- sep 12, 2011 • 21:23h
- 13 comentarios
Cuando le conocí por primera vez —era 1983 o 84 y estábamos, of course, en una librería— Néstor Díaz de Villegas había ahorrado un dinero que dudaba en cómo emplear: si comprándose un coche (una necesidad básica y no un lujo en una ciudad como Miami), o editándose un libro de poemas. Nunca le pregunté qué hizo pero sé que tuve durante un tiempo ese libro. Después cometí el error de devolvérselo porque a él no le quedaban ejemplares.
A todos nos definen los trabajos y los días, la historia personal… y Néstor tiene una al margen de la poesía; pero a pesar de nuestra amistad no creo que esa historia me importe a mí tanto, ni le importe tanto a él, como su obra.
Cuando conocí a Néstor yo era librero en Libros Españoles de Miami y él trabajaba, creo, en una mueblería. Hiciera lo que hiciera para pagar sus facturas diarias, Néstor era ya un poeta. Era su poesía, por aquel entonces tan sólo dos libros autoeditados con fotocopiadora, en los que los poemas se veían interrumpidos por las biografías de Nitza Villapol o del Indio Naborit, la que le definía.
Su poesía y Salvador Allende le habían llevado a prisión —constato, y sé que lo he hecho ya en artículos anteriores, que los únicos regímenes que parecen tomarse en serio la poesía son aquellos que la odian. Al parecer —hablo de memoria y me corrigen si me equivoco—, el régimen le acababa de quitar su calle a un rey de la Casa de Borbón para dársela a Salvador Allende, y Néstor dedicó un poema a reírse del trueque: “Oda a Carlos III”. Un conocido, que además afirmaba ser su amigo, le denunció, y la policía y el sistema judicial condenaron el poema con una estancia en una granja-prisión. Néstor, aparte de ser muy joven (18 años) también debía de ser lento: no comprendió que aquella estancia en medio de ninguna parte, lejos de cualquier librería, era una clara invitación a dejar de escribir. Y si lo entendió no hizo demasiado caso a la advertencia y siguió escribiendo.
Fue su poesía la que le transformó, primero, en un preso político y después lo arrastró a Miami, una ciudad implacable que ha retratado como pocos, y que no es esa que aparece en los folletos turísticos o en el retrato de familia del exilio cubano. Junto a Boarding Home de Guillermo Rosales, Little Havana Memorial Park de Eddy Campa, y casi toda la obra de Carlos Victoria, los poemas de Néstor son la meditada instantánea de lo que ha sido el exilio para tantos cubanos. En pocos sitios como en esos autores puede entenderse lo que supone estar perdido en medio de esa ciudad sin sombras, de soles aplastantes y omnipresentes. En esa Little Havana que tan poco se parece a la Habana real, o en aquel Miami Beach que aún no era un lugar de moda.
Todas esas obras están unidas no sólo por su pertenencia a una misma generación sino por otros lazos más personales y directos. Fue en casa de Néstor, coincidiendo con una Feria del Libro, donde oí recitar por primera vez el poemario de Campa. Había treinta o cuarenta personas en la sala y alguien le pidió a Campa que recitase su obra, que llevaba debajo de su chaqueta de cuero. Fue Néstor el que compró en Libros Españoles El tiempo de los asesinos, un estudio de Henry Miller sobre Rimbaud, que regaló a Esteban Luis Cárdenas, que es el personaje llamado sencillamente ‘El Negro’ de la novela Boarding Home. Luego Cárdenas compuso un libro, Cantos del Centinela, a partir de su lectura de Miller, y ése es el libro que El Negro le regala al alter ego de Rosales en la novela. Tuve la suerte de ser un espectador de primera fila y poder ver, aún desde fuera, cómo se movía toda aquella generación de creadores, que por primera vez en su vida era libre para crear, sin nadie que les hiciera caso.
Ahora Néstor Díaz de Villegas ha vuelto a publicar. Lo que no es una sorpresa, pero siempre es una buena noticia en un mundo tan falto de ellas.
Juan Carlos Castillón
Barcelona
Foto: NDDV lee en Zu Galería (Gaspar el Lugareño)






Nilda contesta en Sept–2011
Muy bueno el articulo y los comentarios.
De los que mencionas creo que solamente conoci bien, en Miami, a Victoria. Muy buen muchacho y muy trabajador.
Mira, cuando nos mudamos a Miami, desde Boston, para que mi esposo siguiera en la Universidad de Miami, y asi obtener el doctorado en economia (ya venia graduado de ingeniero), no me costo trabajo adaptarme a esta pequeno pedazo de tierra semitropical.
Eso si, extranaba los museos y la muchas universidades repleta de juventud. Yo trabajaba en el MIT y estudiaba los primeros cursos universitarios en Boston. No obstante, me adapte a vivir en Miami, y, como vi que no habia un mundo literario amplio, me anime a publicar una pequena revista literaria, bilingue, (LSR–Latino Stuff Review), con mis propios fondos, como tu sabes. Lo hice sin pedirle nada a nadie, porque me gusta trabajar sola. La revista duro cerca de 20 anos y me brindo mucha alegria. Conoci decenas de escritores que empezaban pero que ya eran muy buenos. Recuerdo a Roberto Valero, Correa, Victoria, Hall Estrada, Matias Serpa, Ana Rosa Nunez, Pura del Prado, entre otros y tambien a muchos pintores.
Parte de mi sueldo (trabajaba 5 horas al dia en FIU), lo usaba para la publicacion. Fue una gran experiencia y me hizo madurar.
No creo que soy exageradamente positiva, sin embargo, te puedo decir que, a pesar de que me habia enamorado del ambiente culto de Boston, encontre en Miami muchas cosas agradables: La playa con aguas templadas que en Boston no existian, cielos muy azules la mayoria del tiempo, el sol y la claridad que duraba mas alla de las 5 de la tarde, y que me permitia tomar fotos, que era y es mi hobby, un clima agradable en el que no necesitaba abrigos, ni botas, ni guantes, ni gorros, ni bufandas. Y no habia que palear nieve! Encontre dulcerias cubanas que aun tanto me gustan, comida por cantina estilo cubano, que era muy practica pues no tenia tiempo de organizar la casa, cocinar, atender a mi nino, llevarlo al parque, limpiar, planchar, y hacer los reportes de mis cursos universitarios. Y muchisimas cosas mas para hacer nuestra vida placentera.
Lo de alimentarme intelectualmente lo creaba yo sin esperar que nadie me lo diera.
Indiscutiblemente, yo veo el vaso medio lleno. Nunca he sido acaudalada, pero mi vision de la vida me permite ser immensamente privilegiada. Y eso es un gran regalo para mi y para los que han compartido conmigo y mi familia, entre ellos tu.
Espera pronto mi nuevo libro de poesia, ya he obtenido buenos comentarios, y saldra antes del final de ano. El tema y el titulo te sorprenderan.
Gracias por seguir escribiendo. Nilda Cepero
Sin tono de critica, JCC, “era una invitacion”….a escribir mas(para ellos). La Motivacion, ya sea + o -, es fundamental para el Artista.
Coño, gracias, Néstor, por aclarar mi confusión de muertos. No son tantos años, pero la puntorrojo y el sol a rajapuyón en el moropo -como un día sabiamente apuntaste- erosionan evidentemente la memoria. Na, un pedazo de época que nos tocó vivir, que nos tocó. Para colmo, este lejano exilio al sur que vivo, en práctica constante del subdialecto michoacano rural y jama de Imperial Buffett, definitivamente me aleja de Miami y borra mi experiencia. Yes, nos re-exiliamos casi todos. Exitos con el libro. Gracias a PD por el exposure.
Otra aclaración, a quien pueda interesar: el libro “Little Havana Memorial Park” se editó en mi casa de Coral Gables, en la calle Zamora. Los editores fuimos Germán Guerra, Pedro Damián y yo. Recaudamos dinero mediante donaciones, así salió mi libro “Héroes”, además del libro “Metal” de Germán Guerra y el de Campa. El nombre de la editorial era Dylemma. La concepción del diseño y la portada son mías. Llamamos a Pedro Portal para que hiciera las fotos. Es una de las únicas instancias en ediciones cubanas de autores medio-conocidos en que se usa la imagen del poeta a toda portada. Así quedó plasmado ese momento. Las fotos se han hecho medio que célebres, y representan la estética de ese grupúsculo. En la foto mía aparecen los dibujos de César Beltrán en el trasfondo. Ahora Andrea Herrera O’Reilly acaba de reproducirla en su libro sobre la diáspora publicado por la Universidad de Texas, pero sin mencionar que fue un “happening”, una obra colaborativa de varios artistas. O’Reilly toma esa imagen por una fotografía a secas, cuando en realidad es una obra colectiva: César, Pedro y yo, armando un evento en el Florida Room de mi casa de la 37 en Coral Gables. Confunde la fecha y la sitúa en 2000, cuando en realidad la foto es de 1998. La foto de Campa fue tomada en el mismo lugar que describe su libro: en la esquina de la Lavandería Oti, frente al supermercado La Cadena, de cara al “Quisio de los Atardeceres”, que durante unos años fue centro de reunión y discusión de filósofos callejeros y escritores frustrados, además de diversos delincuentes y drogadictos. Para la Historia del Gueto.
César confunde la muerte de Mr. Dinero, ocurrida en 1999, mientras Campa y Rafael Fornés estaban de visita en mi casa de la 4 y la 11, en la Saguecera, llamada también Villa Verde, porque allí habían residido durante 20 años Fernando y Miñuca Villaverde. Campa se despidió y regresó a su apartamento, compartido con Mr. Dinero. Enseguida regresó, pálido y temblando: había encontrado al viejo muerto, sentado en su sillón reclinable, con el televisor encendido. Con nosotros se encontraba también Emilio Ichikawa. Rafael Fornés decidió que lo mejor era dirigirse al apartamento y llamar a la policía. No puedo dar más detalles de ese asunto. Campa escribía un libro de cuentos que concibió en mi casa, y escribió en la breve temporada en que pudo dejar de vivir en la calle (dormía en una caseta de salvavidas en La Playa). El título del libro tuvo varias versiones, la última fue “Diario de un estafador sentimental”. Ese libro fue mecanografiado enteramente en la sala de mi casa, en cada una de sus versiones. Cocinábamos harina y comíamos juntos, mientras conversábamos de filosofía y de literatura. Campa leía cosas poco comunes: a Comte, a Washington Irving. Por entonces nos visitaban dos periodistas alemanas, Bárbara y una tal Zora, que tomaron muy buenas fotos de Campa, no se dónde habrán ido a parar esa fotos. En el 2000 yo salí de Miami en ómnibus de la Greyhound, regresé en el 2001 y Campa ya había desaparecido. Mi hermana lo había visto por última vez en su tienda del Dólar, y me dijo que llevaba siempre un tubo de diálisis. Comía muy mal, casi siempre de Rodolfo, la completa “a dos cocos” de la calle Flagler, y fumaba mucho de una pipa de tarro, tabaco malo, casi siempre Maribel de 60 centavos, cortado en pedazos e insertado en la pipa. Me dejó su primer libro “Calle Estrella y otros poemas” (1978) que publicaré cuando tenga dinero para costear la edición. He compartido esos poemas con escritores que pudieran hacer algo por publicarlos, pero sin ningún éxito.
Recuerdo que todos sus amigos lo buscaron… fue el tema de numerosas conversaciones que pude oír en la librería… miraron hospitales y preguntaron a la policía aunque al cabo de un tiempo y desaparecido como había desaparecido no habían demasiadas esperanzas de encontrarlo bien…
En su día, de forma no venal, hicimos una versión en PDF de su libro que puede verse en línea con la advertencia “Esta edición pirata en PDF ha sido hecha sin animo de lucro con el único fin de impedir que (posiblemente) muerto el autor, sin herederos que puedan autorizar una nueva edición, su obra se pierda.”
Edición que puede consultarse en
http://es.scribd.com/doc/2382219/LEANDRO-EDUARDO-CAMPA
Me sorprende lo que dice Beltrán sobre Campa: “Eddy fue recogido en incipiente descomposición en su memorial cuartucho de por la Ocho Avenida”. Desde que corrió la voz de que había desaparecido, intenté localizarlo, visitando los sitios que frecuentaba, como el parque de la 8, La Mía, su cuartucho (donde vivían algunos de los personajes de su libro) y nadie sabía de él. Me decían: “hace tiempo no viene por aquí”, “hace tiempo no lo veo”. ¿Saben cómo localizar a algún familiar?, tengo algo que tal vez le pudiera interesar.
Tan mal está Miami como algunos quieren pintarlo, no habrá muchos artistas que han sabido encontrar su hueco y vivir dignamente.
Los cubanos hemos vivido un proceso muy doloroso y siempre añoraremos lo que hemos perdido, algunos añoramos nuestra infancia en el periodo especial.
Esa nostalgia no nos dejará nunca y no viene en forma de lagrimas.
Un saludo.
Los Artistas que deciden quedarse en Miami , en el Exilio simbolico y fantasmagorical. Estan condenados a la tragedia de la nostalgia o telenovelas de pacotillas.
Bueno. Al menos sabemos lo que le pasó.
Gracias.
Hasta donde sé, el cadáver de Eddy fue recogido en incipiente descomposición en su memorial cuartucho de por la Ocho Avenida, muy cerca de su memorial park bench al lado del terreno de pelota. Creo que lo tuvieron congelado unos meses en el depósito de ñampios en espera de algún pagador de funerales que no apareció nunca. Lo habrán cremado a costa de los taxpayers finalmente. Yo veo su fantasma vendiendo cadenitas de oro falso en la esquina de El Cacique cada vez que voy al Downtown, como veo el demolido Hotel Colón donde conocí a Néstor, descalzo y sin camisa, engrifado en su piedra, allá por el 95. Pero no me hagas caso, porque yo veo cosas. Rafaello el architetto sí creo que lo vio muerto. El estrangulador es grande, grande. Un abrazo, Juan Carlos. Eres un gran castillo de cubanía meritoria.
No puse el nombre del chivato porque no lo recordaba… además los cabrones no merecen entrar en la historia.
Y sí, es verdad que todos nos hemos movido y que no queda mucho del Miami al que llegamos desde sitios tan distintos como Cuba, vosotros, o Centroamérica y medio loco, yo, por causas distintas, aunque después nos acabáramos conociendo porque a todos nos gustaba leer y escribir…
Mencionas a Campa… ¿Sabes tú dónde acabó Campa? Si es así, por favor comparte la información no se si con todo el mundo, pero sí al menos conmigo… cuando yo me fui de Miami andaba aún perdido y nadie me ha dicho que reapareciera después o como lo hizo…
Y sí, sí siento nostalgia por aquel Miami lleno de talento que pude ver desde primera fila, aunque no participase de sus actividades… Como no sentirlo si allí estaban Victoria, Rosales, Campa, Cardenas, los hermanos Abreu. Arenas, y un monton de gente más… Estaban los ex presos políticos como Rosales y Díaz de Villegas, los marielistos, como el resto de los que he citado, pero también los poetas de la generación anterior… Amando Fernandez, Manolo Santayana, Orlando Gonzalez Esteva… los supervivientes de ORIGENES… Monseñor Gaztelu, Armando Alvarez Bravo, y otros… y toda una serie de gente difícil de clasificar en un grupo pero que escribía con talento y trabajaba desde sus casas, robando tiempo a su trabajo diario para poder escribir…
Llevo casi diez años lejos de Miami y se que mi Miami no existe pero me atrevo a pensar, y deseo de todo corazón, que aunque yo no este allí para verlo de cerca, que existe otro Miami igualmente divertido, sarcástico, crítico, creativo, que a la sombra de los rascacielos continua montando fiestas como aquella en que Campa leyó su poema èpico sobre los boliteros y la gente del Little Havana Memorial Park, y se sigan escribiendo novelas como Un puente a la oscuridad o Boarding Home, porque el día en que Miami sean sólo los bancos no merecerá la pena volver y yo quiero aún quiero volver… con o sin nostalgía. Porque, venga va… ¿Dime que tu no añoras aquel lugar?
Gallego, pon el nombre del chiva, Edel Bordón y pon que jaló cinco años en Ariza, mucho más prisión que granja. Pon que se tuvo que pirar a California, que todos tuvimos que pirarnos, tú a tu país, Campa al suyo, Coaybay. Ponlo todo, compay. Ejercitemos la glasnost, la transparencia informativa. Pon que todo es ya melancólica historia antigua, que lo luminoso de su poesía es eso, que Miami no existe. Anymore.