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La casona, el país

  • abr 30, 201120:58h
  • 10 comentarios

Tiene una casona de cinco cuartos que se le está cayendo a pedazos. La obtuvo en los años sesenta cuando la familia para la que trabajaba como doméstica se exilió. Al principio, recorría cada día las habitaciones, el patio interior; acariciaba el pasamanos de mármol de la escalera que llevaba a la segunda planta; jugueteaba a llenar las tinas de los tres baños sólo para recordarse que aquella mansión neoclásica era ahora suya. La alegría duró un tiempo, hasta que los primeros bombillos se fundieron, la pintura comenzó a cuartearse y la maleza creció en el jardín. Consiguió un trabajo limpiando en una escuela, pero ni con seis salarios similares hubiera podido mantener el antiguo esplendor de aquel caserón que cada vez le parecía más grande, más inhóspito.

Miles de veces, la mujer de esta historia pensó en vender la vivienda heredada de sus antiguos empleadores, pero no quería hacer nada fuera de la ley. Durante décadas en Cuba estuvo prohibido —en la práctica— el mercado inmobiliario y sólo era posible intercambiar propiedades en un concepto que popularmente se conoció como “permuta”. Para regular y controlar también esa actividad, surgieron decenas de decretos, restricciones y limitaciones que volvían un calvario el acto de mudarse. Un todopoderoso Instituto de la Vivienda velaba porque se cumpliera un rosario de absurdas condiciones. Con tantos requisitos, los trámites se prolongaban hasta más de un año y para cuando las familias podían ir a vivir a su nuevo hogar estaban agotadas de rellenar formularios, contratar abogados y sobornar a los inspectores.

Tantas angustias alimentaron la esperanza de que el VI Congreso del Partido Comunista levantara el banderín inmobiliario. Cuando en el informe final se dijo que había sido aceptada la compra y venta de casas y sólo faltaba instrumentarla legalmente, cientos de miles de cubanos respiramos aliviados. La señora de la casona estaba, en el momento del anuncio, frente a la pantalla de su televisor evitando una gotera que cae del techo, justo en medio de la sala. Miró a su alrededor las columnas con capiteles decorados, las grandes puertas de caoba ya dañadas por la humedad y la escalera de mármol a la que le había arrancado el pasamanos para comerciarlo. Finalmente, podría colgar en la verja un cartel “Se vende casa de cinco habitaciones que necesita reparación urgente. Se compra apartamento de un cuarto en cualquier otro barrio”.

Yoani Sánchez
La Habana

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10 respuestas
Comentarios

  • Cheito dice:

    Si ella hubiera querido permutarla , hubiera hecho como todo el mundo… 2×3, 1×5, 1×1.
    El problema es que seguro siempre penso en venderla, mas sin mantenimiento, esas bellezas se vienen abajo. Si no podia con esa maravilla de casa era mejor haberla permutado en estos largosssssssss
    50 y pico de aÑos.

  • Isabella dice:

    Los expertos en patrimonio y sus planes de “progreso” están a la orden hoy…

  • Anónimo dice:

    De acuerdo con Irma,en los Estados Unidos y en otras partes del mundo demuelen incluso edificios de muchos pisos y muchos mejores que los que existen en La Habana, y construyen otros muchos mejores., eso es progreso.

  • IIRMA LA DULCE. dice:

    Que la demuelan vendan el terreno y levanten un edificio de 30 o 40 plantas. Progreso!

  • jor dice:

    En cuantos lugares del mundo una persona dedicada al servicio domestico se puede permitir una casa como esta? En caso de tenerla, quien con un salario humilde puede permitirse mantenerla? De todos quienes opinan aquí ¿ quién no permuto, el, sus padres o un familiar?
    ¿ seguro que no la podía permutar? ¿ no será que no lo quería hacer? cosa en la cual estaría en todo su derecho aun cuando su salario no le permitiera el mantenimiento correcto de esa casa? En cualquier caso pedir objetividad a Yoani es mucho pedir…

  • Pero esto tiene poco o nada que ver con el tremendo problema habitacional cubano, ni con ninguno de los otros gransdísimos problemas cubanos…

    (Y ahora que Yoani ha publicitado el caso, me temo que la señora va a “vender” la casa, obligada, para beneficio de alguien que ve el filón, por centavos…)

  • Yeyo el Dulce dice:

    La fotografia de la casa,aun en ruinas,muestra un esplendor jamas alcanzado por ninguna obra similar del periodo caracoquista.
    Es una pena,estoy seguro que la casa sera comprada por algun extrajero,cogedor de mangos bajitos,siempre ha sido asi,en Europa de post guerra se compraba una mujer hambrienta con una barra de chocolate,asi que no veo nada malo en que sus duenos originales reclamen lo que les fue injusta e ilegalmente confiscado.

  • Johan von Boisman dice:

    Sólo al ver la foto me hace pensar en la casona de la “esquina del martillo alegre” de la novela de Ena Lucia Portela “Cien botellas en una pared”

  • johnoarms dice:

    no eso no sucedera,pq el proximo gobierno tendra q responsabilizarse con esas mierdas hechas x los robolucionarios

  • Anónimo dice:

    si es esa la casa del post, facilmente se vende en $100 000, american dollars, malo que los antiguos dueños quieran reclamarla en un par de años, eso es lo proximo, la dictadura va a permitir la reclamacion de las propiedades confiscadas por la revolucion. Que Dios los ampare.