- mar 16, 2011 • 11:33h
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El lanzamiento del sofá
La participación de Fidel Castro en la Crisis de los Misiles es un buen punto de partida para analizar los vericuetos de la historia contemporánea. Ningún estadista medianamente capaz habría dejado que lo utilizaran y lo humillaran —a él y al pueblo que dijo representar— de una forma tan irresponsable e irreverente. Para demostrarlo, hay tres momentos en la crisis que ofrecen una imagen bien clara de las serias limitaciones intelectuales, psicológicas y espirituales, del líder de la revolución cubana.
Para empezar, la decisión de emplazar los misiles en Cuba fue tomada antes de consultar con La Habana. Ya desde de la pregunta a Alexeiev estaba claro, para Nikita Jruschov, que Fidel Castro tenía una, y sólo una, opción. Eso lo confirman, también, algunos de los participantes. Andrei Gromiko, por ejemplo, declaró —décadas después— que todos los gestos y palabras de Nikita indicaban que el plan ya estaba en marcha y, sin embargo, La Habana no había sido consultada. La respuesta de Alexeiev a la pregunta del secretario general del PCUS, prediciendo un Fidel Castro renuente a un conflicto de tal envergadura, fue rechazada por Rodion Malinovsky, que sacó a colación, como una supuesta razón de peso, el carácter abiertamente socialista de la revolución cubana. Por último, después de largas discusiones el plan, que ya había sido denominado “Anadyr” desde principios de mayo, fue aprobado por “unanimidad” y sometido a la aprobación del Presídium, cosa que sucedió sin que existiera confirmación alguna desde La Habana. Resulta muy revelador que en las minutas de esa reunión del Presídium está escrito “a confirmar cuando se haya recibido la aprobación de Fidel Castro” (Extracto del protocolo 32/1, reunión del Presídium, mayo 24, 1962, Folio 3, Lista 65, Fichero 872, pág. 49. Archivo del Presidente de la Federación Rusa. Documentos sobre Anadyr, aug. 20-sept. 29, 1962, Fondo 16, Inventario 3753, Fichero 1, Caja 3573. Archivo histórico y Centro de la Memoria Militar del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa).
Durante la fase de ejecución del plan (una vez alcanzada esa confirmación con la que ya contaban los soviéticos) Fidel Castro dejó pasar otra excelente oportunidad de lucir como un estadista. No alcanzó a percatarse del enorme desfasaje existente entre un plan de tal envergadura y el cronograma propuesto para su realización. Un plan que incluía, entre otras cosas, la llegada a Cuba de más de cincuenta mil efectivos del Ejército Rojo, en lo que bien podría llamarse (por el número de hombres y su poder de fuego) La Tercera Intervención de La Habana.
Movilizar esos hombres hacia Cuba de forma subrepticia era mucho más fácil —desde el punto de vista logístico— que hacerlo con los gigantescos misiles de alcance medio. Un plan serio y bien concebido habría llevado varios meses de preparación y enmascaramiento antes de iniciar cualquier movilización real. Los hechos, sin embargo, demuestran que los soviéticos, a pesar de la larga experiencia que ya tenían en esos asuntos, llevaron a cabo el plan con un desprecio total por la probabilidad, muy alta, de una detección temprana por parte de los Estados Unidos.
En una entrevista hecha a Alexander Alexeiev en 1994, y citada en “One Hell of a Gamble” —“Tremenda jugada” (traducción al cubano), el excelente libro escrito por Alexander Fursenko y Timothy Naftali sobre la Crisis de Octubre— el ex-embajador de la URSS en Cuba cuenta un hecho revelador. En mayo de 1962, durante una reunión en el Kremlin, el jefe de la misión militar soviética en Cuba, mayor General Dementiev, dejó bien claro ante de Nikita y Malinovsky que sería imposible esconder esos misiles de los aviones U-2 americanos. La respuesta que obtuvo, según las palabras de Alexeiev, fue un puntapié por debajo de la mesa que le dio el Ministro de Defensa de la URSS.
La razón de esa patada es que el emplazamiento de misiles en Cuba nunca se hizo con la intención de utilizarlos en la defensa del castrismo. Para los objetivos estratégicos de la Unión Soviética esos misiles nunca pasaron de ser un arma de negociación. En esa entrevista de 1994 Alexander Alexeiev también describe una reunión —en una de las dachas de Nikita— que se hizo para darle la despedida a la delegación que iría a “convencer” a Fidel Castro. Durante uno de los brindis el secretario general del PCUS dejó bien claro —fue bien enfático— que “los misiles soviéticos en Cuba no podrían, en ningún caso, ser utilizados… cualquier idiota puede empezar una guerra, pero es imposible ganar esta guerra.
Americanos y soviéticos habían llegado, por caminos independientes, al mismo concepto de una situación sin ganador en cualquiera de sus escenarios posibles. En ese contexto resultaba indiferente si los americanos detectaban los misiles antes o después de que fueran operacionales. Fidel Castro fue incapaz de reconocer eso, no alcanzó a darse cuenta de que la premura de los soviéticos en emplazar los misiles, el poco cuidado que le prestaron a las condiciones de transporte y enmascaramiento, así como la negativa a derribar los aviones U-2 antes —y después— de la llegada de los misiles, eran signos de que la URSS no estaba, y nunca estuvo, dispuesta a utilizar sus armas atómicas. De haberse percatado de eso el Comandante habría podido evitar el más triste de sus papelazos.
Ya en plena crisis Fidel Castro cometió la tontería de derribar un avión U-2 que estaba sobrevolando Cuba. Unas horas después de haber hecho eso le escribió una carta a Nikita en la que dice textualmente: “Si la segunda variante es implementada y los imperialistas invaden a Cuba con el objetivo de ocuparla, el peligro que esa política agresiva entraña para la humanidad es tan grande que a continuación de ese evento la Unión Soviética no debe permitir nunca la posibilidad de que los imperialistas pudieran lanzar un primer golpe nuclear contra la misma… Le digo esto porque creo que la agresividad de los imperialistas es extremadamente peligrosa y si ellos llevan realmente a cabo el acto brutal de invadir Cuba, violando la ley internacional y la moral, ese podría ser el momento de eliminar ese peligro para siempre a través de un acto de legítima defensa, por dura y terrible que la solución pueda ser, ya que no hay otra” (el subrayado es mío).
Esa carta es, un acto en el que se mezclan, en proporciones iguales, la irresponsabilidad, un bajo rendimiento intelectual, la violencia y la provocación. En su carta de respuesta Nikita le hizo saber a Fidel Castro que el momento escogido para derribar el U-2 no había sido el más idóneo; y le hizo entrever, también, que lo interpretaba como una provocación. Las palabras del líder soviético fueron: “Ayer usted derribó uno de esos [vuelos de U-2], mientras que antes usted no los derribó cuando estaban sobrevolando su territorio”.
Tanto las acciones como las palabras de Fidel Castro demuestran que este concibió —como una opción válida— una respuesta con armas nucleares (los misiles soviéticos) a una agresión convencional (la invasión de Cuba por los Estados Unidos). En pocas palabras: la destrucción de la humanidad a cambio del derrocamiento de su gobierno; y este es el “estadista” que hoy, casi medio siglo después, y ahora reciclado en vocero de las pretensiones nucleares iraníes, se sienta a conversar con un grupo de intelectuales cubanos para disertar sobre la necesidad de salvar al mundo sin que ninguno de los presentes se atreva a decirle nada.
Porque si mal lució el Comandante en su irresponsabilidad, peor lo hizo en su incapacidad para darse cuenta de que le estaba solicitando conflagración a un hombre que nunca estuvo dispuesto a arriesgar una guerra mundial en Cuba, mucho menos para justificar las absurdas pretensiones de ese barbudo que le debía hasta la ropa que tenía puesta. Nikita siempre estuvo al tanto de las devastadoras consecuencias de una guerra nuclear; las acciones de Fidel Castro —derribando el U-2, poniendo al mundo al borde de la destrucción y pidiendo una represalia nuclear en caso de invasión a Cuba— trajeron como consecuencia la humillación final. La decisión de los soviéticos de negociar con los americanos a espaldas de La Habana, y luego de sacar los misiles y dejar al castrismo con la misma garantía de no invasión que existía antes de todo ese embrollo. Ni el embargo económico contra el castrismo quiso negociar Jruschov.
La respuesta del pobre guajiro de Birán, cuando descubrió que lo habían tratado como un simple peón en el juego de la geopolítica, fue una perreta olímpica, el dicharacho de “Nikita, mariquita, lo que se da no se quita”, y el simulacro de anti-sovietismo que nunca pasó de ser la reacción de ese marido traicionado que decide, en un rapto viril, deshacerse del prescindible sofá donde fue engañado.
(Continuará…)
César Reynel Aguilera
Montreal








Jacobo, los restos, y sus pertenencias personales fueron entregados unas semanas despues de la crisis, a un familiar que viajo a Cuba, en presencia de diplomaticos suizos, hay una foto de este momento en un libro (yo dije un articulo de prensa) pero no puedo recordar ni el titulo ni el autor, lo lei en Cuba, y quizas si pudiera disponer de algun tiempo se pudiera rastrear, es literatura de los vencedores, pero entre lineas se pueden sacar muchas cosas interesantes.
Estimado OSCAR, la pregunta que me hace es difícil de contestar. Pero estoy de acuerdo con Ud en que Fidel Castro no tiene vocación de suicida, y lo demostró en el Moncada.
En caso que se hubiera desatado una conflagración nuclear entre las dos potencias, a Cuba la hubieran atacado con bombas convencionales, no nucleares, debido a su cercanía a los USA. Para eso le bastaba a él meterse en un refugio subterráneo y emerger al final como el gran héroe que prefirió sacrificar a su pueblo por mantener la dignidad y el patriotismo, bla, bla, bla.
Castro siempre ha deseado tener un final de vida heroico, y lo que se pronostica es que morirá embarrado en sus propias diarreas y sus propias babas. Pero cuidado, que todavía está a tiempo de provocar un conflicto con USA. Ese asunto Alan Gross es él quien lo maneja, no su mediocre hermano.
Estimado RAULE. Una pregunta que me hago y quizás Ud conozca la repuesta. ¿Están todavía en Cuba los restos de Anderson el piloto del U2 derribado?
Saludos, Jacobo
Jacobo, gracias. Le puedo precisar una cosa, en ocasion del 40 aniversario del hecho, el operador de la bateria que oprimio el boton (es evidente que no fue el que dicen que fue) visito Cuba, invitado como un heroe, y no puedo precisar la fecha ni el periodico, pero si no fue Granma fue el otro, publicaron un extenso reportaje con detalles minuciosos, recuerdo bien que dos militares que fueron los primeros en llegar ante los restos del aparato, se apropiaron del reloj y la pistola del piloto sin dar cuenta a nadie, decia el articulo que algun tiempo despues devolvieron la pistola pero el reloj nunca aparecio.
Fidel Castro no es infalible, Fidel Castro no es omnipotente, Fidel Castro se puede derrotar. En esto tenemos confianza y nos alegra compartirla.
Yo lo que nunca he entendido es como Fidel Castro se iba a salvar de una confrontacion nuclear si esta hubiera sucedido.. Yo, que he estudiado su personalidad a fondo, se que el no es suicida. A Ud., Jacobo, que a pesar de yo no ser experto en estos asuntos, si me doy cuenta quien sabe. Que Ud. cree de mi confusion?
RAULE. Es posible que Ud tenga razón. Es casi seguro que la tenga. Ese derribo desafortunado tuvo lugar después que Kruschov y Kennedy habían “cuadrado la caja.” Recuerdo la foto de los restos del U2 y me parece que en algún medio de desinformación cubano “de la época” escribieron insinuando que fue en San Cristobal.
Saludos, Jacobo
JACOBO. una precision. Ud dice que el U2 de San Cristobal lo derribaron los sovieticos y el derribado en la costa norte de Oriente fue un hecho por la libre. Hubo un solo derribo (el misil y la turbina del U2 estan en el museo antiguo Palacio Presidencial), pero para evitar la localizacion de los restos y del piloto se desinformo diciendo que fue en el otro extremo de la Isla. Estoy equivocado?.
Aclaracion a FRANCOTIRADOR. Yo he escuchado la versión de Carlos Franqui y eso de que “el propio Fidel Castro oprimió el botón” es unes estupidez tan grande por parte de Franqui que es solo atribuíble a la “vascular dementia” a la aterosclerosis.
Una unidad coheteril mcuenta con seis rampas de lanzamiento, y sobre cada una de ellas un misil de dos etapas. El complejo se dirige desde tres cabinas, dos de ellas de 3x12m (U y K) y otra de 4×4 (P). Esta última porta en su techo dos enormes antenas de radar para la localización y seguimiento del blanco y una antena parabólica para enviarle los mandos al misil ya en el aire.
En la cabina de dirección, la U, trabajan seis hombres. Tres operadores de radar que mantienen el blanco en la mira (el de distancia, el de azimut y el de elevación). El oficial de conducción, tiene su pantalla de radar, y cuando el blanco está cerca se pasa al seguimiento automático, y es este oficial de conducción el que controla ahora la situación. Detrás de él, se sitúa el jefe de la unidad, que es quien da la orden de disparar. Detrás del jefe de la uinidad el planchetista, que refleja la posición del avión en una plancheta plástica ( escribiendo por detrás las letras al reves).
Cuando el jefe de la unidad decide da la orden de disparar y el oficial de conducción oprime el botón de lanzamiento, puede disparar hasta tres misiles a la vez.
A no ser que Fidel Castro haya pasado el curso de Oficial de Conducción, no pudo disparar el (o los) misil.
Si quieren conocer el detalle les recomiendo el web site de un amigo, donde relata con detalles el proceso que tuvo lugar dentro de esa Cabina de Dirección cuando derribaron el avión de Raúl Castro sobre El Cayuelo, norte de La Habana, durante un ejercicio táctico de la Brigada de Occidente
http://includesoft.com/Blog/personajes_inolvidables.htm#_Toc90167259
Saludos, Jacobo
Bien, en este caso César se acerca bastante a la realidad sin distorsionarla y sin resaltar el papel dre superhéroe del antiguo PSP cubano.
Si, los hechos pudieron haber sido como los describe César, admitiendo –como en su anterior post–que la causa del traslado de los misiles a Cuba fue el descubrimiento del “bluff” soviético gracias a los vuelos de los U2 sobre la ex URSS. La Unión Soviética necesitaba la paridad de fuerzas y acercó las bases a los Estados Unidos, o sea a Cuba, puesto que sus famosos intercontinentales no existían o no eran efectivos. Es cierto que los soviéticos solo querían “presionar” con ellos sin usarlos en realidad, lo cual no era la idea de Castro.
Los emplazamientos en construcción por la zona de San Cristóbal, Pinar del Río, podían haber sido camuflados y evitar ser descubiertos por parte de los U2. Y se estaba logrando. Pero cuando el espía Oleg Penkovsky, ex coronel de la KGB, le pasó la información a los muchachos del M16 inglés se destapó la alarma y todos los U2 disponibles se destinaron a la búsqueda, y claro que los encontraron, ya que sabían lo que tenían que detectar.
Es cierto, en parte, lo que dice el primer comentarista Aurelio González. Esas bases de misiles antiaéreos, en ese entonces, estaban bajo el mando soviético, eran operadas por soviéticos y no obedecían órdenes de Fidel Castro. Por lo tanto el U2 de San Cristóbal lo derribaron los soviéticos _-es posible que Castro los presionara a hacerlo– y la intención debe haber sido quitarse de encima la vigilancia extrema que sobre ellos tenían los U2.
El avión U2 derribado en la costa norte oriental, cerca de Banes, fue un hecho “por la libre” por orden del jefe de la unidad, que simuló se habían cortado las comunicaciones con su Estado Mayor y lo echó abajo (llevaban tres años en Cuba esos bolos sin ir al pueblo siquiera). Fidel Castro intercedió por ellos cuando se los llevaban presos a la URSS y en su lugar los condecoraron a todos.
Saludos, Jacobo
http://eichikawa.com/2010/07/recuerdo-de-una-crisis-en-octubre.html
Coincide en lo básico con unas memorias de Robert McNamara, o algo parecido, publicado, o glosado en 2010, en uno o más artículos de fondo, creo que de Lluis Basset, en el Pais.
Lamento que mi memoria sea tan imprecisa pero si recuerdo que, cuenta el reportaje, muchos años después, en no se qué encuentro en la ONU, McNamara pudo confirmar (espantado) que, contra la intención “teatral” de los rusos, la de Fidel era llegar hasta el final, aún sabiendo que el final sería El Final (para la isla primero, y para el resto después).
Y me extraña que Cesar R. A. no lo haya usado com fuente
Aún así, don Cesar, los/sus fans queremos más PSP. Déjese de merodear…
César, tu haces muchas referencias a documentos rusos. Tu sabes ruso ? O son referencias que extraes de libros?
Gracias.
Nada queda por agregar a este análisis sicológico -hecho entre sus plumas y el humo de los arcabuces forasteros- del más inepto cacique antillano después de Hatuey.
“…del pobre guajiro de Birán…”
Pobrecito, tan pobre e infeliz que lleva 60 años siendo el principal protagonista de la política cubana.
Tan guajiro… tan pobre…tan…
Aurelio,
Como todas las historias, esto depende del que la cuenta para darle su version. De acuerdo con el libro de Carlos Franqui, quien actuo el disparador del cohete SAM no fueron los sovieticos, sino el cagandante en una visita al centro de los cohetes cuando pregunto como se disparaban despues de rastrear a un avion U-2 en el radar. Segun Franqui, los sovieticos no esperaban nunca que el impulsivo barbudo actuara tan irresponsablemente y derribara el U-2 exacerbando una situacion ya de por si peligrosa y compleja. Segun Franqui el cagandante pregunto cual era el boton para derribarlo y al enseñarle el tecnico a cargo cual era el boton , el cagandante subitamente lo presiono derribando el avion U-2.
Lo que sabemos de esta experiencia tan peligrosa es que el futuro y la vida de la nacion cubana y todo su pueblo, estuvieron en manos de este psicopata, es que a el no le importa para nada los cubanos, sino solamente su egocentrismo y salvar su ego.
Despues de mi el diluvio, esa es su actitud. De ahi la frase de Patria o muerte o Socialismo o muerte. Que se hunda la isla de Cuba y perezca todo el mundo si yo no puedo controlarla y hacer en Cuba lo que me de la gana.
Esta actitud egoista y megalomaniaca ya la vimos en uno de los heroes de su juventud, el Fuehrer Hitler.
Ese otro megalomaniaco, egocentrista y orate, cuando se vio perdido, le ordeno a Albert Speer destruirlo todo en Alemania aunque el se suicidaba. Su pensamiento egoista era que no deberia existir una Alemnia si no estaba el al mando de ella.
En Cuba tenemos lamentablemente otro psicopata egolatra que piensa igual. Si no puedo yo estar al mando, los cubanos no deben existir. Yo sobre todas las cosas.
Pobre Cuba que cayo en las manos de un ser tan despiadado y enanejado mental como este ser mal parido y engendro del diablo salido del infierno.
Y pensar que hay gente como el Sr. Infortunato Liborio que todavia lo admiran (de lejos naturalmente, no viviendo en Cuba) y le cantan loas a ese desastre para Cuba que es la robolucion cubana.
Estoy curioso por ver la reacción del macho cubano después de leer este artículo que lo deja desnudo y en ridículo. El guajiro de Birán no solo fue usado por los rusos durante la crisis nuclear, después tuvo que seguir de peón obediente enviando tropas a donde los rusos le dijeran. Que no jodan más en cuba y se acaben de dar cuenta de que los rusos nos usaron y luego nos echaron a un lado como chatarra vieja.
El U-2 lo derribaron los sovieticos que eran los que en aquellos momentos operaban los sistemas de misiles antiareos. El ejercito cubano aun no poseia ese tipo de armamento. No obstante el derribo no fue por decision de la direccion sovietica sino por iniciativa de uno de los jefes sovieticos subalternos. De esto se han escrito varios ariculos al parecer el hombre perdio la comunicacion por algunos minutos y segun el reglamento de combate sovietico tenia la potestad de decidir si disparar o no.