- jun 16, 2011 • 20:28h
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Antonio Gramsci, sobre la indiferencia:
La indiferencia es en realidad el más poderoso resorte de la historia. Pero al revés. Lo que sucede, el mal que se abate sobre todos, el posible bien que un acto de valor general puede engendrar, no se debe enteramente a la iniciativa de los pocos que actúan, sino también a la indiferencia, al absentismo de muchos. Lo que ocurre no ocurre tanto porque algunos quieren que se produzca, cuanto porque la masa de los ciudadanos abdica de su voluntad y deja hacer, deja que se agrupen los nudos que luego solamente la espada podrá cortar; deja que lleguen al poder unos hombres que luego sólo un levantamiento podrá derribar.
La fatalidad que parece dominar la historia es precisamente la apariencia ilusoria de esta indiferencia, de este absentismo. Hay hechos que maduran en la sombra porque unas manos no vigiladas por ningún control tejen la tela de la vida colectiva y la masa permanece en la ignorancia. Los destinos de una época son manipulados según visiones limitadas y según los fines inmediatos de pequeños grupos activos, y la masa de los ciudadanos lo ignora. Pero los hechos que han madurado salen a la luz, la tela tejida en la sombra llega a término, y entonces parece que la fatalidad lo domine todo y a todos, que la historia no es más que un enorme fenómeno natural, una erupción volcánica, un terremoto del que todos son víctimas: el que ha querido y el que no ha querido, el que sabía y el que no sabía, el que se había mostrado activo y el que había permanecido indiferente.




NADIE tiene que meter un voto en una urna, Gabriel(aqui).
En las sociedades democráticas hay un momento en el que la indiferencia inevitablemente finaliza. Es el instante en que hay elecciones y el ciudadano tiene que meter un voto en una urna.
Gramsci sufrió la tortura del fascismo y murió en sus cárceles. Con la locura que arrastró a millones por los caminos del totalitarismo con ceguera, quizás él hubiera denigrado su propia ideología: aunque cierto y sentido todo lo que dice, y lo apruebo, la gran purga del 30 de Stalin ya había ocurrido y luego vinieron las otras.
// ¡Otra sería la historia! //
Claro, el desarrollo de la historia nos afecta a todos. Cierto, la indiferencia, *el desconocimiento*, *la inexperiencia*, *la inmadurez*, de casi todos, abren el camino para que unos pocos lleven los acontecimientos *por donde les conviene o desean*.
Si muchos fueran mejor, todo iría mejor, menos mal para empezar.
Si al menos unos pocos fueran más capaces (¡o mínimamente capaces!) de hacer que los demás mejoren, ¡otra sería la historia!
El Autor puede estar tranquilo pues ahora se Teje en Colectivo.
Nada mas verdadero, bien aplicado a Cuba.