- mar 23, 2011 • 02:13h
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Todo sucede en octubre
Si seguimos la vieja regla de buscar culpables entre los favorecidos, no nos queda más remedio que sospechar que la Crisis de Octubre fue instigada por la KGB. Hoy está claro que ellos fueron los únicos que salieron ganando de todo aquel embrollo. La URSS a duras penas logró negociar los cohetes americanos en Turquía. Kennedy quedó en evidencia por su incapacidad para percatarse del peligro que desató —para los Estados Unidos y para el mundo— cuando no quiso enviar el apoyo aéreo a la Brigada 2506. Fidel Castro quedó con las mismas garantías de no agresión que ya tení antes; y eso, que era nada, lo obtuvo a cambio de lucir mal. Nikita Jruschov, ya sabemos, salió listo para una destitución previsible.
En otra entrevista concedida en el año 1995 Alexander Alexeiev recuerda una conversación con Vladimir Semichastny (jefe en funciones de la KGB) que ilustra el conocimiento temprano que tenía la inteligencia soviética de la futura destitución de Nikita. Durante esa conversación Alexeiev le describió a su jefe los encuentros que había tenido con el Secretario General del PCUS —mientras éste estaba de vacaciones— para informarle sobre el tema cubano. En dos ocasiones Semichastny le hizo saber a su subalterno que debía empezar a discutir esos informes con el camarada Brezhnev. Una sugerencia muy rara teniendo en cuenta que Leonid Ilich era uno de los miembros del Presídium encargados de seguir el tema nuclear, pero nunca se había ocupado de Cuba. Unos pocos meses después, en octubre de 1964, a dos años de la crisis, Nikita Jruschov fue destituido. Dejarlo vivo no fue un error.
Los platos rotos que pagó la KGB tras la Crisis de los Misiles fueron mínimos si se comparan con las ganancias que obtuvo. Sus supuestos errores quedaron diluidos dentro de los errores de una comunidad de inteligencia, la de la URSS, que tuvo como gran perdedora a la contrapartida militar de la KGB. Fue un oficial del GRU, Oleg Penkovsky, el que terminó siendo atrapado como espía de americanos e ingleses. En la sesión del Presídium del Comité Central en la que se repartieron responsos y destituciones la KGB fue criticada, mayormente, por haber creados falsas alarmas (Protocolo 71, Sesión del Presídium, extracto, dic. 3, 1962, Folio 3, Lista 65, Fichero 913, pág. 78, Archivo del Presidente de la Federación Rusa. Notas de Vladimir N. Malin, Jefe del Departamento General del Comité Central, Protocolo 75, dic. 30, 1962, Archivo del Presidente de la Federación Rusa), un regaño despreciable si se toma en cuenta que a partir de octubre de 1964 los herederos de la Cheka se convirtieron —todavía hoy lo son— en el poder real dentro de Rusia.
En Cuba las pérdidas de la KGB también fueron mínimas, y pueden ser reducidas al “tronaje”, en noviembre de 1964, de Joaquín Ordoqui, considerado por algunos como uno de sus mejores hombres en La Habana; y tiempo después, a finales de 1967, por la destitución real y definitiva de Aníbal Escalante, en el proceso conocido como “la Microfracción”. Dos bajas clave, sí, pero ninguno de los dos chivos expiatorios fue fusilado. Además, a pesar de la perretas de Fidel Castro y sus poses anti-soviéticas, los meses posteriores a la Crisis de Octubre marcaron un aumento del trabajo conjunto de la inteligencia cubana con la KGB. Para demostrarlo está la segunda aventura cubana en Argelia, en octubre de 1963.
El 2 de enero de 1963 el comandante de la revolución Jorge Serguera Riverí —Papito, amigo personal de Fidel Castro desde sus años mozos y Secretario general, en aquel momento, del PURS (Partido Unido de la Revolución Socialista) en la provincia de Matanzas— fue invitado a la tradicional recepción en el Palacio Presidencial. Durante esa fiesta Papito fue presentado por el comandante a una delegación argelina que estaba de visita en Cuba e informado de que sería el primer embajador del castrismo en Argelia.
En octubre de ese año, meses después de haber presentado cartas credenciales —y de trabajar en la ayuda argelina a los planes del Che Guevara para África y América Latina— Papito se enteró, una hermosa mañana de otoño, de que las tropas del rey Hassan de Marruecos habían invadido Argelia y tomado la ciudad de Tindouf. Sin perder un minuto, y sin pedir audiencia, el embajador cubano fue a ver a Ahmed Ben Bella para preguntarle si estaba de acuerdo con una solicitud de ayuda —al gobierno cubano— que iría personalmente dirigida a Fidel Castro. Ben Bella aceptó (después de algunas dudas) y Papito llamó por teléfono a La Habana, habló con Manuel Piñeiro en “caló cubano” y explicó que los argelinos necesitaban tanques. “Barbarroja” entendió de qué se trataba, pidió unas horas para consultar con el jefe, y respondió diciendo que la ayuda había sido aceptada y estaría en camino lo antes posible.
En Cuba el ciclón Flora azotaba las provincias orientales y dejaba un rastro de más de mil muertos. En esas condiciones las Fuerzas Armadas Revolucionarias se movilizaron para tener lista, en unas pocas horas, la primera avanzada del denominado Grupo Especial de Instrucción (GEI), que salió hacia Argelia en un vuelo comercial con escala en Canadá. Unos días después, el 10 de octubre de 1963, la motonave “Aracelio Iglesias” zarpó con otro grupo de militares cubanos, y con el primer envío de tanques y artillería. En la madrugada del 17 zarpó otro buque, el “Andrés González Lines”, con el resto de la tropa y más pertrechos. El 21 de octubre partieron desde La Habana, en dos vuelos comerciales de Cubana de Aviación, los últimos 170 hombres del GEI, que llegarían al puerto de Orán unas horas antes de que lo hiciera el buque “Aracelio Iglesias”. El comandante al frente del GEI, grupo que sumó un total de alrededor de 700 hombres, fue Efigenio Ameijeiras, un combatiente de probadas credenciales castristas que reforzaba, con su presencia, la idea de una operación cubana (léase de Fidel Castro) de punta a cabo. Con Papito de embajador y el “Mau” como comandante a nadie se le ocurriría pensar que aquello era cosa de “los bolos”.
Esa es la versión romántica, nacionalista y heroica, que el castrismo ha vendido durante muchos años, y que sus jacobinos repiten hoy como papagayos. Una versión que eriza pelos cuando uno la lee contada por el compañero Piero Gleijeses. Una historia de relaciones soberanas e independientes entre dos países del Tercer Mundo, de espaldas a los intereses de la geopolítica y asentada en la admiración y el respeto entre dos líderes nacionalistas, Fidel Castro y Ahmed Ben Bella, que habrían decidido ayudarse contra viento y marea. Sería de aplausos si fuera verdad; pero no lo es.
Eso sí, se trata de una idea tan bonita, que antes de empezar a demostrar su falsedad uno tiene que sobreponerse al poderoso impulso de pedir disculpas: por el cuento de hadas que quedará entre dudas, o porque la verdad, para el castrismo, es algo tan molesto como los vientos de cuaresma para un bisoñé.
La historia de las aventuras cubanas en África —desde Ben Bella hasta Mandela—, no puede ser escrita a espalda de los recursos, la experiencia y los intereses de la Unión Soviética. Cualquier intento en ese sentido está condenado no sólo al fracaso, sino también al ridículo. La insistencia de los castristas en esconder —o minimizar— la actuación de la URSS en las aventuras cubanas en África me hace pensar en la posibilidad de que la verdadera contribución del castrismo, a la historia del pensamiento universal, sea el haber creado (junto con Enver Hoxa y Kim Il-Sung) la primera ideología de la ridiculez.
Ya en fecha tan temprana como enero de 1963, a sólo tres meses de la Crisis de los Misiles, y a un escaso mes y medio de haber gritado (refiriéndose a Fidel Castro) que “bajo ninguna circunstancia la URSS firmaría un tratado militar con un hombre tan irresponsable” (Notas de Vladimir N. Malin, Jefe del Departamento General del Comité Central, Protocolo 71, dic. 3, 1962, Archivo del Presidente de la Federación Rusa) Nikita Jruschov decidió, una vez más, invitar al comandante a la URSS (Carta de N. J. a Fidel Castro, ene. 31, 1963, Folio 3, Lista 65, Fichero 915, Archivo del Presidente de la Federación Rusa). La respuesta del líder de la Revolución cubana, lejos de la esperada y coherente negativa a visitar mariquitas, fue que su dañado sistema digestivo no estaba en condiciones de resistir la famosa hospitalidad rusa. Ese dato le fue confirmado a Alexander Alexeiev por el médico de cabecera de Fidel Castro, e informado eventualmente a Moscú (A. Alexeiev al Ministerio de Asunto Exteriores de la URSS, feb. 8, 1963, Folio 3, Lista 65, Fichero 916, págs. 6-11, Archivo del Presidente de la Federación Rusa).
Finalmente, el 25 de abril de 1963, a sólo seis meses de la Crisis de los Misiles, Fidel Castro inició su primera visita oficial a la URSS. El 1 de mayo, en horas de la mañana, su embajador en Argelia, el comandante Papito Serguera, recibió la orden de viajar a Moscú, ciudad a la que llegó ese mismo día en horas de la tarde.
La primera sesión de intercambios entre Nikita Jruschov y Fidel Castro ocurrió el 3 de mayo en la dacha de Zavidovo —una de las casas de descanso del mandatario soviético— y se inició, inesperadamente, con la preocupación del cubano, a partir de las informaciones recientes que le había traído su embajador en Argel, sobre la posibilidad de un golpe de estado contra Ben Bella. Fidel Castro solicitó ayuda soviética para el líder argelino y expresó su deseo de brindarle su apoyo con una visita sorpresiva a Argelia, en su regreso hacia La Habana. Nikita, por su lado, dijo estar al tanto de la posibilidad de ese golpe de estado, pero fue bien claro, y repitió varias veces, que Fidel Castro no debía, bajo ninguna circunstancia, visitar Argel. Al final, para convencerlo usó el argumento de su preocupación por la seguridad del cubano, y ofreció, a cambio de la no visita suministrar armas soviéticas a Argelia (nunca dijo a Ben Bella). Así lo dejó saber Nikita, en tono de broma: “dejemos que ese sea el precio de que tú no vayas a Argelia” (Reunión de Nikita Jruschov con Fidel Castro, mayo 3, 1963, Zavidovo. Archivo del Presidente de la Federación Rusa). El comandante acató la propuesta del soviético y éste, por su lado, cumplió con su promesa de suministrar armas a Argelia. Sólo que las dio a Houari Boumedienne.
(Continuará…)
César Reynel Aguilera
Montreal
Foto: Castro and Soviet Premier Nikita Khrushchev in May Day celebration, 1963. Stan Wayman/TIME & LIFE Pictures.
PD: Razones de Angola (entregas previas).








Primera vez que el atravesao Jacobo me hace sonreir con eso del Archivo del Historiador del Barrio de Carraguao. Siempre me ha parecido tan ligerito y degestivo como un batido de tuercas.
Bueno, sigue CRA tratando de presentar a Fidel Castro como un “puppet” de los dirigentes del PSP, de la KGB y de los líderes de la URSS.
A las luchas en Africa los arrastró Fidel Castro por su espíritu megalómano. La URSS no tenía interés ninguno en el continente africano, pero sí en Asia y América Latina. Fidel Castro usó el chantaje para arrastrarlos a Argelia, Angola, Congo, Etiopía, etc.
Veamos lo que dice Joaquín Ordoqui García, hijo del “tronado” Ordoquí Mesa, sobre esta madeja que se tejió alrededor de los antiguos miembros del PSP.
“Confieso que las razones que movieron los hilos de esta extraña madeja
se me escapan, pero no hay ningún indicio que sugiera que el PSP, como
organización, tuviera definida una estrategia para intentar conducir a Castro
en la dirección que posteriormente adoptó. (Ello, dejando a un lado la
personalidad del dictador cubano, que ha demostrado, fehacientemente, su
absoluta inmunidad a cualquier forma de influencia).”
Esto no lo dice Jacobo, sino Joaquín Ordoqui García en el periódico El País.
http://www.lanuevacuba.com/archivo/psp-dictadura-castro.pdf
No les recomiendo que traten de consultar al autor porque murió este mes, a los 50 años de edad, en Madrid.
“Fidel Castro hizo siempre lo que le salió de los co….”
(Protocolo 71, Sesión de la Asociación de Babalaos de Guanabacoa, Carta de Juana Bacallao a Pello el Afrokan, dic. 3, 1962, Folio 3, Lista 65, Fichero 913, pág. 78, Archivo del Historiador del Barrio de Carraguao. Notas de Cheo Malanga, Jefe del Departamento General del Comité Central de la Letra del Año, Protocolo 75, dic. 30, 1962.
Saludos, Jacobo
jeje, Gu:icho.
CRAck, ya tienes a (el mito de) Argelia de patas abiertas. Ahora dale, que se va a menear.
A “Papito” Serguera, se le llamo el Fiscal de la Revolucion (a buen entendedor) y su carrera termino precisamente estando en Argelia, la historia la cuenta Gleijeses, pero me gusto mas la de Jorge Risquet en su diario del Congo. En medio de aquella mision que le encomendo Fidel un 26 de Julio de 1965, cuando lo mando a buscar, estando el en el PCC de Santiago de Cuba y le dijo que le entregara todo a Armando Acosta que salia para el Congo para apoyar al Che con un segundo frente. Considerando super secreta su mision en Brazzaville, no salia de su asombro cuando Papito se le aparecio con una “querida” francesa que habia conocido en Argel, dice el casi claramente que el berrinche de Fidel fue de los clasicos y algunos allegados dicen tambien que Papito nunca lo perdono.
Siempre fascinante para mi leer exposiciones escritas por personas bien documentadas.