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Transparencia y sociedad civil en Cuba

  • may 13, 201108:23h
  • 14 comentarios

En el Editorial del último número de la revista Espacio Laical puede leerse: “Se están vaciando las cárceles de presos por motivos políticos. El Estado procura lograr con la Iglesia una relación cada vez más normal y beneficiosa para el bien de la nación. Se implementa una novedosa reforma económica. Y todo esto con el propósito expreso de comenzar a desestatizar la sociedad cubana.”

La desestatización de la sociedad cubana, nótese, es una decisión de la alta dirección del propio Estado y Gobierno, de la cual saldría esta, con toda seguridad, más fortalecida. Y es que en lugar de pensarse los cambios en términos de fortalecimiento de la esfera no estatal (sociedad civil, espacio público, etc.), lo que se busca es aliviarle una carga inútil al Estado, liberarlo de cierto lastre que lo debilita. Si la experiencia marxista muestra que el socialismo de Estado es algo negativo, la experiencia liberal revela, por su parte, que el fortalecimiento sociedad civil es la única garantía contra la amenaza de estatización de la sociedad.

Si bien Mussolini gobernaba a través del Estado, Hitler lo hacia mediante el Partido. Stalin, por su parte, sometió tanto al Estado como al Partido. Este último parece ser nuestro caso, de modo que, en condiciones de totalitarismo, desestatizar no significa gran cosa. Lo que le confiere a un Estado el carácter totalitario es, en mi opinión, la omnipresencia del líder.

Pero Espacio Laical no solo constata los cambios que se vienen realizando en Cuba bajo la presidencia de Raúl Castro, sino que nos dice cuál es la vía expedita para su implementación:

La mejor manera de ayudar a que los cambios sean posibles ha de ser por medio de una actitud positiva encaminada a presentar propuestas capaces de crear confianza política, así como a ensanchar y profundizar los proyectos oficiales: para lo cual será
necesario desechar esa actitud habitual en muchos que se fundamenta en la mera crítica estéril.

Estas palabras, no por optimistas son menos autoritarias. La esterilidad —y, más aun, la necesidad— de determinada crítica sólo puede derivarse del debate libre y plural mismo entre posturas diferentes. Esto es algo que no debe regularse de un plumazo por decisión o decreto, pero tampoco por llamados a la conciencia de la gente.

La libertad de expresión y, con ella, la libertad de crítica es consustancial a la democracia de orientación liberal. Parece más sensato preocuparse primero porque estas libertades sean de la respetadas y sólo después por el modo de ejercerlas. Condicionar la crítica es una de las tantas formas de practicar la censura. Ya es suficiente con que —en ese mismo socialismo en proceso de supuesta actualización— existan comités censores en las editoriales del MINCULT o se vigile continuamente por la policía informática el uso de la Internet. También se habla de una cultura del debate en Cuba, pero, en rigor, el debate se restringe a lo relacionado con la tendencia futura del socialismo cubano, no hay otro tema que alcance una dimensión “pública”. Sin embargo, es preciso aclarar que no se trata en propiedad de una confrontación de ideas o posiciones, sino de reflexiones catárticas y diálogos sosos entre gente que comparte la misma postura ideológica, los mismos principios, el mismo partido político, las mismas aspiraciones.

Tampoco se puede estar seguro de su carácter público si se tiene en cuenta que se concentra en el restringido espacio que ofrece la sola revista Temas, la cual, dicho sea de paso, no pública todo lo que allí se expresa. Una excepción pudiera ser la revista Espacio Laical, pero es notable el compromiso con la política oficial en su último número y el llamado, como ya mostré, a contener la crítica.

La situación cubana actual recuerda a aquella segunda mitad de los 80, en la Unión Soviética, cuando un singular proceso denominado Perestroika fracasó en el intento de renovar el socialismo. En 1989, justo 100 años después de la Revolución Francesa, se derrumbó —como es de todos conocido— el sistema socialista de la Europa del Este. Aquella restructuración o reconstrucción del socialismo traía aparejada la glasnost, término de difícil traducción que alude a apertura, a carácter público y que se llevó al castellano como “transparencia informativa”. Sin embargo, la glasnost no se reduce al tema de la información, sino que alude más bien a una salida, a una apertura de la esfera pública. Glasnost significa, de un solo golpe, libertad de expresión y espacio público, es decir, libertad de expresión pública.

En Cuba se esperan nuevos “debates” masivos —lógicamente, orientados desde arriba— no ya sobre economía, sino sobre política. Con seguridad serán mucho más complejos, porque la falta de libertad nos daña más que la carencia de alimentos. Hasta hoy el proyecto de actualización del socialismo, como se le ha llamado a esa suerte de perestroika tropical, solo ha presentado el tema. En el año 2007, el presidente Raúl Castro abrió el juego: “Todos serán escuchados con atención, coincidan o no con la opinión de la mayoría…No aspiramos a la unanimidad, que suele resultar ficticia, en este (anteproyecto de Ley sobre Seguridad Social —A. J.) o en cualquier otro tema”.

Al cabo de medio año volvió sobre el asunto en la Asamblea Nacional del Poder Popular: “No vamos a dejar de escuchar la opinión honesta de cada cual, que tan útil y necesaria resulta, por la algarabía que se arma, a veces bastante ridícula, cada vez que un ciudadano de nuestro país dice algo a lo que esos mismos promotores del espectáculo no harían el menor caso, si lo escucharan en otro lugar del planeta”.

A los dirigentes —no a los altos dirigentes, obviamente— el presidente les orientó estimular al máximo la libre expresión de sus subordinados: “…quien ocupa un cargo de dirección debe saber escuchar y crear el ambiente propicio para que los demás se expresen con absoluta libertad”. También el General de Ejército incitó a pensar —no sólo a los diputados, sino a todo el país— sobre nuevas fórmulas capaces de sacar adelante a la Revolución y al socialismo.

Dos meses después, ante la misma Asamblea, fue más preciso y categórico: “No hay por qué temer a las discrepancias en una sociedad como la nuestra… Del intercambio profundo de opiniones divergentes salen las mejores soluciones, si es encauzado por propósitos sanos y el criterio se ejerce con responsabilidad”.

Ya en esta intervención, como en la anteriormente citada, el presidente le pone condiciones al debate y, en consecuencia, a la propia libertad de expresión al introducir la coletilla: “…si es encauzado por propósitos sanos y el criterio se ejerce con responsabilidad”. En cualquier caso, lo más importante es que hasta ahora no se han establecido y/o permitido espacios libres para ejercer la crítica y el debate espontáneos. En el único caso, por ejemplo, de los anteriormente señalados —en que el presidente incita al debate público abierto— pone también las condiciones, pues las nuevas fórmulas sobre las cuales se debe reflexionar tienen el propósito exclusivo de “sacar adelante la revolución y el socialismo”.

¿Cuáles son las razones que explican la ausencia en Cuba de mecanismos, medios, espacios para la opinión pública no condicionada ni dirigida? ¿Por qué un derecho inalienable del individuo tiene que esperar un decreto presidencial para ser ejercido? Si hurgamos en la historia revolucionaria nos remontaremos al año 1961 y, concretamente, a aquellas reuniones del entonces presidente Osvaldo Dorticós y del entonces Primer Ministro Fidel Castro con los intelectuales cubanos, en el teatro de la Biblioteca Nacional. Vale la pena detenerse a examinar el discurso de clausura, pronunciado por el Comandante en Jefe, porque considero que encierra el criterio general de legitimación doctrinal y la patente de corso sin la cual la vida en Cuba es, simplemente, un calvario. Palabras a los intelectuales (1961) promovió la categoría de revolucionario por encima de cualquier cualidad y valor humanos, y la Revolución la concibió como la más grandiosa obra y la más alta forma de expresión posible. Luego, reconoció al propio Fidel Castro como su artífice. Ese fue el propósito expreso de aquél discurso y hay que decir que ante la “monumentalidad” de semejante empresa los intelectuales se derrumbaron. Jamás se han vuelto a erguir: al cabo de 50 años se encuentran exactamente frente al mismo problema en que se centraron aquellas históricas reuniones —a saber, la forma que el socialismo tomaría en Cuba— y tan doblegados como antes.

En manos de Raúl Castro está hoy esa segunda revolución que han bautizado como “actualización de nuestro modelo socialista”. Para que pueda haber algún progreso en este sentido dicho modelo tendría que ser inclusivo y garante de la libertad de expresión, pues la esencia del llamado «socialismo cubano» descansa toda en la legitimación jurídica e institucional de la fórmula (cuyo origen totalitario más adelante mostraré): “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”. A continuación, algunos comentarios críticos sobre Palabras a los intelectuales (1961) y su inquietante nódulo totalitario y exclusionista.

Los motivos que llevaron a que se celebraran aquellas reuniones en la Biblioteca Nacional fueron: el enfrentamiento ideológico entre dos instituciones creadas por la Revolución (el ICAIC y el semanario Lunes de Revolución ) y la filtración de cierta información clasificada,relacionada con un Congreso que se preparaba y que pretendía establecer una cultura dirigida. En particular esta segunda situación irritó al Primer Ministro que, obviamente, planeaba tomar por sorpresa a los intelectuales. Las reuniones, signadas por aquél acontecimiento reciente del mes de abril, cuando se declaró el carácter socialista de la Revolución cubana, fueron derivando hacia el tema de la naturaleza del socialismo. Las alternativas eran: socialismo nacionalista o socialismo soviético. Fidel priorizó la Revolución, a la que consideraba capaz de asimilar ambas tendencias.

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Alexis Jardines
(Profesor titular, Universidad de La Habana)

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14 respuestas
Comentarios

  • Charlie Brown dice:

    Difícil resumir este análisis ya de por si sintético, es sencillamente GENIAL…

  • Gabriel dice:

    Esta charla de Alexis es muy interesante:

    http://www.youtube.com/watch?v=jk5slA0SbSw

  • Ariel Pérez dice:

    Es muy interesante el análisis del discurso de Fidel Castro desde la lógica ( y no recuerdo análisis de ese tipo en la historia de la revolución cubana ) pues siempre se ha visto la contraposición entre marxismo-leninismo y liberalismo en el campo del derecho. Hay que ver que respuesta le da la intelectualidad que todavía se dice marxista y no escatima ataques contra el “exilio radical” ( y por tal entienden no a los partidarios del embargo sino a todo el que tenga una fundada sospecha de las buenas intenciones reformistas de Raúl Castro). Me pregunto cuántos podrán leerlo porque por ejemplo El Nuevo Herald presta gran atención a las “críticas” de Esteban Morales ( y no solo este diario sino incluso Radio Mambí ) y Cubaencuentro a las de Armando Chaguaseda. Ojalá esta vez presten atención los medios “exiliados” al trabajo de Alexis Jardines.

  • guantanamera dice:

    AJ no es un loco hablando para que nadie lo escuche, el representa una “otra intelectualidad” que se está gestando en las universidades cubanas. a mi me da optimismo, porque este tipo de ejercicio crítico está pujando por abrirse camino en las academias, aún no es muy visible pero es real, lo digo porque lo viví.

  • Solabaya dice:

    Pareceria que hay ensayos.

    El primero (hasta la pagina 16 mas o menos) una desmontaje de la frase de Castro.

    A partir de entonces, ideas (muchas de ellas que ya han aparecido en Internet) de las “verdaderas” intenciones detras de la reforma.

    La primera es mas academica, la segunda es como algo asi “mira chico, esto se acabo y lo que importa es el billete”.

  • da igual dice:

    PD yo creo que debias hacer una seleccion de lo mas importante de este texto y ponerlo en tu blog. mucha gente no abrira el pdf y otros no llegaran al final del texto, la gente no tiene tiempo a veces para leer. creo que merece hacer algo asi por su importancia.

  • da igual dice:

    lo peor de todo es lo claro que esta. Es muy fustrante saber lo calculado que esta todo por los Castros. Que se puede hacer para revertir o mutilar estas sabias predicciones? Por que en el ano 61 los intelectuales frente a ese discurso despotico asqueroso no levantaron la voz?? acaso fidel los drogo? si apenas empezaba la “revolucion”!!. Porque podemos entender que la masa del pueblo apoyara a un loco que defenderia a los pobres, pero la intelectualidad cubana por que no le dio un Paron y lo cuestiono en aquel momento? ya no se que que decir, lo que siento es una profunda tristeza e impotencia.

  • albertico dice:

    Excelente! Uno de los mejores escritos que he leido sobre lo que nos ha pasado como nación, me asombra y alegra que venga de alguien que dicta cátedra en la UH, quiere decir que no estamos tan perdidos, ojalá no le traiga malas consecuencias. Mi mas profunda admiración para este Sr.

  • Anónimo dice:

    lobotomia..? lo que me extrana es que no lo hayan echado por contrarevolucionario etc…! Alexis se esta convirtiendo en una de las voces mas inteligentes y duras en Cuba..!

  • Anonymous dice:

    Menos mal que todavía queda gente pensante en la Colina… Han hecho el esfuerzo de lobotomizarlos a todos, pero algunos se han salvado.

  • pd dice:

    Me lo envió el autor. Fue su intervención en el coloquio del Bildner Center.

  • Anónimo dice:

    Pd, dónde salió publicado esto?

  • Anónimo dice:

    Material de estudio… A ver si abren los ojos, compañeros..

  • RC dice:

    “Me atrevería a asegurar que no es el futuro del socialismo lo que le preocupa a la dirección de la Revolución cubana (Fidel y Raúl) sino el futuro de la dinastía Castro. El proceso de
    «actualización del socialismo» es solo una maniobra que persigue el objetivo de ganar el tiempo necesario para ir echando las bases de la dominación nepotista en condiciones postcomunistas e, incluso, capitalistas. Los descendientes de Fidel y Raúl, probablemente con la anuencia del propio presidente, se preparan para “salir de la clandestinidad” y ser abierta y “legalmente” los millonarios del mañana. ¿Será humillante ver a hombres y mujeres que no comulgaron con la Revolución cubana y sus líderes trabajar para ?y, hasta cierto punto, defender los intereses de?
    las grandes empresas de la familia Castro en condiciones de plena libertad económica? Esa es la sorpresa que preparan Fidel y Raúl: extender la dominación de su dinastía, con el apoyo inicial decisivo de las Fuerzas Armadas, que ya se han convertido en una fuerza económica considerable, a la Cuba revolucionaria postcomunista. ”

    Eso se llama hablar claro. Bravo, Alexis!