- ene 08, 2012 • 12:59h
- 20 comentarios
Murió Victoria, ida de sus cabales, venerable viejecita que saludaba a todos desde la acera, en sus paseítos matinales bajo custodia, con su senil candidez que no dejaba otra opción que la tristeza y el perdón. Victoria, en su momento la emblemática presidenta del Comité de Defensa de Revolución de la única cuadra en que he vivido. Victoria, la testigo de los inventarios y allanamientos policiales y las fiestas patrióticas y los Círculos de Estudio y el vigilante Libro de la Guardia. También la de la familia rota cuando una de sus hijas se exilió.
Esto no es un ajuste de cuentas, ni siquiera uno emotivo. Me caía bien. Tal vez nunca sufrí su rol social en los años 70s y 80s. Tal vez me gustaba su voz cordial, cada vez más cordial según se fue quedando sola dentro de su cerebro, reduciéndose físicamente como un personaje macondiano. Tal vez siempre respeté su don de pueblo (aunque su familia fuera más que solvente), sus ropitas de barrio, el estoicismo con que trocó sus negocios de familia antes de 1959 en quién sabe qué durante los años duros y militantes de la Revolución cubana en Lawton. Tal vez es simplemente que soy humano, demasiado humano, y no me alcanza el alma para juzgar a otra alma. Tal vez es que, más pronto de lo que parece, yo también caminaré por las aceras de la esquina de Fonts y Beales, ondeando mis manos con una sonrisita infantilmente octogenaria ante un país en pretérito, una patria irreconocible donde todas las ideas murieron con sus habitantes, quedando sólo la inercia huérfana de millones de cuerpos desconocidos en, digamos, el inminente año de 2059.
Su casa era de mampostería (todavía lo es), la mía de madera. Los equipos electrodomésticos entraron allí una década antes de en la mía, incluido el simple televisor. Su hijas viajaban “por el trabajo”, mis padres jamás. Cuando pasaban los ciclones por el barrio, había que considerar la posibilidad de una evacuación de la mía a la suya, lo que de niño me aterraba a la vez que me excitaba por sus nietas contemporáneas conmigo (a la postre inaccesibles: hoy a su vez madres, yo soltero a perpetuidad). Sonaba un ampuloso piano en los amplios cuartos de Victoria, yo alcancé sólo a una guitarra, si bien de excelente calidad (sacrificio máximo de mis padres por mí). Tuvieron carros que cambiaron varias veces de marca, yo apenas un garaje que a veces alquilamos a otro vecino. Fui, como contrapeso, mucho más despierto y brillante que ellas, en la ciencias primero y ahora en este desastre por escrito aquí.
Era mi vecina, Victoria. Tan vecina como tú que me lees allí, acaso mejor, más íntima y desconocida. Hasta el final pronunció distintivamente mi nombre: a veces Orlandito, a veces Pardito. Siempre fui niño en Victoria: ¿qué me voy a hacer ahora entre esta tunda de adultos déspotas del nuevo año 2012? Nunca dejó de preguntarme puntualmente por mi mamá María. También por mi papá Dionisio Manuel, muerto desde el horrendo domingo 13 de agosto del 2000. En su amable insania, ella era la última persona del mundo que se acordaba que yo alguna vez había tenido un papá (de hecho, para Victoria nunca lo perdí, qué felicidad haber estado en su mente).
Ni siquiera fui a la funeraria de Luyanó. Falleció entre los libros de condolencia de un genocida coreano (venerado) y un demócrata checo (vilipendiado). Allí el muerto hubiera sido obviamente yo. Un tipo perdido entre sobremurientes, con una vida hedonista secreta, con una libertad virtuosa más que virtual pero asfixiante entre manos, con toda la nostalgia de nadas y nadie en mi mirada al margen del mundo. Tampoco tendría nada que decirle a sus descendientes. Sus nietas de mi edad son ahora siglos mayores que yo. Hablamos lenguas antípodas. Ignoran que yo sé que su abuela murió. Por eso esto ahora es estrictamente en secreto entre Victoria y yo. Tengo miedo ponerme viejo de súbito y podrirme sin ella, como ese extraño personaje de Poe llamado el Señor Valdemar. Me da pánico teclear cada madrugada más y más aislado de mis testigos. Sólo de ese abismo saco la locura mínima para cada madrugada resistir unas cuantas palabras más. Saludando a todos los cubanos del mundo con cada patada que les doy. Sonriendo son sorna. Lo contrario de Victoria en un sentido, pero a la vez ella y yo sabemos que exactamente igual.
Orlando Luis Pardo
La Habana






No hay mucha cuenta que hacér,miralo deportivamente.
Victoria(de casa de mamposteria,nietas “solo para empleados”y miles de hóras c.d.r) 0
Orlandito(pardito,a la deriva,solterón y en casa de palo) 1.
Excelente escrito,asi les sucedio a dos invalidos que eran los de vigilancia de la cuadra donde yo vivia y eran veneno puro,menos mal que Dios los condeno a una silla de rueda a los dos pues eran gemelos y cuando se canso de que hicieran tanto dano,tambien los mando a buscar con solo un dia de por medio,justicia divina.
genial articulo sobre toda esa generacion perdida que como dice el cubano en madrid,no solo fueron chivatonas y lameculos,tambien fueron personas que pensaron en que aquello iba a ser de verdad un paraiso revolucionario y se entregaron en cuerpo y alma y por desgracia fidel fausto le llevo su alma y les dejo su cuerpo enjuto y marchito.
En la cola del pan de boniato, de la pasta de oca y del apestoso jurel y en la cola del arroz con gorgojos estaban esas Victorias, todavía defendiéndome….
Seré hp..?..!!!
Muy buen escrito Orlando. Me gusto
Robert, mi madre te manda saludos, muy emocionada de que “reaparecieras”. Sí, no lapasa bien entre sus sustos y las presiones…
Mi padre murió en 2000 con 81 años.
Mi mail es orlandoluispardolazo@gmail.com
Mi blogs http://www.orlandoluispardolazo.blogspot.com y http://vocescubanas.com/boringhomeutopics y mi movil en Cuba +53-53340187
Polo:
¿Nunca has pensado que en Cuba muchísima gente mayor como esa Victoria del relato creyó de buena fe en el proceso robolucionario y no por ello fueron chivatones ni esbirros de la dictadura?.
Mis abuelos dedicaron buena parte de su existencia a aquella farsa. Mi pobre abuelo incluso arriesgó su vida en la clandestinidad. Al final de sus días abrió los ojos y se dio cuenta del engaño.
Mi abuela ya vive en un mundo aparte por su demencia senil.Tal vez sea mejor así. Ambos fueron dirigentes, y de los honrados,de los que trabajaron duro y nunca malversaron un kilo, en mi casa nunca conocimos privilegios que hoy sí que veo en la clase dirigente en Cuba. Los dos fueron muy buenas personas y hoy en día me dan una inmensa lástima porque un cabrón y sus secuaces les estafaron sus vidas haciéndolos creer en una utopía.
Como ellos hay muchísimos viejitos en Cuba, desengañados de la cruda realidad pero sin poder hacer nada ya pues el tiempo no vuelve atrás. Yo pienso que hay que diferenciar entre unos y otros para que a la hora de ajustar cuentas a los esbirros y torturadores no se nos vaya la mano.
Hay oportunistas y sinverguenzas que han hecho mucho daño y han medrado a costa del sistema, hay otros cuyo único delito fue su ingenuidad. Estos últimos son sin excepción alguna gente de los primeros años de la dictadura. Ya después de los años 80 todo aquel que se metió a dirigente y se prestó para componendas, manipulaciones y comparsas lo hizo con pleno conocimiento de causa pues ya se veía perfectamente lo que era aquello. Esos sólo merecen un calificativo: hijos de la gran p…
Ojalá cuando cambien las cosas en Cuba el odio no nos ciegue y terminemos pareciéndonos a ellos. Vivir para ver.
Ñoooójj..!!!
Esto me llegó al centro del fondillo…!!!
Cuántas Victorias, Cachas, Fefas y Marias abandoné a su suerte?..ahí con sus batas de casa raidas, sin luz, sin agua, pasando trabajos…
@Kundejo: No me gusta Pink Floyd, gracias; pero te concedo que estoy equivocado y lo sé; porque el rencor es un obstáculo para negociar la realidad… mientras tanto, sigo contento con mis equivocaciones.
Terco y bruto que es este guajiro.
Lo bueno es que gente como yo somos una minoría insignificante, sin consecuencias para ese monstruo del Dr. Frankestein que algún día tengamos que armar.
La mayoría en Cuba desfila y aplaude, y aquí en el exilio ayuda a mantener la tiranía con sus remesas y viajecitos. En tiempos de la esclavitud, a esos esclavos domados y sin dignidad le llamaban “negros buenos”.
Yo soy un negro malo, merecedor de escalera y látigo… y un concierto de Pink Floyd.
Así que Goodbye Blue Sky, porque el futuro cubiche es del perdón a los horrores y garantizar la impunidad de sus ejecutores y cómplices… todo en aras de la reconciliación nacional, ‘course.
Lo que nadie ha explicado todavía es cómo tragarse el ajiaco post-castrista, cuando su mayor ingrediente es la mierda heredada.
Coño Orlando!, si que te recuerdo, y también a tus padres. Tu madre siempre tan dulce, tan buena persona y tu padre; Pardo, un gran hombre: serio, culto, discreto. Pardo fue mi profesor de inglés, con él – en el comedor de tu casa- aprendí más inglés que en todos los años de colegio. Contigo tuve menos trato porque eras más pequeño -yo te llevo como 6 ó 7 años- pero te recuerdo rubio, delgadito y también muy educado e inteligente. Gracias Orlando por todo lo que estás haciendo. Lo siento mucho por tu madre porque estoy seguro que “gracias a tí”, el totalitarismo le estará dando disgustos a diario.
Me gustaría contactar contigo. Otro Españabrazo para tí y los tuyos.
Que Dios la guarde y que descanse en paz.
Polo la gente como tú deberia ver el concierto The Wall the Pink Floyd. Estoy seguro que si logran entenderlo se daran cuenta cuan errados estan.
Robert, soy el hijo de María y Pardo, sigo viviendo aquí (además de en internet). Un Habanabrazo grande para ti…
Muy buen relato. Mmuy lindas palabras de alguien que pese a las diferencias, sabe mirar lo bueno en el prójimo..
Ojalá muchos tuvieran esa noble capacidad.. ojalá un día todos puedan mirarse a los ojos y fundirse en un abrazo… y los malos recuerdos de luchas y peleas ridículas entre “comunistas” y “capitalistas” sean parte del pasado.. y pasen a ser un grupo de hermanos con diferentes posturas tal vez, pero que todos buscan el bien de una Nación… y la Libertad de todo un pueblo.
Adiós doña Victoria, tal vez desde arriba pueda apreciar la “otra realidad” y guiar el corazón de muchos cubanos que tienen en sus manos la responsabilidad de llevar adelante el país.
@CubaLadoB
Yo vivía al lado de Victoria, detrás de Tati y Panchita y, quizás porque tuve más trato con ella que OLPL, mis recuerdos sobre ella son más humanos que “militantes”. Victoria era quien nos dejaba llamar y recibir llamadas en su casa. Recuerdo como si fuera ahora su voz de pito por la ventana gritando “Robert teléfono”, recuerdo a su marido Serafín, un hombre cabal y muy ingenioso. Recuerdo que siempre compartía con nosotros cuando algo tenía y recuerdo que la última vez que ví a Victoria fue al medidía del 19 de Octubre de 1990 cuando mi hermano y yo salíamos de casa para venirnos a España. La noche anterior nos despedimos de ella y su familia pero ese día, ese mediodía ella salió de su casa corriendo y en la acera nos dijo llorando “¿pero se iban a ir sin despedirse de mí?. Seguidamente se abalanzó sobre nosotros y nos abarazó muy fuerte. Gracias Orlando.
Me gustó… que Victoria -y su generación de chivatientes- estén muriendo.
Ya es política y moralmente correcto que Las víctimas perdonen a sus esbirros.
Hoy es feo alegrarse de la muerte de Castro, “porque es un ser humano”; como si la gente que ese tipo mató fuesen muñecones de trapo.
Ahora Pardo nos deleita con un obituario sentimentaloide que transforma a una delatora professional en una viejecita digna de lástima y santa milagrera resucitadora de muertos íntimos ¿o acaso necesitamos de in CDR para recordar a nuestros propios padres?
Ya veo en un futuro cercano a los opositores llevándo flores al mausoleo de los Castro, en aras de la reconciliación nacional y el perdón cristiano.
Triste, muy triste
Gracias por compartir tu tristeza….
genial!
gracias mil
Excelente Orlando. Muy bueno…
Orlando Luis:
Que distinto este obituario al recien publicado en otro sitio titulado “El poeta malo y la muerte” pero tienen algo en común y es que son sencillamente geniales. Alberto Acosta Pérez , Victoria y Dionisio Pardo !!! Bien valen una misa!!!