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Tomás Piard, el ministro y las tijeras

  • abr 15, 201109:54h
  • 10 comentarios

Después de meses de edición y re-edición, en aras de obtener el imprimátur ministerial de Abel Prieto, el documental ficcionado de Tomás Piard Trocadero 162, bajos se ha estrenado por fin en La Habana como quien no quiere la cosa, sin armar escandalitos, sin nadie que recuerde que esta obra se filmó a la carrera como homenaje al centenario del natalicio de José Lezama Lima (19 de diciembre 1910/2010), sin un solo crítico con decencia para preguntarle al Estado cubano con qué varita mágica me desapareció (participé durante dos días enteros de rodaje, maquillaje y meriendita incluidos).

Vino Carter. Viene el congreso del Partido Comunista de Cuba. Se fue la mayoría de los presos políticos. Hay nuevos Lineamientos sobre el tapete para los que deseen tantear desde dentro al póker político de la Revolución (yo no dejo de ejecutar ni un segundo semejante bluff). Pero no cambia una cosa. El cubano es la última carta de la baraja.

Si un Ministro de Cultura de un país no sirve ni para administrar los encontronazos de los sujetos culturales de ese país con el poder, ese Ministro sobra, aunque parezca cool, hable de Lezama y se deje el pelo largo.

A principios de los años cero o dos mil, oí a Abel Prieto en el Instituto Cubano del Libro decir que en Cuba “no había listas negras, excepto Raúl Rivero, que ya no era escritor sino mercenario”. Todavía faltaba lo peor: la Primavera Negra del 2003. Aquellas palabras me sonaban tan lejanas que con el tiempo dudé haberlas escuchado. A la vuelta de nuestra historieta patria, dejé de ser yo un escritor para mutar también en otro mercenario: esa fabriquita de odios que es la última industria eficiente de la Revolución.

Cuando en octubre de 2010, en la misma sede nacional de la UNEAC, el director cubano Tomás Piard me citó para pedirme ser entrevistado por él sobre el ostracismo postrero de Lezama Lima y la ignorancia universitaria en torno a sus libros Paradiso y Oppiano Licario, no quise poner la censura delante de los burócratas. De hecho, su interés en mí (fue lo que me convenció a aceptar su propuesta), además del mutuo respeto que nos tenemos como creadores, era precisamente para disipar un poco el apartheid al que me tenían y tienen sometidos los lezamicidas actuales.

Dado el estado de desintegración disciplinaria que ninguna policía política puede ya parar, mi nombre rebasó todas las fases previas del proceso productivo y entré triunfal en edición, tras intensos debates en cámara con dos lindas muchachas de la Universidad de La Habana (una profesora y otra estudiante: ojalá no las obliguen ahora a declarar que escupí sobre ellas durante el rodaje), así como con dos no tan lindos testigos de cargo: un Premio Nacional de Literatura y el médico que no salvó al paciente Joseíto pero sí al compañero Lezama de cara a la eternidad revolucionaria (aún hoy imita todo el tiempo los jadeos del poeta al leer, el gag con menos gracia de nuestra paleohistoria literaria).

Ni el presentador del documental, ni los otros participantes, ni el director (que dejó de marcar mi teléfono), ni el Ministro de Cultura de facto, ni los socios mío de generación, ni el editor Daniel Diez que tan en ridículo ha quedado con este picotillo de pacotilla para borrar mi cara de cada plano, nadie excepto yo mismo, ha dicho una palabra sobre esta atrocidad.

Para mí es en verdad divertido, no puedo negarlo. Habitar un clima tan sobrecogedor de insolidaridad es una prueba espiritual en la cual, de no ser el hombre más libre de Cuba, hace rato estaría ya muerto o mendicante, que son las dos opciones (antes del exilio) por las que apuestan los intelectuales a mi alrededor.

El documental Trocadero 162, bajos, al contrario del largometraje El viajero inmóvil (2008) del propio Tomás Piard, es malo. Muy malo. Mi presencia en él no sé si lo mejoraría (no hablo con tanto brillo como escribo). Pero valga esta moraleja oficial para el camping literárido del siglo XXI cubano: aléjense de Orlando Luis Pardo Lazo; es un apestado cuyo resentimiento sólo aspira a truncar carreras (la de Tomás Piard ha sido cuestionada en la picota pública del ICRT, pero parece que su postura lo de-mostró salvable); OLPL no tiene amigos, a todos los delata en internet a cambio de un puñado de dólares de “Las Razones de Cuba” (seguramente Raúl Capote contará cuántas veces le pedí que me pusiera uno de sus contactos con periódicos de verdad que buscaran columnistas de verdad); OLPL, en fin, está en remojo.

Al margen del politiquerismo, que me importa tanto como el béisbol del team Industriales (y no es poca cosa), si no puedo hablar de nada en Cuba es que ya me dan por cadáver en una cuneta. No lo hacen así porque eso viola por el momento el modus operandi dictado por otro Ministerio más misterioso aún. Pero si mi imagen y mi voz no pueden mostrarse en público debe ser porque tras bambalinas ya se está cocinando el silencio tras mi desaparición.

Eximo de culpa al presentador del documental, a los otros participantes, al director, al Ministro de Cultura, a los socios de mi generación, y al estrujado editor: de cara al futuro nadie sabrá nada de nada al respecto y así está bien (a esa inopia se le llama idiosincrasia nacional). La vida es bella, caballeros, y, en todo caso, como Chacumbele, el mismísimo OLPL se lo buscó. Descansen, pues, sus conciencias en paz. Y la tuya, por supuesto, también.

Orlando Luis Pardo Lazo
La Habana

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10 respuestas
Comentarios

  • cavecanem dice:

    de las que cagó el moro…puaf (quién es esta gente)

  • Yago Mendez dice:

    “Mi presencia en él no sé si lo mejoraría (no hablo con tanto brillo como escribo).”

    Este escribiendo brilla como una lata de sardinas.

  • Baltazar dice:

    Orlando Luis Pardo Lazo tiene una fuerte voluntad de estilo, su prosa no es el coloquialismo al uso. Puede gustarnos o no como escribe, pero jamás lo he sentido flojo de ideas. Sino más bien exuberante, copioso, sin ser copiador, claro. Justamente él abunda en lo que a otros tanto les falta, la pasión, sólo que su apasionado discurso el algo que no está de moda. Sobre la afirmación de lezamiano, no le veo mucho sentido, quizás sea un devoto del maestro de Trocadero, pero para escribir ornamentadamente no es necesaria esa filiación. Si sus fotos son de categoría platino, sus palabras son oro.

  • cavecanem dice:

    Orlando:
    El galimatias que es tu respuesta apenas deja cobijo a mi sin dudas escualido entendimiento. “No te copio”, como dijo Mañach.
    Asi que las pruebas de tu acusacion las tiene que presentar Piard? Guao, mi socio, eso sera justicia en Lawton, del lado de aca eso se llama brete, chisme y hablar cascara e piña. De chiquito a uno le enseñan que para hablar con autoridad hay que tener fundamento. No funciona con sospechas, no funciona con suposiciones. Hacerse la victima, pasar for bete noire y darse muchimo auto-bombo es desde hace mucho tu modus operandi. Que es nuevo aqui? Muchisima malaleche y patá en el piso porque no te pusieron en el documental. Por supuesto que Piard no se va a poner a contestarte o a defenderse de los cargos que le haces pues uno siempre debe escoger contra quien polemiza. La economia manda a no gastar polvora en judios. Y para los no versados en dichos guajiros: no hay nada de antisemitismo en mi anterior comentario.
    Orlando: no descarto que te hayan censurado pero tambien hay una segunda probabilidad: no sirvió. Consuélate pensando que Decca tambien cometio una equivocacion monumental en su dia. Veras como en una de estas llega tu momento. Tu a seguir pujando lineas y a meter cabeza cada vez que se pueda. Hey, ha sido siempre una manera de sobresalir y hacerse notar en toda la historia de nuestra triste isla, por qué iba ahora a ser diferente?
    Asi que el MININT paga en CUCS, uhm, lastima que no los aceptan en Walmart.
    La inmortalidad no llega a quien quiere sino a quien puede. Pobre tipo…

  • ADVIL PM dice:

    La camara Orlandito, el lente… eso es lo tuyo!

    Que cuando escribe a mi particularmente me marea y lo dejo en el primer parrafo. La vida es urgente, directo al grano.

    Las fotos de OLPL, ahi si hay que quitarse el sombrero y decirle Sir!

  • OLPL dice:

    Cavecanem, las pruebas pídeselas a Tomás Piard o al MINCULT o al editor de FAMCA o a la Seguridad del Estado, no a la parte censurada. Lo mismo dijeron de mi libro de cuentos “Boring Home” en la Feria del Libro de La Habana 2009: no hay pruebas de la censura, el libro se demoró, buh buh. Llorones y cobardes…! La prueba de toda esa mierda materialista cubana es mi nombre puesto aquí bien alto y que sigo ex-cribiendo por encima de todos los anónimos pagados en CUC por el MININT. Gracias y a otro tema, que ya tengo ganas de ser inmortal.
    OLPL

  • cavecanem dice:

    “Mi presencia en él no sé si lo mejoraría (no hablo con tanto brillo como escribo). ”
    Para el llanto, Pardo y dale suave con el ego por favor. La explicacion mas sencilla es muchas veces la mas certera y en este caso, en lugar de perdernos en el laberinto de teorias conspirativas que Orlando teje, es mas facil suponer que esas secuencias se quedaron en el cuarto de edicion…porque si. Porque ser filmado o grabado no garantiza publicacion. El picotillo de que Pardo habla se llama edicion. No es que el documental estaba ya listo y la censura obligo a Piard a quitar las escenas pardunas lo cual si hubiera sido mutilar y silenciar. No es tal el caso. Al menos no hay prueba de ello. Si Tomas, luego de ver el resultado probablemente se dijo: “escribe mal y habla peor, no way” es su reverendo derecho. La queja de Pardo carece de fundamento a menos que presente pruebas convincentes de que las decisiones de Piard, otras que las de caracter estetico o convenientes al discurso o proposito que el director envisionó para su obra, estuvieron guiadas for un fiat “de arriba” .
    Pardo, hazme caso, bajate de esa nube delirante y ponte a escarbar el huerto que decia Voltaire. La humildad ya se que no esta de moda pero solo los buenos creadores se pueden dar el lujo de la arrogancia, un mediocre prepotente solo agrega insulto a la injuria.
    «Llaneza, muchacho, que toda afectación es mala», como dijo don Quijote a Sancho.

  • Ruben dice:

    No juzgo, solo opino. Acciones que pudieran ser identicas pero solo rozan algunas caracterisitcas similares para ambas.

    ¿El hecho en cuestion?, como toda la tragi-comedia de la vida cubana … otro mas.

    ¿El lenguaje enrevesado y rocambolesco de expresarse? … pues no me gusta. Esa adoracion a Lezama no digo que no pudiera tener razones … pero no es para mi estomago.

    Y el “no hablo con tanto brillo como escribo” es ya demasiado.

  • lector radical dice:

    Lo que cuenta Anon es muy típico del halo surrealista que siempre acompañó a Piar –que no a su obra-, incluso en sus incursiones por la TV. Una rara avis a medio camino de casi todo.

  • Anon dice:

    El recuerdo que tengo de Piard es un poco surrealista.
    Visionado por un pequeño círculo de cineaficionados en la calle Obispo como la “joven promesa del cine cubano” (expectativa que aún no parece consumada) me interesé por las dos películas que, se me había afirmado, eran una obra maestra del cine nacional. El día del encuentro, más bien tenso, porque coincidió con un intercambio preliminar de bofetadas entre dos miembros prominentes del cine club por cuestiones homosexuales, pasado el incidente, se procedió a la proyección de la película que consistió en el pase de manos de un grueso fardo de fotografías impresas en unas descoloridas cartulinas mate soviética conocida como bumaga en un macro formato de dos por tres pulgadas. Uno de los filmes, en realidad aquella colección de fotos, estaba dedicado a Jean-Luc Godard, alter ego en aquel tiempo del joven cineasta. Debo confesar que muchos no entendiamos la trama, ni siquiera la sucesión de imágenes que se imponían a nuestra vista, alguien comentó críticamente “pero esto no tiene progresión dramática” otro “aquí no hay argumento” a lo que otro ripostó agresivo “ni falta que le hace”. Desde el anonimato, alguien sotto voce disparó un “esto es una mierda” a lo que el grueso moderador de la tertulia, un tal Popo, dió inmediatamente por ternimada la “proyección”, quizás para conjurar otra escena de bofetazos, esta vez motivados más por razones estéticas que sentimentales.
    Para sorpresa de muchos, Saura se sintió conmovido por la indigencia material del esfuerzo y le envió unas bobinas de película vírgen en 16 mm, las cuales, casi llorando, Piard contaba que el ICAIC se las había decomisado para un proyecto fílmico sobre la Sierra Maestra, condenando sus dos filmes godardianos al sueño eterno.