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Mis temores

  • Dic 20, 201111:30h
  • 9 comentarios

Un hombre en solitario barre las hojas secas en la amplísima avenida donde no se ve un solo auto transitando en ninguna dirección. Baja la cabeza y evita hablar con el camarógrafo. Quizás se trata de un sancionado que no aplaudió con suficiente entusiasmo en una reunión o no se inclinó con teatral reverencia ante algún miembro del Partido. La escena del barrendero y su desolada calle se incluye en un documental sobre Corea del Norte que ha circulado en nuestras redes alternativas de información. Un testimonio doloroso, con gente vestida siempre de la misma manera, edificios de un gris despersonalizado y estatuas del Líder Eterno por todos lados. Infierno en miniatura, que nos deja con una sensación de alivio —al menos en este caso— por no haber nacido bajo el despotismo dinástico de los Kim.

Cuando en marzo de 1986 Fidel Castro visitó Pyongyang, lo recibió casi un millón de personas, entre ellas miles de niños agitando banderolas con sospechosa sincronía. La televisión cubana se regodeaba en los coros que sonaban como una sola voz, en las bailarinas que no se diferenciaban ni por un cabello fuera de lugar y en aquellos pequeñines tocando el violín con sorprendente maestría y anómala simultaneidad. Meses después de aquel viaje presidencial, en las tablas artísticas de las escuelas primarias cubanas se intentaba emular tan robótica disciplina. Pero no había manera. La niña de al lado tiraba la pelota segundos después que ya la mía había caído de vuelta al piso y alguna zapatilla abandonada se nos quedaba sobre el tabloncillo en cada presentación. El Máximo Líder debió sentirse desilusionado por la caótica conducta de su pueblo, tan diferente de ese que en Corea del Norte hacía sincopadas genuflexiones ante el secretario general del Partido de los Trabajadores.

Este lunes, las imágenes de miles de personas llorando en las calles por la muerte de Kim Jong-il me han hecho recordar aquellos niños cronometrados. Aunque nuestro experimento tropical nunca logró “domesticarnos” como a ellos, en algo si copió al modelo coreano. También por estos lares la genealogía ha sido más determinante que las urnas y la herencia sanguínea nos ha dejado —en 53 años— sólo dos presidentes, ambos con un sólo apellido. El delfín se llama allá Kim Jong-un; quizás en breve nos comuniquen aquí que el nuestro será Alejandro Castro Espín. De sólo conjeturarlo me estremezco, como un día lo hice ante las hileras de chiquitines que alzaban, en el mismo milisegundo, una pelota.

Yoani Sánchez
La Habana

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9 respuestas
Comentarios

  • libertad dice:

    Al fin y al cabo es chino también, jejeje, hijo d la china , caza ratón. Y a propósito: cuál es el ojo q tiene tuerto?

  • john noarms dice:

    NOOOOO los coreanos on hechos d una horma unica y nosotros somos todo lo contrario,todos diferentes y muy regaos,en esto t equivocastes,no creo q el objetivo del fifo alla sido este.

  • Alexey dice:

    Pero si le dan el mando al Marielita, entonces Cuba se transformaria en algo asi como un prostibulo flotante, sera que para eso fue a zona roja de Amsterdan, para obtener experiencia?

  • Güicho dice:

    Darle el trono a Alejandro Castro Espín sería usurpación. El trono le corresponde a un hijo de Fidel. Y el favorito del pueblo es Tony, que sustutiría los fusiles por bates de pelota.

    A Castro Díaz-Balart lo descarto por obeso e inepto, pero si ponen a un Castro Espín y no a un Castro Soto del Valle habrá una guerra civil.

    Ya va siendo hora de crear el PAMDICA (Partido Antonista En EL Marco De La Dinastía Castrista.)

  • Sergio dice:

    No, no veo a los cubanos golpeando el suelo ni dando esos gritos al unísono. Habrá quien entre lágrimas deje escapar un ‘adios Fidel’, pero nada de lo que hemos visto en Korea. Muchos irán por curiosidad, otros lo sentirán y muchos, muchos, solamente pensarán en lo que vendrá. Ansiando que sea lo mejor. Pero la realidad es que en Cuba la gente no piensa mucho en FC, creo que ni en bien ni en mal porque tienen muchas otras cosas en las que pensar. Los cubanos que estamos fuera de Cuba somos los que más lo nombramos. Creo que la gente en Cuba ya es post-castrista.

  • Alexey dice:

    Los dictadores comunistas cojean todos de la misma pata, para ellos el pais es como su hacienda personal, y el poder es un bien heredable y transferible a un miembro de la familia que lo controla, para que perder el tiempo con elecciones y esas cosas del capitalismo.
    El padre del mozalbete este de la foto, era un loco de atar, se la pasaba jugando a la guerra con cohetes nucleares, y ahora el hijo al frente del pais mas militarizado del mundo, con mas de un millos de hombres sobre las armas, y un arsenal nuclear desconocido para occidente, es algo asi como un mono con una granada de mano, que horror.

  • Pedro Julio Suarez dice:

    No tengo dudas de cual será el comportamiento de los cubanos al recibir mediante un comunicado oficial de la muerte del dios de dioses, este comunicado sera 3 o 4 dias despues del feliz acontecimiento. Me inclino a pensar que se paralizara el pais durante 10 dias, vendran omnibus desde Baracoa hasta Remates de Guane para darle el ultimo adios al Padre de la Patria Nueva, decirle, por que muchos lo diran: “Donde sea. como sea y para lo que sea, comandante en jefe ordene”. El reguero de lagrimas inundara toda la avenida boyeros.. Y muchos de los que estan fuera soltaran a escondida sus lagrimones.

  • Gabriel dice:

    Pues cuando muera Fidel, seguro que saldrán un montón de cubanos a llorar … y otros se quedarán callados en sus casas … esperando un poquito más.

  • Anónimo dice:

    Eso mismo pensaba yo cuando veía a los coreanos llorando en masa, me imaginaba a los cubanos llorando y tirandose al piso cuando anunciaran la muerte de nuestro eterno líder barba truco, pero gracias a Dios no somos así los cubanos, lo único que tenemos en común con ellos es ser borregos y cobardes, solo eso, gracias a Dios.