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Cinco cosas que un cubano debe saber sobre Corea del Norte

  • pd
    Editor Jefe
  • dic 20, 201100:59h
  • 3 comentarios

—De pronto, coinciden en el feed de mi agregador la noticia de que el gobierno cubano se opuso a condenar a Corea del Norte en la ONU por violaciones de los DD HH, y el resumen de El País sobre la hambruna, las torturas y los campos de concentración en el país comunista. Tal vez la pifian cuando dicen que se trata de “la ÚNICA dinastía comunista del planeta”, aunque a cualquier periodista le costará colocar a nuestra tropical islita, con su pedigree turístico, a la altura del infierno coreano. Hay grados, sin duda. Me pregunto, por ejemplo, por qué Mariela Castro fue capaz de defender a los homosexuales iraníes vía MINREX y no dice nada sobre Corea del Norte, donde tampoco la deben pasar muy bien. Concluyo que es cuestión de grados: allí donde no se reconoce el derecho a la existencia de seres humanos como tales, es poco probable que alcance algún relieve el derecho a la diferencia sexual. Hay, entonces, una distinción importante que el “caso Corea del Norte” nos muestra con evidencia casi insoportable: en escenarios totalitarios, ciertos derechos son más importantes que otros.

—Quien se asombre ante este video es que no ha entendido nada de lo que representa Corea del Norte. La histeria colectiva, la divinización del poder, el cambio en la idea que tenemos de la verdad, cuando deja de ser una cuestión de hechos para convertirse en la imagen de un capricho y desemboca finalmente en una irrealidad impuesta por la fuerza a un mundo completamente cerrado. Lo explicaba Philip Gourevitch en un célebre reportaje del 2003: “A North Korean who does not believe the state’s every claim is left with the void of dumb disbelief, for it is impossible in Kim Il Sung Nation —as the North is sometimes described in its own proclamations— to find anything else to believe in.” El otro lado de esta irrealidad lo aportaba el propio Kim Jong Il, que según cuentan adoraba a Rambo, James Bond y las películas de terror con un entusiasmo que denotaba una total incomprensión del cine como vehículo de ficción. “Miraba esas películas como si fueran fragmentos de realidad” —narró un testigo. El duelo de nuestra “Castro nation” no alcanzará esos extremos pero dejará una orfandad parecida, que tal vez ya se esté llenando con todo ese credo raulista en el pragmatismo económico y la prosperidad-que-nunca-llega. Y sobre la ceguera ante los hechos, ya me dirán ustedes…

—Un perro chino come mejor que una doctora norcoreana. No es una metáfora ni una exageración. El problema de la hambruna en Corea del Norte está cuidadosamente descrito en el libro de la periodista norteamericana Barbara Demick Nothing to envy: Ordinary lives in North Korea. Ahí nos enteramos de lo que son las golondrinas, esas bandas de pequeños niños sin familia que aparecieron en los años de peor hambruna y sobrevivieron a base de pequeños robos de comida y de pasar contrabando por la frontera. El libro también describe en detalle la venta de mujeres coreanas en el mercado marital chino y las redes de escape de Corea del Norte a China y de China a Corea del Sur, así como la distinta integración de los escapados una vez que llegan al Sur, una sociedad que en treinta años se convirtió en una de las catorce economías más grandes del mundo. Volvemos a las cuestiones de grado: ¿cuán lejos estaban de esos norcoreanos emigrantes aquellos balseros cubanos que escaparon de la hambruna del Periodo Especial para llegar a una próspera “capital del exilio”?

—Sin embargo, aunque los cubanos de la isla (bien entrenados en el ejercicio de la doble moral) puedan reaccionar con extrañeza ante la evidencia del duelo que sigue a la muerte del Máximo Líder o preguntarse en Twitter qué sienten realmente esos coreanos debajo de las lágrimas, en lo que respecta al acceso a Internet no están mucho mejor que ellos. La gran novedad de este excelente reportaje de Boynton fue constatar que incluso en Corea del Norte existía algún tipo de activismo digital. La función esencialmente subversiva que se atribuye a la tecnología no difiere demasiado en ambos escenarios. Salvando nuevamente cuestiones de grado, el uso que hace la propaganda oficial cubana de los social media es muy parecido al que describe someramente este informe. Y el gap acentuado por la cercanía geográfica a una gran potencia tecnológica acrecienta una frustración parecida.

—Breve visión del paraíso coreano, en re-flexión de Fidel Castro, fechada en julio del 2008: “Cuando llegué el 7 de marzo de 1986 a la República Popular Democrática de Corea, casi 33 años después de la destrucción que dejó la guerra, era difícil creer lo que allí sucedió. Aquel pueblo heroico había construido infinidad de obras: grandes y pequeñas presas y canales para acumular agua, producir electricidad, abastecer ciudades y regar los campos; termoeléctricas, importantes industrias mecánicas y de otras ramas, muchas de ellas bajo tierra, enclavadas en las profundidades de las rocas a base de trabajo duro y metódico. Por falta de cobre y aluminio se vieron obligados a utilizar incluso hierro en líneas de transmisión devoradoras de energía eléctrica, que en parte procedía de la hulla. La capital y otras ciudades arrasadas fueron construidas metro a metro. Calculé millones de viviendas nuevas en áreas urbanas y rurales y decenas de miles de instalaciones de servicios de todo tipo. Infinitas horas de trabajo estaban convertidas en piedra, cemento, acero, madera, productos sintéticos y equipos. Las siembras que pude observar, dondequiera que fui, parecían jardines. Un pueblo bien vestido, organizado y entusiasta estaba en todas partes, recibiendo al visitante. Merecía la cooperación y la paz. No hubo tema que no discutiera con mi ilustre anfitrión Kim Il Sung. No lo olvidaré.”

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3 respuestas
Comentarios

  • Pan con gorgojos dice:

    ¿Cómo alguien en el mundo puede leer esa “re-flexión” de Fidel Castro sobre Corea del Norte y pensar que alguna vez en su vida estuvo cuerdo?

  • kalida jelnades dice:

    no puede ser mas hp nuestro maximo lider caribeno al referirse a la carcel koreana, a ver si a el que tanto le gusta la buena vida le agradaria vivir en un pais como ese….. un jo…..pu…..ta menos en este mundo el kim…… bien enterrado esta…

  • El Gusano de Bronce dice:

    Excelente.
    Me imagino que en Corea del Norte no hay homosexuales, como tampoco los hay en Irán. Por lo que Mariela, no tiene nada que hacer allí y ademas, los gays le están resultando difíciles de dominar y ahora esta puesta para las jineteras, las cuales tampoco existen en Corea del Norte.
    De su tío ni hablar. El artículo lo dice todo y muy bien.
    Es difícil aveces tomar en serio a un pueblo que clama por el chupi chupi y por sus derechos (sobre todo), cuando lo comparamos con casos como Corea del Norte.