- nov 28, 2011 • 14:56h
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Ya he olvidado el tema, pero creo que alguna canción de Irakere (los segundos Irakere, por así decirlo) finalizaba con la onomatopeya de un bofetón; algo así como: “toma, pa’ que aprenda: tao”. Tampoco recuerdo si fue esa misma pieza la que provocó una reacción bastante airada de las altas instancias de la Federación de Mujeres Cubanas —el bofetón estaba destinado, obviamente, a una mujer— con la consecuente censura.
Más recientemente, David Calzado y la Charanga Habanera fueron sancionados, al parecer, por desmesuras en la incitación al aligeramiento de ropa durante una presentación en vivo. De todo ello (y seguramente desde ejemplos anteriores) hasta el controvertido “Chupi chupi” del reguetonero Osmani García (alias La Voz) tal vez podría trazarse un recuento de la relación violencia-sexo-machismo en la música cubana posterior a 1959, así como de su correspondiente censura —en cuanto se dictaminaba la acusación de vulgaridad.
Por su rápido desvanecimiento en la programación radial o televisiva o porque ninguno (o muy pocos) de estos temas implicara un atractivo musical mayor, quizás resulte más fácil recordar piezas donde el asunto iba por derroteros, o bien de mayor sutileza, o bien de mejor alcance musical. A principios de los años ochenta fui testigo de un recital del Septeto Nacional donde Carlos Embale se negó rotundamente (y se lo pedían a coro) a cantar “El Castigador” porque (no lo dijo así, pero era el sentido) ya estaba calificada como una canción machista y “no quería problemas”. Con independencia de su letra —que, personalmente, creo que tipifica a un personaje más que encarnarlo— “El Castigador” siempre fue una pieza emblemática del Septeto. Hoy apenas aparece en las reproducciones de la obra de Ignacio Piñeiro, incluso en la red.
Allá por los setenta la Orquesta Aragón se inspiró en la “igualdad de la mujer” para sacar, a su pesar, una canción machista: “Manuela no me pelea”, donde, el protagonista “ayuda” a la mujer con la batea y donde puede salir a bailar “sin tener la preocupación de que al regresar a su dulce hogar [le] pueda esperar tremendo sermón”. En la alusión sexual, dejando aparte temas como “El reloj de Pastora”, de Arsenio Rodríguez, hay ejemplos de estribillos mucho más ligeros, como “vamos a echar un palito en el agua… a ver si flota”, de Alfredito Martínez, que lo eran también por su inclusión generalizada dentro de un estereotipado gracejo cubano que no merecía sanción alguna. Y había también, en una pieza de Manolín, alusiones semejantes a las del “Chupi chupi” a partir de las derivaciones de los vocablos: “se te ve en la carota que eres una locota”. Otro reguetonero, Baby Lores, tiene canciones bastante vulgares, pero lo salva su tatuaje de Fidel Castro en el hombro, supongo.
Tal vez el estándar cubano de la elegancia en el doble sentido lo sentó el Septeto Nacional con “Suavecito” y “La cachimba de San Juan”. Esta última, referida a una cachimba famosa que todas las niñas quieren fumar, dice: “Picadura, perfumada /es la que San Juan le echa/ y la última fumada/ es la que más se aprovecha./ La cachimba de San Juan, de San Juan, que me muero/ Fúmale, la cachimba a San Juan.” Quién sabe si el autor (o los autores) del “Chupi chupi “conozcan “La cachimba de San Juan”; lo que sí dudo es que tanto compositores como censores conozcan otro tema, que aunque no es cubano, sí parece ser el número uno internacional en este particular inciso musical de sexo oral —en su acápite de succión y deglución que incluiría, para la parranda cubana, el anónimo “Chúpale el palito a la cahambelona/ si no se lo chupas eres una mona”— y que justamente utiliza un caramelo semejante: “Les sucettes”, de Serge Gainsbourg. La cantante France Gall, confiesa que cuando la interpretaba desconocía el sentido de una letra que la llevaría a la fama, incluso en Japón.
Véanse estos dos videos: el primero muestra la canción interpretada por Gainsbourg y Hall en 1966 —con subtítulos en inglés; el segundo es un muy interesante testimonio de Gall al respecto. Personalmente —y recomiendo, por cierto, el post del escritor Enrique del Risco sobre el tema— creo que en la vulgaridad del “Chupi chupi” la letra es lo de menos.
Video 1: “Les sucettes”, con subtítulos en inglés.
Video 2: Testimonio de Frances Gall y Gainsbourg.
Emilio García Montiel
Miami





Otros ejemplos de letras provocativas. Un ministro de los años 50 prohibió tocar por radio una guaracha con el estribillo: “Menéalo, menéalo, que tiene el azúca-abajo”. Y hubo muchos detractores de “la múcura está en el suelo, mama no puedo con ella, me la llevo a la cabeza…” y de los majases que por Felipe Blanco ya no tienen cueva. En lenguaje más fino gustaba aquel danzón necrófilo del hombre que iba al cementerio “a celebrar sus bodas con la muerta”. Más recientemente, nadie se rasgó las vestiduras por el salsero que exclamaba: “devórame otra vez… en sueños he creído tenerte devorándome, y he mojado mis sábanas blancas recordándote”; y Juan Luis Guerra quería “tocar mi nariz en tu pecera…pasar la noche entera mojado en ti”. No era lamer chambelonas de lo que se trataba.
Comprendo que hay gran distancia entre estos ejemplos y la chabacanería del “trágatelo tuti” del Chupi Chupi. Personalmente, prefiero la discreción de Serrat al evocar una íntima repetición: “si alguna vez después de amar, amé, fue por tu amor, Lucía”. Pero todo, por favor, sin censura.
Aunque el Chupi-chupi (así y “Chupa-chupa” se les llama a los caramelos y cariokas en muchas partes del mundo) es la víctima propicia en esta ocasión, el punto central reside en la censura y el control que el gobierno castrista ejerce sobre todas y cada una de las actividades de la vida en Cuba incluyendo el pensamiento y la cultura.
En una ocasión fue el rock, Cabrera Infante, Neruda, Celia Cruz y miles más; ahora le tocó al Chupi-chupi y en un futuro le tocará a muchos más.
Excelente artículo.
Ohhhh! cuanta cultura… que refinamiento… que gran educacion… por favor no critiquen mas al chupi que es solo una cancion, dejen divertirse a los muchachos, los invito a sintonizar MTV para que conozcan algo de frivolidad, mala musica, hombres nuevos (varios con tatuajes de guevara) y prostitutas (la mayoria de las cantantes del momento, si no lo son al menos se venden como tales) y porque? porque a los yanquis y al mundo le gusta, si quieren poesia vayan a ver al diputado s. rodriguez o a su escudero c. varela
saludos
Rolando Pulido estoy enteramente de acuerdo con usted!!
Tendria Frances Gall que ser idiota para no saber por donde iba la cancion, sobre todo conociendo al compositor…..nunca me crei esa historia……
Tampoco se me ocurriria pensar en Gainsbourg cuando oigo a Osmani Garcia: nada que ver “Les Sucettes”con “El Chupi Chupi”!!
Estoy “medianamente” de acuerdo con el autor del artículo. La vulgaridad en la música cubana no comenzó en el 1959 ni fue creada por la revolución. El mismo tema “El Castigador” que él menciona y que yo traje como “paradigma” de lo absurdo de las letras de canciones cubanas es más viejo que Fidel Castro o como bien apuntaba el Güicho “desde la primera canción cubana ya estábamos perdido. Hablaba del Zungambelo que visto en La Habana y ninguno me gusta como el de tu hermana”.
Cuando niño arrollé detrás de congas por toda La Habana y recuerdo letras como estas en las que el doble sentido no tiene cabida, hablan por sí solas y en sentido directísimo:
- Mámamela, mámamela, mama me lava la ropa con Fá (Fab = detergente)
- Ponme la ahí que la voy a partir!
O aquella rima que aprendí la primera semana de escuela: Yo soy como el aguacate/que en la mata me maduro/si no me recogen pronto/me caigo y me parto el c…
No sé, pero creo que la prensa cubans sigue siendo bastante torpe en temas de marketing. criticando lo que pretende combatir n hacen más que darle más publicidad. Si alguien no había oido del Chupi chupi, Yoani Sanches, Ls Damas de Blanco y un largo etcétera gracias a “los ataques” de los medios cubanos, logran además ser famosos en Cuba.
¿Chupi chupi y Les Sucettes?…¡vaya comparación!. Bueno, si de chupar se trata, entonces si.
El tema es viejo y hay infinidad de canciones que lo tocan. En los años setenta, también se escuchó en Cuba una canción, de la cual no recuerdo su intérprete – eran de uno de esos grupos de la época- y el estribillo dice: Ponte el biberón en la boca.
Nada sorprendente y mucho menos “machista”, el sexo oral es disfrutado por ambos sexos y lo mismo se aplica a uno, que al otro (El 69 fue un año “riquísimo”).
Claramente, el caramelo de Serge Gainsbourg en “boca” de France Gall, fue un éxito total. No solo tocaba un tema “caliente” para la época, sino que es una maravillosa canción, con un arreglo musical exquisito, típico del autor.
A cambio, “Chupi chupi”…deja mucho que decir, no por la letra, sino por la vulgaridad y el mal gusto de la canción que, aunque fuera instrumental -si es que se pudiera llevar a instrumental- seguiría siendo un desastre entre las malas canciones.
Debo aclarar que “Les Sucettes”, no fue la canción que llevó a France Gall al éxito, fue “Poupée de cire, poupée de son” -del mismo autor- con la que ganó el primer premio del Festival de la Canción de Eurovisión 1965, representando a Luxemburgo, un año antes de “Les Sucettes”.
Las declaraciones que hiciera la cantante parisien años después acerca de la controvertida canción, conllevó a la burla nacional e internacional. Nadie podía imaginar a una chica ye-ye de 18 años, ignorando el doble sentido de una canción que interpretó tantas y tantas veces -a no ser que la muchacha, sea anormal-. Quien vea el video, se dará cuenta que ahí, la inocencia, simplemente, no cabe.
http://youtu.be/G8-tB0OJxMA
Si hemos hablado del “Chupi chupi”, es solamente por Abel Prieto, ese realmente ha sido uno de sus mas recientes éxitos.