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Encrucijada de un mensaje de fe (y II)

  • dic 16, 201119:20h
  • 3 comentarios

Los desafíos de la comunicación actual

Llegado al presente, el cristianismo —y en particular las instituciones que lo representan y propagan— tiene por delante, en lo concerniente a la transmisión de sus valores, uno de los mayores desafíos que ha tenido que encarnar en su existencia dos veces milenaria. Si hablar de la comunicación del evangelio es algo redundante, porque su esencia misma es comunicación, entonces las dificultades que encuentre el cristianismo actual para comunicarse son, al mismo tiempo, problemas que afectan su naturaleza.

Encuentro al menos dos contradicciones de fondo. La primera es de carácter ideológico y, hasta ahora, los teólogos no parecen animados a resolverla. Planteémosla así: la doctrina de Cristo propone, por una parte, el amor incondicional al prójimo —aunque éste sea nuestro enemigo— y, por la otra, un mensaje de redención que conlleva la soberanía absoluta del Dios que se nos revela en Jesús. Aunque esa contradicción siempre estuvo presente en el pensamiento de la Iglesia, no llega a hacer crisis hasta nuestro tiempo cuando el mundo entero se achica y los presupuestos cristianos o sus derivaciones naturales —como es la legislación internacional que conocemos por Derechos Humanos— se universalizan e imponen, en consecuencia, el respeto por la libertad, las ideas, los valores y la fe del otro que —gracias al impacto de Occidente y de las comunicaciones— se hace cada vez más el próximo —esto es, el prójimo.

El mundo como una aldea global enfrenta al cristianismo —a las iglesias— con su mayor contradicción intrínseca: entre el respeto al prójimo y la lealtad al mandato de Cristo; es decir, entre el impulso misionero y la fraternidad caritativa, entre el reconocimiento de presencia de Dios en valores salvíficos en otras fes y la absoluta primacía de la propia, entre el derecho de otras religiones a existir, a ser caminos hacia Dios, y el imperativo evangélico de que “nadie viene al Padre sino por mí”.

De repente, en nuestro tiempo, estos dos caminos que durante siglos habían marchado paralelos —el mensaje absolutista del cristianismo y la práctica, heroica incluso, del amor a los semejantes— convergen en lo que, al parecer, es una encrucijada irreductible. Hasta ahora, ninguna iglesia lo ha resuelto, aunque se hayan elaborado algunos documentos en ese sentido. El enfrentamiento coloca una interrogante sobre muchos valores tradicionales de ambas partes del conflicto y, necesariamente, obliga a revisarlo todo, hasta los fundamentos del kerygma.

La otra contradicción de fondo —el orden en que aquí las presento no pretende ser jerárquico— no es tanto en relación con otras religiones, sino con el mundo, mirado como hábitat del ser humano y suma de conocimientos acumulados en su experiencia milenaria.

El mundo que la ciencia —en sus diversas disciplinas— nos muestra hoy, y nos viene mostrando desde hace varios siglos, se concilia cada vez menos con el ingenuo universo bíblico en que aún pugna por sostenerse la fe cristiana. La antropología y otras ciencias afines afirman, con sobradas pruebas, la teoría de la evolución de las especies que Charles Darwin propuso, aunque fuese de manera rudimentaria, en el siglo XIX. La psicología explica satisfactoriamente muchos comportamientos humanos que durante milenios se atribuyeron a visitaciones sobrenaturales del bien y el mal. Los avances en el campo de la astronomía y la astrofísica resaltan la pequeñez y finitud de nuestro planeta, cuestionando de paso la arrogancia que alguna vez nos hizo sentir centro del universo, así como la minuciosa preferencia divina que por tantísimo tiempo creímos merecer.

Estos y otros conocimientos ponen a la defensiva, a un tiempo, las categorías del mensaje cristiano y el vehículo más común en que éste se transmite: el lenguaje. Ha llegado el momento en que hablar de pecado, de expiación, de paraíso, etc., términos que la Iglesia ha utilizado desde el principio, empiezan a tener para muchos un inconfundible tufillo rancio. A la Iglesia se le han envejecido algunos conceptos y, desde luego, algunas palabras.

Ante ese reto, la reacción de la Iglesia —tomada en su conjunto— oscila entre el literalismo bíblico que adoptan las sectas fundamentalistas y el humanismo secularista, a veces excesivo, en que otras denominaciones intentan esconder su orfandad.

A lo anterior se agrega la vastedad de los medios de comunicación existentes, la mayoría de los cuales están al servicio de causas seculares que compiten directamente con la Iglesia. Si a fines de la Edad Antigua la Iglesia era la dueña absoluta de los medios de difusión masivos, ahora no pasa de ser la modesta usuaria de una fracción casi insignificante de los mismos. Los periódicos y el cine, la radio y la televisión, la Internet y las redes sociales son medios en que la Iglesia ejerce una influencia relativamente pobre, cuando no los subutiliza o incluso, en algunos casos o zonas, prescinde enteramente de ellos.

Conclusión

Los distintos cuerpos eclesiales no sólo parecen incapaces de resolver estos conflictos teóricos y problemas prácticos con que los confronta el mundo actual, sino que ni siquiera los abordan con franqueza, al aferrarse a esquemas que, la mayoría de las veces, son caducos, trascendidos e inoperantes.

Es obvio que la Biblia, el fundamento doctrinal del cristianismo, está llegando a sus límites de existencia. Aunque sigue siendo el obligado referente de cientos de millones de fieles en todo el planeta, sus textos se hacen cada vez más vulnerables al análisis crítico que se engendra en los mismos centros de enseñanza donde se forma el clero de algunas de las denominaciones históricas, dando lugar a una brecha, que tiende a ampliarse, entre una feligresía ignorante o confundida y un sacerdocio que, justificándose en la caridad, asume la doblez de exponer y propagar los criterios doctrinales que antes le han demolido en sus casas de estudio. De seguir esta tendencia —sin la búsqueda seria de una teología postbíblica— el cristianismo institucional terminaría por verse reducido a una —vistosa y caritativa— superstición. Tal vez ese destino ya se ha cumplido, o es inevitable.

Entre tanto, en el plano de la pura comunicación —que para el cristianismo es esencial y connatural— el mensaje evangélico se encuentra en una seria encrucijada —acaso la más grave de toda su historia— que debe obligar a la Iglesia a hacer una revisión y replanteo a fondo de todos sus valores. Pero esta disyuntiva no debe serle ajena porque, en definitiva, encrucijada se deriva de cruz.

Vicente Echerri
Nueva York

PD: Encrucijada de un mensaje de fe (I).

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3 respuestas
Comentarios

  • Bongo dice:

    “…el mensaje evangélico se encuentra en una seria encrucijada —acaso la más grave de toda su historia— que debe obligar a la Iglesia a hacer una revisión y replanteo a fondo de todos sus valores…”

    Al autor del artículo le hace falta leerse unos cuantos, serios y recientes estudios, publicados este año.
    Aquí algunos resultados: Cada vez hay menos ateos en el mundo, el catolicismo romano pierde cada vez más fieles, y el protestantismo -junto con absorver la fuga de católicos-, tiene los grupos religiosos que más rápido crecen en el mundo.

    Un dato aún más curioso para el sr. Echerri: el grupo protestante que más crece es el del ala más conservadora de intepretación bíblica literal; es decir el creacionismo crece, no importa cuantos científicos hagan malabares por respaldar la teoría contraria.

    Éstos, sí son datos objetivos, ojalá el sr. Echerri se documentara un poco más, si no el artículo suena tristemente antojadizo, y con muchísimos puntos fácilmente objetables con datos e informaciones recientes.

    Si eso que él llama “Iglesia” estuviese en una “encrucijada” vital para sobrevivir, los datos concretos y los estudios realizados indicarían lo contrario, desde hace un buen tiempo. Pero la realidad es otra, el cristianismo va viento en popa, la Biblia sigue siendo el best-seller de todos los siglos, y el ateísmo está en apabullada retirada.

  • Bongo dice:

    ¿No salió el comentario que dejé aquí y quedó pendiente de aprobación?

    Sólo pregunto…

  • El Niño Atómico dice:

    Darles Darwin?

    El que tiene fé, ninguna prueba es necesaria. Al que no la tiene, ninguna prueba es suficiente. Recuerden, se llama fé. Creer sin ver. La Biblia lleva miles de años de escrita, y llevará miles más.