- dic 31, 2011 • 00:42h
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“El disidente no es una noble alma indignada que vocifera desde el pedestal de su virtud presuntamente perfecta, sino que es alguien que ha sabido volver su indignación contra sí mismo y contra los sueños complacientes con los que había alimentado hasta entonces la pasividad general y la complicidad individual. El enemigo no es un demonio maloliente ni el sistema todopoderoso, sino nuestra servidumbre voluntaria, esa afición tan común a cerrar los ojos y dormir tranquilos, suceda lo que suceda.”
André Glucksmann, hoy, sobre Václav Havel.




Don Perico,
Uno no nace disidente, sino que se hace. Antes de rechazar la “servidumbre voluntaria,” uno la acata; al menos por la via de la inacción y el silencio.
El despertar a la disidencia puede aparecer con el uso de razón, pero no antes.
Pero si siempre lo hemos sido, Don Perico. Hasta ahora.
“…y contra los sueños complacientes con los que había alimentado hasta entonces la pasividad general y la complicidad individual.”
Entonces… para llegar a disidente primero hay que ser un pasivo, manso carnerito?
El ensayo esencial de la Boetie:
Discours de la servitude volontaire
http://fr.wikisource.org/wiki/Discours_de_la_servitude_volontaire
The Politics of Obedience: The Discourse of Voluntary Servitude
http://mises.org/rothbard/boetie.pdf
Una gran Cita.
Amen!
Pues pudiera aplicárselo a sí mismo, porque bastante que ha cerrado los ojos últimamente y ha dormido tranquilo sin apoyar nada de lo de cuba.
Ese fragmento contiene un concepto clave para entender el éxito de las tiranías:
“Servidumbre voluntaria”
El tema ya lo trató Étienne de La Boétie, el famoso proto-libertario del siglo XVI. Explicó el tema magníficamente en su pequeña obra “Discurso de la servidumbre voluntaria.”
http://www.fundanin.org/boetie.htm
Su lectura es imprescindible. Ese escrito de hace mas de cuatro siglos incide en el meollo del tema.