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¿El redescubrimiento de la cultura? (III de III)

  • Sep 28, 201121:09h
  • 10 comentarios

IV
Lo que define el presente es una paradoja de tipo cultural, a saber: la contradicción universalismo/particularismo. Mientras más se acentúa la homogeneización que acarrea el proceso globalizador, más localismos, rebrote de identidades y conflictos étnico-religiosos. Pero también se observan estallidos sociales en países de desarrollo económico desigual. ¿Por qué esto es así? Ante todo, conviene no perder de vista que es la Tecnología lo que está detrás de la globalización. Desde la perspectiva diacrónica nada nuevo hay bajo el sol; la Religión, cuando fue la episteme dominante en el Medioevo también hizo lo mismo: evangelizó, convirtió, “cruzó”, excomulgó y un largo etcétera. Tal y como se ve hoy todo sometido a la expansión tecnológica, así también la música, la filosofía, el arte y otro largo etcétera, eran religiosos. Nada había en el Medioevo, ni en el cielo ni en la tierra, que no llevara la marca de la Religión. Herejes hubo por doquier, pero la Religión dominó y sólo la Ciencia (es decir, otra episteme) pudo destronarla.

Tratemos de situarnos ahora en una perspectiva sincrónica para hallar la diferencia. En las zonas del planeta donde hay un proceso de modernización en marcha, es decir, donde la Ciencia ha jugado ya su papel, los paradigmas tecnológicos prenden sin mucha dificultad y todo el problema se reduce al peso de la tradición: corrupción, falta de habilidades, pereza, desacato, insensibilidad ante la ley, etc. En fin, cosas remediables, pero a largo plazo. Es el caso de América Latina, donde lo que no funciona es la democracia latinoamericana (oligarquía criolla), no el neoliberalismo. Ya Vargas Llosa había reparado en la ausencia de una auténtica democracia neoliberal latinoamericana y, en su lugar, hablaba de regímenes burocrático-mercantiles. Es, pues, un asunto cultural. “De nada vale comparar el fusil con el arco”, ha advertido Pierre Clastres, a lo que puede agregarse que la angustia del subdesarrollo comienza cuando se quiere tener un fusil en un universo de sentido que sólo admite el arco. En Occidente, la Religión —en su actual situación subordinada— se ha convertido, como el resto de las formas de la Cultura, en vehículo de expresión del significado tecnológico. Pero a nivel local, en lugares donde todavía es dominante, ofrece una feroz resistencia. Y no es para menos: desde el punto de vista de los que allí habitan, lo que está en juego es la realidad misma, todo un universo de significados, aquello que les delimita el bien del mal y que les dice cómo deben actuar y comportarse, pero, también, lo que les suministra una visión del mundo y le da sentido a sus vidas, en fin: una episteme. En cualquier caso, vale decir que en la dinámica de las formas de Cultura, siempre hay una dominante y el resto, subordinadas. Veamos qué opina acerca de esto Slavoj Zizek:

“Como dijo Samuel Huntington, al final de la Guerra Fría, la ‘cortina de hierro de la ideología’ ha sido reemplazada por la ‘cortina de terciopelo de la cultura’. Esta visión tenebrosa puede parecer lo opuesto a la brillante perspectiva del ‘fin de la historia’ de Francis Fukuyama bajo el aspecto de una democracia liberal global. Quizá, sin embargo, el ‘choque de civilizaciones’ sea ‘el fin de la historia’, es decir: los conflictos étnico-religiosos son la forma de lucha que le conviene al capitalismo global. En nuestra época de ‘postpolítica’, en que la administración social llevada a cabo por expertos reemplaza en forma progresiva a la política propiamente dicha, la única fuente de conflictos legítima que queda son las tensiones culturales (étnicas, religiosas)”.

En mi opinión, Fukuyama y Huntington constituyen dos polos de la misma relación, a saber: la contradicción universalismo (democracia neoliberal global) vs. particularismo (conflictos étnico-religiosos). La implementación de lo primero y la eliminación de lo segundo dependen del factor cultural. No veo la necesidad que una política tecnocrática alimente sin más los conflictos ni creo tampoco que el “capitalismo global” pueda tener control sobre los mismos. Los conflictos, sin duda, serán —y son— culturales, pero dependerán de las tensiones que genere la Tecnología en su proceso de expansión como dominante cultural. En cualquier caso, a partir del ensayo de Fukuyama ¿El fin de la historia? se puede hacer valer la idea que las naciones regidas por una episteme moderna (científica) tienen como meta de su desarrollo político la democracia neoliberal. Sin embargo, esta última parece ser apenas el punto de partida de aquellas regiones del mundo que habitan una episteme tecnológica y tienen como meta inmediata la llamada “sociedad del conocimiento”, en la que el capital y el trabajo han dejado de ser los factores principales del crecimiento, desplazados justamente por el conocimiento. Naturalmente, estas regiones no están exentas de conflicto y es justo en ellas donde la democracia neoliberal da signos de agotamiento.

Como advirtió en su momento el historiador Manuel Moreno Fraginals, Cuba ha perdido cien años, porque comenzó el siglo XX siendo un país capitalista no desarrollado y lo terminó siendo un país capitalista no desarrollado. Sin embargo, en mi opinión, la brecha económica no es un gran obstáculo, pero la cultural sí. A la era postcomunista recomiendo entrarle a golpe de neoliberalismo y democracia. Será duro, pero dará resultados a corto y mediano plazos. Después nos estancaremos un poco a causa de los rebrotes de las deformaciones adquiridas en la época castrista, pero, fundamentalmente, por razones de tradición, carácter y nacionalismo. Ese será el momento de sentarnos a pensar qué es lo que le conviene más a Cuba. Estoy seguro que la mejor solución para nuestros males —los presentes y los venideros— es un cubano postnacional. De un lado y de otro del estrecho de la Florida: dejemos de una vez a los mambises descansar en paz.

Redescubrir la Cultura no sirve para que los pueblos, etnias, razas, tribus y naciones dejen de atacarse y culparse entre sí, pero, al menos mediante la dinámica de las epistemes se puede saber cuál es la fuente de donde proviene la relatividad de la alegría y de la angustia, de la prosperidad y de la miseria, de los símbolos y de los valores y hasta del propio universo estrellado, aunque con ello se aprenda también la más dramática de las verdades: que el hombre está solo y que en los confines del espacio y del tiempo retumbará por siempre la queja bíblica: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado”.

¿Qué sabemos, entonces, actualmente sobre el desarrollo? —pregunta Peter L. Berger y responde al mismo tiempo—. Sabemos, o deberíamos saber, que el socialismo es un espejismo que no conduce a ninguna parte, excepto a un estancamiento económico, pobreza colectiva y distintos grados de tiranía. También sabemos que el capitalismo ha sido dramáticamente exitoso, si bien en un número limitado de países. Es innecesario decirlo, también sabemos que el capitalismo ha fracasado en una cantidad mayor de casos. Lo que no sabemos es por qué esto es así. Creo que el tema del socialismo debería dejarse de lado ?para bien? en cualquier discusión seria sobre desarrollo; pertenece, si hay que ubicarlo en alguna parte, al campo de la patología política o Ideologiekritik. La pregunta que sí debería ser de candente urgencia (tanto teórica como práctica), es por qué el capitalismo ha tenido éxito en algunos lugares y ha fracasado en otros. ¿Cuáles son las variables del éxito o el fracaso? Esa es la pregunta crucial.

Alexis Jardines
San Juan

Foto: Jim Sanger.

PD: Entregas anteriores:

¿El redescubrimiento de la cultura? (I de III)

¿El redescubrimiento de la cultura? (II de III)

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10 respuestas
Comentarios

  • pedro/petya kornakov dice:

    Queridisimo Alexis,
    dame senyales de tu vida!!!
    con abrazos y mas abrazos
    pedro/petya

  • // Cuestión de interpretaciones //

    Ando sólo de pasada y leí el párrafo final de este artículo.

    A alguien puede parecerle “el capitalismo” exitoso en un lugar y un fracaso en otro porque es cuestión de interpretaciones.

    ¿Es “éxito” vivir llevando aceleradamente a un país a la quiebra financiera pública y malgastando y dañando desastrosamente la naturaleza?

    ¿Es un fracaso que en otro país la mayoría de las personas tengan que trabajar como animales para apenas sobrevivir? ¡Para los que se aprovechan abusivamente de ese trabajo, es un éxito!

  • Altagracia dice:

    El Dr. Alexis Jardines nos está enseñando a unos y refrescando a otros, conceptos básicos y nuevos de la filosofía, vinculados a la realidad presente y pretérita inmediata. En un sentido más amplio, nos está proveyendo con herramientas y enfoques conceptuales nuevos, los cuales nos ayudarán a proyectarnos en esta época tan dificil y de escasos pensadores de este nivel.

  • Olguita dice:

    Por lo que pude apreciar en la lectura que hice a lo expresado por el Dr. Alexis Jardines, en su respuesta a la doble pregunta de Gerardo Muñoz de la Universidad de La Florida, se trata de una entrevista, no es más que eso. Recomiendo leer la extensa e importante obra de Alexis, (libros, ensayos, conferencias, entrevistas, etc.) de la cual es referente cualquier buscador en el espacio cibernético.

  • Jorge Tamargo dice:

    Ay, cómo deriva el pensamiento cuando bebe en los sumideros de la historia. Pero es inevitable. No podemos escapar de la última tentación pragmática: ¿para qué pensar sino para intentar mejor vivir? La entrada anterior, aun sobrevolada por el fantasma de Fukuyama, me pareció muy válida porque su impulso especulador se colocaba, todavía, a cierta distancia de “sucias” concreciones. Ahora esto cambia, porque hemos metido definitivamente el elegante pie en el prosaico charco… Es cierto que la ciencia con minúsculas, o sea, la tecnología, ese resultado de sumar ciencia experimental con economía de mercado, lleva más de 200 años campeando en nuestras conciencias y haciéndose realidad en casi todos los ámbitos habitables. Es cierto que todo parece indicar que es el neoliberalismo más radical el que dispone el mejor mantel para este banquete. Pero, ¿habrá sobremesa? La ciencia disminuida a su vertiente experimental y utilitaria, lejos ya de armazones éticas, lejos de la sophia en su sentido más amplio y recto, a merced del empirismo y el pragmatismo más radicales, nos sitúa en escenarios muy peligrosos, como el transhumanismo, por ejemplo. Ojo con esa seudo-ciencia en cópula frenética con el neoliberalismo. ¿Es esto lo que necesita Cuba? Me resulta llamativo que alguien pueda estar tan seguro de ello. Yo, desde luego, lo dudo muchísimo. En Cuba se está jugando una partida cultural de primera importancia. Es eso lo que más debía interesarnos, y, llegado el caso, preocuparnos. ¿Qué tablero nos está dejando el “hombre nuevo” tras de sí? y ¿qué fichas se están moviendo en ese tablero? Yo vengo observando hace ya tiempo una preocupante “haitinización” de la isla. ¿Es el neoliberalismo la fórmula ideal para Haití? Cuando pase este vendaval trágico todo estará servido para el vodevil. Es entonces cuando habrá que medir y pesar lo que haya quedado, retomando palabras de Lezama: habrá que ver cuál es la “cantidad resistente”, habrá que pensar mucho qué hacer. No se hará de primeras, claro, son enormes las fuerzas que nos empujan en direcciones muy distintas… Y es aquí donde los pensadores, los intelectuales en general tienen que detenerse a razonar y crear antes de correr ciegamente con los tiempos. Jorge Tamargo

  • Escalon dice:

    Segun mi (bien) considerada opinion, los intelectuales deberian circunscribirse a elucubrar sobre temas como, por ejemplo, los epistemes, la dialectica hegeliana, el Fin de la Historia, los zapatos de la Santa Trinidad y otras materias de gran importancia para la Humanidad en las que no se arriesgan a ser contradecidos con evidencias traidas del mundo real.

    Porque el problema es que cuando comienzan a hacer afirmaciones sobre materias verificables con la misma falta de pudor como lo hacen sobre los arriba mencionados “fenomenos”, se perfilan (ante nojotros, los carasucias no iniciados a las intricadas concepciones del mundo intelectual) como peces fuera del agua.

  • Isis Wirth dice:

    Fukuyama es un reciclador -màs que esto- de la muy extraña teorìa del “fin de la historia” de Hegel, quien a su vez no fue original… A Hegel, en lo que concierne a lo anecdòtico y no a lo teòrico, le entrò el baile de San Vito (no sin cierto “erotismo” intelectual) cuando viò a Napoléon montado en su caballo pasar por delante de su casa en Jena, y de ahì corriò a escribir (lo parafraseo): “He visto al fin de la historia montado sobre un caballo, dominando al mundo”. Terminò el manuscrito de la Fenomenologìa del espìritu, y fue a ponerlo en el correos con destino a su editor, leyenda que acaso él mismo construyò. (En una Jena ya tomada por el ejército francés, funcionaba todavìa el correos? Bueno, los alemanes…)
    Samuel Huntington no es sino el publicista del “clash of civilizations”, cuya paternidad no precisamente teòrica en lo abstracto pero completamente analìtica sobre la base de la reflexiòn històrica le pertenece a Bernard Lewis, el màs gran historiador del Medio Oriente, un “imparcial”, quien no obstante, con la autoridad de su conocimiento le reprochaba a G.W. Bush, preocupado, que el término “guerra contra el terror” era equivocado ya que no se hace una guerra contra los tanques, los cañones o los aviones, que son sòlo armas. El “terror” es el arma utilizada en tal guerra.
    Por demàs, es la cultura lo que define, naturalmente.
    Por qué traer al neocomunista Zizek, quien entre otras cosas de las que no quiero acordarme ha venerado en uno de sus libros al Che Guevara como re-encarnaciòn de Saint-Just, con ese apòstrofe partidario: “los conflictos étnico-religiosos son la forma de lucha que le conviene al capitalismo global.” Esos conflictos existen desde una noche de los tiempos, sin entrar en màs detalles. Fue justo el “capitalismo triunfante”, el que emergiò como un “milagro” -entre otras cosas, por su optimismo definitorio- en tierras de Europa occidental, quien enterrò cultural, cientìfica, tecnològica y socialmente – para seguir con el artìculo- a la “civilizaciòn” que desde entonces no ha tragado el que perdiò el tren, y lo peor es que nunca se quiso montar en el mismo, contrariamente a otras culturas non-occidentales.
    Todo esto, quien lo explica y fundamenta con acuciosidad -como, por ejemplo, que en las primeras décadas del siglo XX se negaban a usar bombillas eléctricas ya que provenìan de los “infieles”- es Bernard Lewis. Expuso hechos, que Huntington usò.

  • Escalon dice:

    “La pregunta que sí debería ser de candente urgencia (tanto teórica como práctica), es por qué el capitalismo ha tenido éxito en algunos lugares y ha fracasado en otros.”

    No me queda la menor duda que un intelectual de la talla de Alex Jardines algun dia de estos nos iluminara con una respuesta definitiva a esa pregunta.

    Tambien tengo la seguridad que la respuesta, cuando Alex por fin nos las ofrezca, tendra mucho que ver con el neoliberalismo. Mas neoliberalismo, mas exito; menos neoliberalismo, mas fracaso.

    Nespá, Alex?

  • Gabriel dice:

    Pues acabo de enterarme de que el Capitalismo ha fracasado en algunos lugares. Mas bien creo que no es que haya fracasado, sino que nunca existió en esos lugares.

    Y también me acabo de enterar de que la democracia latinoamericana no funciona.