castrismo Cuba soviética Cubazuela Cultura DD HH deporte disidencia economía EE UU-Cuba En Cuba España-Cuba exilio historia y archivo Internet & ITC

PD

historia y archivo

PD en la red

Sobre el Castillo del Príncipe y los presos de la Brigada 2506

  • Abr 16, 201115:31h
  • 13 comentarios

El 17 de abril de 1961, 1,193 prisioneros de guerra de la Brigada 2506 fueron trasladados al Castillo del Príncipe. Unos meses más tarde, el 6 de septiembre de 1961, catorce de ellos fueron trasladados a la provincia Las Villas para ser juzgados en una corte militar (contraviniendo la Declaración de Ginebra, de la que Cuba era entonces signataria). Tras el juicio sumario, cinco presos fueron fusilados (Ramón Calviño Insua, Jorge King Yun, Antonio Padrón Cárdenas, Roberto Pérez-Cruzata, y Rafael E. Soler Puig). Otros nueve fueron sentenciados a 30 años de privación de libertad (José R. Conte Hernández, José Franco Mira, Nicolás Hernández Méndez, José R. Machado Concepción, Rogelio Milián Pérez, Ricardo Montero Duque, Pedro H. Reyes Bello, Pedro A. Santiago Villa y Andrés de Jesús Vega Pérez). Dos de ellos, José Francisco Mira y Andrés de Jesús Vega Pérez, murieron en prisión (el 3 de febrero de 1970 y el 23 de julio de 1982, respectivamente).

El 29 de marzo de 1962 otro juicio sumario (Causa 111) contra de los prisioneros de guerra tuvo lugar en “La Estrella”, el patio central del Castillo del Príncipe. Los jueces de ese tribunal militar fueron los “comandantes revolucionarios” Augusto R. Martínez Sánchez, Sergio del Valle Jiménez, Guillermo García Frías, Juan Almeida Bosque y Manuel Piñeiro Losada (Barbarroja); el secretario del tribunal fue el capitán Narciso A. Fernández Suárez, el fiscal general fue Santiago Cuba Fernández (zapatero antes de la revolución) y el abogado de oficio (de triste recordación para los prisioneros) fue el Dr. Antonio Cejas Sánchez. Este juicio duró tres días (menos de tres minutos de justicia por cada uno de los prisioneros de guerra). La sentencia fue dada el 7 de abril de 1962: “Por traición a la patria, pérdida de ciudadanía cubana, pago de una indemnización, (oscilando individualmente entre los $500,000, $100,000, $50,000 y $25,000 a cada prisioneros de guerra), o a 30 años de trabajo forzado, mientras no se pagara las multas impuestas”.

En total, los tres jefes de la invasión fueron condenados a $500,000 cada uno, 230 de los prisioneros a $100,000, 597 a $50,000 y 371 a $25,000, haciendo un total aproximado de $62 millones de dólares. Unos días después, el 2 de mayo de 1962, los tres jefes de la invasión y aquellos 230 prisioneros de guerra multados con $100,000 fueron trasladados al Presidio Modelo en Isla de Pinos.

Fugas o intentos de fuga:

Los prisioneros de guerra José Dearing González, Juan (Johnny) López de la Cruz y Luis H. Haget Guzmán, planearon su escape del Castillo del Príncipe muy concienzudamente. Les tomó muchos días preparar una larga soga, así como otra con un gancho de metal en la punta, que fueron hechas utilizando sacos de yute donde venía el pan. Estos sacos vacíos se los robaban de la cocina casi todos los días. Al mismo tiempo y con mucho cuidado también tiñeron los pulóver amarillos que eran parte del uniforme de los prisioneros, utilizando pomos de tinta azul, hasta darles un color verdoso oscuro. Desde luego, esconder los materiales para la fuga y evitar su descubrimiento en las constantes requisas que hacían los guardias, requería mucho planeamiento.

Finalmente, ya tarde, en la noche lluviosa del 14 de junio de 1962, los tres prisioneros utilizando una ganzúa hecha con este propósito forzaron la cerradura de su celda y de allí, sin hacer ruido, salieron al patio exterior. Utilizando la larga soga, los tres prisioneros bajaron del patio interior al patio central (unos 90 pies). José Dearing, fue el primero en bajar, seguido de Johnny López y Luis Haget. Desgraciadamente, la improvisada soga no era lo bastante larga, faltaban unos 15 o 18 pies, y cada uno de ellos etuvo que soltarse, cayendo estrepitosamente en el patio exterior. Siendo el primero, José cubrió corriendo la distancia de unos 100 pies del patio a la muralla que daba al exterior. Utilizando la soga de yute corta con el gancho, José trató de alcanzar la cima, sin ningún éxito, ya que la soga con su gancho, estando mojada, era muy pesada y a su vez algo corta. Afortunadamente, a unos diez pies de altura, en la misma pared, corría una vieja tubería de drenaje.

Con gran dificultad, utilizando sus manos, José pudo escalar la muralla de piedra y llegar a la tubería. Una vez allí, alcanzó la cima de la muralla y utilizando la improvisada mojada soga de yute, se la pasó a Johnny, el cual con la ayuda de José pudo también llegar a la cima del muro. En cuanto a Luis, más corpulento que los otros dos tuvo dificultades porque debido a la anterior caída se había luxado el tobillo y porque la soga de yute mojada, se resbalaba. Finalmente Luis le dijo a sus compañeros de fuga que trataría de esconderse de los guardias en algún lugar del patio, para darle tiempo a los otros dos a escapar sin ser detectados.

Utilizando la soga de yute con el gancho, José y Johnny bajaron la pared y finalmente alcanzaron la calle. Utilizando una dirección que les había dado anteriormente un amigo, de la que debía ser una “casa segura”, a unos cuantos kilómetros del castillo, en el reparto Marianao. Desgraciadamente ninguno de los dos sabía que esta casa ya no era “segura”, ya que la misma estaba siendo vigilada por la Seguridad del Estado desde hacía algunos días. A la mañana siguiente, cuando José y Johnny llegaron a la casa, fueron arrestados, sin saber sus captores que ellos se acababan de fugar del Castillo del Príncipe. De allí, los dos prisioneros de guerra fueron llevados a Villa Marista, la cual había sido anterior a la revolución una escuela privada y ahora un centro de detención del G-2. Los dos fueron ferozmente interrogados hasta descubrir que eran los dos fugitivos que habían escapado del Castillo del Príncipe, y dos días después fueron llevados de regreso al castillo y confinados individualmente en celdas de castigo durante varias semanas.

Otro intento de fuga fue el planeado por Ricardo (Ricky) Sánchez y Humberto (El Chino) Díaz Argüelles, los cuales estaban confinados con otros 20 prisioneros en el hospital, een un pabellón separado en los altos del castillo, donde estaban siendo finalmente tratados por hepatitis. Ricky era el prisionero responsable por los otros y Humberto su asistente.

A principios del mes de Junio, y gracias a una circunstancia favorable los prisioneros de guerra enfermos fabricaron un sistema alfabético de señales dibujando en papel el número correspondiente a la letra del alfabeto. Estas señales a su vez eran recibidas e interpretadas por una dama (no damos el nombre a propósito, pues aún puede vivir en Cuba), la cual vivía en uno de los apartamentos de un edificio situado frente a la calle opuesta a la prisión. Los prisioneros podían explicarle a esta dama las situaciones médicas de cada uno y enviarles también mensajes, los cuales a su vez eran pasados por ella a la persona deseada. Y eventualmente, solicitando a su vez que ésta los ayudara en sus planes de fuga.

Sogas de varios largos fueron preparadas usando las sábanas de la enfermería y los pulóver amarillos fueron teñidos, usando tinta azul. Arreglos adicionales fueron hechos e incluyendo varios automóviles que recogerían a los prisioneros que lograran escapar. Los prisioneros se daban cuenta a su vez que descender desde la enfermería del castillo al foso principal y finalmente escalar el muro que daba al exterior requeriría un gran esfuerzo y solamente aquellos que eran físicamente aptos podrían ejecutar el escape con cierto grado de éxito. Los otros prisioneros enfermos que no se consideraban aptos para tamaño esfuerzo, al menos ayudarían a sus compañeros de armas.

En septiembre de ese año el Cuban Families Committee for the Liberation of the Bay of Pigs Prisoners of War, Inc., anunció a los prisioneros que se estaban llevando a cabo negociaciones con el gobierno cubano y que escapar en esos momentos sólo iba a traer mas represalias a los prisioneros y podían inclusive dañar las negociaciones. Considerando esto, los prisioneros desistieron en su riesgoso proyecto.

Gracias a las negociaciones conducidas por el Comité se obtuvo a crédito la salida en un avión prestado para ese propósito por Pan American Airlines de 60 prisioneros de guerra heridos el 14 de abril de 1962, los cuales fueron atendidos en el Hospital Mercy en Miami. También se negoció la salida de uno de los prisioneros, Jorge Alonso Pujol Bermúdez, el cual voló directamente a Panamá el día 18 de abril de 1962: su multa de $100,000 fue pagada por su padre. Tanto él como su hermano que estaba preso en Cuba por otra causa, junto a su padre, Guillermo Alonso Pujol, el cual había sido vice-Presidente, durante la Cuba eepublicana. El día 29 de julio salieron los prisioneros Fabio Freyre Aguilera ($100,000), Jorge Govin Throckmorton ($50,000), los cuales fueron liberados gracias al rescate que pagó su familia, y Ernest Fitzgerald ($25,000), cuya multa fue pagada por William D. Powley, uno de los 52 Patrocinadores del Comité de Familiares. El día 31 de julio también fueron liberados luego de que sus familiares pagaran las multas impuestas Alfredo González Durán y Nelson Carbonell Vadia.

Todos ellos llegaron a Miami usando vuelos regulares. Con la excepción de Jorge Alonso Pujol, el resto de los prisioneros liberados así como los heridos, ayudaron en numerables ocasiones al Comité de Familiares a través de las diferentes entrevistas en las que ellos participaron, en TV, radio, periódicos y eventos sociales, para recaudar fondos e influenciar a las compañías farmacéuticas a que hicieran las donaciones necesarias a través de la Cruz Roja Americana, para de esta forma conseguir la liberación del resto de sus compañeros.

Finalmente, en diciembre 23 y 24 de 1962, gracias a los tremendos esfuerzos del Comité de Familiares, de su abogado James B. Donovan y de la Cruz Roja Americana, los prisioneros de guerra fueron trasladados del Castillo del Príncipe y del Presidio Modelo de Isla de Pinos al Aeropuerto Militar de San Antonio de los Baños, con excepción de los juzgados el 6 de septiembre de 1961.

Ese día (23 de diciembre de 1962), en cinco aviones contratados por la Cruz Roja Americana, salieron hacia Miami 484 prisioneros de guerra, y al día siguiente (24 de diciembre), en otros nueve aviones, salieron los 719 prisioneros restantes, más los miembros del Comité de Familiares.

Es muy importante mencionar, que también gracias a esas negociaciones, el mismo día 23 de diciembre, a sugerencia de la Coordinadora en Cuba del Comité de Familiares Berta Barreto de los Heros, al abogado del Comité de Familiares, James B. Donovan, se le propuso a Fidel Castro (en el mismo aeropuerto militar) que dejara también salir de Cuba en los mismos barcos y aviones que traían o traerían la medicina, equipo quirúrgico y comida negociada para el rescate de los prisioneros de guerra, a las familias de los prisioneros, así como muchos de los familiares de los niños que habían salido antes, gracias a la “Operación Pedro Pan”. En otro viaje que hizo a Cuba, Donovan pudo también negociar la liberación y eventual salida de Cuba de 23 ciudadanos americanos, que sufrían prisión. En otras palabras, fueron un total adicional de 7,857 personas que también obtuvieron su libertad (en diferentes fechas) entre diciembre 27 de 1962 y el 4 de julio de 1963, los cuales salieron de Cuba en diferentes fechas durante los próximos seis meses, en 20 aviones, volando directamente a Miami y en 8 barcos fletados por la Cruz Roja Americana, que atracaron en Port Everglades en diferentes fechas y fueron recibidos por la Cruz Roja Americana y el Departamento de Inmigración de los Estados Unidos. El último barco (S. S. Maximus) llegó a Ft. Lauderdale, Florida, el 4 de julio de 1962.

Irónicamente, en 1969, el Castillo del Príncipe sufrió otra metamorfosis: ya no es una prisión, fue convertido una vez más en una fortaleza militar, llamada Unidad Ceremonial del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Pablo Pérez-Cisneros Barreto
Miami

Posts relacionados:

Historia de una negociación.

13 respuestas
Comentarios

  • Pablo Perez-Cisneros dice:

    You can find the book in the Internet under Amazon.com
    Once the Amazon page opens, ask for the book
    After the Bay of Pigs
    It happened in a tumultuous period of time of our history………….Good reading

  • Laurence Daley Garcia-I~niguez dice:

    Me equivoque dramaticamente con la ametralladora:

    World Guns staff (accessed 1-6-12) Sa. 23 / Sa. 24 / Sa. 25 / Sa. 26 submachine gun (Czechoslovakia) Modern Firearms Submachine Guns. World Guns http://world.guns.ru/smg/chex/sa-23-e.html

    Un experto me dijo mas o menos:

    ‘The weapon on the right is is a Czech-made “Sa 25” folding stock submachine gun in 9mm Luger/Parabellum. Many were exported to places like Cuba when the Czechs were forced to adopt the Soviet 7.62x25mm round’

  • Yo llegue en uno de esos barcos que llego a Port Everglades el 27 de Dic 1962, me gustaria saber si hay alguna lista de esos pasajeros para ver mi nombre ahi.

  • Hache dice:

    Una pregunta: ¿Este Rafael E. Soler Puig que fue fusilado tiene algo que ver con el autor de El Pan Dormido?

  • john noarms dice:

    lucharon por una causa q creian justa por eso hay q reconoce su valentia y su entrega tbn hay q reconocer q perdieron para el pueblo q en aquel momento su gran mayoria apoyaba a la revolucion,lo otro q se dice es un cuento chino

  • aldo dice:

    Que den gracias que no los fusilaron a todos, además, de que hicieron el ridículo más grande del mundo.

  • fg dice:

    buena pinta la del brigadista, mete tiempo mikey rourke en sus mejores años, pena que no triunfamos

  • Amaury dice:

    Recuerdo haber visitado en el Principe a mi tio preso en ese entonces y que al final de las visitas, sacabaan corriendo a los presos de regreso a las celdas mientras los familiares permaneciamos sentados en los bancos del patio donde se celebraban las visitas y que debe haber sido el mismo patio donde los condenaron. Tambien recuerdo que a la salida de la prision, justo antes de llegar a la puerta, los carceleros tiraban todas los alimentos y ropas que no habian dejado pasar a los prisioneros, y que muy pocos de los familiares se detenian a recuperarlas, se las dejaban alli. De eso hace 50 años. Calculo que ahora lo que decomisan en las visitas a los presos, los carceleros se las lleven para sus casas o se las coman ellos mismos. Desde entonces Noskagamus ha hecho de los cubanos que sean mercancias que las vende a quien mejor se las pague. Segun tengo entendido se les dejaron de pagar unos 3 millones de dolares de los acordadosen ese acuerdo. Claro que eso no es nada comparado con los billones que ahora recibe de los que todavia mandan dinero para familiares rehenes y no tan rehenes. Lo dicho por el tal Ric en el comentario anterior no se aleja mucho de la realidad.

  • ARMANDO VILLAMIL dice:

    Está genial la entrada: El 17 de abril de 1961 se trasladaron mil y pico de prisioneros de la brigada al Castillo del Príncipe, es decir: el mismo día del desembarco…

  • Güicho dice:

    Ric, 80% es una gran cuota, 4 de 5, pero fallaste en uno. El del collar y la metralleta murió de SIDA en 1989. Se contagió con un marinero nigeriano. El que está en la cárcel del Dade County es su hermano, pero no por drogas, sino por pedofilia.

  • ric dice:

    Los cinco que rodean al prisionero ya están en el norte revuelto y brutal. El descamisado con la mirada de odio trabaja en FIU, el negro tiene una clínica de esas que le roba dinero al Medicare, el medio viejo que anota es muy anciano, pero desde hace 15 años cobra una pensión del gobierno, vive en un apto. del plan 8 y usa el Medicare y el Medicaid, el del casquito de piloto con aspecto de anormal va a Cuba de mula todos los meses y pertenece (pagado) al grupo de apoyo de Aruca y Andrés Gómez, y el del collar y la metralleta está en la cárcel de Dade County por vender marihuana en la Pequeña Habana.

  • oscar canosa dice:

    La Venganza traza un destino de la Humanidad.

  • oscar canosa dice:

    Si, Fidel, me dejastes aqui sin Papa hasta 1963. Tu te acuerdas, Veldad?