- oct 27, 2011 • 16:04h
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Jorge Edwards, en El País:
Me sorprendió hace algunos años, en una de las frecuentes cumbres iberoamericanas que se organizan ahora, observar que jefes de Estado moderados, progresistas, honestos, de cuello y corbata, recibían un aplauso tibio, educado, mientras Fidel Castro, con su barba, a veces con su legendario uniforme verde oliva, era ovacionado en las calles, en las entradas de los encuentros y hasta en las salas de reuniones. Le comenté el asunto a mi amigo Julio María Sanguinetti, que en ese momento había dejado por segunda vez la presidencia de Uruguay, y nunca he olvidado su respuesta. “Es que nosotros, me dijo, somos presidentes del tanto por ciento, del 3%, del 5%, y Fidel Castro no sabe ni quiere saber lo que es eso. Él es el gobernante del todo o la nada, de los comienzos fundacionales, de la tabla rasa, de la revolución”.




Bien dicho Güicho. Eso resume in poquisimas palabras la esencia del Letrinoamericano.
A Sanguinetti se le resbaló para afuera con tanta vaselina política.
El meollo está en los valores de “la raza”: la envidia al gringo, la sumisión al violento y la veneración del que burla la ley. Para todo eso Castro es un totem perfecto.