- oct 27, 2011 • 17:22h
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Cortamos. Talamos. Derribamos. Se llama desarrollo suburbano. Se llama vistosidad, que nada tape la pintura nueva en CUCs de nuestra fachada. Se llama prevención contra ciclones, algún que otro licenciado debe haber dicho en cámara que todo árbol es un peligro mortal. Se llama telefonía y electricidad sin interferencias ecológicas. Se llama higiene contra las enfermedades. Se llama sol. Se llama libertad en una isla donde esa palabra escasea. Se llama poder. ¿Qué pinga e´…? ¡Lo corto poqque está en mi terreno y la sierra fui yo quien la alquilé…!
Sin embargo, cortar es un acto de piedad. Abajo y de un solo tajo. La Habana del siglo XXI no se merece esos árboles republicanos de más de medio siglo de vida.
Desafortunadamente, la mayoría ni siquiera dispone de recursos para contratar a un buen verdugo, sea privado o estatal. Entonces el pueblo de Cuba hace gala de sus estudios de Botánica Elemental. Y cogen y descascaran apenas la corteza del árbol (hasta un niño podría hacerlo a su altura, para que aprenda desde temprano el arte de despejar un área).
Basta con unos centímetros de herida a la redonda. Es suficiente, según las tele-clases de Universidad Para Todos. El resto son sólo anillos de leña muerta. Es justo bajo la corteza que el árbol sube y baja sustancias nutritivas o de desecho. Esa es su savia vital, su sangre de pronto derramada sin motivo aparente. De suerte que con despellejarlos un poco los condenamos a una muerte lentissima, virtuosísima, como una huelga de hambre irreversible, aunque luego nos arrepintamos de ser tan crueles.
Y el árbol muere. Se reseca. Agonía muda de semanas y meses. Hasta la última gota de clorofila. Pero no cae. Fallecen de pie. Y siguen siendo un peligro y una interferencia terrible, pero al menos ya muertos, esos trabucos cabrones que casi nos destruyen la casa, además de atraer los rayos. Primero, el cadalso; luego, veremos. Tal vez alguna brigadita de Comunales lo venga a hacer astillas para ganancia de los artesanos del barrio. Por el momento, ya podemos respirar un poco más tranquilos. Menos hojas, menos mierda de pájaros, menos humedad para los asmáticos y reumáticos, menos alimañas en sus raíces, siempre prestas a destruir las aceras que con tanto esfuerzo iba destruyendo por su cuenta la Revolución. Menos verde olivo (eso sería lo único malo, pero se compensa con más y más grafittis oficiales en los paredones de nuestra ciudad).
A veces pienso que se trata de una venganza diferida contra el gobierno. Una manera de protestar contra el despotismo (tú me coartas, yo te corto). Para cuando semejante resistencia triunfe, habitaremos en un país sin árboles. Habrá que reforestar. No tanto con posturas, sino con gente. No se nos ocurre nada que pueda crecer y copar espacios. Sólo pretendemos abrir espacios en derredor. Vigilar al otro desde lejos. Quitarnos cosas de la cabeza. Estar más solos en el planeta. A lo mejor incluso tenemos razón. Déjennos, por amor de Dios, chapear a ciegas nuestras biografías vacías. Bastante bateo tenemos encima para que no podamos ejecutar nuestra cuota mínima de muerte, acaso como entrenamiento para cuando llegue la tan tétrica idea de la Transición.
Orlando Luis Pardo
La Habana







En los “pueblos” se observa la misma cosa. No hay ni árboles, ni jardines, ni nada que dé toques de verdor fuera de lo que se usa como adorno para los turistas. Lo que prevale es el cemento, el asfalto y un churre profundo con mal olor. ¡Qué triste y deprimente!
y jamas me vas a oir hablar de Raul Castro
Y la obsesión de canosa con el imbécil de Birán no tiene límites.
cocodrilos taladores………
Me recordo como en los ultimos años que vivi en Cuba iba yo observando el mismo comportamiento. En mi cuadra no quedaba ni un solo arbol que diera sombra. Un dia sembramos un flamboyan que crecio vertiginosamente y recibiamos constantes criticas de todos pidiendonos que lo cortaramos porque iba a romper la acera … “que con tanto esfuerzo iba destruyendo por su cuenta la Revolución”.
Me engue siempre a cortarlo y me reia cuando algunos de los mismos que pedian que lo cortaran, descansaban del sol bajo su sombra.
Una vez que me fui de Cuba … lo cortaron.
Aun no logro explicarme que tendencia sicologica social se ha introducido en la cultura capitalina cubana que ha llevado a ese odio visceral a toda la flora y fauna, ni como llego hasta ahi.
La cosa no acaba ahi,esta plaga despiadada de cocodrilos taladores han comenzado a invadir Miami,a travez de la zona de Hialeah.Lo primero que hacen cuando adquieren una propiedad es talar los arboles y de paso arrancan la “Yelba” para hacerle un parqueo al efficiensito.
Ah, que tal irlos colgando a todos de la estatua de Quintin Banderas en el parque Trillo?
Los tumban para que despues no los cuelguen a ellos cuando se forme el desmerengamiento general.
Me la juego al canelo que pondran en todos los medios la noticia de que van a enjuiciar a los que ajusticiaron al Payaso del Desierto en Libia para meterles miedo a la gente desde ahora por lo que esten pensando hacer con ellos.
Los 4 Pedazos Van!!!
Fidel Castro tiene Alzheimer’s Disease.
Creo que estan tumbando los arboles para que nadie pueda esconderse detras de ellos. Brilliant!
Montones de fotos que he visto ultimamente de La Habana: montones de muñones al lado de las aceras destruidas. Otra imagen que ya no existe.