- abr 05, 2011 • 21:41h
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Me levanto por la mañana y me doy mi baño de irrealidad frente al televisor con las primeras noticias. En Revista de la Mañana, el primer noticiero del día, no le pierden la pista al surrealismo. Lo mismo escuchas una reflexión llamada “Los zapaticos me aprietan” —estoy realmente intrigada, por cierto, por la idea fija que ha desarrollado Fidel Castro con Obama, hace meses que le dedica todas sus Reflexiones— que una reseña sobre un concurso de artes plásticas llamado “Amiguitos de las FAR”. Son inefables los sentimientos que a las siete y media de la mañana uno puede experimentar al ver la televisión cubana.
El otro día pasaron un pequeño reportaje sobre la normalización de los productos que se ofertan en pesos cubanos. Una voz en off mostraba empresas y nos intentaba convencer de que el país había hecho esfuerzos por mejorar la calidad de las producciones y que eso se podía comprobar en muchas de las ofertas del mercado. Duró pocos minutos y el objetivo era introducir una entrevista con un especialista en el tema. En cuanto terminó aquel programa, cuyo objetivo era demostrar la tremenda calidad de nuestros productos, que sufrían además la presión de la norma internacional impuesta por occidente (cita textual), el especialista dijo: En Cuba no se cumple la norma, el problema es cultural.
Yo me paseaba de un lado a otro con mi taza de café en la mano y no pude evitar verter un poco al suelo. Tengo la costumbre de hablarle al televisor, es un hábito que desarrollé desde la adolescencia. Supongo que haya sido la manera que encontré para exteriorizar mi descontento con el establishment del periodismo oficial: crear mi propio debate con todo lo que saliera de la pantalla. ¿Cómo que cultural? —exclamé. Ni la política gubernamental de estatismo económico, ni nuestra economía hecha añicos, ni la doble moneda son las responsables de la cuestionable calidad del pan o del jabón, es la cultura cubana —según un especialista en temas económicos— la responsable de este mal.
Claudia Cadelo
La Habana
Foto: Leandro Feal.







Ahora el que carga con la culpa es el pobre Abel Prieto.