor de su hijo. Ella le dijo con la falta de pudor propia de una cortesana, “¿Por qué no estabais aquí, Monseñor? Cuando no tengo a mi caballero, tomo el brazo de mi lacayo.”

Estas hojas noticiosas ilegales proliferaron en la Francia del siglo XVIII, gracias a la demanda de noticias, especialmente de noticias salaces. La policía trató de reprimirlas, pero por cada “nouvelliste” encerrado en La Bastilla, media docena más tomaban la pluma. Eventualmente, la policía trato de conseguir el control de esa prensa clandestina compilando sus propias gacetas manuscritas —que a la larga perdieron credibilidad y fueron suplantadas por más “nouvelles à la main.

Ya fueran intercambiadas oralmente en un café, garrapateadas en un pedazo de papel, o combinadas como párrafos en una hoja de noticias, las anécdotas operaron como la unidad primaria de un sistema de comunicación. Muchas de ellas encontraron el camino de la imprenta. Fueron seleccionadas por escritores famosos como Voltaire, aunque más a menudo aparecieron en folletos anónimos conocidos como “libelles.” Los libelos más salaces —obras como las Anecdotes sur Mme la comtesse du Barry y Vie privée de Louis XV— se convirtieron en bestsellers. Si los leen con cuidado, encontrarán que contienen una gran cantidad de pasajes que fueron tomados de otros o de gacetas clandestinas comunes. Eran en realidad collages juntados a partir de material preexistente y de cualquier medio noticioso disponible —como los blogs de hoy en día, que sirven de compilaciones de fragmentos recogidos en todas partes de la red. En lugar de imaginar esa literatura como un corpus de libros escritos por distintos autores, se debe pensar en ellos como un cambiante repertorio de anécdotas, que eran incesantemente alteradas a medida que pasaban de uno a otro.

En los primeros tiempos modernos, las anécdotas constituían el equivalente de una blogosfera, un territorio sembrado de explosivos; en vísperas de la Revolución, los lectores franceses consumían tanta basura sobre la vida privada de los grandes, como tratados sobre los abusos del poder. De hecho, las anécdotas y el discurso político se reforzaban mutuamente. Puedo, en consecuencia, argüir que el blog premoderno interpretó un papel importante en el colapso del Ancien Régime y en la política de la Revolución Francesa. Debo admitir, sin embargo, que estoy limitando esta tesis a un blog. Quien quiera verla desarrollada en su extensión apropiada y con pruebas que la apoyen deberá leerla en forma de libro: The Devil in the Holy Water, or the Art of Slander from Louis XIV to Napoleon (El diablo en el agua bendita, o el arte de la difamación de Luis XIV a Napoleón).

No creo que la historia enseñe lecciones, al menos no de una forma directa, fácilmente aplicable, pero sí que señala cuestiones. ¿Están hoy los blogs irrumpiendo en la política tradicional, como lo hicieron los “libelos” en la Francia del siglo XVIII?

*Publicado originalmente en el blog de The New York Review of Books, 18 de marzo de 2010. Traducción: Juan Carlos Castillón.

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2 respuestas
Comentarios

  • padre Ignacio dice:

    Es curioso que no se menciona en este excelente articulo los famosos coffeeshops de Londres del siglo IIXX,que fueron llamados Penny Universities.Todo aquel que pudiera pagar un un penny por la taza de cafe participaba.
    Asi las cosas gentes de todos los estratos sociales se reunian en distintas mesas a hablar de sus temas preferidos,los unos hablaban de politica,otros de deportes y otros sencillamente a chismografiar.Alguien debuto con la idea de escribir breves notas a cerca de casi todo lo que se hablaba,para venderla a quienes no podian visitar aquellos lugares y asi surgieron los primeros periodicos,con secciones de politica,sociedad,economia,etc.