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El cineasta y el cinéfilo

  • Ene 06, 201217:12h
  • 2 comentarios

La leyenda oficial propaga que Kim Jong-Il, el recientemente fallecido dictador de Corea del Norte, aprendió a caminar a las tres semanas de nacido, a hablar a las ocho semanas y que había escrito seis óperas y mil quinientos libros antes de graduarse de la Universidad Kim Il Sung, pero lo que realmente preocupaba a esta realización genética de la idea Juche era su incapacidad para hacer cine, arte de la cual era fanático convicto y confeso, y su incomodidad ante la pobreza creativa de la producción cinematográfica norcoreana, como si las ideas de su papá no tuvieran nada que ver con ello.

A mediados de los años setenta, al joven Kim, que por entonces era sólo un tirano en ciernes, concibió la idea de importar al director y productor más destacado del momento en Corea del Sur para darle un aliento vital a la anquilosada maquinaria propagandística de su país y buscar la conquista de los públicos extranjeros. Como una nación tan puramente comunista no puede lidiar con el enemigo, ni mucho menos ofrecer, como un reptil capitalista, una compensación monetaria, el futuro líder concibió un plan mucho más imaginativo. Se decidió secuestrar al director de marras.

Shin Sang-Ok había nacido en la ciudad de Chongjin, en 1926, cuando Corea estaba sometida al imperio japonés, en una zona del noreste del país que tras la división de la península por el paralelo 38 al final de la Segunda Guerra Mundial, quedaba en el territorio dominado por los soviéticos y luego concedido a Kim Il Sung bajo el nombre de Corea del Norte, pero ya Shin desde hacía tiempo vivía en Seúl, luego convertida en capital de Corea del Sur. En 1952 produjo y dirigió su primer filme, The Evil Night y a partir de ahí dirigió y produjo decenas de películas y fundó su propia casa productora. Era el director más conocido y respetado en Corea del Sur.

En 1978 Shin acababa de divorciarse de la actriz Choi Eun-Hie y ésta se hallaba de visita en Hong Kong cuando, en un plan digno de una película de Johnnie To, fue secuestrada por los espías del joven Kim. Las autoridades locales no tenían idea de lo que pasaba y Shin se encaminó a Hong Kong para ayudar con la investigación cuando acto seguido el osado comando norcoreano lo secuestró a él también y lo llevaron ante Kim Jong-Il.

Tras varios años de prisión, durante los cuales los norcoreanos alegaban que el director se había repatriado voluntariamente a su territorio nativo, Shin fue forzado a dirigir tres o cuatro películas a partir de 1983.

Kim Jong-Il sería cinéfilo, pero su sensibilidad artística dejaba mucho que desear y su filme favorito era Godzilla, la producción original japonesa de 1954 con la cual su papá quizá alguna vez lo arrulló. Su obsesión era crear un equivalente norcoreano para orgullo de la patria y en su mente, Shin era el hombre indicado. El resultado de esta tiránica obsesión resultó ser Pulgasari (1985), una cinta dirigida por Shin y en la cual se acredita como productor a Kim Jong-Il.

La trama de este engendro trata sobre un rey malvado en la Corea feudal, quien al enterarse de una posible rebelión popular, se roba todas las herramientas de hierro que se usan para el cultivo de la tierra, así como todas las ollas y cazuelas, para de esta forma construir armas y derrotar al ejército sedicioso. Luego de derrotarlos, devuelve los instrumentos a los campesinos, pero encarcela a un viejo herrero, cuya última creación es una pequeña figura de aspecto monstruosa, llamada Pulgasari, muy parecida a Godzilla, que come hierro. La sangre de la hija del herrero le da vida al figurín, que crece y termina luchando con los famélicos campesinos, hasta derrotar al corrupto monarca. Si todo esto parece incoherente es porque lo es. Muchos críticos interpretan la pésima calidad del filme como la venganza secreta de Shin contra su captor.

La película no logró la deseada distribución internacional y no fue hasta finales de los noventa cuando se estrenó primero en Corea del Sur y luego en Japón, donde se convirtió en un filme de culto.

En 1986, Shin y Choi, durante una visita a un festival de cine en Viena, como parte de la delegación norcoreana que presentaba Pulgasari, solicitaron y obtuvieron asilo en la embajada americana. Los norcoreanos acusaron a los americanos de haberlos raptado, pero Shin se las había ingeniado para grabar secretamente sus conversaciones con Kim, incluso la última, en la cual emocionado por la filmación de Pulgasari, el futuro dictador le pidió perdón por los maltratos y torturas que le había infligido excusándose porque se “había tomado su rol muy en serio”.

Shin dirigió y produjo tres películas sobre los 3 Ninjas en los Estados Unidos entre 1995 y 1996, tras lo cual regresó a Corea del Sur, donde murió en el 2006.

Roberto Madrigal
Cincinnati

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2 respuestas
Comentarios

  • Anonimo Standard dice:

    Dios, que buen interesante.

    Muy bueno Roberto (y gracias por el apunte a Gabriel)

  • Gabriel dice:

    Hay que añadir a la historia que el tirano les “recomendó” a Shin y Choi que se reconciliasen y se volviesen a casar.

    Creo que —por algún motivo— le hicieron caso