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El hambre, el gato y el Hombre Nuevo

  • pd
    Editor Jefe
  • mar 28, 201116:15h
  • 16 comentarios

Mirta Suquet, con un nuevo capítulo de sus memorias de estudiante en F y Tercera, en pleno Período Especial. Cuando la gente se desmayaba de hambre en la calle y cazaba gatos para comérselos:

Saboreé la carne, chupé los huesos, y casi al terminar pregunté qué era lo que había comido exactamente pues, aunque parecía “gallina vieja”, aquellos huesos no eran de pollo. “Tú come y no preguntes”, me dijo por lo bajo mi amigo y alguno soltó una sonrisita cómplice. Aquí hay “gato encerrado”, se me ocurrió decir y una explosión de burlas se desencadenó: ¡así que gato encerrado…! Fui al baño a escupir el pedazo que aún tenía en la boca, y aunque intenté vomitar para teatralizar mi rechazo, no pude. El cuerpo había asimilado el alimento y se negaba a devolverlo. Ciertos tabúes alimenticios eran leyes demasiado incorporadas como para saltárselas sin que implicaran un coste emocional añadido. Pero ante el hambre, los escrúpulos solían dejarse a un lado. A veces.
Me contaron que llevaban vigilando al gato hacía muchos días; era de los últimos que quedaban por aquella zona. “¡Los pobres, como la cosa siga así van a entrar en período de extinción!”. Pregunté si habían comido algún otro animal doméstico -temía, sobre todo, por los perros del vecindario-, pero me tranquilizaron: sólo unas palomas de un tejado cercano a la Universidad. “Lamentablemente -agregaron- no eran rabiches”, sino unas palomas blancas bien cuidadas y con un anillo localizador en las patas. “Nos dio lástima matarlas, pero no quedó otra”. Varias veces, de niña, tuve que lanzar palomas al compás de alguna música energizante o cuando concluyera el discurso de algún dirigente partidista. Eran menudas, casi tímidas. Pero eso había sido en otro tiempo. En el Período Especial en Tiempos de Paz aquellas palomas degolladas y cocinadas habrían podido ser un buen símbolo de aquel momento de colapso general.

16 respuestas
Comentarios

  • Verónica Pérez Konina dice:

    Creo que es algo interesantísimo. Aunque pienso, para mis adentro, que por suerte estuve en Rusia todo ese alucinante período.

  • Verónica dice:

    Me encantó, Mirta. Todo lo que has escrito me encanta.

  • Francotirador dice:

    Scrutinizer,
    Tristemente para que sea mundo, debe haber de todo en la viña del Señor. Y lo hay como has podido observar.

  • banito, el cu... dice:

    el_yoyo:

    jAJA… Ta bueno eso!… es verdad, y si nos dan muchos vegetales, “eso es comida de caballos o de monos”… y hay que llenarse hasta el tope, aunque la acidez nos mate por la noche, si no, no hemos comido… pues si: “Algo no nos funciona bien a nosotros”… somos unos toros!, que caray!

  • scrutinizer dice:

    Efectivamente, Francotirador.
    Y todavía hay un anormal en el post sobre la visita de Carter que dice que yo voy a empezar con la cacería de brujas en Cuba…jaja.

  • chucho dice:

    Siempre que llegaba a Corea del Norte
    nunca comia carne,aunque pasara hambre.

  • el_yoyo dice:

    Ariel

    … se comió toda la vida… (en pasado)

    Aquí Yoani hace el mismo análisis.

    Hasta el menú ha involucionado en Cuba. Si no hay arroz y frijoles no es comida.

  • Ariel dice:

    Yoyo pero para tener sushi tienes que tener arroz, pescado y el resto de los ingredientes, el sushi es solo otra forma de presentar alimentos , no es usar algo que en Cuba no se utiliza, y rabo, pata, panza se ha comido en Cuba toda la vida

  • el_yoyo dice:

    Por supuesto no se justifica llegar a esos extremos por hambre o porque no hay más na´, pero… siempre hay un pero.

    Estando trabajando en Cuba recuerdo que en el patio de mi firma había un árbol del pan. Aquellas frutas grandes caían en el piso y ahí quedaban sin que nadie las utilizase. Un día un gallego preguntó cómo es posible que la gente pase hambre en Cuba habiendo tantas cosas para comer. — ¿Qué cosa? le dijimos indignados. El gallego nos mostró las manchas de las frutas en el piso del patio y cuatro de ellas en el latón de la basura.
    Muchos años después viví en Asia y conocí el Sushi. De regreso a Cuba cuando le contaba a la gente hambrienta que en Asia las algas se comen, también pescado y carne cruda, me miraban con cara de “¡Tú eres un puerco!”.

    He conocido cubanos en España que no comerían percebes (o como se escriba) porque son feos, que no se comen la quesadilla (los testícuos del puerco), lengua, rabo, pata y panza…

    En fin… por alguna extraña razón los cubanos desperdiciamos muchísima comida. Decía mi padre que porque nunca hemos pasado hambre de verdad. Y cuando las hemos pasado en vez de meterle al Sushi le metemos al bistec de frazada de piso, de toronja o la pizza de condones.

    Algo no nos funciona bien a nosotros

  • MonkeyArrowHead dice:

    y despues uno se encuentra gente por ahi que le preguntan si uno va a volver…..

  • laz dice:

    nunca les permiti a mis gatos de aquella epoca salir de la casa. hubo zonas en que desaparecieron bajo la diestra punteria de escopeteros de perlets y de tirapiedras. la gente criaba un par de conejos en el patio de la casa y luego vendia gato x conejo hasta que la gente comenzo a pedir que el “conejo” viniera con la pata con piel. lo mismo con los perros x carneros.

  • La Loca del blog dice:

    Yo no comí gato ni los comeré nunca, prefiero quitarme de comer para dárselo a uno de ellos, como muchas veces hice antes, durante y después del período especial. Como tampoco comeré perros aunque nunca me han gustado como mascotas. Eso sí, comí mucho picadillo de soya, los horrendos y apestosos frijoles caritas y un largo etcétera.

  • Francotirador dice:

    Mientras que algunos comen gatos, majaes, picadillo de cascara de platanos, y bifes de frazada de pisos, el cagandante toma vinos de 200 euros la botella y come jamones gallegos especialmente importados de Galicia de cerdos especiales criados con bellotas.
    Y todavia uno tiene que leer los comentarios de algunos aqui que nos piden comprension y un retiro digno para una transicion pacifica para estos desalmados que se han ensañado vilmente con la nacion cubana, y han martirizado y asesinado a sus ciudadanos. El cadalso seria poco como castigo para estos seres tan malnacidos causantes de tanto dolor y miseria en nuestra patria. Lamentablemente el responsable mayor de nuestras penurias y amarguras parece que va a morir en su cama y escapar sin pagar ni por uno solo de sus crimenes.

  • anonimo dice:

    Mi esposa era una ninna en los 90, un dia perdio su gato y se subio a la azotea a buscarlo, y vio como el vecino lo “limpiaba” para la cena en el patio de su casa…

  • Sin escrupulos dice:

    Mirta se quedo corta conmigo: Yo comi’ “garzas”, pelicanos, gaviotas, maja de santa maria, perros, gatos e iguanas, tambien comi flor de calabaza frita, picadillo de la cascara de platano, dulce hecho con el tallo de la mata de “papaya” o fruta bomba, la morralla de pescado hervida y luego molida sin una gota de aceite (aquello sabia a rayo pero habia que comer algo). Todo esto lo había borrado de mi memoria, pero al leer el articulo de Mirta ha regresado a mi mente toda aquella desgracia. Hoy los cubanos están muy cerca de volver a la misma situación.

  • Ambar dice:

    Por los fatídicos años del Período Especial, estando un día en la biblioteca de la Casa de las Américas en la esq. de 3ra y G ( sitio original) recuerdo haber escuchado a dos bibliotecarias comentar que una de ellas había comido gato asado en Pinar del Río junto a su familia en un viaje que había hecho el recién pasado fin de año por ese entonces. Creo que fue a principios del 1996, así que se comió el gato en la cena del fin de 1995, pues yo había ido a consultar unos libros y escuché la historia de boca de la que comió gato. La otra la escuchaba sin mucho asombro. Sé que eso fue algo normal en esos años. Por suerte nunca me vi en la necesidad de cocinar un minino.Saludos y ¡buena historia!