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Quién le teme a Wikileaks (y IV)

  • Jun 04, 201121:55h
  • 8 comentarios

Antes de publicar los cables del departamento de Estado Wikileaks había investigado el comportamiento de algunos bancos suizos en las Islas Cayman, recogido las conversaciones telefónicas entre políticos peruanos implicados en un escándalo petrolero, publicado la lista de los miembros del xenófobo British National Party, revelado las comunicaciones privadas entre científicos que investigaban el cambio climático y el calentamiento global, o reportado documentos bancarios internos referentes a la crisis financiera islandesa. Una larga serie de temas en los que Estados Unidos no jugaba un papel demasiado sobresaliente.

Las labores de denuncia a las que se dedica Wikileaks ocuparon rara vez las primeras planas de la gran prensa. La ausencia de titulares a ocho columnas no había impedido a la organización ser bien considerada tanto dentro de la comunidad informativa internacional como entre los activistas de derechos humanos, y recibir incluso varios galardones: el 2008 fue reconocido por la revista The Economist con el premio Index on censorship, por su labor a favor de la libertad de expresión; y el 2009, la rama inglesa de Amnesty International premió al grupo, considerado dentro de la categoría de Nuevos medios de prensa, por su exposición de los asesinatos extrajudiciales en Kenia.

Pese a todo lo anterior, fue sólo cuando Wikileaks comenzó a tratar a Estados Unidos, y sus políticos, con el mismo rasero que a Kenia o Perú cuando la gran prensa internacional se dio cuenta de su existencia y su nombre se convirtió en un término de uso común a nivel mundial, y objeto de titulares sensacionalistas.

Fue también entonces cuando comenzó la persecución de Julian Assange por parte de algunos de los gobiernos más poderosos del mundo, y la controversia respecto a la validez de su comportamiento, sus medios y las posibles consecuencias de los datos por él revelados. En noviembre de 2010, cuando comenzaban a aparecer los documentos del Departamento de Estado norteamericano, el fiscal general de Australia informó a la prensa que pensaba investigar las actividades de Assange y que la Policía Federal australiana estaba investigando la posibilidad de que Wikileaks hubiera roto la ley, alguna ley. El Departamento de Justicia de Estados Unidos inició una investigación criminal y sus fiscales consideraron la posibilidad de emitir cargos contra Assange y su grupo.

El primero de diciembre Amazon.com que alojaba a Wikileaks en sus servidores de Internet dejó de hacerlo, recibiendo las felicitaciones del senador Liebermann, antiguo candidato a la vicepresidencia norteamericana por el Partido Demócrata el año 2000. Wikileaks contestó a esa prohibición con una declaración en su cuenta Twitter: “Si Amazon se siente tan incómoda con la primera enmienda [de la Constitución Americana] quizás debería dejar de vender libros.”

El 6 de diciembre de 2010 el banco suizo PostFinance hizo lo que nadie espera de un banco suizo: anunció que Assange no era lo bastante bueno como para tener una cuenta con ellos y congeló sus bienes, porque había “dado falsa información respecto a su lugar de residencia.” Considerando el tipo de clientes que los bancos suizos han aceptado a lo largo de su historia, esta denegación de servicio no deja de ser una nota curiosa. También las empresas MasterCard, Visa y Paypal, una tras otra, se negaron a realizar negocios con Wikileaks, mientras alrededor del mundo se encendía el debate sobre sus medios y fines.

Comenzaron entonces los viajes y tribulaciones de Assange por todo el mundo, hasta Suecia donde había acudido invitado a dar una serie de conferencias y donde fue primero acusado de violación —cargo que después fue rebajado—, por dos mujeres distintas en un affaire confuso, por no decir turbio. Es fácil entender las dudas de millones de internautas antes unos cargos demasiado oportunos como para poder rechazar de plano la tesis de una conspiración. En cualquier caso, Michael Mukasey, que fue fiscal general de los Estados Unidos con el presidente Bush, no tuvo reparos en declarar que lo de Suecia podía ser un caso menor, empleado para ganar el tiempo necesario para poder reunir pruebas en busca una acusación mayor. Algo que transformaría a la fiscalía sueca en una triste auxiliar de la americana.

De Suecia, Assange pasó a Inglaterra, donde tras entregarse a la policía británica quedó posteriormente en libertad condicional, pendiente de resolverse su posible extradición a Suecia y, tal vez, de ahí a Estados Unidos. Un tribunal británico dispuso el pasado 24 de febrero extraditarlo a Suecia. Los abogados presentaron una apelación, que será examinada en la corte londinense el próximo 12 de julio.

Cada uno de estos sucesos, las supuestas torpezas sexuales de Assange, los exilios, fugas, detenciones, comparecencias ante la prensa o ante los jueces ingleses, ha aparecido en la prensa mundial y ha sido comentado por todo el mundo.

Paralelamente, algunos partidarios de Wikileaks han lanzado una serie de ataques informáticos, contra las compañías financieras que han cortado sus relaciones con Wikileaks, contra antiguos servidores de Internet que le han negado el servicio de la noche a la mañana, y contra el website de las fiscalías sueca e inglesa, entre otros sitios. Estos ataques han sido perpetrados por toda clase de gente pero sobre todo por un grupo de hackers llamado Anonymous, cuyos miembros, para distinguirse, usan las mismas máscaras que el personaje del comic y filme “V de Vendetta.” Han habido manifestaciones callejeras a favor de la libertad de expresión en todo el mundo y defensas y ataques personales contra Assange, convertido en héroe popular o en monstruo de feria según el cronista, y contra sus dos acusadoras (¿agentes de la CIA, feministas radicales que odian a los hombres o una siniestras combinación de ambas cosas?); ya hay libros de los disidentes de Wikileaks, contrato para una autobiografía del personaje, y hasta ha aparecido una serie de comics que recogen algunos de los cables más raros, e involuntariamente cómicos, de la diplomacia norteamericana revelados por Wikileaks.

Una revisión del impacto del Cablegate en los protocolos habituales de la diplomacia podría arrancar con una cita de Romain Gary, en su novela Europa: “Por el privilegio de inmunidad que confiere, el oficio de diplomático hace que uno viva al margen, bajo una campana de cristal, y permite observar sin que te toquen. El deber de analizarlo todo con frialdad lleva a considerar los conflictos humanos como un ‘problema’ teórico más que como sufrimiento real. La regla del juego consistía en distanciarse.”

Eso es exactamente lo contrario de la exigencia de transparencia y de la “militancia” que defienden hoy Wikileaks y otros frentes. El Cablegate significa el fin de toda una tradición de secretismo que algunos analistas consideran inseparable de cierto grado de civilización.

Esto es lo que podemos ver a simple vista. Un mundo en el que tranquilo transcurrir confidencial de las relaciones diplomáticas se ha visto interrumpido por la aparición disonante de alguien que ha crecido desconfiando de la autoridad, y tiene un concepto radicalmente contrario al tradicional sobre la discreción, la verdad y las relaciones internacionales. Un nuevo medio de comunicación que ha demostrado la fortaleza y la debilidad de las nuevas tecnologías. Y un héroe popular, a medio camino entre el hacker hollywoodense y un moderno Robin Hood, de quien sin duda seguiremos oyendo hablar durante los próximos años.

No parece exagerado afirmar que Wikileaks se ha convertido en el primer gran desafío de la era de Internet a las instituciones del Estado y, también, en un dramático recordatorio sobre el mundo que viene. De la forma en la que fluye la información a la que participan los medios de comunicación, de la estructura del Estado a la gestión del poder: Internet lo está cambiando todo y el acceso en la Red a los cientos de miles de cables que revelan muchos de los entresijos diplomáticos de la política contemporánea, son la última y más fehaciente prueba de ello.

Ernesto Hernández Busto
Juan Carlos Castillón

Barcelona

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Quién le teme a Wikileaks (I)

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Quién le teme a Wikileaks (III)

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8 respuestas
Comentarios

  • luis dice:

    Creo que los autores de esta serie de articulos se estan desacreditando ellos mismos:este senor es un tipico psicopata,cuya unico objetivo es expandir su ego,con multiples historias de aberraciones de la conducta.Querer elevarlo a la categoria de icono es pueril.En todas las casas se lavan trapos sucios y se puede crear la impresion de que el mundo esta organizado de una forma cruel.Uds son jovenes e inteligentes,pero ahi se les fue el tren

  • oscar canosa dice:

    Se parece a Fidel Castro, ppdqba. No?

  • perlandia dice:

    El muy cabron sabe con quien se mete. Que pruebe a airear una fraccion de los secreticos a los rusos o a los israelis y veran que le pasa.

  • ppdqba dice:

    ¿Traidor a qué? él no perteneció al sistema que ataca, al contrario, por lo que se ve ha sido un poco víctima. Ni es ciudadano del país más “ofendido” cuando le pisaron los callos, que antes no. En todo caso ha sido consecuente con lo que defiende. Y no creo que haya podido revolver mucho en el baúl de los Castro, bajo siete llaves aún. No conozco al señor, pero por lo que se sabe de él, no me imagino tapándoles secreticos. Más bien los Castro, y Cuba, son una gota minúscula en todo el entramado de la información mundial, aunque algunos nos creamos el ombligo del mundo.

  • oscar canosa dice:

    Sera un Heroe, si sale de la carcel.

  • Perlandia dice:

    Ustedes no se cansan de tratar de revivir a un muerto. El tipo es un sicopata megalomano que solo busca publicidad poniendo en riesgo la vida de mucha gente, no la suya. Que lo machaquen un poco no es nada comparado con las consecuencias de sus acciones, que pague. Deberian tirarlo en una carcelcita comun para que pierda una vez mas su virginidad.

  • veroco dice:

    En otras palabras, Internet significa el fin de la política de magos, de nada por aquí, nada por allá, mira la palomita…

  • Victor Rodriguez dice:

    Yo creo que Assange merece una bala por cada diente. Sucio traidor. Por que no busca en el baul de los Castro?