- may 21, 2011 • 15:51h
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La noche en que el avión del dictador tunecino Ben Ali daba vueltas como una veleta rabiosa sobre el Mediterráneo sin saber dónde posarse, yo no pude dormir.
No era el ruido del avión lo que me molestaba, sino la insistencia por imaginar o adivinar las primeras horas del final del reino del tirano. Más vándalo que cartaginés, Ben Ali había montado en Cartago una dictadura de 23 años basada en la eficacia y la represión de sus servicios secretos, y en la complicidad de países del primer mundo a quienes les mostraba la aparente tranquilidad de un país libre de todo islamismo.
Eso de los servicios secretos me lo contaron por primera vez mis estudiantes tunecinos y como me recordaba mucho a los métodos del régimen cubano, comencé a desconfiar de la ingenuidad con la que los franceses iban a broncearse a las playas de Jerba.
No dormí, repito, porque me han intrigado siempre las imágenes y anécdotas de esas horas en las que el poder cambia de bando, y el Tirano, fugitivo y temeroso, se convierte en alguien insignificante, en uno más entre los humanos que antes le obedecían o fingían ser fieles, y de un golpe persiguen o ignoran al amo.
Mi tío político Segundo Cárdenas Machado me narró muchas veces durante mi infancia, allá en Santa Clara, la noche en que llevó al aeropuerto al dictador Gerardo Machado para que éste escapara de Cuba.
Segundo era sobrino de Gerardo y jefe de su guardia personal y montó a su tío el 12 de agosto de 1933 en un avión de la Pan American Railways que voló en dirección a Nassau, no sin antes ayudarle a subir (imaginaba yo con la boca hecha agua, más bien hecha fulas) la maleta con dos millones de dólares que dicen se llevó el dictador a las playas bahameses.
Limpiándose los espejuelos, el esposo de mi tía Mercedes, me mostraba con susurrante e inexplicable orgullo su foto sobre un caballo que ilustraba, en decenas de libros de Historia de Cuba, la represión que él dirigiera contra la manifestación que despedía en La Habana las cenizas de Julio Antonio Mella.
Ésa era una de sus pruebas favoritas, además del segundo apellido de Segundo, para deslumbrar mi curiosidad con su anécdota sobre las últimas horas del primero de los tres más connotados dictadores cubanos del siglo XX.
En un artículo publicado días antes de que una bomba islamista estallara a unos metros de su casa en Marrakech, Juan Goytisolo confiesa su fascinación intelectual por la hora final de los dictadores:
¿Qué pasa por la mente de un dictador en los últimos días, horas y minutos que preceden a su caída e inesperadamente le hunden en el muladar de la historia? ¿Cómo asimila el inimaginable pero real espectáculo de su amado pueblo vociferando contra él y quemando o pisoteando con furia su ubicuo retrato?
Goytisolo confiesa que la caída de los Ceausescu primero y de Ben Ali y Moubarak después, lo incitan a suponer que una novela únicamente sobre esas últimas horas debería escribirse.
En la literatura latinoamericana la “novela de los dictadores” se le considera casi un género aparte. Todos conocen los libros emblemáticos que avalan esta designación, el primero de todos Facundo de Domingo Sarmiento, y otros que le siguieron: El señor Presidente de Miguel Ángel Asturias, Yo, el supremo de Augusto Roa Bastos, El recurso del método de Alejo Carpentier, El otoño del patriarca de García Márquez… hasta La fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa.
Sin embargo, Goytisolo insiste en que la novela que él exhorta a escribir sólo abordaría las horas finales del dictador y no podría ser narrada en primera persona, como es casi siempre el caso.
Si cito esta especie de receta es porque también yo he pensado, desde aquellos cuentos de mi tío Segundo, en ese trance patético entre el estrellato y el abandono feroz de todos los poderes.
Y me doy cuenta que existe una tradición en esto de narrar vidas de autoritarios célebres quizás desde La vida de los doce Césares de Suetonio y el Carlomagno de Eginhardo.
En el siglo XX lo hicieron con lógicas diferencias de tono —de la admiración a la condena, de la curiosidad al preciosismo—, Robert Graves en su Yo, Claudio, Thornton Wilder con Los idus de marzo, Margarithe Yourcenar con sus Memorias de Adriano y Gertrude Stein en La autobiografía de Alice B. Tocklass, entre los más significativos.
Claro, siendo cubano, estos pensamientos sobre el adiós precipitado de un Tirano, evidencian otras motivaciones más allá de las literarias. La de poder imaginar desde ahora, como una lotería una y otra vez perdida, los pasos finales, las imágenes, la forma en fin en que dejará este planeta el tercero y recordista del mundo de los dictadores cubanos del siglo XX.
En los últimos años dos libros escritos por cubanos imaginan la vida y la muerte de Fidel Castro: La autobiografía de Fidel Castro de Norberto Fuentes y Las palabras y los muertos de Amir Valle. En el primero de ellos Castro cuenta su vida y sobre todo, el fluir de su conciencia maquiavélica, y en el segundo Facundo, el edecán fiel, narra la vida de su amo.
Como excelentes periodistas que son, tanto Fuentes como Valle, eligen extremos de la historia del dictador en los cuales las horas finales no coinciden ni con la caída ni con la fuga que, como todos sabemos, en el caso de Fidel, desgraciadamente, sólo podrían ser hasta ahora imaginarias…
Son discursos entonces, los de Fuentes y Valle, en los que tiene cabida una porción de realidad, la de pasar en revista su vida y sus astucias, o la de morir y ser contado por un fiel cómplice.
Improvisando quizás por fatiga o por aburrimiento con mis estudiantes, se me ocurrió en clase algo que repito aquí para completar la receta de Goytisolo: “Hay diferencias fundamentales en la caída de los dictadores de derecha y los de izquierda”, sentencié para mi propia sorpresa.
Parece ser, seguí diciendo, que los dictadores de derecha se van a tiempo con la maleta de dólares (a Hitler y a Mussolini ni le dieron tiempo, ni tenían adónde ir), y a los de izquierda o se les ejecuta de manera sumaria, o se las dan de héroes hasta el final negociado de su reinado, como ha hecho Gadafi en Libia.
Eso que Nassim Nicholas Taleb en su libro The black swan nombra “lo imprevisto”, precipita el final de estos personajes que se creyeron ser, y lo lograron la mayor parte de sus vidas, superiores.
Narrar el azar o la mala suerte que provocó ese cambio marcado por el momento en que los subordinados y los militares dicen a coro NO, las horas del miedo en que en vez de dar órdenes el Tirano se ve empujado al avión o a un muro donde será asesinado, merecen un buen relato que nos explique mejor la conciencia de esos espíritus siniestros.
En todo caso, al parecer, Goytisolo tiene razón, y mi tío político Segundo, sobrino de Gerardo Machado, es responsable ahora de esta avidez con la que vigilo como puedo, y sobre todo calculo y pronostico, las horas finales de dictadores acosados.
Armando Valdés-Zamora
París







Abelito,
la palabra engendro se escribe con g no con j.
La RAEL describe engendro como:
engendro.
1. m. feto.
2. m. Criatura informe que nace sin la proporción debida.
3. m. Persona muy fea.
4. m. Plan, designio u obra intelectual mal concebidos.
1. m. coloq. Muchacho avieso, mal inclinado y de índole perversa.
Eso,pedir la extradicion,gracias
lo de socialistas es relativo, eran ultranacionalistas rabiosos con tintes de izquierda y de derecha, diferente a una sociedad totalitaria como fue la sovietica y la cubana, enjendros del comunismo y dictaduras de izquierda .
Anonymous,
Muy de acuerdo pero me imagino que querrás decir “pedir la extradición de los que lograron escapar”. “Extraditar” es enviarlos al país que reclama la extradición.
Buen articulo, la hora final de la dictadura cubana esta cerca, sea pacifica o violenta, ojalá sea sin sangre, ya después en una Cuba libre podremos extraditar a todos los que lograron escapar.
Hitler y musolini eran socialistas por lo tan to de izquierdas.
la corrupcion esta en todos los lugares,mira a pa’l lado y la veras
Me paso. Esa novela no me interesaría.
Cara de Coco no paga el daño infinito que ha ocacionado a cinco generaciones de mulatos.Pero aun asi me hubiera gustado que muriera de un plomazo en la frente.No nos hagamos ilusiones el y todo su clan saben que el socialismo,la revolucion o como lo quieran llamar ha sido un fracaso sonado,lo unico que no les ha fallado ha sido la capacidad de mantenerse a flote.Para lo cual,desde luego no han escatimado en cometer toda clase de cobardias,crimenes y troperias.LA VERDAD tiene razon,lo que importa es el futuro,la reconstruccion,la sanacion de este maldito cancer,recobrar los valores nacionales,la decencia y el espiritud.Dejar atras la envidia,la bajeza,la vagancia y la mentalidad de mendigos victimas.
a mi en realidad no me interesa lo que pase por la malvada mente del dictador vitalicio (si aun tiene mente) ni por la de su hermanastro. Lo unico que me interesa es que pasara en Cuba luego que los satrapas hayan huido. Mucho habra que trabajar por una instruccion civica en nuestros compatriotas, extirpar la corrupcion, el robo y que Cuba vuelva a ser un pais prospero y libre!
No es imaginacion,es preciso haber nacido alli,haber sido perseguido,humillado por llevar un reloj con el dige USA,marginado por esperimentar otro sentimiento de humanismo,al margen de la realidad forzada de la patria.Los motivos cubren el espacio de la duda y la creacion es deliberada cuando la angustia a reinado entre la garganta y el pecho de un buen compatriota.No es brillante: es sencillo ,natural y logico.
bueno a patilla solo le queda el poder da palabra ??? pq oficialmente no es mas nada o sea es una variante de dictador ne plan payama
Batista sí se fue en avión, es que no había pasaje pal tren.
Pero Hitler y Mussolini ¿no eran de izquierdas?
Muy buena idea esto de reflexionar sobre un posible final de Castro, a partir de la literatura y de la historia.
Me parece que este muchacho tiene un estilo propio interesante, mezcla la anécdota con la reflexion y las referencias, algo raro entre nosotros los cubanos, que hacemos un de esas tres cosa, pero no las relacionamos. Bravo.
Al autor, yo creo eso de la novela del dictador hay qe ponerle el libro de Maria Antonieta por Stephann Zweig, que va desde: si teneis hambre comeis pasteles o la noche en que el pelo se hace blanco.
Estoy en contra de la palabra asesino para los tiranos,a ellos no se les asesinan se les hace justicia,he leido tanto en estos dias sobre Ben Ladque cada vez que leo la palabra asesinato
me pregunto ;que pensaran estos periodistas a Ben no se le asesino,simplemente se le ajusticio a los asesinos no se les asesina.
Oe…y ni siquiera te acordate que hoy e 20 de Mayo!….
Tas en cadela !….
Machado se fue en tren o en avion?
ES UNO DE LOS MEJORES ESCRITOS QUE HE LEIDO,DESDE MUCHO ESA SERA SIN DUDA EL FATIDICO FINAL DE TODOS LOS DICTADORES,CORRER Y DESPERTAR SIENDO UNO CONEJOS COBARDES QUE UNA VEZ FUERON LEONES RUJIENDO AGAZAPADOS POR APARATOS REPRESIVOS Y CRIMINALES QUE AL FINAL TERMINAN PAGANDO CON SU VIDA Y LIBERTAD EL DANO REALIZADO POR DICTADORES