- jul 04, 2011 • 17:43h
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El 4 de julio es una fecha que pasa inadvertida para gran parte de los no norteamericanos. Y para muchos dentro de Estados Unidos es una celebración local. Sin embargo, es la fecha clave de una revolución que cambió el mundo.
No recuerda el comienzo de la Revolución norteamericana —la primera batalla de Lexington— sino el momento en que los rebeldes asumieron que realmente eran rebeldes, revolucionarios, y dejaron saber al resto del mundo que lo suyo no era un motín sino una transformación total del orden político existente. Reconozcamos que probablemente la revolución americana no pretendía ser una revolución en el sentido actual del término, y que al contrario que la olvidada revolución haitiana o las posteriores revoluciones hispanoamericanas hizo todo lo posible para no ser una revolución social. Pero, incluso con esas reservas, el 4 de julio es una fecha clave, y no solo porque nos recuerde el nacimiento de un país grande y poderoso, aunque en sus orígenes pocos hubieran apostado por los Estados Unidos, sino porque el 4 de julio seguiría siendo una fecha importante incluso si Estados Unidos hubiera quedado limitado a sus trece colonias originales; e incluso si las guerras napoleónicas no hubieran forzado a Francia a vender Louisiana, o los estadounidenses no hubieran ido hacia el oeste hasta llegar a la costa del Pacífico. Seguiría siendo importante porque fue la primera vez en los tiempos modernos que una colonia se separó de su metrópoli.
La independencia de una colonia fue un fenómeno que en la Antigüedad clásica se consideraba como algo más o menos normal dentro de la vida política —así nacieron varias ciudades estado del Mediterráneo como Cartago o Massilia (Marsella)— pero para los súbditos de las coronas europeas del siglo XVIII, incluso de las coronas ilustradas, era un concepto completamente ajeno. Y escribo súbditos y no ciudadanos porque en aquel momento, y hasta la revolución norteamericana, fuera de Suiza, no existían ciudadanos de acuerdo con el concepto moderno del término. Sí existían ciudadanos que vivían en las ciudades, pero no porque tuvieran una serie de derechos políticos claramente definidos frente al Estado.
Los habitantes de las sociedades más modernas e ilustradas de Europa —Francia, Inglaterra, Prusia— eran súbditos de reyes a los que sólo la costumbre y la cultura impedía comportarse como tiranos orientales. El bonachón rey Luis XVI de Francia podía encarcelar a cualquiera de sus súbditos, sin juicio y de por vida, sin más necesidad que la de emitir una orden de arresto —y así lo hizo en varias ocasiones; Federico de Prusia, a pesar de ser el más comedido de los monarcas de su época, hizo lo mismo incluso con aristócratas, y tanto el uno como el otro confundieron a menudo sus bienes personales con los del Estado que regían.
Lo mismo puede decirse del rey Jorge de Inglaterra, contra el que se alzaron los colonos: George III no era un tirano, porque los usos ingleses, la costumbre y la moral reinantes lo retenían, pero ninguna ley se lo impedía —y digamos en defensa de esos usos, costumbres y moral que debieron de ser verdaderamente vinculantes pues impidieron que alguien que estuvo realmente loco durante parte de su reinado, cometiese algún disparate.
Sin embargo fueron las reformas fiscales de ese rey, que acababan con la larga tradición de su familia de gobernar con benigna negligencia las colonias de ultramar, las que encendieron la chispa de la rebelión. Jorge fue el primero de los reyes de su dinastía nacido en Inglaterra, también el primero en hablar inglés mejor que el alemán, y quizás por ello se creyó lo bastante fuerte en el trono como para cambiar costumbres y usos. Grave error.
Vistas en la distancia sus reformas no nos parecen tan tiránicas como a los colonos que las sufrieron, pero en su momento bastaron para que una población compuesta en gran parte por gente que se había ido de Inglaterra —bien por su disidencia religiosa, bien para poder progresar personalmente en una sociedad menos estratificada que la inglesa—, se sintiese ofendida y se alzara en armas.
¿Quiénes se alzaron? Ya lo he escrito en otras ocasiones. En la distancia es fácil confundir la revolución norteamericana con la francesa. Vistos más de cerca, los revolucionarios que se alzaron en Norteamérica en 1776 tenían poco en común con los aristócratas renegados, curas reciclados en la vida laica, abogados sin clientes e intelectuales que regirían buena parte de la Revolución francesa hasta el final del Terror. La revolución americana fue hecha por abogados con clientes, terratenientes, gentlemen farmers que se consideraban a sí mismos como la elite de una sociedad algo más brusca que la inglesa pero también más acostumbrada a autogobernarse sin necesidad de recurrir a un rey lejano y ausente. El primer hombre que pidió la independencia en el Congreso continental fue Richard Henry Lee de Virginia, un miembro de la familia más vieja y rica de la más vieja y rica de las colonias norteamericanas; entre los firmantes de la Declaración de Independencia estaba Charles Carroll de Maryland, el hombre más rico del continente.
Una elite autonombrada pero que era aceptada como ente dirigente por buena parte de la población local. Al contrario que la Revolución francesa, cuya tropa revolucionaria estuvo compuesta por campesinos hambreados y ciudadanos sin tierras ni propiedades, la tropa que luchó por la independencia americana estuvo compuesta por campesinos acostumbrados a ser autosuficientes. Estuvo también compuesta, en su mayoría, por congregacionales y presbiterianos para los que aquella revuelta contra el rey inglés era una continuación de la emprendida generaciones atrás por sus predecesores puritanos contra otro rey inglés, Carlos I.
Y sin embargo de esta rebelión de las elites nació una república, la primera en el sentido moderno del término, que por largo tiempo sería la además la única república real del mundo, fuera de Suiza. Las naciones-estado son compromisos nacidos de la geografía, la historia y el compromiso y voluntad, bien de sus habitantes, bien de sus gobernantes. Una larga mirada por la historia parece demostrar que esto siempre ha sido así, pero hasta la llegada de la Ilustración y de la revolución norteamericana nadie parecía ser consciente de ello.
Con la revolución americana llegó el primer ciudadano moderno: un hombre que hoy difícilmente reconoceríamos como nuestro contemporáneo pero sin el que nuestro mundo contemporáneo no tendría la forma actual. El ciudadano norteamericano que salió de la guerra de independencia era un hombre que tomaba decisiones por sí mismo, elegía sus representantes, comenzando por los oficiales bajo los que había combatido durante la guerra, que no se consideraba por el hecho de ser iletrado o pobre con menos derechos que sus jefes, que deseaba tener propiedades, una tierra que llamar propia y no tener que inclinarse nunca más ante ningún rey o noble. Alguien tan activo en la vida política de su nación que es a veces difícil comprender o aceptar que pueda ser antepasado de muchos de los que hoy la pueblan.
No todas las promesas de aquellos primeros años fueron fáciles de cumplir. Era la primera vez que los ciudadanos se trataban como iguales, que no tenían un rey o unos superiores nacidos como tales. Algunos dudaron de una forma republicana de la que no habían antecedentes cercanos y hubo oficiales del Ejército Continental que trataron incluso de sustituir un rey Jorge por otro. Pero George Washington ni siquiera les dejó concretar la oferta antes de rechazarla. Hubo un periodo entre la independencia y la aprobación de la Constitución en el que a duras penas pudo hablarse de un país unido. Hubo dudas sobre quienes estaban destinados a gobernar el país hasta que finalmente se estableció el consenso de que nadie estaba destinado a hacerlo pero todos tenían derecho a intentarlo y defender sus intereses.
El tiempo ha pasado y no todas las encarnaciones de aquel sueño igualitario expresado por la Declaración de Independencia aprobada el 4 de julio de 1776 se han cumplido de la misma manera. Incluso la generación de la independencia tuvo que afrontar más problemas de los previstos: la revuelta de Shay, el asesinato legal del secretario del tesoro Hamilton en un duelo con el vicepresidente Burr, las primeras guerras indias… Detalles menores, eso sí, comparados con el caos postrevolucionario francés. Incluso así, el 4 de julio sigue siendo esa fecha en que un grupo de personas decidieron tomar la Historia y el Derecho en sus manos en vez de dejarlo en manos de reyes, emperadores y autócratas. Aunque no lo supieran, lo hicieron también para aquellos que vivían fuera de sus fronteras.
Juan Carlos Castillón
Barcelona







Oye, pero es dificil cargar con un laton de oro si uno esta a la carrera, sobre todo un cojo. Mi madre!
…lo demás p’al latón del cojo… que tiene un latón de oro escondio por ahí, bastante patético.
Barbaro el articulo y comentarios de ambos, ya sea CP que JCC. Lo demas pal laton.
carlos pérez,
He vuelto a leer todos los comentarios y no he visto NINGUNA descalificación a su persona, así que deja la pamplina esa.
Incluso dije que no parecía que tú eras un “agentón de influencia” de esos que a veces aparecen por ahí y reitero que me pareció muy bueno el debate. Vuelve a leer lo que escribí anteriormente.
pscar canosa,
Exactamente, esa es la técnica y nadie se atreve a intercambiar ideas porque creo que muchos de los que entran aquí tienen un buen nivel cultural y de información. Por cierto que me han gustado los últimos posts que has escrito, así que me retracto de mi “escrutinio” tan duro…jeje.
Scrutinizer,
Esta es la ultima tecnica de los miembros que circundan la Jauria. Feroz critica velada, burlitas, chistecitos. Pero quien de ellos se atreve a intercambiar ideas en este tipo de Blog? JCC++, CP–
Hay gran conocimiento en JCC, y la sabiduria para bien usarlo.
Gracias, Juan Carlos, por los comentarios.Yo no pretendía polemizar. Me alegra haber contribuido a que perfeccionaras tu artículo y ofrecieras una visión más diferenciada. Junto con los comentarios, se lo voy a pasar a algunos amigos. En cuanto alas c?iticas que me han hechoi algunos comentarios, resulta típico de nosotros los cubanos. Nos hemos criado entre tanta intolerancia, que hasta los que se creen “libres” demuestran no pocas veces con sus actos que no lo son, o no lo son tanto como cabría desear. Es raro asistir a un debate donde no aparezca enseguida por lo menos el intento de descalificación. Pero qué remedio, con esos bueyes hay que arar. Nuevamente gracias por tus aclaraciones.
JCC
Si te refieres a mis comentarios, estoy de acuerdo contigo, ya que es cierto que el debate hi zo que tú profundizaras en el tema que de otra manera no hubieses hecho.
Es que hay gente que lo que quiere es confundir y no debatir. Siempre hay algún “agentico de influencia” por ahí, listo para tratar de confundir, aunque no creo que este sea el caso.
Creo que algunos comentaristas sois injustos con C.Pérez. Yo en concreto agradezco un debate en el que poder profundizar un artículo escrito quizas de forma apresurada. Creo que el nuestro lo ha sido.
Bárbaro…! Post y comentarios de altura…Allá en La Habana,se les retorcerán las tripas…de lo que menos quieren hablar ellos, son de estas cosas de revoluciones verdaderas…je,je..Tan gusanos como son!!
Este mundo está al revés !!!
Viva el 4th of July!!!! Aqui celebro mi declaracion de independencia con Heineken y barbecue. Independencia de la dictadura castrista. Ojala que mis hermanos en Cuba puedan celebrar como yo y que sea pronto.
el articulo buenisimo y tus comentarios mejores, felicidades.JCC
a mi me ha dado una pespectiva nunca vista.
gracias.
JCC – 1
carlos pérez – 0
Yo veo bien la propuesta de Charlie Brown de que el susodicho carlos pérez escriba un artículo él mismo, ya que se ve que tiene conocimientos .
Por eso y al mismo tiempo, es que no entiendí el objetivo de toda esa explicación “complementaria” del susodicho carlos pérez al artículo de JCC.
No sé, es que hay tantos “agentes de influencia” regados por ahí que eso da que pensar.
Es que la mayoria de la población de las trece colonias no estaba compuesta por indios y negros…
Los indios -es racista decirlo hoy en día pero era la realidad de la época- porque vivian al margen de la sociedad angloamericana que es la que hizo la revolución y los negros porque -aunque sea vergonzoso reconocerlo- no aumentaron en numero sino despues de la guerra de independencia. El numero de esclavos se multiplicó por cuatro en el periodo que va de 1810 a 1860, inicialmente a través de la trata, después debido a que el cultivo del algodón era menos mortal que el del azucar y permitió el crecimiento natural de la población esclava (que nadie crea que defiendo la esclavitud algodonera… me limito a constatar que es menos mortal que la azucarera) y finalmente debido a la inclusión en la nueva república de los territorios de Louisiana.
En cualquier caso, en el momento de la independencia los negros, esclavos o libres, no llegaban al 25% de la población total de las trece colonias originales, con lo que incluso siendo una revolucion política únicamente blanca -y ya hemos visto que participaron negros, aunque en menor cantidad- hubiera seguido siendo una revolución mayoritaria en las regiones en que triunfó: el Sur y parte de Nueva Inglaterra. En otros lugares, por ejemplo el católico y francofono Quebec, fue tan minoritaria que fracasó, como fracasó en algunas partes de Nueva Inglaterra como New Brunswick y otras areas, básicamente episcolapes y anglicanas, que permanecieron fieles a la corona en lugar de sublevarse como lo hicieron las regiones presbiterianas y congregacionales.
Respecto a la esclavitud hay que decir que era realmente un problema, pero un problema que no era percibido por mucha gente como tal. Era una institución que aparecía y era justificada en la Biblia, contra la que muy pocos filósofos ilustrados habían escrito directamente, que se practicaba en casi todas las colonias europeas y más allá de las fronteras culturales occidentales (musulmanes e hindúes tenían esclavos), en un momento en el que la única gran cultura mundial que no la practicaba era China… Atacada hoy en día y con justicia, la esclavitud no era motivo de grandes críticas en aquel momento. Aún así, eso no significa que se abandonase el debate de la esclavitud en la generación de la independencia. Si bien Jefferson practicaba la esclavitud en su finca de Virginia, y llevó esclavos a la Francia prerrevolucionaria en donde por cierto se le hicieron comentarios sobre la revolución americana bastante parecidos a los tuyos, Adams por el contrario era opuesto a la esclavitud y Franklin fundó una de las primeras sociedades antiesclavistas de Estados Unidos después de la independencia. Los cuáqueros, importantes en numerosos estados, habían abolido la esclavitud en sus comunidades y al norte de lo que sólo entonces comenzaba a ser conocida como la línea Mason-Dixie era raro encontrar un esclavo a menos que tuviera un propietario llegado del Sur.
Desgraciadamente, la compra de Louisiana no tan sólo multiplicó por dos el tamaño de los Estados Unidos sino que añadió a estos un territorio franco español en que la esclavitud estaba ampliamente extendida, dando un peso a esa institución del que carecía en el momento mismo de la independencia.
Yo a la hora de juzgar aquella generación la juzgo de acuerdo con los retos que tuvo que vencer teniendo el bagage intelectual, cultural y moral que tenía en el momento de afrontarlos. Fue una generación que creó de la nada las bases modernas de la vida política actual. Nadie antes había tenido que resolver los problemas prácticos del autogobierno de los pueblos… y sin embargo construyeron un sistema de balances y contrapesos que protegió las libertades de los más, crearon una República tan sólida que incluso en tiempos de guerra, e incluso de guerra civil, no cayó en la dictadura o la tiranía… Que su labor fue imperfecta es algo que nunca he negado… que crearon un estado tan flexible que admitió reformas y cambios sin necesidad de destruir lo esencial, es algo que sigo afirmando. Más de dos siglos después, a pesar de las reformas de Lincoln y Roosevelt, la república actual sigue siendo en más de un aspecto la misma que creó aquella generación.
¿Qué pasó con las revoluciones posteriores? No digo que porque ellas fracasaran la americana sea mejor pero podría decirlo sin graves problemas porque a pesar de su ejemplo, a veces invocado, todas las demás revoluciones que siguieron a la norteamericana cometieron más errores que ella y lo que es peor, más crímenes. Unos crímenes que fueron doblemente imperdonables porque los primeros revolucionarios del mundo moderno habían sabido evitarlos en la primera de las revoluciones que modelaron nuestro presente.
Estimado Charlie Brown:
Ni “enmarihuanado” se me ocurriría “analizar las leyes, la ética y el pensamiento del siglo XVIII bajo la óptica actual”, porque como bien dices “a ese paso no queda títere con cabeza.” La abolición de la esclavitud ya era tema por entonces. No haberla abolido es una grave insuficiencia de la revolución de las 13 colonias, incluso para su época. Tan es así que llevó a una cruenta guerra civil años más tarde.
Repito – una vez más – que comparto en esencia las ideas de Castillón. Solo pretendía complementarlas con lo que él dejó fuera, por las razones que sea. Por eso no hace falta escribir algo propio. Solo quedaría comentar el contexto geopolítico. Es justo reconocer que la revolución norteamericana tuvo las cosas fácil, de alguna manera. Recibió la ayuda de potencias rivales de la metrópolis. Quedó, después, suficientemente aislada de intromisiones gracias, entre otras cosas, a la tan vituperada revolución francesa, lo que le permitió consolidarse. La propia metrópolis no “cogió más lucha” y la dejó tranquila, a pesar de que, desde Canadá, podía intentar desestabilizaciones. Claro, seguramente la situación europea era mucho más importante. En fin, la revolución norteamericana aconteció en medio de una mezcla de suerte con talento, lo cual, como se sabe, es la fórmula del éxito. Y ahí están los resultados.
American Revolution = 1
Any Other = 0
And the Oscar goes to:
The American Revolution!
La única Revolución que no pasó por un proceso similar ocurrió el 4 de julio de 1776, y es la única, quizás, que realmente merezca ser llamada con ese nombre. La Revolución Norteamericana, lejos de querer insertarse en un espacio evolutivo que ya existía, fue capaz de abrir otro tan novedoso que alcanzó, entre otras cosas, a tolerar la existencia de un conjunto de reglas políticas, sociales y económicas que se desarrollaron e hicieron imposible (o minimizaron) ese salto hacia atrás de bufones convertidos en reyes, o de abuso reproducido y amplificado (http://www.penultimosdias.com/2011/05/02/razones-de-angola-xxi/#more-43787).
“la revuelta de Shay, el asesinato legal del secretario del tesoro Hamilton en un duelo con el vicepresidente Burr, las primeras guerras indias…” Pueden algunos de ustedes nombrar donde ha existe o existio algo mejor? el asunto hoy en dia es reducir esta, la mejor forma de gobierno (no perfecto pero el mejor) instituido por el hombre, en otra de las porquerias socialistas “Siglo 21″, el Hussein a el frente de ese esfuerzo.
@carlos perez: bueno, pues escribe un artículo con tus propias opiniones y publícalo y así entonces lo comentamos todos; ¿o será que a lo mejor no es suficiente un artículo para entrar en todos los detalles y lo que necesitas es un tratado o una “Historia General de las 13 Colonias, desde 1776 hasta nuestros días”, comentada y comparada en 24 tomos?, eso si, escrita de forma “rigurosamente científica” desde las posiciones marxistas, ¿no?… socio, que los padres fundadores no vivieron en el siglo XXI, ni tan siquiera en el XX, no le pidas peras al olmo, no pretendas analizar las leyes, la ética y el pensamiento del siglo XVIII bajo la óptica actual, que a ese paso no queda títere con cabeza.
Las comparaciones, a los efectos de lo que pretendo decir, me parecen fuera de lugar. Que tú estés peor que yo, no me hace estar bien, solo mejor, lo cual puede ser, en efecto, bastante, (Haití alcanzó la „independencia“, mientras en Guadalupe y Martinica prosiguió la esclavitud; hoy ya sabemos de qué sirvió la primera y cómo están las segundas) pero no debe llevarnos a exageraciones, a sobrevaloraciones y, por ese camino, a las glorificaciones. La revolución de las 13 colonias fue una gran revolución. Punto. Con luces y sombras, que en el trabajo de Castillón no me parecen justamente ponderadas. No quiero causar la impresión de que a mí me interesan las sombras más que las luces, pero Castillón sí da la impresión de que, históricamente hablando, solo le importan estas últimas. Para una visión instrumentalizada de la historia eso es válido, al fin y al cabo la escritura de la misma no suele ser desinteresada. Pero una visión rigurosamente científica no debe pasar por alto los puntos problemáticos, para poder entender el devenir histórico. La participación de los negros en la guerra – detalles que desconocía y que agradezco – no pasa de ser anécdota. La Declaración de independencia no se hizo para ellos, y ni hablar del Bill of Rights. Y que „las tribus indias que participaron en la guerra lo hicieron del lado de la corona, lo que no facilitó su integración“ logró sacarme una sonrisa. Insinúa que, en caso contrario, tanto la Declaración… como el Bill… los habría incluido. Castillón sabe más que eso. La revolución de las 13 colonias fue, en realidad, solo una revolución política, lo que no era poco para la época, pero el haber obviado el problema de la esclavitud – por mencionar el mayor problema social (y hablo de problemas para dejar las sospechas ideológicas a un lado) – dejó a una infinidad de seres humanos en el más brutal estado de envilecimiento que cabe imaginar. Aquellos que querían demostrar que „se trataba de hombres libres y de voluntarios que se negaban a ser tratados como esclavos“ y que se alzaron en armas en nombre de la libertad, solo estaban pensando en su muy concreta y propia libertad, los otros – los negros – no tenían derecho a ser libres. Y ya por entonces se discutía sobre la pertinencia o no de abolir la esclavitud, a lo que los abolicionistas renunciaron en aras de preservar la unidad…, la unidad de intereses, sobre todo económicos, que, en última instancia, los vinculaba a todos. Ellos eran ese pueblo que tanto elogia Castillón; el pueblo de las 13 colonias estaba constituido por una minoría económicamente poderosa, el resto – la mayoría, compuesta por esclavos negros e indios, entre otros – estaba fuera de la categoría pueblo. Eso es algo que debe quedar claro, pues la connotación actual de „pueblo“ es muy distinta a la que cabe emplear para aquel momento. Repito que comparto en general las ideas de Castillón y solo quería referirme a lo que me parecen insuficiencias de rigor en su artículo. Nada más, pero tampoco nada menos.
Amen!
Muy buen articulo Juan Carlos! Las imperfecciones de este pais quedan palidas cuando miramos a los vecinos…
¿Por qué será que me suena eso de “monarcas… que confundieron a menudo sus bienes personales con los del Estado”?, ¿será porque me recuerda a cierto “abogado sin clientes”?…
@carlos perez: es cierto que dejó sin resolver muchos problemas, pero sólo uno, la esclavitud, desembocó en una guerra civil, mientras que muchos otros se han podido resolver sin violentar el sistema (derechos civiles, por ejemplo), lo que al menos para mi valida la certeza del mismo. No se trata de que sea perfecto, que no lo es, pero sí es capaz de renovarse sin apelar a “refundaciones” o “revoluciones” de las que padece el resto de América. ¿Pudieras mencionar algún otro país donde los descendientes de inmigrantes discriminados lleguen a convertirse en Obamas o Collin Powells?, anda ya…
JCC, excelente artículo.
A ver, “exceso de glorificación.”
Comparemos la revoluciòn americana con todos los demas intentos revolucionarios posteriores.
Vamos por orden cronológico.
Haiti, la segunda revolución americana, anterior en una generación a las hispanoamericanas, fue voluntariamente olvidada por todos los demás revolucionarios posteriores porque su simple mención asustaba… una revolución que empezó matando a los amos de esclavos y acabó matando a cualquiera que tuviera un tono de piel ligeramente distinto.
Si Francia va por su quinta república es porque entre la primera y esta han habido dos dictaduras personales, pomposamente bautizadas como imperios, cuatro repúblicas frustradas por distintos motivos, dos restauraciones monárquicas de la dinastia borbónica (o tal vez sólo una en dos fases después de la derrota de Napoleon… eso está abierto a discusión), más la llegada al poder de una nueva dinastia emparentada con esta, la casa de Orleans después de la revolución de 1830… Incluso después de la IIª Guerra Mundial se habló, muy brevemente y sin que nadie prestase mucha atención, de una nueva restauración… en lugar de eso, una generación después tuvieron una QUINTA REPUBLICA en la que los poderes y ceremonial del presidente son casi reales. No es lo mismo pero algo indica…
México, Centro y Sudamérica. Desde la independencia México ha tenido una monarquia frustada, un Imperio con emperador importado y una república que son muchos –pero no opinare porque soy extranjero y los mexicanos son orgullosamente nacionalistas– los que creen que no siempre ha sido democrática.
La república venezolana, vanguardia de la lucha antiespañola en el contintente del sur fue refundada varias veces. Su primer fundador, Miranda fue entregado por sus colegas a los españoles. Su segundo fundador, Bolivar murió camino del destierro. Desterrado murió San Martin, el libertador Argentina. Durante mucho tiempo el presidente más popular de Argentina fue un estanciero católico y reaccionario que había evitado luchar contra la corona, hablo desde luego de Juan Manuel de Rosas… odiado hoy pero amado en su tiempo…
Comparemos después las vidas de los proceres norteamericanos y el equilibrio que dejaron tras de sí a su paso por la historia. Sí: hubo una guerra civil ochenta años después de la independencia, que duró cuatro o cinco años pero dificilmente pudo compararse en brutalidad con las guerras entre hispanoamericanos, la del Chaco sin ir más lejos, o el conflicto entre Perú, Bolivia y Chile o con las guerras civiles entre dentro de un mismo país de México…
Es cierto que la guerra de independencia norteamerica fue comenzada por una elite economica poderosamente fuerte, pero menos de una generación después esa elite había sido renovada y los beneficios de esa guerra alcanzaron a todos aquellos que los rodeaban y no sólo a sus causantes.
No, los indios no se beneficiaron de la guerra de independencia… pero tampoco eran parte en la mayor parte de Estados Unidos de la sociedad angloamericana, al contrario que en la sociedad hispanoamericana de la época, donde sí estaban integrados. Por lo demás las tribus indias que participaron en la guerra lo hicieron del lado de la corona lo que no facilitó su integración.
La forma en que los negros pudieron beneficiarse de la guerra está abierta a debate… uno de los primeros muertos en los incidentes anteriores a la independencia fue un negro, Crispus Attucks, antiguo esclavo fugitivo muerto en la matanza de Boston, y si bien es cierto que el gobernador inglés de Virginia concedió la libertad a cualquier esclavo que luchase contra sus amos uniendose al ejército inglés y que algunos negros realistas acabaron, y ademas libres, en sitios tan raros como Sierra Leona o Prusia (en serio… hasta 115 negros sirvieron como voluntarios en los regimientos alemanes de Hesse-Kassel y Hesse-Nasau durante la guerra), también los hubo que lucharon por la independencia y al final de la guerra revolucionaria las únicas unidades de la milicia norteamericana que no tenían soldados negros eran las de South Carolina y Georgia.
George Washington admitió la recluta de negros y mulatos libres. Otros negros combatieron junto a sus amos, o a veces en lugar de ellos y entre 1782 y 1792 las cortes judiciales de Virginia manumitieron a un millar de esclavos por ese motivo. Por lo demás supongo que sobre todo entonces debía de ser más fácil ser soldado negro en un regimiento de Rhode Island, en donde en algún momento los negros libres –y tan al norte no había apenas esclavos– llegaron a ser cerca de un cuarto de las tropas independentistas que en Virginia en un regimiento dirigido por un propietario de esclavos…
Revolución de las elites, sin duda… revolución hecha sin participación del pueblo imposible… que los soldados de Washington exigiesen ser pagados por permanecer lejos de sus casas y cosechas puede parecernos hoy indignante pero en su momento fue visto por muchos precisamente como una prueba más de que se trataba de hombres libres y de voluntarios que se negaban a ser tratados como esclavos.
jcc
El último párrafo es una joya.
God Bless America and…Cuba too, of course!
Carlos, yo creo que el autor lo deja claro cuando dice: “El tiempo ha pasado y no todas las encarnaciones de aquel sueño igualitario expresado por la Declaración de Independencia aprobada el 4 de julio de 1776 se han cumplido de la misma manera.”
Aunque en sentido general el artículo está bien, peca por exceso de glorificación y transfiguración. Los problemas que dejó sin resolver la revolución estallaron en forma de guerra civil ochenta años después. Por otro lado, vincular la palabra derechos al adverbio todos es, cuando menos, políticamente incorrecto. La revolución fue hecha más bien por una minoría, a la que incluso había que pagar para que combatiera, se defendían solo los intereses de esa minoría, por muy legítimos que fuesen. Dentro de ese todos no cabían ni los indios ni mucho menos los negros. Y, por último, yo me pregunto: Sin la interesada intervención de Francia y España, ¿los revolucionarios habrían vencido?
Me recuerdo de unas declaraciones de el Dr. Sigmund Freud al abandonar USA despues de una estancia aqui en las que dijo: America is a great experiment but a failed experiment. No me gustaron esas declaraciones, creo que eran prematuras sus conclusiones, pero es un hombre por el que siento un gran respeto. No se, pero creo que el resultado del experimento se va a averiguar rapidito.
El rey Jorge, decimos en español.
abogados sin clientes, jeje.
Muy bueno.