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PAIDEIA: fotos fijas

  • Ago 12, 201120:39h
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En el principio, por supuesto, está Werner Jaeger. Todo era, entonces, literatura, y aquellos dos volúmenes, cuyo oceánico tiraje en la editorial Ciencias Sociales bastó para convertirlos en objeto omnipresente de cualquier biblioteca o librería de viejo por esos años, cumplían todos los requisitos de un fetiche: proponían una lectura tan cargada de expectativas que su cumplimiento se parecía demasiado a una profanación.

Dudo mucho que algún comentarista alemán pueda entender lo que representó un libro titulado “Los ideales de la cultura griega” dentro del mundo asfixiante y ramplón en el que vivíamos por aquel entonces. La idea que subyacía bajo la erudición desplegada en aquellos tomos era la del humanismo como antídoto, el estudio de la cultura griega como posible revulsivo para una cultura en declive. Para los griegos, se lee en los manuales, la paideia era un ideal de perfección, de excelencia. Por eso lo primero que nos tiró a la cara el entonces funcionario de la UJC, y hoy viceministro de Cultura Fernando Rojas (también conocido como “Rojas, el Malo”) en una de aquellas reuniones parapoliciales en las que se trataba de censurarnos “por las buenas”, fue el reproche de “elitistas”, manoseado sanbenito para un “grupúsculo” de “autoproclamados intelectuales” que aspiraba a convertirse en una “clase aristocrática” dentro de la Revolución, etc.

Últimamente, por circunstancias que no tengo del todo claras, pienso con más frecuencia en PAIDEIA. Más que hace diez años, por ejemplo. A veces, incluso, tengo de aquellas reuniones un recuerdo nostálgico: fueron días de cultura, en el sentido más amplio de la palabra, y creo que todas las personas que coincidimos en alguno de los tantos recodos del proyecto (trayecto accidentado, donde como en la Bildung griega, el ethos se confundía con la ciudadanía, es decir, con el sentido de pertenencia a una polis) convendrán en que PAIDEIA trajo por vez primera al debate público muchos de los temas o motivos que hoy vemos desfilar, como revelaciones, por la cultura y la política cubanas.

Más allá de la ingenuidad que exuda la abundante papelería del proyecto (la música de fondo es el repiqueteo incansable de Cayo en su Olivetti Lettera 25), PAIDEIA propuso dar un giro interesante a las tópicas relaciones entre el Intelectual y la Política en Cuba. Lo más molesto de aquellos días habaneros eran los comentarios de muchos colegas que hoy se vanaglorian de haber “estado en PAIDEIA”: “No se metan en política, ustedes son intelectuales”. Lo mismo decía Francisco Franco a quien quisiera oírlo: “Haga como yo, no se meta en política”. Fue virtud de PAIDEIA sacudirnos ese complejo, rumiado durante años, que hacía del Intelectual-Cubano-de-los-80 un inocuo diletante de salón.

Por supuesto, ahora me sonrío leyendo la prosapia marxiana de muchos de aquellos documentos. La Escuela de Frankfurt también puede intoxicar. Aunque el tema de la ética se convertía a veces en ritornello abusivo, lo que yo salvaría sin dudar de aquel naufragio (un naufragio, valga la aclaración, provocado por muchas causas, pero en ningún caso por el exceso de pasajeros) es el vínculo entre filosofía, comunidad y ethos. No hay entrenamiento real de la libertad sin cierto ideal de nobleza, sin la sensación reconfortante de la comunidad cerrada. (¿Ese oikos, tal vez, que obsesionaba a Cayo? ¿No fue Jorge Ferrer, temprano lector de Ortega y Gasset, quien le propuso a su tutor de universidad soviética una tesis sobre el sentido moderno del elitismo? ¿No fue acaso Omar Pérez nuestro improvisado —y por entonces irónico— preceptor de “comunismo poético”, un comunismo más cercano a Black Mountain que a los comités de base?).

Tal vez para compensar tanto encierro conspirativo, nos reuníamos muchas veces al aire libre, en el merendero abandonado de un parque, lo que daba a nuestras encendidas discusiones cierto aire bucólico. (Así también evitábamos, por supuesto, el riesgo de unos micrófonos omnipresentes…) Pasábamos horas en aquel parque, hablando, sobre todo, de filosofía griega y contemporánea. Esa imagen aún cifra, para mí, los placeres de un tiempo en el que la amistad era todavía una forma de conocimiento.

Existen varias versiones, más o menos fidedignas de los hechos, así que yo prefiero comentar un par de fotos fijas: fotos filosóficas, discursivas, que vendrían a ilustrar ese vínculo virtuoso al que antes me he referido. Algo que hoy sólo podría existir en el exilio. En ese sentido, PAIDEIA fue, además del caricaturizable vivero de pedantería o del esfuerzo ridículo por convertirnos en “disidentes orgánicos”, un aprendizaje moral, la escuela preparatoria de una decepción.

II
En el número 4 de la Revista de Ciencias Sociales, sobriamente editada por la Academia de Ciencias de la URSS, correspondiente a 1987 (pero que habría llegado a la isla con algo de retraso, junto con las últimas dotaciones inocuas de Sputnik, Novedades de Moscú y La Mujer Soviética), apareció publicado un ensayo de Mijaíl Bajtín que ni siquiera veinte años después se cita demasiado. Ahí podía leerse lo siguiente:

“La unidad de la conciencia responsable se basa en el hecho del verdadero reconocimiento del ser copartícipe en el único suceso-ser, hecho incapaz de ser expresado en forma adecuada en los términos teóricos, sino sólo descrito y vivido con participación (…) Yo ocupo en el único ser el único lugar, singular, insustituible e impenetrable para otro. En el único punto dado en el que yo me encuentro ahora no se encuentra nadie más en el único tiempo y único espacio del único ser. Y en torno a este único punto se sitúa todo el único ser de un modo único y singular.”

Convenientemente fotocopiado, este párrafo convocó tres subrayados de una lectura tripartita. De tres, tres. Fue uno de los textos más citados en nuestras conversaciones de aquella época, y creo que aún hoy valdría la pena ensayar su relectura. Allí estaba, in nuce, el proyecto de un ethos no subordinado a ninguna circunstancia, pero capaz de adaptarse a todas. Un ethos que nos descubría un Tiempo subordinado al Ser. Comodín filosófico, aquel párrafo de Bajtín me permitió, por ejemplo, atravesar los reproches que Martin Buber le hacía a mi ídolo de la época: Martin Heidegger. Para Buber, la existencia heideggeriana carecía de pluralidad; era una parte de la vida, no la vida plena (ideal místico, al fin y al cabo) en la que el ser se comportaría esencialmente respecto a otras cosas que no son él mismo. En la perspectiva de la filosofía del proceder de Bajtín, ese reproche quedaba rebasado, superado por la unicidad última de un nuevo humanismo. Fue el poeta Omar Pérez quien, en medio de un reñido partido de ‘taco’, notó las sorprendentes semejanzas entre el texto de Bajtín y el espíritu de la heideggeriana Carta sobre el humanismo, un best-seller entre paideianos. Del obrar heideggeriano al proceder marxista: home run. Cayo, adorniano impenitente, seguía rumiando aquello de la praxis. Pero en el proceder de Bajtín se reconciliaban y trascendían tanto la vocación cultural que nos animaba como los “compromisos” políticos que nos exigíamos. Y se esbozaba, también, el núcleo de una paideia amenazada por lo aristocrático.

Aquellas eran discusiones donde uno se jugaba el todo o nada, su unicidad. ¿Recuerdas, Cayo, aquella discusión en la que casi nos fuimos a las manos porque tú insistías en el motto adorniano de la filosofía heideggeriana como “jerga de la autenticidad”, y yo ripostaba con sarcasmo sobre la ceguera de la sintaxis adorniana? Pues bien, años después creo poder reconocer sin menoscabo que estabas más cerca de tener la razón. Abro un libro demasiado manoseado que fue tuyo y veo aquella frase de Adorno que al final todos nos aprendimos de memoria: “La filosofía, a la que basta lo que quiere ser, y que no galopa infantilmente detrás de su historia y de lo real, tiene su nervio vital en la resistencia contra el actual ejercicio corriente y contra aquello a lo que esto sirve: la justificación de lo que ya es”.

Ernesto Hernández Busto
Barcelona

* Una versión de este texto fue reproducida en el indispensable dossier de homenaje al grupo-proyecto PAIDEIA en la revista Cubista. Lamentablemente, no mucha gente lo ha leído, y me siguen preguntando mi versión de aquella experiencia habanera —que terminó con la salida de Cuba en octubre de 1991.

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8 respuestas
Comentarios

  • beltrán dice:

    En el taco no hay jonrón. Todo los jiles son de una base. Ponte, pal de porte. Paideia became Paidura. Lex sed. Legs. Backtooth. Asólgüeis.

  • Jorge Tamargo dice:

    Curioso comenzar por el principio en una isla donde parecíamos destinados a inventarlo todo… Interesante reseña. Dijo Anaxágoras: “El sol excede en tamaño al Peloponeso”, pero en Cuba el sol apenas era un accidente al margen del ego, del chovinismo y de la ceguera. Cuba, esa isla prodigiosa donde por segunda vez se proyectó el hombre nuevo en América (el primero ya se había proyectado y construido en Haiti 170 años antes) Mira qué curioso, ahora Cuba ha logrado constituirse en una prolongación hispano hablante de Haití. Sólo falta un “pedraplen” que una físicamente tierras de tan reconocido pedigrí genitor… Ah, y decidir cuál sería la capital y cuál la religión oficial… Me gustó la reseña. Entonces alejado de ustedes, compartía las mismas inquietudes. Cuando leo cosas inteligentes todavía me ronda cierta esperanza. Quién sabe si estamos a tiempo de, como dijo Empédocles: “sacar del Hades el vigor de un hombre muerto”

  • Cuco dice:

    Con “ladrillo” como este le abro tremendo huraco en la entrada del Ministerio de Cultura si yo estuviese ahí, el día que en Cuba la gente se tire para la calle…(me lo soné enterito!!..)
    Ahh…necesito una lata de bud light.

  • pd dice:

    Qué bueno, Néstor, me alegro. Idalia y tú hicieron un gran trabajo.

  • Néstor DDV dice:

    Disculpa, no se cómo se llama el servicio. Es el aparatico que cuenta las visitas. El asunto no es como se llama, sino que la página de CUBISTA es consultada regularmente.

  • pd dice:

    Néstor,
    Technorati no es un servicio activo desde el 2009. Si vas a hablar de estas cosas, infórmate al menos el mínimo.

    http://www.enriquedans.com/2009/11/adios-technorati.html

  • Néstor DDV dice:

    Ernesto, según las estadísticas Technocrati de CUBISTA, la página es visitada, aproximadamente, de 800 a 1500 veces al mes, por visitantes únicos, a pesar de que su último número, dedicado a Paideia, es del verano del 2006. El dossier de Paideia lo preparamos Cayo, Idalia Morejón y yo (Idalia es la editora, Cayo realizó la mayor parte del trabajo) y fue financiado por el Instituto de Cultura de California, y por su presidente, el Sr. Manuel J. Remón. El diseño gráfico de la revista es de Frank Rodríguez, de NY; la idea de las ilustraciones y varias de las fotos son mías. El artista invitado es Silvestre.

  • Sin Salida dice:

    Un poco heavy para mi gusto. Prefiero un acercamiento mas light a temas profundos, como este.