- oct 26, 2011 • 19:44h
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Empecemos por la obviedad: defender al individuo concreto —o, al menos, al ciudadano real de carne y hueso— por encima de las abstracciones y de los símbolos rituales es el único modo de preservarse de los nacionalismos patrioteros, las dictaduras clasistas y las ideologías totalitarias. Está claro que el reclamo mambí de una “Cuba libre” es insuficiente; también —y más bien— lo que necesitamos es un cubano libre. Ningún mérito histórico cabría esperar de una revolución que no trasciende el ideario de sus rebeldes ancestros, quedándose atascada durante medio siglo en la aparente solución de un problema —la soberanía nacional— que parece superado por las propias condiciones del mundo actual.
Por otra parte, la soberanía no es más que una expresión de libertad formal. El hecho de que todos seamos libres no significa todavía que lo sea cada uno de nosotros; el hecho de que una nación sea soberana no garantiza que lo sea cada uno de sus ciudadanos. La libertad real sólo se alcanza cuando se refiere e involucra a la persona en su integridad, ni siquiera a las facetas abstractas de su existencia. En otras palabras, incluso a nivel de individuo, libre sólo puede ser Juan Pérez y no sus representaciones como roles que él desempeña en la familia y en la sociedad (médico, cederista, militante, obrero, intelectual, militar, deportista, delegado y, también, ciudadano, entre otros) tan proclives todos a la manipulación y al control. Una realidad globalizada requiere de una mentalidad postnacional. Pensar en términos postcoloniales en un mundo postmoderno es algo que tiene más de quijotesco que de revolucionario. Así, el proyecto castro-marxista de una sola Revolución naufragó en medio del camino que conduce de la soberanía a la libertad.
En semejante contexto vale la pena reflexionar sobre la reforma de la enseñanza en Cuba. Pudiera decirse que a los Padres Fundadores (Caballero, Varela, Luz) los guió un sentimiento postcolonial. El mérito de estos grandes maestros no debe buscarse en la enseñanza de la filosofía, y mucho menos en la reforma de la filosofía, tarea para la cual no estaban capacitados. Su gran legado a la cultura nacional fue la reforma de la enseñanza, con especial atención a la filosofía. Una deliberada distorsión posterior los convirtió de maestros en filósofos, para articular una pseudo tradición de pensamiento filosófico cubano. Así, las tendencias positivistas de estos Padres Fundadores —que luego cristalizaron en Varona— se reinterpretaron “a la soviética”: los educadores se convirtieron en “demócratas revolucionarios” y fueron acoplados directamente al marxismo republicano tardío, con el propósito de inventar una tradición que legitimara la irrupción en la Cuba revolucionaria del marxismo soviético.
En lo que a la reforma de la enseñanza de la filosofía se refiere, desde el presbítero Varela no se ha retrocedido, pero tampoco se ha adelantado un paso. En nuestras universidades, la escolástica marxista sustituyó a la escolástica medieval y los brotes antimanualescos y antidogmáticos que hoy se observan no van más allá de las propuestas de Varela y de Luz en su época. Probablemente, el rescate de la tradición reformista en la enseñanza no sea factible sin un criterio postnacional, donde la ideología marxista quede reducida a una simple opción. Por ahora, el marxismo mantiene la dimensión de pensamiento único y sigue determinando una educación doctrinal y apologética. Por eso el laicismo de nuestra educación es bastante sui géneris: no se gana mucho con separar la Iglesia del Estado si este último asume funciones de naturaleza religiosa.
Aprovecho la ocasión para advertir del peligro que puede representar a estas alturas las reacciones de los propios marxistas de corte estalinista contra el manualismo, el dogmatismo y otras posturas que entre ellos mismos germinaron. No promueven de tal modo más que una falsa imagen crítica, ya que su extemporaneidad es, en realidad, conservadora. Es curioso, en las instituciones cubanas se fomenta hoy una crítica que no sólo es orientada desde arriba, sino que responde a la realidad vivida en los años 70. El resultado es que la propia crítica enmascara la realidad presente, legitimando el status quo. Por eso, en lugar de cambios, yo he preferido hablar de maniobras raulistas.
Tampoco representa una solución real la conversión de los otrora marxistas soviéticos al “marxismo postmoderno”. El marxismo y el pensamiento postmoderno pueden llegar a coquetear pero, en el fondo, son incompatibles. Un marxismo postmoderno es una contradicción en los términos, pues la postmodernidad es, en buena medida, postmarxista. No se olvide que una de las dos condiciones de partida del pensamiento postmoderno es —según J-F Lyotard— la incredulidad con respecto al metarrelato de emancipación, es decir, al marxismo. Una buena parte de los académicos cubanos cree haber encontrado una solución al vacío retórico que dejó la extinción del marxismo soviético refugiándose en el marxismo occidental, antes vilipendiado por ellos mismos y acusado de revisionismo, siguiendo las directivas de Moscú. Semejante reciclaje de la escuela de Frankfurt los hace anclarse, en cambio, a una modernidad preglobalizada y con herramientas conceptuales obsoletas como pueden ser las del freudomarxismo.
¿Qué posibilidades puede tener todavía el marxismo dentro de la cultura cubana? Yo diría que hoy es un espectro, que irá languideciendo cada día un poco más. No veo que en las condiciones de la Cuba actual el marxismo pueda aportar algo culturalmente significativo, sino que actúa, antes bien, como un lastre. Pudiera afirmarse, parafraseando a Ortega, que lo que tiene de bueno el marxismo cubano es lo que tiene de cubano, no lo que tiene de marxista. Y no se tome esto como una manifestación de nacionalismo, sino como el reconocimiento que el marxismo no sólo es ajeno a nuestra cultura, sino que hasta nos impide comprender lo que sucede hoy a nivel planetario. Por consiguiente, nos las arreglamos mejor sin él. Se avecinan tiempos en que se volatilizará totalmente de nuestras vidas y de nuestras mentes, producto del rechazo natural que experimenta cualquier cuerpo social ante el pensamiento único, sobre todo cuando se trata de dosis tan altas y sostenidas.
Al mismo tiempo, no debemos confiar en que el marxismo sea tan sólo una ilusión sin porvenir. Hegel dejó bien claro que todo lo que es llevado hasta su extremo se transforma en su contrario. Cabe esperar que sea la magnitud del propio rechazo del marxismo la que genere su consiguiente añoranza en generaciones futuras. Dicho de otro modo, el total olvido, la prolongada ausencia y, sobre todo, la demonización a que seguramente se verá sometido, crearán las condiciones para que florezca de nuevo.
Alexis Jardines
San Juan
* Este texto es una adaptación de otro aparecido hace unos años en la revista Espacio Laical con el título “El porvenir de una ilusión”.








Curioso:
“ Me gustaría saber qué herramientas teóricas propone el profesor Jardines no sólo para superar el castrismo y su coartada marxista, sino para salvar a Cuba de los tentáculos del capitalismo decadente y su nefasta ideología neoliberal”
La principal herramienta teorica es la Fenomenologia del Espiritu, de Hegel, interpretada por Alexandre Kojeve, en particular la superacion de la lucha de opuetos en el binomio dialectico dueño-esclavo.
Por suerte, todo esto lo explica con claridad Francis Fukuyama en El Fin de la Historia y el Ultimo Hombre:
http://libro-teka.blogspot.com/2010/11/el-fin-de-la-historia-y-el-ultimo.html
La lucha a muerte por puro prestigio explica el comportamiento de Castro vis a vis “el imperio”, al igual que explica el comportamiento del resto de la poblacion que prefiere someterse a una vida de esclavo antes que enfrentarse a la posibilidad de una muerte violenta, miedo que magistralmente manipulo el Castro desde el principio.
Parafraseando a Fukuyama: …el “primer hombre” hegeliano es un ser social cuya identidad y autoestima esta conectada con el aprecio que otros le den. Solamente el ser humano puede desear cosas perfectamente inutiles desde el punto de vista biologico, como las medallas o las banderas. Tambien ese primer hombre quiere no solo ser reconocido por otros hombres, pero simplemente como “hombre”. La habilidad de arriesgar su propia vida es lo que constituye su identidad como hombre. Por eso, el primer encuentro ( al comienzo de la Historia) con otro hombre, llevo a una lucha violenta en la que cada contestatario buscaba que el otro lo reconociera como tal, arriesgando la vida. Solo hay tres soluciones en esa batalla campal: la muerte de ambos, donde la vida termina; la muerte de uno de los combatientes, en cuyo caso el sobreviviente permance insatisfecho, pues no tiene quien lo reconozca; o finalmente, la batalla termina con el binomio dueño-esclavo, donde uno de los combatientes decide someterse a una vida de esclavitud antes que perecer.
El reconocimiento por parte del esclavo se produce so pena de muerte. La conciencia del dueño depende del reconomiento por parte del esclavo, un ser inferior al dueño, por lo tanto no su igual. De ahí el conflicto interno.
La resolución del conflicto la provee el estado democrático liberal, creado despues de la sublevación de los esclavos ( Revolucion Americana y Revolucion Francesa), que satisface el deseo de reconocimiento de ambos sobre una base de igualdad basada en la ley y el derecho.
Anjá:
El neoliberalismo no es una panacea y seguramente no funciona en sociedades tribales ni tampoco, probablemente, en las sociedades informatizadas más avanzadas del planeta. Pero en las que están trabadas en un proceso de modernización (como es el caso de Cuba, Bolivia y Rumania) a causa de un deficiente desarrollo del mercado y la democracia, es lo mejor que hay. Créeme que si hubiera otra cosa mejor yo apostaría por ella.
Si, Makarius, seguro…yo mismo soy de lo mas transnacional…tienes toda la razon, brother… El neoliberalismo es el futuro, que de eso no quepan dudas… Ah, y el comunismo de guerra te gustara a ti, a mi ni me menciones…Vade Retro!!!
Pues Makarius,
No me creo eso del avance de la historia. Como mucho puedo creer el avance de la técnica, que es algo obvio.
El historicismo, tanto el marxista como otros, es una superstición. Todo historicismo se sustenta sobre una premisa irrefutable y por tanto anti-científica. Las teorías historicistas postulan que la humanidad se dirige a una estructura social determinada, que todavía no se ha alcanzado. Es imposible demostrar que eso es falso, por tanto no se trata de una propuesta científica, sino de una creencia o religión. Naturalmente digo esto con todo respeto por las religiones, que atienden a necesidades humanas muy alejadas de la ciencia.
Todo postulado científico debe encerrar la posibilidad experimental de poder demostrar su falsedad.
Ya sé que con eso nos cargamos el pretendido carácter científico del 99% de la sociología, pero eso es otra historia.
Una cosa si es cierta y es que, cuando Uds. esten hablando de Filosofia, yo no me voy a meter mas, porque, al igual que las canciones de Silvio, esto nada mas lo entienden Uds.
Anjá:
Si fueras tan amable, cuando se te pase el malhumor y puedas avanzar más allá de los insultos, ¿podrías aportar al menos un argumento al debate? Tus cocaleros bolivianos y tus gitanos de rumanía si de algo han carecido hasta ahora es de democracia neoliberal. Los primeros han vivido bajo una permanente corrupción criolla (entiendase, nacional); los segundos, bajo tu querido comunismo de guerra y sin haber echado las bases y las tradiciones de la democracia y del mercado.
Gabriel:
Si tú eres de los que acepta eso del avance de la historia, el progreso etc. tú mismo, dadas estas falsas premisas te verás obligado a hablar de la evolución del cerebro de los filósofos (porque supongo que también te crees el cuentecito de la evolución de las especies). De manera que hay una palmaria contradicción entre tu argumentación y tus presupuestos o punto de partida.
La posición de Alexis, según entiendo, es la de situarse no en la historia sino en la cultura (lugar desde el que se narran las historias y se inventan las teorías científicas). Si puedes hacer lo mismo que él, te darás cuenta que echando mano a los conceptos de episteme y paradigma entiendes mejor la realidad y podrás explicarte tu propio argumento sobre la inconmensurabilidad de los cerebros de los filósofos.
Creo que te ayudaría mucho la utilización combinada que hace jardines de la diacronía y la sincronía en ¿El redescubrimiento de la cultura? (PD).
Alexis tiene razon en su critica al marxismo pues ha perdido desde hace mucho actualidad, puede ser un referente ( como decir la obra de Comte ) para los estudios sociales y digo referente en sentido de antecedente y no de herramienta. Si la izquierda quiere acabar con el capitalismo actual por favor, consuman su tiempo en la biblioteca del Museo Britanico como lo hizo El Moro y no pretendan que el trabajo teorico ya lo hizo “El Viejo” hace 150 anos.
No hay necesidad de insultar a nadie, scrutinizer. Ademas, todo el mundo tiene derecho a opinar mientras se mantenga dentro del Tema.
Parece que Alexis sostiene que algo está superado al no estructurarse dentro de la post-modernidad. El argumento es falaz. No está demostrado que el cerebro de los seres humanos funcione mas eficazmente según avanza el tiempo histórico. Un filósofo del siglo XXI no es automáticamente mejor que otro filósofo del siglo V antes de Cristo.
Es cierto que el Marxismo es una superstición anti-científica que ha hecho mucho daño, pero por motivos distintos de los argumentados por Alexis.
PD, evidentemente son muy ventajosos para algunos, entre los que, indudablemente, te incluyes… Es triste que a estas altura ese sistema tan democrático y liberal no haya resuelto problemas tan básicos como el trabajo y el derecho a la alimentación en más d ela mitad del mundo contemporáneo…Creer que los avances concretos dados en esa dirección en Europa son la tónica del sistema neoliberal es una soberana idiotez… Es desconocer (o ignorar) desde las más elementales historias nacionales y regionales hasta las más complejas relaciones de poder que se dieron después de la segunda guerra mundial… Criticas a Erasmo de promover un comunismno abstracto, y caes en el facilismo de creerte el cuentecito de Alexis de que ya estamos en una era transnacional…Sujetos transnacionales quiénes, PD? Los gitanos rumanos? Los cocaleros de Bolivia? No joroben… Los europeos, como siempre, viviendo de la utopía más grande del siglo XX: creer que la tecnología nos hará más libres y civilizados… No dudo que algunos se crean tales, pero es tan sólo un espejismo…
[...] e involucra a la persona en su integridad, ni siquiera a las facetas abstractas de su existencia. (Texto completo en el blog “Penúltimos Días”) var a2a_config = a2a_config || {}; a2a_localize = { Share: "Compartir", Save: "Guardar", [...]
Sabemos, sin duda, de qué pata cojean todos estos imbéciles “agenticos de influencia” que vienen a vertir sus estúpidos comentarios. Fueron los primeros en saltar como una rana. No sé porqué malgastan su tiempo.
Chico, y tu que propones? Mas, que estas haciendo para corregir eso?
Curioso:
Esas herramientas las enseño Jardines en ¿El redescubrimiento de la cultura?, su intervención en el último Estado de Sats. También puedes leerla en PD, después opina.
“Anjá”, no es que sean “aparentemente ventajosos”, sino que son ventajosos en realidad. Pero ya sabemos de qué pata cojeas.
No, mein Freund, José Agustín Caballero, inciciador de la reforma filosófica en Cuba, y José de la Luz y Caballero son personas distintas.
Estamos de acuerdo: ni Caballero, ni Varela, ni Luz eran filosofos de nada.
Pero de ahi a decir que eran “postcoloniales” y que “su gran legado a la cultura nacional fue la reforma de la enseñanza, con especial atención a la filosofía” es una chifladura.
Eso nada mas lo puede decir un “filosofo” o un maestro de escuela que sabe de la historia “su parte”.
Los tres fueron mucho mas que “reformadores” de la ensenianza, y fueron tambien mucho menos que divulgadores de la filosofia.
Se puede ser “postcolonial” y estar de acuerdo con un sistema colonial esclavista?
El vaiven de Caballero sobre la esclavitud en Cuba, y su mentalidad segregacionista cuando se trata de los negros y mulatos libres, -para mencionar solamente dos rasgos de uno de estos “padres” fundandores, deja mucho que desear para darle tal titulo.
No, Alexis; desplegar categorías y pintar un mundo atractivo (sus contradicciones también son atractivas) no basta para analizar la realidad cubana. La realidad de la isla, lo quieras o no, no puede emplazarse en ese marco (aparentemente complejo) que describes… ideas tales como postnacionalismo y globalización no son más que la expresión de lo mismo que criticas: el dominio absoluto de un pensamiento único que, no por aparentemente ventajoso, despide el mismo tufillo de los metarrelatos… No, Alexis: no se trata de complejizar, pero tampoco de hablar boberías…
Oh, era una buena época aquella en que viviamos bajo la benévola mirada de Marx, custodiados por su poblada barba. Cuánta nostalgia! qt!
El profesor Jardines, en su crítica rabiosa al marxismo, hace una apología tácita al actual proceso de globalización y, de paso, legitíma sutilmente el neoliberalismo. Plantear que el “freudomarxismo” es obsoleto es desentenderse de la realidad global actual con su hombre unidimensional y el sujeto esclavizado por el exceso de industrialización. Por otro lado, muchos de los que hoy tratan de refugiarse en el marxismo occidental no pertenecen a la generación -ni son de la mentalidad ortodoxa y dogmática- que lo vilipendió y acusó de revisionismo en el pasado. Destacar y hacer énfasis en esto es tratar de enlodar un destello muy oportuno y necesario. Me gustaría saber qué herramientas teóricas propone el profesor Jardines no sólo para superar el castrismo y su coartada marxista, sino para salvar a Cuba de los tentáculos del capitalismo decadente y su nefasta ideología neoliberal.
Caballero y Luz se refieren a la misma persona, Jose de la Luz y Caballero?