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Un dilema del postcastrismo

  • Dic 02, 201113:15h
  • 8 comentarios

¡Cuánta sabiduría, pero también cuánta amargura en este fragmento de Humano, demasiado humano, en el que Nietzsche advierte contra la “afectación en la despedida”:

El que se quiere separar de un partido o de una religión se imagina que es necesario para él refutarlos. Pero es una pretensión orgullosa. Tan sólo es necesario que conozca exactamente los lazos que le retenían hasta el presente en ese partido o en esa religión, lazos que ahora ya no existen, intenciones que le impulsaban por ese camino y que ahora le impulsan por otro. No es por las razones severas del conocimiento por lo que nos ponemos del lado de tal partido o religión; no deberíamos, al despedirnos de ellos, tomar esta actitud.

En este breve trozo aforístico está bien explicada la razón principal de la perpetua derrota escénica del desencantado por el entusiasta militante, pero también de su íntima e indiscutible victoria. Porque bien visto, no hay racionalidad más irrefutable (aunque menos atractiva) que la derivada de la dialéctica del desencanto, con la que se concluye el trayecto de una disidencia o de un malestar social.

La democracia carece de pathos; como ya se ha dicho, es una eticidad de andar por casa: respetar las leyes, escuchar al prójimo, ser correctos con el vecino… Tiene poco que hacer en su enfrentamiento con un pathos revolucionario o mesiánico, cuya fascinación aciaga se mueve en un orden puramente afectivo, con un discurso ligado sobre todo a la persona que escucha.

El discurso del postcastrismo, en cambio, parece condenado a predicar en el desierto, pero sus efectos, a la larga, serán más influyentes y devastadores en la vida del pueblo cubano que las cinco décadas de propaganda oficialista. Lo hemos visto hace unos días, con el sorprendente —y bien estructurado— discurso de Eliécer Ávila, basado más en la confesión del desencanto por unos lazos inexistentes que en el ardor militante y vinculante de nuestra disidencia clásica. Y lo vemos, sobre todo, en la rapidez con que la sociedad cubana se adapta, pragmáticamente, al desmontaje del discurso socialista mientras en inagotables foros virtuales se predica un ánimo combativo muy alejado de las preocupaciones cotidianas del pueblo.

Esas rebeliones de un sujeto inflamado por impulsos fundacionales (desplazados desde la esfera de una religiosidad ambigua) son a menudo el prólogo de un movimiento restaurador, en el que los ciudadanos ni siquiera sienten ya la tentación de explicar su despedida o su deserción de los viejos ideales: en el futuro sencillamente proseguirán, de forma pública, lo que antes manifestaron de manera estrictamente privada bajo la forma del disenso silencioso o la ilegalidad como medio cotidiano de supervivencia. Desde este punto de vista, nuestra “transición” ya ha tenido lugar: no es otra que ese exilio sin discurso de tantos cubanos que un día dejaron atrás su adolescencia emocional y comenzaron su verdadera vida.

Ernesto Hernández Busto
Barcelona

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8 respuestas
Comentarios

  • Ulises Alvarez dice:

    Uno de los problemas fundamentales en el análisis de la sociedad contemporánea cubana es entender qué es hoy sociedad cívica y ciudadano en Cuba. Los discursos y comportamientos alrededor de ello seguirán siendo fundacional en términos tradicionales mientras Cuba aun no transite de una sociedad de ciudadanos a una sociedad de consumidores. Toda confesión del desencanto asi como del disenso silencioso aún están afectados por vestigios fundacionales tradicionales. Lo interesante sería ver qué nuevo discursos “fundacionales” crearía una Cuba de consumidores “civícos”. Hay que sólo notar la cantidad de discursos y comportamientos “fundacionales” en las campañas de publicidad en el mundo occidental. El mismo concepto de lo fundacional ha cambiado radicalmente. Cuba ahora transita por la etapa del desencanto indiferente por lo fundacional (Castrismo y Anticastrismo incluidos), pero ya le llegará la hora de reavivar lo fundacional de la manera más trivial y ciudadana. Una “nueva” ilustración consumista llegará a Cuba en su debido tiempo en la que ambos Casticismo y Anticastrismo serán souvenires vendidos en muchas de los mercados locales de la ciudad.

  • oscar canosa dice:

    Muy bueno, Ernesto. Si, esas imagenes presentidas de hombres libres, se van a dar. De cualquier forma.

  • ADVIL PM dice:

    Great! Si, muy lucido. Kudos!

  • Vladimir dice:

    Te felicito Ernesto así mismo es, el viejo discurso del castrismo y el nuevo que es el del castrismo igual solo un poco disfrazado de reformas cosméticas, ya no convencen a nadie y menos a un muchacho de unas agallas tremendas que no se esconde para decir sus verdades, el blog es magnifico, sigue así

  • la flaca dice:

    Ernesto, Lo que escribes es difícil de entender para los que llevamos demasiadas décadas separados del idioma.

    Así todo, merece el esfuerzo de leer cada párrafo varias veces, despejar la mente por un tiempito haciendo cualquier otra cosa, consultar con el diccionario sobre una u otra palabra desconocida o que simplemente no encaja con el engranaje que ha evolucionado en otro idioma… para el fin llegar al ¡Ajá.. Qué bien dicho y escrito está esto!

    ¡Gracias por tus contribuciones acertadas y constantes al desarrollo de la sociedad cívica cubana fuera y dentro del terruño!

    Estoy segura que no te estás “haciendo rico” en este empeño. Espero como parte del desarrollo de la sociedad cívica, aquellos que estamos fuera de la Isla recordemos todo lo que nos has dado durante el año y te mandemos un dinerito por las Navidades (los más históricos) y el Año Nuevo (los más jóvenes que crecieron sin la tradición de la Navidad) …

  • menendag05 dice:

    Vieja definición personal:
    CONTINUIDAD FALLIDA
    Enero del 2010

    La prueba más evidente de la inconsistencia y la inviabilidad del proyecto es la incapacidad y la negación de gestar un pensamiento continuista en las generaciones emergentes. Todos los retoños cultivados en el jardín cerrado y protegido se marchitan y finalmente se excluyen por la convicción de que su promoción solo conduciría al cambio y la extinción del error histórico que nos llevó al drama actual.
    Un proceso que no tiene relevos solo puede derivar hacia su desaparición. No se ha ganado el derecho a una transición ni aspira a ella.
    El muro de Berlín y la evolución de la Perestroika, han tardado más de lo previsible en reproducirse en el trópico, pero finalmente eclosionarán generando una realidad excluyente que convertirá en historia obsoleta un proyecto fallido y en materialidad futura el ansia contenida de una sociedad envilecida y engañada

    Pericles

  • Maria Silvia dice:

    Wow Ernesto! Lucido post. Me gusto.

  • Prudencio, el oso dice:

    o dicho con otras palabras (algo que siempre he predicado y practicado) “sácale el plo”