- may 31, 2011 • 15:34h
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Hasta ahora, lo más parecido que existe a una biografía de Julian Assange fue el reportaje de Raffi Khatchaturian que publicó The New Yorker en junio del año pasado. Assange cuida tanto su privacidad que cuando fue detenido por la policía inglesa se negó a que le tomaran sus huellas digitales, fotos o muestras de ADN, y ya frente al juez se negó a dar su domicilio actual, citando primero un apartado de correos y después una antigua dirección. Finalmente fue la Interpol la que indicó que Assange había nacido en 1971, en Towsnville, una ciudad de la costa noreste australiana.
A pesar de sus deseos de intimidad, parte de la biografía juvenil de Assange ha quedado reflejada en distintos documentos legales, a causa de los pleitos sostenidos con su ex mujer por la custodia de su único hijo, pero también gracias a su colaboración en un libro dedicado a la cultura hacker. Sabemos que su madre, Claire, se casó con su padre, un director teatral con el que había trabajado, cuando Julian ya había cumplido un año, y que cuando tenía ocho años su madre se separó del director para unirse con un músico que le dio a Julian un medio hermano. Que a partir de entonces y junto a su madre siguió una existencia itinerante, llena de pleitos y demandas de custodia, escapando de ese segundo novio, que según parece era violento y podría haber pertenecido a una secta conocida como “La Familia”.
Entre los once y los dieciséis años Assange y su madre cambiaron de casa treinta y siete veces. Es muy difícil educarse así, al menos de forma tradicional, y Julian fue obligado a convertirse en un autodidacta furioso y curioso, carente de las raíces y ataduras propias de una vida regular. Un solitario que pasaba muchas horas en las bibliotecas públicas que se cruzaban en su camino.
En algún momento de su adolescencia su madre se mudó frente a una tienda de efectos electrónicos y Julian tuvo su primera computadora. ¿Fue aquella Commodore 64 su primera computadora? En cualquier caso, fue la primera en la que este adolescente desarraigado escribió su primer programa. Para comprársela, su madre tuvo que mudarse a un apartamento aún más barato. Después, a los dieciséis años, tuvo uno de los primeros modems, que le permitió conectarse con una red incipiente, aún sin reglas definidas. Las redes de computadoras estaban empezando a dibujar un nuevo paisaje electrónico cuyo horizonte pocos podían imaginar.
En aquella naciente Internet casi todos los colaboradores eran técnicos, científicos o funcionarios. Es difícil no jugar con la idea de que fue entonces cuando Assange descubrió que su patria real, aquella a la que dedicaría su fidelidad y de la que se sentiría ciudadano con todo derecho, no estaba limitada por las fronteras de los estados, sino que estaba allí, recién nacida y reflejada en la pantalla de un Commodore 64, con los primeros contactos conseguidos por un modem que hoy, en estos tiempos de routers hiperveloces, ADSLs baratos y comunicaciones casi instantáneas nos parecen ridículos pero que ya entonces conectaba a soñadores de medio mundo.
Internet estaba en sus orígenes y también lo estaban los hackers. Assange fue uno de los primeros, y quizás uno de los mejores. Bajo el pseudónimo “Mendax” —“mentiroso” en latín clásico— y junto a otros dos amigos, agrupados bajo el nombre de “International Subversives,” se convirtió por vez primera en una amenaza internacional al lograr colarse en algunos de los principales sistemas informáticos norteamericanos, incluyendo, como en una mala película de Hollywood, sus sistemas de armas nucleares y el Laboratorio Nacional de Los Alamos. Amenaza relativa porque, como cuenta Underground, un libro de Suelette Dreyfus que contó con la asesoría del propio Assange, los “subversivos” siguieron siempre el código de los primeros hackers: no dañar ni destruir sistemas, no alterar los datos excepto para protegerse de las autoridades y, sobre todo, compartir la información obtenida.
Assange fue un hacker particularmente activo que se relacionó con distintas comunidades, listas de correo y foros de discusión de software libre. Gracias a esos foros sabemos que Assange programa en Haskell y Ocaml, dos de los lenguajes más complejos, avanzados e interesantes que existen, como sabemos también de su partipación en Rubberhose, una aplicación de cifrado que sirvió de antecesora a TrueCrypt. Fue, además, una de las personas que colaboró en el desarrollo de PostgreSQL, una de las bases de datos más utilizadas del mundo.
A los dieciocho años, Assange se casó y tuvo un hijo. Pero aquel matrimonio parecía condenado al fracaso por las actividades de un padre de familia en perpetuo acoso. Cuando a principios de la década del noventa la policía australiana comenzó a investigar su grupo de amigos, Mendax comenzó a sentirse perseguido. Sufrir complejo persecutorio, o verse agobiado por la paranoia, no significa que no te persigan realmente. Mendax soñaba con raids policiales y agentes derribando la puerta de su casa en la madrugada pero Julian Assange vio como la policía confiscaba por primera vez sus computadoras en el mundo real. No era vida para un hombre casado, y mucho menos para un adolescente, y su esposa, asustada tal vez ante la paranoia —o la amenaza real— le abandonó, llevándose a su hijo. Assange y su madre se lanzaron entonces a una serie de batallas contra su ex esposa en busca de la custodia de su hijo.
Fueron batallas que lo marcaron. Su pelo encaneció prematuramente. Sus problemas con una burocracia que se oponía a su afán de paternidad acentuaron su desconfianza hacia el Estado y las administraciones públicas. Fue también la primera vez que creó una asociación para reunir información sobre una burocracia oficial, los servicios sociales encargados de la protección de la infancia (parte del Health and Community Services), y combatir sus abusos. Cuando la esposa de Assange se juntó con un nuevo novio, Julian trató de obtener y le fue negada la custodia. Junto a su madre y a otro activista, Assange creó una organización en defensa de los derechos de los padres llamada Parent Inquiry Into Child Protection. El grupo empleó la Australian Freedom of Information Act para conseguir documentos internos de los Health and Community Services, grabaron en secreto sus reuniones con ellos, distribuyeron folletos pidiendo la ayuda de sus empleados y ofreciendo a cambio el anonimato de sus fuentes. Por primera vez un grupo de ciudadanos se apoderó del manual de funcionamiento interno de una entidad oficial.
Todo eso ocurría al mismo tiempo que Assange enfrentaba a las autoridades australianas en su primer juicio como hacker. La policía había tardado tres años en llevar a corte un caso criminal en un terreno en el que todavía no existían antecedentes ni legislación precisa. Sin embargo, habían logrado probar que Assange, junto a otros hackers, había penetrado los sistemas de Nortel, la empresa de telecomunicaciones australiana… para dejar los sistemas mejor que como los habían encontrado. Comparado con los pleitos en torno a la custodia de su hijo, aquel fue un juicio casi agradable: se presentaron treinta y un cargos, de los que el acusado se declaró culpable de veinticinco. El juez alabó en la condena su “inteligencia inquisitiva,” y lo condenó a pagar una pequeña cantidad, casi simbólica, al Estado australiano en concepto de compensación por daños y prejuicios.
Luego vinieron los empleos de consultor y su carrera en la Universidad de Melbourne, donde comenzó a estudiar Física hasta que decidió que probablemente el Estado daría un uso militar a sus estudios y los abandonó. Tenía poco más de veinte años y memorias como para llenar un libro e inspirar un par de películas. Pero lo mejor, o lo peor, de su vida estaba aún por llegar.
Continuará…
Ernesto Hernández Busto
Juan Carlos Castillón
Barcelona







Amadeus,
Alguna vez viste a algunos de estos comentaristas que siempre condenan a USA enseguida que hay una duda sobre algun incidente, protestar por los muertos de Sadam Hussein de mas de 100,000 civiles kurdos cuando fueron asesinados a mansalva con armas quimicas? Los viste protestar o condenar los muertos del tirano Assad de Siria? Los viste protestar contra los muertos civiles de Ghadaffi?
No los viste en ningun lugar del planeta.
Todavia estoy esperando ver a algun español salir a la calle a protestar por los civiles muertos asesinados en las calles en Siria.
Esos mismo que protestan por los daños colaterales de la guerra de Iraq, nunca salieron a la calle en ningun lugar del mundo a protestar por esos bebes de meses y mujeres asesinados a sangre fria por el dictador iraqui.
Parece ser que los muertos que hay que protestar y condenar energicamente son los causados por USA y su ejercito, no por los tiranos del mundo.
La fascinación que algunos siente por Assange habrá que buscarla y entenderla partiendo de la falta del ejercicio cívico y democrático que hemos tenido en nuestros países, pero no por cuestiones éticas y sociales que intentan legitimizar la falta de principios.
Es mucho más el daño de los talibanes en Irak, Afganistan y en el mundo desde del 9-11, que los daños colaterales en una guerra, que los buenazos policorrectos quieren condenar con la exaltación constante de la figura de Wikileak y Assange, en aras de la libertad de información. No hay cosa que aparezca que ponga en entredicho el papel de Estados Unidos y la OTAN, y ya están los agitadores de la “honestidad” defiendo al “débil” y el “tenemos derecho a la verdad”; ¿a cuál?
Guantánamo fue y sigue siendo correcto para filtrar al enemigo, ya que no había otra alternativa para evitar otro caos y el desconcierto como lo fue el 9-11.
Y es cierto han habido bajas civiles en Afganistán muy lamentablemente, pero en qué guerra no las hay. Incluso, comparados con otros conflictos bélicos, esta guerra es de antología del buen gusto. No debería haber guerras, pero las hay, y en este caso con una justificación moral como tal vez no ha existido en otras, pero la cuestión es la objetividad y saber de qué lado se está.
Yo no tengo dudas de qué lado estoy. Es decir en contra del terrorismo, que pulverizó a 3000 seres humanos en las Torres Gemelas; que asesinó a 200 y tantos en los trenes de Atocha; que voló las estaciones de metro de Londres, y si a esos criminales hay que pasarles la cuchilla, que me apunten.
Interesante el Tema, El Lince. Yo participo en un Blog sobre Football Americano, que me gusta, y alli sucede lo mismo; la mayoria entran con “nicks”. En un blog de Football? Solo hay una posibilidad para explicar este fenomeno. Es bien sabido que el autor de la mayoria de Blogs importantes en Internet les paga a de 4 a 6 individuos para que posteen en su Blog(incluyendo el propio autor) y de esa forma aumentan sus ratings y $. Por supuesto, estos individuos pueden cambiar de seudonimos y asi mantener el blog activo indefinidamente. Es esto Legal ? Por supuesto, pues Internet no conoce de Leyes. Es etico? No se sabe todavia pero se conocera.
EHB, ¿por qué pones “Assange es mi héroe porque es muy famoso y chismoso, y santas pascuas?
Toda una romantica historia de un incomprendido principe azul de inteligencia infinita hasta que lei “comenzó a estudiar Física hasta que decidió que probablemente el Estado daría un uso militar a sus estudios y los abandonó”. De repente, no me suena como que es muy inteligente…
Un psicopata nato, Ernesto. Espero que este’ fuera de circulacion permanentemente.
Interesante análisis sobre el desarrollo de una personalidad paranoica y con tendencia al secretismo. Hay mucho de trauma sicológico que proviene de experiencias vividas en la infancia, en el caso de adultos (hackers) que luego tienen vidas donde el ocultamiento parece ser un refugio.
También en el caso de los cubanos la tendencia al anonimato se ha convertido en ley dentro de la Internet, como subterfugio de protección. Parece que es un fenómeno que empieza a inquietar a algunos.
Casualmente acabo de leer un texto que habla sobre el tema de la paranoia y de los anónimos entre los cubanos de la blogosfera. Tal vez les interese:
http://sombradelcubano.blogspot.com/2011/05/paranoia-y-anonimato-legados-del.html