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Elsa y Genaro

  • dic 07, 201103:44h
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— ¿Ve esa mesa preciosa allá, al fondo de la sala? Por allí aparece el marido cuando Elsa se está besando con Genaro en el recibidor: ¡unas incrustaciones bellísimas! Ella le dice: “¡te amo!” y hay un travelling muy bueno que atraviesa la sala y en el que por poco salgo, pues observaba toda la escena desde aquí donde estoy parada.

Genaro se va. Elsa se le queda mirando a través de las persianas y el esposo se le acerca por detrás. En el bolsillo de su gabán, ¡1925!, apretaba un revólver. Genaro era pianista, animaba películas silentes, y Elsa rica, ¡imagínese! El puñal —¡digo yo!—, el revólver, en la mano de su esposo. Un close-up de la nuca de ella, el ligero vello que se agita por el resoplar del marido hecho una furia. Ella se da vuelta (¿Usted no tiene prisa, verdad? Porque seguro que también la vió) y muy valiente lo reconoce todo. Las aletas de la nariz le temblaban del genio. El marido, un buen hombre, rompe a llorar y se lleva las manos a la cara. En su anular, un magnífico anillo de nuestra colección de arte decorativo, siglo XIX. Uno ve ese anillo y se dice: ¡Tiffanys por lo menos! ¡Qué hombre, qué riqueza, qué casa! Y todo puesto en juego por un pianista loco que distraído va caminando de regreso a casa, pensando en la mujer de su vida.

— ¿Ese jarrón estuvo siempre allí?

— ¡Ah, el jarrón!… Ella al verlo llorar se da cuenta de que su esposo la quiere mucho y en un gesto hermosísimo en el cual, digo yo, se mezclan la lástima y la ternura, reposa su frente en el gran jarrón chino que usted notó y por el cual ahora todos los visitantes preguntan… No, no estaba allí. En ese lugar los Mena tenían un buda de porcelana que se rompió cuando ellos lo dejaron todo. Muy juergueros que eran. Como Genaro, que adoraba a Elsa pero tenía a su muchachita escondida por ahí. Sólo que por Elsa era otro amor, claro. Y él le compone una canción y todo, el tema de la película.

Se habían conocido en un cine. Antes de comenzar la función Genaro interpretaba al piano algunas piezas. De pronto ella aparece con su esposo en la platea y él, al verla, queda prendado. Hay una toma muy linda de sus ojos que ocupa toda la pantalla. Unos ojos azules bellísimos, casi el mismo azul que el de aquel juego de sala. ¿Se fijó? Siglo XIX, Estilo Imperio. ¡Una preciosidad!

Después viene la tarde cuando ella visita su buhardilla. La bella desconocida con sus caprichos. Él le ofrece un trago, ella desfallece en sus brazos. La Habana de entonces a través de la ventana… Y luego, claro, el amargo despertar: ¿qué locura ha hecho? Genaro se ofrece a acompañarla a su casa. Y cuando ve aquella mansión se le endurece el rostro porque no quería líos con burguesas ninfómanas (como le confiesa a un amigo en una escena donde ambos se están dando unos tragos). Pero no nos damos cuenta de eso y sólo más adelante, al ver a Elsa leyendo una carta de su amante desaparecido y un segundo después, al ver cómo cae el sobre de sus manos, es cuando lo comprendemos todo.

Es durante una soirée cuando Elsa decide abandonar a su esposo. En ese jardín que rodea la casa existía antes una piscina ahora cegada, por eso la escena del party pierde un poco de brillo, de autenticidad. Sin embargo echaron para delante la porcelana de Sèvres de la exposición y la platería que se ve allí es de nuestra colección de orfebrería mexicana. Genaro llega con un conjunto musical muy distinguido, todos vistiendo frac. Debían ambientar con valses y danzones. Los invitados tomando en el jardín y mire, ¡tomando de verdad! Yo creía que le daban agua con azúcar. Nada de eso, ¡ron del bueno!

Elsa se acerca al piano. El marido, que hasta ese momento no había caído en cuenta, tiene una sospecha que le hace palidecer. Elsa le pide a Genaro su canción preferida, el tema compuesto en una noche de amor. Suenan los primeros acordes junto con imágenes de La Habana: la Avenida del Puerto, el Paseo del Prado, el mar. Pero unos ladrones, lo vemos en otro cuadro, habían escogido el día de la fiesta para dar un golpe. Por las muchas joyas de los invitados. Elsa está a punto de cometer una locura y echarse en los brazos de Genaro a la vista de toda la sociedad que tanto aborrece: la gorda Pérez del Real con sus dos niñas; Humberto Admiral, el banquero pervertido que mantenía a dos amantes; Luis Sotomayor, el aspirante a senador; Ana María Valle, que engañaba a su marido con todos ellos… De pronto se oyen uno, dos, tres disparos. El terror se dibuja en el rostro de los presentes, que son mostrados uno a uno en la pantalla. Aparecen los ladrones enmascarados cargando con las estatuillas aquellas horribles, de Indonesia. Yo le pregunté al director: ¿por qué mejor no se llevan otra cosa? Tenemos una colección tan buena y ¡venir a escoger esas estatuillas para la película! Me respondió: “¿no querrás que carguen con las mamparas japonesas?” ¿Usted las vio? ¡Qué gracioso! ¡Si cada uno de esos armatostes pesa por lo menos trescientas libras!

Los invitados son puestos contra la pared, los ladrones los van despojando uno a uno de sus alhajas. El esposo de Elsa tiembla como una hoja. Ella le lanza una mirada de desprecio porque ya está decidida a revelar su amor, a tomar de la mano a su pianista. Genaro, que ha estado mirando detenidamente a los enmascarados, le grita a uno de ellos: “¡Jorge Torres! ¿Qué haces por aquí?” Aquél se vuelve asustado, momento que aprovecha Genaro para golpearlo con uno de los atriles. Los demás hombres se envalentonan, logran inmovilizar a los rufianes. Los invitados rodean al héroe, lo felicitan. Los ojos de Elsa llenos de felicidad.

¿El marido? Se suicida. El director gritó: “¡Acción!”. Y él entra corriendo al comedor donde encuentra la notita de Elsa sobre la mesa. Sus ojos en primer plano: el Morro Castle (¿usted recuerda lo del naufragio del Morro Castle?) que se aleja del puerto con Elsa y Genaro a bordo. Como a través de una niebla, distintas escenas se suceden: Elsa de niña, Elsa vistiendo una marinerita, la boda de ellos muy dichosos los dos, una maleta en la que van pegando etiquetas de los diferentes países donde pasan la luna de miel, la noche aciaga en la que van al cine y ella conoce a Genaro. Las manos vertiginosas del pianista sobre el teclado. Un revólver en las manos temblorosas del marido engañado. El teclado. El revólver. Los ojos de Elsa. El revólver. Elsa besando a Genaro (¡yo me erizo!) Los ojos de Elsa…. Suena un disparo y el marido cae al suelo justo en el lugar donde está usted parado. La “sangre” casi mancha la alfombra deshilachada del comedor y una voz en off (¿usted sabe lo que es una voz en off?) dice: “mientras la feliz pareja escapa a los Estados Unidos, el celoso esposo se suicida en su mansión del Vedado”. ¡Qué lindo! ¡Después de eso nada que valga la pena! Una exposición bastante buena de un país chino…

— ¿Indonesia?

— No, si fuera Indonesia se lo diría porque le cogí el golpe, pero no, no es Indonesia. Dicen que hay planes de filmar una telenovela, pero de otra película, nada. Una lástima porque la casa es lindísima, ¡una belleza! Cuatro millones, cuatro millones en aquella época…

— Supongo que es su película preferida.

— De las cubanas sí, porque hay cada americanas que ¡bueno!… Pero de las cubanas sí. ¡Es que esta casa es muy linda, chico, una mansión! ¿No me diga que no la vio?

— No. Estaba en el extranjero.

— Cualquier día de estos la retrasmiten. ¡Muy linda!

1990

José Manuel Prieto
Nueva York

Foto: Museo de Artes Decorativas, antigua residencia de María Luisa Gómez Mena, en La Habana.

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2 respuestas
Comentarios

  • Anónimo dice:

    Excelente! Gracias Prieto!

  • Hace unos meses publique en PD un breve cuento, Una canción de amor que suscitó dudas sobre su carácter de obra de ficción. Quiero dejar claro que Elsa y Genaro es, en efecto, una obra de ficción, un cuento que escribí en 1990. Es inédito y pertenece a un volumen en preparación que también incluye otro de mis cuentos tempranos Por unas gomas. Casualmente (y digo casualmente porque hace unos días su nombre salió a relucir en este sito con relación a su más reciente documental) Por unas gomas fue llevado al cine por la realizadora Rebeca Chávez con guión de Senel Paz. La película que cuenta Elsa y Genaro no ha sido filmada. JMP.