- nov 30, 2011 • 21:28h
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Otra foto elocuente, aunque un poco más antigua. La recordé mientras leía la vibrante intervención de Raul Garcés en el for(r)o sobre redes sociales que concluye hoy en La Habana, donde nos ilustró sobre cómo dañar “el poder hegemónico” de los medios capitalistas.
El señor con sandalias y el trago de whisky en la mano es el propio Garcés, ex alumno de la Facultad de Comunicación donde ahora ejerce de profesor —en el tiempo libre (supongo) que le deja su rol de estratega político de las redes sociales. A su izquierda, Orlando Oramas León, ex subdirector de Granma y sospechoso de pertenecer al “aparato” desde hace mucho (se los digo de buena fuente, que aquí no jugamos con esas acusaciones).
La foto —bajada de Facebook— fue tomada en Venezuela, cuando ambos fueron allí a “asesorar” la prensa venezolana. Oramas tiene experiencia en estas misiones de proselitismo pues en los años 80 formó parte de un equipo especial que “asesoraba” de manera parecida a la prensa sandinista.
Alguien debería hacer un buen reportaje sobre ese asunto, para que se entienda que la misión de estos “alternativos” no es otra que extender el modelo periodístico del Granma a los “países amigos” de Latinoamérica.






[...] Via Penúltimos Días (my translation): [...]
Asquerosos!
El ‘señorito’ Raúl Garcés se destacó por ser un comencandela desde sus tiempos universitarios en la Facultad de Periodismo, formando parte del selecto grupo de militantes de la UJC a los que todos dábamos como chivatos y segurosos. Su íntima amiga del alma era Milena Recio, hija del periodista talibán Renato Recio. El círculo se cerraba con otros estrechos colaboradores de la Securitate: Guillermo Morales Catá, el más peligroso, y Eduardo Jiménez, hijo del periodista Eddy Jiménez, también profesor de la Facultad y acérrimo defensor de las doctrinas castristas.
Todos ellos tenían algo en común: eran apocalípticos e integrados. Eran apocalípticos criticando el sistema dictatorial vigente en Cuba, algo que hacían con cautela, siempre en petit comité, y nunca en el Comité de base. Les encantaba la farándula y adoptar poses intelectuales y ellos mismos se creían superdotados y se alababan entre sí. El caso más notorio de diletantismo intelectual era el de Eduardito Jiménez, que le encantaba sentarse en el portal de la Facultad, a veces a fumar un tabaco y otras tantas a fumar de una pipa. Ese lamentable vicio le propició su muerte, pues hace unos años falleció con cáncer del pulmón. A Eduardito le encantaba asumir ciertas poses de macho. Esos encantos sedujeron sobremanera a Alina Perera Robbio, a quién defendió con gallardía después de que el adefesio de Félix López intentara abusar de ella, de violarla. (En resumen, Eduardo Jiménez era la imagen opuesta de Juan Orlando Pérez, un comunista ingenuo que vestía muy a la antigua y de forma insulsa y hasta asexual, pero excelente profesional del periodismo que aprovechó una beca en Londres para romper de raíz con aquella mierda).
Lo repito de ellos: sus críticas al sistema eran profusas pero en el pequeño círculo íntimo. Gustaban de leer a Vargas Llosa, a Virgilio Piñera, a Lezama Lima, y a todo escritor proscrito. Conocían sus historias y los vejámenes que sufrieron. Les gustaba leer y conocer esos dramas para callarlos. Se creían hijos del sistema, estaban integrados a él solo para obtener privilegios.
Todos los que fuimos sus compañeros de aula entonces, sabíamos que ellos eran los señalados. Antes de celebrarse el Festival de Cine, en diciembre, siempre llegaban a la Facultad acreditaciones para el evento, que correspondían siempre a selectos estudiantes, por lo general dos o tres por cada grupo. La misión que se les encomedaba a estos señalados, era el de conocer los estados de opinión entre el público del festival, infiltrarse entre cineastas acreditados y extranjeros. La palabra que usaba la mediocre profesora Eloísa Gil, puesta en la Facultad por el Comité Central, era “monitorear”. Esa era la misión de ellos (Raúl Garcés, Milena Recio, Morales Catá, Eduardo Jiménez). Esa misión no se limitaba a los días que duraba el Festival de Cine.
Do you remember the Maine?
Pues para si no lo recordaba, Raúl Garcés se graduó con una tesis sobre la explosión del acorazado Maine, un siglo después de que ocurriera. Creo que iba sobre la manipulación mediática del caso en Estados Unidos antes de que se declarara la guerra. Su visión era de “más con lo mismo”. Y en ese entrecomillado se resume la posición profesional de este ‘señorito’ de la prensa castrista. Su servilismo ya ha pasado toda prueba: hay que mirar más allá (en el pasado o en los medios capitalistas) para no correr riesgos y perder privilegios.
Que lindos se ven los dos, en esa sala TAN capitalista, con esa ropita TAN capitalista, con sus traguitos TAN capitalistas.
Cualquiera que los oiga podría creerles pero…¿se han fijado bien en esa foto? Que hermosura.
yo creo q se estaba tomando un cuba libre pq el whisky es el d los malos
No son comecandelas nada. Son unos inmorales, unos oportunistas y unos mediocres. Claro que van a intentar cambiar según los vientos que soplen! Y no solo eso: también cambian su discurso dependiendo del lugar en el que se encuentren y del tipo de audiencia. Yo les garantizo que ellos mismos no se creen la porquería que hablan, pero al faltarles el sentido del respeto a sí mismos, no sienten verguenza ni remordimiento alguno. Es una mutación humanoide conocida como “el hombre nuevo”.
ernesto, conozco a raul garcés, estudié con él y fui, además “amigo”, si a esto se le puede llamar haber compartido con él anhos en la universidad. también él visitaba mucho la casa del té de la upec y el hurón azul de la uneac junto con un grupo de estudiantes (de diversas facultades) donde discutíamos de todo un poco. raúl era lo que llamabamos un comunistón, porque era en realidad alguien con los ojos cerrados y pendejo para abrir su boca; pero cuando le tocaban su bienestar, entonces la abría… ah, también estaba sediento de esas trasnacionales que hoy quiere ocupar. cuando nos aparecíamos allí con prensa extranjera o libros extranjeros, era uno de los primeros en querer leerlos. en mi primer viaje a europa entré a la isla muchos libros prohibidos, por obra, gracia y analfabetismo de los controladores de la aduana en varadero que no les interesaban mis libros, sino mi pacotilla; pues este mismo raúl estuvo detrás de mí para que le prestara los recortes de esa prensa imperialista que hoy tanto odia. al final, la foto del facebook resume su estatus social allí en la habana: un comecandela hasta que los tiempos cambien, entonces el cambiará también! vivir para ver…
saludos, LC