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Un postfacio

  • mar 26, 201100:31h
  • 17 comentarios

Las razones por las que no se escribe un libro son demasiadas veces el motivo de otro. Así que lo mejor será abreviar el trámite: hace ocho años una pequeña editorial publicó en México, donde yo vivía por entonces, lo que podría llamarse el embrión de un libro. Algunos críticos escogieron enseguida el camino más fácil: era lógico (aunque tal lógica quedara reducida a reflejo especular) que un joven intelectual cubano presuntamente formado en la Revolución adjuntara a su desencanto de exiliado el interés por ciertos autores llamados “de derechas”, o diera pruebas de su curiosidad por la herencia de escritores “malditos”. Muchos años después que aquel embrión tomara la forma de un libro de ensayos —forma que suscita, ante todo, la cuestión de la uniformidad—, he sentido la necesidad de explicar mejor, y de paso explicarme, esa preocupación por la relectura de autores reaccionarios, en el sentido más amplio de la palabra.

Lo primero sería confesar que Perfiles derechos no es el libro que yo quería escribir. Siempre he disfrutado el género “ensayo filosófico” y durante mucho tiempo creí que la filosofía era el nicho ideal de mis preocupaciones intelectuales. Lo que acabó editando Península en el 2004 es un poco la historia de ese fracaso, el aborto del hipotético tratado que además de rastrear los orígenes de la vocación antidemocrática de un puñado de escritores explicara sus “efectos literarios”. Al final, creo que acabé por ceder ante un placer más fuerte. Si sacrifiqué aquella antigua confianza en las ideas generales fue, entre otras cosas, porque durante estos años mis preocupaciones filosóficas han sido sustituidas por inquietudes más propias de un lector que de un pensador. En ese ambiguo territorio del ensayo hoy creo estar más cerca del escoliasta que del filósofo.

También supongo, ya es hora de decirlo, que los posibles lectores de esas páginas han salido ganando con el cambio. Porque entre los consejos que todo ensayista literario debe tener presentes, el primero es evitar lo que Nabokov llamaba “las lunáticas sandeces de la generalización”: huir de esos moldes de ideas prefabricadas que obligan a los lectores a empezar desde el otro extremo, a alejarse de un libro antes de haber empezado a comprenderlo.

Perfiles derechos debe más al azar de lecturas nómadas que a la biografía ideológica de su autor. No pretendo soslayar los hechos: nací en La Habana en 1968, y formé parte de esa generación entrenada para convertirse en “hombres nuevos”, que hoy más bien reclama para sí aquel rótulo de Adorno: el exilio como “vida dañada”. Aún así, me resisto a que por culpa de este libro se me etiquete, sin más, como alguien “de derechas”. Sería reducirlo todo a ese cómodo ejercicio de filisteísmo que hace de nuestras peripecias biográficas la clave de lo literario. Creo que hoy la oposición entre “derecha” e “izquierda” se ha desdibujado, y lo que resta de ella forma parte de un dominio simbólico; es decir, algo que concierne más a la cultura que a la política.

Notarán ustedes que el libro es un desfile algo promiscuo: los protagonistas de algunos ensayos aparecen ocasionalmente en otros: Jünger leyó a Rózanov, por ejemplo, y dejó un emotivo apunte de esa lectura en sus oceánicos diarios; Pound manifestó en una de sus emisiones radiales fascistas su interés por Céline; Morand y Montherlant coincidieron en no pocas recepciones y párrafos; Vasconcelos publicó en La Gaceta Literaria de Giménez Caballero… Tales cruces no prueban, sin embargo, la existencia de una “derecha literaria”, entidad difusa y problemática que reclamaría muchas más páginas de las que he dedicado al asunto. ¿Qué tienen en común el furibundo Pound y el dandismo aristocrático de Montherlant? ¿O las ideas de Vasconcelos con las de Jünger? ¿O las lecturas bíblicas de Céline y Rózanov? Más que una serie de rasgos intercambiables que definirían un modelo de intelectual, los escritores que decidí abordar en mi primer libro ejemplifican cierto talante: una comunidad de deseos, gustos, voluntades; un modo o manera de hacer, una disposición amarga ante el mundo. Muchos de ellos muestran, además, un curioso semblante estoico que no pasa desapercibido a una mirada de conjunto: estoicismo que se desdobla en identidades múltiples, desde el mito de Epimeteo y su funesto descubrimiento de que la caja de Pandora contiene demasiados males para la humanidad, hasta el Benito Cereno de Melville, cuya nave secuestrada le sirvió a Carl Schmidt como emblema de una Europa desorientada que se abandona a las fuerzas de la disolución.

Al menos durante el periodo conocido como “de entreguerras”, la hipótesis que alimentó (y aún alimenta) a buena parte de la literatura reaccionaria fue la negación del progreso. No se ignoraba el decursar del tiempo, pero se lo consideraba menos importante que la constancia de cosas de muy variado signo, cosas buenas o malas mantenidas en un precario equilibrio, amenazadas por ese fuego purificador que también es un invento estoico: la apokatástasis. El Gran Reaccionario —escribí en mi prólogo— padece siempre el sabor amargo de una derrota que se le figura no exenta de nobleza. Lo cual nos coloca de antemano frente a una galería de “perdedores” confesos.

Ya no sé si estos “perdedores” merecen aquel estudio exhaustivo que quise escribir alguna vez. A cambio del dictum retórico que impondría la forma tratado, el modelo perfiles me permitió las libertades de otro acercamiento, acotado por la ironía y el escepticismo, que escoge mostrar la fisonomía de cada autor antes que unirlos en una cadena demostrativa. Un perfil es menos que una biografía pero más que un boceto. Figura a contraluz, es también lo que resta tras otear el ambiguo territorio entre la persona y el personaje: una imagen interesante.

A propósito de este último término: en la introducción del libro me permito una cita tramposa de Susan Sontag, de su ensayo “An argument about beauty”, sobre la cual convendría volver en esta ocasión. La ensayista norteamericana, digo, afirma que una política conducida de acuerdo con los principios liberales carece de drama, del sabor del conflicto irreconciliable, mientras que las políticas fuertes y autocráticas tienen la indudable virtud de resultarnos “interesantes”. Mi trampa se esconde tras el adjetivo “indudable”, y consiste en escamotear al lector la otra parte del ensayo, donde Sontag somete a una severa crítica el uso estético del adjetivo “interesante”. Cuando la gente dice que una determinada obra de arte es interesante, no quiere decir que le guste o que se identifique plenamente con ella, sino más bien que debería gustarle. Lo interesante es algo que antes no habíamos visto como bello (o bueno) y, por lo tanto, implica un tabú. “Los enfermos son interesantes, como nos hace ver Nietzsche. Los perversos también. Lo que se admira a través del despliegue de este término es el ingenio, no la verdad; la tosquedad o insolencia o transgresividad, no el respeto”.
Pasé mucho tiempo dándole vueltas a esa curiosa reflexión; me sentía aludido, puesto que muchas veces he usado el adjetivo “interesante” para referirme a determinadas obras de arte que así me lo parecían, o simplemente para evadir la banalidad de llamarlas bellas. Las reflexiones de este ensayo de Sontag —y de una buena parte de sus últimos ensayos— llegan tras lúcidas exploraciones en la historia de la barbarie humana y acaban por sumar argumentos al ideal platónico que conjunta lo bello y lo bueno. Al mismo tiempo, esta gran ensayista confiesa una intención moralizadora, que aprecio pero no comparto. La moralidad que se traduce en sana crítica de las costumbres intelectuales también cae muchas veces en la tentación de reducir el arte y la literatura a un apartado de la crítica del juicio, donde categorías como “lo interesante” están condenadas al oscuro atractivo de la transgresión.
Llegamos entonces al punto donde tienen ustedes a un autor primerizo, que mientras corrige las galeradas de su libro presiente que será comparado con aquel oscuro cubano imaginario que aparece en el libro de Roberto Bolaño titulado La literatura nazi en América Latina. Pero las cosas no fueron originalmente así. Todo libro de ensayos es una confesión de lecturas, un arte de ordenar cierto azar desde un centro más o menos visible. El centro de mi libro, creo, fue la lectura de La decadencia de Occidente de Oswald Spengler, cuyos dos tomos descubrí en una librería de lance habanera. Fue Spengler (que apenas se menciona un par de veces en el libro a propósito de la técnica de la “ficción histórica”) quien me llevó, de una manera u otra, a casi todos los autores que abordo en Perfiles derechos. Me ayudó también a desconfiar de la filosofía, puesto que la La decadencia… marca, creo, el momento en que el ensayo histórico-filosófico se degrada a ejercicio de estilo, en el sentido más amplio de ambos términos. Para Roberto Calasso, otro autor al que leo con devoción, el libro de Spengler no es sino una smisurata fantasmagoria, una periodización crítica del simulacro humano. “No es la definitiva ‘historia universal’ que el siglo XIX no había podido dar, sino un gigantesco, agrio pamphlet contra el mundo moderno; y al mismo tiempo un psicodrama visionario, que sólo puede entenderse en términos de literatura”.

¿Qué quiere decir entender algo “en términos de literatura”? ¿Por qué todos los escritores reaccionarios parecen figuras de un psicodrama moderno, donde la literatura ocupa el lugar de una redención por el estilo? Son las preguntas de otro libro, que aún está por escribirse.

Ernesto Hernández Busto
Barcelona

* Una versión de esta nota se publicó el año pasado en el número 2 de la revista Voces, editada en Cuba.

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17 respuestas
Comentarios

  • Abel dice:

    ok franco,de acuerdo!

  • Abel dice:

    ja,ja,ja,ja que cuero!!!

  • Cuco dice:

    Y hubiéron muchos heridos?….

  • pd dice:

    Gracias, Yago, por las correcciones. El vicio del cliché, en efecto. Pero el uso también certifica lo que parece galicismo, según veo.

  • Yago Mendez dice:

    “aprovechando las sombras de la noche logro pasar desapercibido…” recuerdan.

  • Yago Mendez dice:

    “Ernestico, no: “no pasó desapercibido”, sino: “no pasó inadvertido”. Tu sabes escribir, no permitas que los topos y topas de TVE te “eduquen” en sus vicios lingüísticos”
    Ese mismo disparate lo comete en su libro “Inventario de saldos” (pag. 103, línea 17). Es imperdonable para un cubano de entre 40 y 50 años, pues ese error fue corregido hasta la saciedad por un animado de la tv cubana en la década de los ochenta. Imperdonable también que los editores de Colibrí no se hayan percatado.

  • Francotirador dice:

    Abel,
    No me mal entienda. Para nada dije que ninguno de las dos extremos es bueno. No excuso ni defiendo a los dictadores de derecha como Pinochet, Batista o Stroessner, porque tambien son soberanos hijos de p…a, y por supuesto detesto tambien a los otros tiranos de izquierda. Mi opinion era sencillamente que si sumamos el numero de victimas de ambos, y hacemos una comparacion, la diferencia entre las victimas de los tiranos de izquierda y los tiranos de derecha, es abismal. Los numeros no mienten porque no se pueden alterar. La documentacion esta disponible y es accesible para cualquiera que desee verificarla.
    No se trata de si el asunto es de izquierda o de derecha. Estamos comparando la cantidad de victimas y en esta comparacion, las victimas de los que han gobernado desde la izquierda son mucho mas numerosas. Hay que estar ciego para no admitirlo.

  • Abel dice:

    tienes razón, pero no nos ceguemos con lo derechas e izquierdas….sólo quise recalcar eso! cualquier extremo es malo, nefasto diría yo!

  • Francotirador dice:

    Abel,
    Si de numeros de victimas se trata, la historia es precisa y nos revela sin equivocos que los zurdos tienen mas muertos en su haber que los dictadores de derecha.
    Mas crimenes se han cometido en nombre del llamado “socialismo real” que los de sus enemigos en reprimirlo.
    El bigotudo georgiano solito se llevo en su degollina a mas de 20 millones de seres humanos si sumamos los que mato de hambre en Ucrania y Rusia a principios de la decada de los 30 con la colectivizacion forzada y los que asesino despues con fusilamientos y trabajos forzados en el Gulag y las deportaciones de varias nacionalidades de la URSS.
    EL camboyano Pol Pot del Khmer Rouge asesino y mato de hambre se estima a mas de 1.5 millones de la poblacion de Camboya. Y nuestro tirano domestico de Biran ya lleva cerca de los cien mil entre los fusilados y muertos en el mar escapando. Mao Tse Tung mato a casi 10 milones de chinos durante su tirania incluyendo a varios millones en una hambruna.
    Si sumamos todos los muertos y asesinados de los dictadores de derecha, exceptuando a Hitler que tambien decia que era socialista, (por lo menos se autotitulaba nacional socialista) no creo que son ni una pizca del numero de victimas de los socialistas. Y tambiene estoy tomando en cuenta e incluyendo los muertos de Franco en la guerra civil española. La disparidad en el numero de victimas es abismal.

  • Abel dice:

    tienes razon Franco, agregaria que no nos ceguemos con lo de derecha e izquierda, es lo que quiere decir Ernesto finalmente, las etiquetas son malas, muchas veces los personajes y las personas resultan no ser completamente de derecha o de izquierda y…….todas las dictaduras son nefastas!!!
    Las etiquetas no tejan ver claramente quien es quien aunque ayudan a grandes razgos. Todo tiene matices!!!

  • Francotirador dice:

    Lastima que la historia es una perra y nos demuestra que hay muchos mas millones de muertos por causa de los zurdos que por los de derecha. Pinochet, Batista, Somoza, Videla y Stroessner son niños de teta si son comparados con Stalin (este solito elimino a mas de 15 millones entre las hambruinas causados por el y los fusilamientos), Pol Pot (este se llevo a golina a casi 3 millones de campucheanos) , y en nuestro caso el h de p de Castro, el cual ya va casi cerca de los 100,000 si contamos los fusilados y le agregamos los que se han muerto en el mar escapando de Cuba.
    Segun el libro negro del comunismo, hay mas de 100 millones de muertos atribuidos a la ideologia de izquierda. Y los numeros siguen subiendo a diario cuando se descubren nuevas tumbas masivas en la misma Rusia.
    Hijos de puta de todo el mundo unios!!

  • Babel dice:

    Bueno, tienes la ventaja que para contemplar un perfil derecho u observar en detalle una fisionomia reaccionaria solo necesitas la ayuda de un espejo.

    La oposicion entre izquierda y derecha no se ha “desdibujado” sino todo lo contrario. En tiempos recientes sus lineas se han esculpido mas y mas profundamente, por lo que su relieve se hace tridimensional, como el del friso del Partenon.

    Y nunca ha sido cuestion de ambiente, sino de genes: nace derecho quien nace torcido… y jamas se endereza, porque la culpable es la inmutable Natura, no la voluble Cultura.

    A esta ultima la tratan constantemente de subvertir, escribiendo ensayitos mas o menos abultados que pregonan las loas de una ideologia torcida y falaz. Es un hecho que por cada pagina zurda hay impresos 10 mamotretos derechos.

    Pero, aparentemente, siempre hay espacio para uno mas.

  • Graf Kessler dice:

    Ernesto, es usted sumamente severo con un vástago suyo. ¿Por qué renegar de esa obra? A los hijos con supuestos defectos se les quiere también. No hay que justificarlos. Sean cuales sean sus motivos, le digo que esta nota me parece “interesante”, evidentemente no por lo que apunta Sontag, sino porque provoca…en un buen sentido. Siga usted con sus escolios. Algunos se lo agradecerán.

  • SAUCEDO MIAMI dice:

    Ernestico, no: “no pasó desapercibido”, sino: “no pasó inadvertido”. Tu sabes escribir, no permitas que los topos y topas de TVE te “eduquen” en sus vicios lingüísticos (¡vaya parrafito difícil de puntuar, caramba!).
    Mi mente es más simple que la tuya: No me importa que me llamen derechista. Creo que en el capitalismo es donde único hay la posibilidad de escribir las ideas “del otro” y hásta de ser “el otro”. Ponme al lado de Ayn Rand.

  • lector radical dice:

    Ernesto.
    Sin tomar en cuenta el motivo de este postfacio, que desconozco, puedo encontrar en él algunos rasgos distintivos –que me son familiares- de ese proceso de introspección obligatoria que se produce luego del encontronazo entre una formación doctrinaria y sistémica y la interpretación que proviene de una maduración intelectual posterior, cuando comenzamos a cuestionarnos los mitos. En ese proceso, es muy difícil desprenderse concienzudamente de algunos conceptos injertados en el ADN de esas generaciones que –como la tuya y la mía- fueron programadas para ser “el hombre nuevo”.

    Yo provengo de la primera cocción, cuando los manuales eran la única referencia y no olían a repetición rancia, o al menos no teníamos el olfato entrenado para ciertas distinciones. Desde entonces muchos entendimos que cualquier acto humano debía ser procesado desde dos hemisferios posibles, únicos: Derecho o Izquierdo. Hoy, en cambio, es más fácil entender que esta definición maniquea se desentiende de los matices para favorecer la intolerancia de uno y otro lado, para hacer más factible la decantación de adversarios políticos –que no ideológicos-.

    Creo que el desarrollo tecnológico y comunicacional de esta última década, y de las que vienen, aportarán mucho al pensamiento filosófico y terminarán borrando definitivamente los límites impuestos por la doctrina de Manes –entre otras- para explicar el comportamiento humano desde dos extremos absolutos y contrarios.

    Por tanto, tal disquisición sobre las razones de “Perfiles derechos”, –creo- debería quedar como postfacio, o más bien epitafio, de una etapa que está siendo superada por el día a día, donde podemos constatar que Izquierda no siempre queda a la izquierda, ni la Derecha está siempre a la diestra. Es la curva necesaria del aprendizaje y la maduración.

  • Tersites Domilo dice:

    Ernesto:

    Pound dedica uno de sus discursos de Radio Roma casi integramente a la obra de Céline. No sé si realmente demuestra “su interés” por dicha obra —sin dudas la celebra en términos muy elogiosos— o si trasluce su voracidad —la de Ezra— por cualquier gramo de talento que le sirviera en ese momento para apuntalar su fe fascista.

    Gracias por este texto que regala numerosas ideas interesantes —dicho sea sin propósito de evasión. Saludos,

    Tersites

  • Cuco dice:

    Interesante !!!…..(me lo soné completo)