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Del futuro

  • Jun 17, 201120:28h
  • 14 comentarios

El futuro es tan lejano. Tan mentira que lo vayamos a vivir. Tan pánico. Tan pendejo. Que. Mejor habitarlo un poco por escrito justo ahora, cuando nadie nos ve ni oye a ras de la madrugada cubana. Mejor el sentido que la experiencia. Mejor la retórica antes que la represión. Ambas tan reales. Tan. Mejor empezar por una fecha al azar. El primero de julio de 2011, por ejemplo. Viernes, como todos los días del mundo en que me he atrevido a abrir los ojos y pronunciar: “estoy ahora y aquí, soy cierto, soy cientos, la muerte nos hermana y mejora, nunca nada malo nos va a (volver a) pasar, ven”.

Hay una cosa que mata a Cuba. No al gobierno ni al pueblo ni a ninguna de esas palabras concretas como escupitajos en boca de los demagogos de turno (o eternos). A Cuba, dije. Hay una cosa que mata a Cuba como expresión poética de lo que jamás supimos nombrar. Esa cosa somos nosotros posponiendo nuestras biografías, rehusándonos a protagonizar, sobremuriendo al tiempo ajeno de otra generación desconocida y atroz.

El país ya no produce país. Cualquiera de nosotros juega su rol un tiempo, finge fungir un papelito de utilería. Luego se cansa, con razón. Lo coliman, sin razón. Luego se adapta o se va. Aplausos. Se llama crecer. Madurar. Ser los otros. Es la democracia darwiniana del instinto de conservación. También la muerte de la idea misma de una revolución, sea interior o pública.

De tanto conservar, ya no conservamos nada. Salvo objetos importados de nuestra infancia, ese otro exilio tan irreparable como el que nos espera dentro de un rato, no más. Los viernes todo ese material emerge como un volcán de la memoria. Lava triste, enfriada. Soplo del corazón incivil. Los días primeros son propicios para matarnos. Y julio bien podría ser el nombre anónimo de nuestro último mes. ¿Quién hablará de nosotros después que tanto nos resistimos a hablar de nosotros mismos?

Desconocidos. Ciudadanos de alcoba. Humilladitos ante la Historia anterior. Eludiendo la sirena de la patrulla política o el toque de nudillos de un oficial de seguridad. Zigzagueantes. Tan inválidos, tan preciosos, tan contemporáneos. Me hubiera gustado conocer a los cubanos de mi generación. Mas no fue posible. No existen. No me abrazaron. Locos. No se mojaron en mi sudor. No los cautivé con mi voz. No olieron mi olor, tan reiterativo. No los vi por ahí, en una esquina post-habanera como, por ejemplo, la de 23 y 12, en pleno Vedado, Cuba, América. En medio siglo o medio milenio lo único espontáneo ha sido la falta de espontaneidad.

Hoy me entero que las olas del disparate tornan a reventarse contra el muro mental de nuestro malecón.

Oigo un hashtag impronunciable en voz alta, #twitthab. Yo mismo lo reciclo y difundo al infinito y difumino hasta lo infinitesimal. ¿Quién habló? ¿De dónde sale esa rebeldía social de mirarse de frente? ¿Quién es el responsable ante las cámaras y micrófonos de la prensa o el interrogatorio prejudicial? ¿Por dónde se abrirá la brecha del odio, tan innato entre los cubanos? ¿Qué funcionario será el primero en ejercer la violencia física o laboral? Fue lindo. Ahora basta. No es necesario estirar el tedio como un chicle hasta dos viernes después. Hoy es el último viernes. El tiempo se consumió. Por un día fuimos libres y lúcidos y locuaces y lúdicos. Hoy comenzarán las fuerzas oscuras con su eficaz trabajo de desintegración, chernóbil criollo con tantas víctimas como sea necesario, en un efecto de dominó profiláctico que en Cuba se llama “gobernabilidad”.

Ya fue primero de julio, en nuestra imaginación visionaria. Ya fue viernes otra vez, como hoy. Ya nos vimos con pulóveres y avatares impresos, redefiniendo el mapa fósil de nuestra sociedad sin azul que vuele. Ya nos proyectamos en público con candor de bucaneros y pizzas en moneda nacional. Ya filmamos nuestro neorrealismo bien expresivo en una marejada de tweets. Ya se nos acusó de títeres o titiriteros. Ya hay nombres (es decir, ya hay daño). Ya no supimos explicarnos (porque saber explicarse es el único error). Ya nos quedamos con la ropa puesta y no nos atrevimos a desnudarnos entre perfectos desconocidos, animales salvajes que retozan como cachorros y fugan luego para no fracasar. No paramos ni el tráfico. Ya hicimos otra vez un ridículo de estreno mundial.

Lo siento. Les llevo la ventaja de mi absoluto estado de genialidad (léase, mi desconsolado estado de desesperación). No habrá #twitthab en La Habana. La ciudad no se merece tanto tampoco. Este epitafio es una manera de proteger a priori a las víctimas de esta maniobra maravillosa que me condena a no perder del todo la esperanza. No era ahora. No es ahora. No será ahora. Tranquilos. Estamos tan nerviosos. Estamos tan cerca. Tan ahí. Pero hay que esperar. Un tin. Otro tin más. Amaguen. Se nos agita la respiración. Ya casi. Atentos a mí. Cualquiera de estos viernes seré yo mismo quien de pronto dará la voz.

Orlando Luis Pardo
La Habana

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14 respuestas
Comentarios

  • oscar canosa dice:

    Yo no se veroco, pero yo no insulto a nadie aqui(ni creo que veroco lo haga tampoco) y sin embargo me borran comentarios legitimos indiscriminadamente. No creo que esto deba ser un popularity contest en que el autor o autores del Blog borran las opiniones del que no le cae bien. QUIEN COJONES son Uds. para borrar ningun comentario legitimo posteado aqui por parte de cualquiera! De nuevo, el unico responsable de la situacion en que nos encontramos todos los Cubanos es Fidel Castro. Cojanla con el.

  • LECTOR dice:

    Ño, están los críticos de estilo que dan al cuello… que ojeriza, por tu madre…

  • OLPL dice:

    ¿Leyendo, Veroco? Espero tus comentarios en Lunes de Post-Revoluicón. Borrarte es un placer….!

  • veroco dice:

    ¡Quieto ahí! Este tipo en nada se parece a Carpentier. Este más bien imita a Cain, y más que a Cain, a Burroughs…

  • Yor dice:

    A mi me da que este chamaco se quiere parecer a Carpentier, con tanta rebuscadera de palabras…pa mi que escribe con el diccionario al lado….

  • Cuco dice:

    Tranquilo, Mota !!!….

  • veroco dice:

    Ñoj, EHB, ¿no había otro dispuesto a reportar el #twitthab? Sabes, alguien de hecho interesado en hablar del tema, no en alardear a costa del tema.

  • Berta R Luna dice:

    Casi se me ocurre pensar que no sabemos por lo q estan (estamos) luchando, es una quimera q por tener tantos destinos, tantos puntos de vista,tantos quebraderos, tanta indiferencia, se convierte en humo, solo siento que hubiera escrito exactamente lo mismo, con ese mismo asento derrotista, suicida y agonico. Las circunstancias siguen siendo las mismas, nosotros nos diluimos en esas circunstancias y perdemos el rumbo y la fuerza a golpe de dar palos de ciego.

  • sandrac dice:

    Me encanta como escribe Orlando. Adelante que falta poco. Buena Suerte!!!!!!!!!!!!!

  • oscar canosa dice:

    Mijo, hay cosas aqui que son Universales y no debias suprimirlas.

  • renzo el gitano dice:

    extraordinario texto

  • Gabriel dice:

    Dar cabezazos contra la pared al final resulta efectivo.

    Quiero decir, si un número de personas con la cabeza bien dura perseveran en golpearla contra la pared durante un tiempo suficientemente largo, al final, se abre una grieta. Y, si se continúa con los cabezazos, la pared termina por caer.

    Ya sé que eso duele mucho, pero en ocasiones es el único mecanismo efectivo.

  • Alánimo, alánimo dice:

    No estoy seguro si me gusta la prosa efectista, sicodélica y epatante de Orlando Luis. Nada seguro…

  • // Cabezasos contra la pared equivocada //

    Desde un punto A casi siempre hay un camino a un punto B. Pero mientras se persiste en darse cabezazos a la pared màs pròxima, como animalito en laberinto de laboratorio, no se llega y la cabeza duele.

    Al #twitthab castrista hay que no ir *o saber ir*. O la cabeza va a doler casi sin resultados.