- dic 11, 2011 • 22:09h
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Arrestos de opositores y fuegos artificiales sobre el mar, en la llovizna; así entró la noche en Cuba aquel 9 de diciembre del año 2011. A apenas 20 km del litoral habanero, desde el Punto Democracia, varias decenas de exiliados cubanos residentes en Miami enviaban un mensaje de aliento a los grupos civilistas acorralados en la isla, iluminando la noche con unos juegos pirotécnicos que bautizaron como “luces de libertad” o “democracia”. Un ciudadano de Twitter residente en La Habana fue el primero en divisarlas, algo distantes, pero hermosas sobre el cementerio marino que une Cuba a Cayo Hueso.
Era la víspera del Día de los Derechos Humanos, una fecha que en aquella época el castrismo marcaba con redadas policiales y actividades mediáticas en las que contraponía al reclamo universal de la ONU uno nacionalista y familiar: los #DerechosDeCuba. El lema, encapsulado en un hashtag (su gran aporte de aquel año), reemplazaba a “los derechos humanos que defendemos” —¡tan siglo XX, Fidel Castro, V Congreso del Partido!— y tenía la ventaja de re-orientar sin debate y de manera expedita cualquier censura de los gobernantes cubanos en materia de derechos hacia el contexto de las relaciones entre estados soberanos, la especialidad de la casa. La maniobra tenía la eficacia de un bilongo. Nadie creía en estas cosas, pero todos preferían guardarle cierto respeto. El líder de la flotilla tuvo a bien puntualizar el carácter autónomo de aquellos juegos pirotécnicos. “Se trata de un esfuerzo pacífico e independiente”, dijo antes de zarpar. No había por qué dudarlo. Las tropas guardafronteras de uno y otro país lo vigilaban de cerca y con idéntica cautela; las figuras prominentes del exilio cubano en el gobierno de Washington permanecían silenciosas, distantes de su iniciativa.
“Fuegos artificiales anoche, ‘sabado oscuro’ hoy”, escribía Yoani Sánchez, entonces sólo una blogger, a la mañana siguiente. “Mi casa no es un calabozo, Cuba no es un calabozo”, protestaban “la gente de los derechos humanos”, contra toda evidencia. Las turbas por encargo de los servicios represivos cumplían doble jornada frente a la sede de las Damas de Blanco, el grupo más efectivo de opositores al gobierno, que estaba aún recobrándose de la misteriosa muerte de su líder más visible, apenas dos meses atrás. Al doctor Darsi Ferrer, otro opositor prominente, se le impidió por la fuerza salir a marchar ese día en el Parque Villalón y conmemorar la fecha como en años anteriores. Desde Villa Clara, Santiago y otras provincias del país se repetían los reportes de efectivos policiales al frente de las viviendas, arrestos breves, amenazas, actos de repudio, golpizas. Según Elizardo Sánchez, la fuente más socorrida de la prensa extranjera acreditada en el país, más de 200 personas habían sido detenidas para prevenir cualquier acto de celebración del Día de los Derechos Humanos. Por motivos que nadie podía entender entonces, la portada del periódico más influyente de Miami traía este titular: “El exilio se anota victoria con espectáculo de Luces de Democracia”.
El Nuevo Herald no mentía, pero quizás se apresuraba. La victoria del exilio, y la de todos los cubanos, tardó otro año en llegar, aunque su estrategia de triunfo tomó cuerpo aquella noche, como si cada opositor hubiera leído en el cielo, escrito en vivos colores, la misma revelación: la anhelada democracia no llegaría a la isla como una fiesta de luces o un desembarco de estrellas. Era un mensaje inquietante. La noción de que algo grande y trascendente en el país no adoptara la forma del carnaval pareció exótica, además de poco probable. “Sin catarsis no hay país”, nos dijimos. Pero la visión fue creciendo durante el fin de semana y alcanzó cada rincón de la desgarrada y débil sociedad civil cubana, cada esquirla de la diáspora, cada fibra del exilio. Muy pronto alguien sugirió comenzar a trabajar de manera artesanal en la estructuración representativa del movimiento opositor. No se trataba, explicó, de encontrar nuevas estrellas ni nuevos líderes políticos, de opinión o de otro tipo en el firmamento cubano, sino de someterlos a todos a un proceso exhaustivo de decantación y examen, controlado por aquéllos que serían gobernados, nunca jamás por aquéllos que aspiraban al gobierno. No fue preciso embarcarse en acciones más osadas, bastó iniciar una consulta inclusiva entre las figuras públicas de la sociedad cubana, dispuestas a superar sus propias limitaciones y sus infinitas rencillas…
Lo que pasó luego es historia. Pero no debemos olvidar que fue en un día como hoy de aquel lejano 2011 que los demócratas cubanos tuvieron, por fin, su iluminación.
Jorge Salcedo
Boston
Ilustración: Rolando Pulido.





Muy bueno! From Your Mouth to God’s Ears…
Good one Jorge Salcedo!
Que se cumplan tus palabras, Salcedo.
Amen