- jun 27, 2011 • 11:11h
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Aleaga Pesant, sobre las “arroceras”:
La mayoría de los que transportan arroz son mujeres; tienen que ser fuertes físicamente y animosas. Andan en short, pulóveres y pañuelo en la cabeza. Son mujeres pobres, aunque andan alegres y de buen humor. No cargan más de cincuenta libras, porque si son confrontadas por la policía, le decomisan la carga y las multan con 2 mil 500 pesos (cien dólares). Andan siempre en grupos de dos o tres.
La principal motivación de estas mujeres para trabajar como transportistas es la carencia de arroz y otros alimentos en su territorio. Si en el mercado estatal se vende el arroz a 3 pesos 50 centavos la libra, ellas pueden venderlo entre ocho y diez pesos, según la oportunidad que se brinde. Además, aseguran que el grano que transportan es mejor que el chino o el vietnamita, que vende el Estado.
Salen a las cinco de la mañana de sus casas en San Luis, Dos Caminos, Guamá y otros municipios cercanos a Santiago, a tomar el manzanillero, un tren de mala muerte que demora cinco horas en hacer el trayecto Santiago-Manzanillo. Bajan en la llanura del Cauto, en las estaciones de Yara y Veguitas, sobre las once de la mañana y tocan a las puertas de los campesinos para comprarles cincuenta libras de arroz.




Bueno, será un comercio bastante primitivo, pero muestra dos cosas:
1) Que es mentira que el cubano se achante, como dice el gobierno, pues cuando el cubano -en este caso, la cubana- ve prospecto en algo, verdadero prospecto, auqnue sea mínimo, se parte el lomo con una sonrisa en el rostro.
2) Que el guajiro cubano es capaz de alimentar a Cuba, y es la intromisión del Estado socialista la que se lo impide.
Realmente si la inciativa privada que el régimen pretenden impulzar son de esta índole, el comercio allí tiene todavía sus raíces en la época de los recolectores y los cazadores. Jo!