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Mis conclusiones

  • Abr 10, 201111:24h
  • 2 comentarios

Llevamos casi un mes de telenovela y salvo en un capítulo —el de la “ciberguerra”— en todos los demás se destapó algún agente encubierto. El del lunes no pude terminarlo, era ya demasiado. Me aburren infinitamente. Sin embargo vale la pena analizar esta cruzada mediática de la seguridad del estado contra la sociedad civil. Confieso que los móviles de las acciones de los cuerpos secretos cubanos me son en su mayoría incomprensibles y no será esta la primera vez que me quedo lela ante el objetivo, y sobre todo, los beneficios que pueda aportar la telenovela al gobierno.

Ante todo, me resulta sorprendente que hayan decidido meter en el mismo saco —es decir, hacer protagonistas— tanto a opositores, activistas de derechos humanos y bloggers como a escritores, pintores y vendedores de antenas y cuentas de Internet ilegales. Resulta que antes de la telenovela sólo los primeros eran disidentes, después de la cuarta saga ya no queda tan claro. La Seguridad del Estado acaba de lanzar por los cielos el número de inconformes al mezclarnos a todos en una sola idea: la contrarrevolución. Lamentablemente nunca concretizan el significado término. Supongo que un decodificador de antenas parabólicas se haya quedado boquiabierto frente al televisor al recibir la noticia de que él es “oficialmente” un disidente.

Me cuesta entender los beneficios que pueda reportar “Las Razones de Cuba”. Quizás la difamación como arma para desprestigiar a las más conocidas figuras dentro la sociedad civil o la necesidad de crear un estado de opinión —más bien de paranoia— respecto a la capacidad de los “agentes secretos” para colarse en nuestras vidas. Pero sigo pensando que ambos argumentos siguen siendo insuficientes si los comparamos con las desventajas: reconocer que eso que ellos llaman “contrarrevolución” va más allá de la ideología y se ha convertido en una realidad del día a día cubano. Si tener Internet o ver la televisión de Miami es tan arriesgado como pertenecer a un Partido de oposición, no nos quedan demasiadas opciones a los ciudadanos.

Claudia Cadelo
La Habana

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2 respuestas
Comentarios

  • Anónimo dice:

    Este déjà vu no debe sorprendernos. Fue una dolorosa cotidianidad en los primeros años de revolución, donde actos civiles carentes de toda motivación política eran conectados con las leyes revolucionarias de una manera grotesca, y castigados con tal severidad que el paredón de fusilamiento era una posibilidad muy real. Personas que aceptaban jubilosos diez, quince, veinte años, después de haberles sido solicitada por la fiscalía pena de muerte por un delito calificado caprichosamente como contrarrevolucionario. Un plan de rehabilitación podía, en unos años, reinyectarlos a la sociedad, como ciudadanos agradecidos. Sería una verdadera desgracia que esta práctica regresara.

  • Amaury dice:

    Ya se les esta acabando la opción de llamarle grupúsculos a los que se oponen a ellos. Les estan dando una publicidad gratuita a sus opositores y levantando la curiosidad de los que aun les quede una minima capacidad de deduccion, por tratar de averiguar por sus medios, dado el poco grado de confiabilidad que tienen los medios de comunicacion gubernamentales, que hacen y quienes son en realidad los que ellos tratan de desprestigiar de esa manera torpe y burda que ya resulta poco efectiva para el cubano luego de tanto tiempo leyendo y oyendo propaganda que no les ha resuelto ningun problema fundamental en sus vidas.