- mar 11, 2011 • 15:10h
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Misiles, espigas y espadas
La primera operación cubana en África fue, en lo esencial, una operación de la KGB. El envío del armamento norteamericano al FLN argelino, en diciembre de 1961, tuvo como objetivo principal la intoxicación de la opinión pública francesa —a través de una extensa campaña de medidas activas— con la sospecha de una conspiración anglosajona contra Francia.
Esa operación encajaba perfectamente con la estrategia global soviética que, en julio de ese mismo año, había sido formalizada por Alexander Shelepin (jefe de la KGB) y había recibido la aprobación del Presídium del Comité Central del PCUS. En ese documento (imprescindible para el estudio de la política exterior de la Revolución cubana) se expresaba la necesidad de “crear circunstancias en diferentes áreas del mundo que podrían ayudar a desvirtuar la atención y las fuerzas de los Estados Unidos y sus aliados, y podrían restringirlos durante el arreglo de un tratado de paz para Alemania y Berlín occidental” (Shelepin a Jruschov, memorándum n. 1861, 29 de julio de 1961. Decreto del CC n. 191/75; vol. 6, cap. 5, par. 5. Archivos del Comité Central del PCUS).
En ese contexto —el de una solución definitiva a eso que los soviéticos llamaban “el problema de Berlín occidental”— resultaba una prioridad para la KGB alejar a Francia de sus aliados naturales (Inglaterra y Estados Unidos) y lograr, con la ayuda del poderoso Partido Comunista Francés, y de su agentura secreta infiltrada dentro del gobierno de De Gaulle, que ese gobierno se distanciara de las posiciones de la OTAN durante las negociaciones sobre Alemania.
Esas operaciones, claro está, no se preparan para favorecer a uno solo de los implicados (la KGB en este caso); si así fuera no serían operaciones de inteligencia. La belleza macabra de las mismas, y el reto intelectual que imponen está precisamente en un diseño que permite hacerle creer al resto de los implicados que también están siendo favorecidos. Así, para el castrismo, esa primera aventura africana trajo beneficios inobjetables, entre ellos:
1. El reemplazamiento, sin costo alguno, del armamento americano por un arsenal soviético mucho más caro y moderno.
2. El inicio de una proyección internacional que, ya sabemos, resulta extraordinariamente necesaria para la megalomanía de Fidel Castro.
3. La diseminación del fermento de la Revolución cubana, no sólo hacia África sino, eventualmente, hacia América Latina, porque fueron las embajadas argelinas en ese continente —abiertas inmediatamente después del triunfo del FLN— las que sirvieron de base de operaciones para la inteligencia cubana en un momento en el que Cuba no tenía embajadas en casi ningún país latinoamericano.
Para la KGB y la URSS esa primera aventura “conjunta” pudo haber tenido, sin embargo, segundas o terceras intenciones que resultaron, a la larga, mucho más importantes que la posición del gobierno de De Gaulle con respecto a Berlín occidental. El aumento de la coordinación entre la inteligencia castrista y la KGB, la dependencia cada vez más alta de los militares cubanos del armamento soviético, la falsa proyección de Fidel Castro como un actor en el escenario mundial, y el descalabro económico de la Revolución cubana significaron, entre otras cosas, un acercamiento a la posibilidad real de usar al pueblo cubano para lograr una paridad nuclear que el desarrollo tecnológico de los Estados Unidos hacía cada vez más difícil para URSS. Ese uso, el de Cuba como base de misiles, dio lugar al momento histórico que los cubanos conocemos como la “Crisis de Octubre”.
La mayor parte de los estudios sobre la famosa Crisis de los Misiles pertenecen a académicos occidentales que (salvo honrosas excepciones) han sido incapaces de visualizar el funcionamiento de las estructuras de poder y represión en los regímenes totalitarios. Y muchos de esos trabajos no pasan de ser burdas desinformaciones encaminadas a proteger a alguno de los implicados. Uno de los errores más comunes en esos análisis es el que podríamos denominar como “teorías de los falsos conjuntos”. Una aproximación que consiste en sobresimplificar, bajo sombrillas falsamente homogéneas, estructuras de poder, grupos e individuos que a pesar de pertenecer, en principio, a una misma denominación, tienen intenciones e intereses divergentes y, en ocasiones, antagónicos. Esa visión de falsos conjuntos ha llevado a muchos a creer, por ejemplo, que alrededor de la Crisis de Octubre los intereses de la URSS, los de Nikita Jruschov y los de la KGB fueron similares o sinérgicos.
A principio de los años sesenta la URSS enfrentaba retos —como país y bandera de una ideología— en dos aéreas que a pesar de estar estrechamente relacionadas pueden ser divididas para su análisis. En política internacional los soviéticos tenían un conflicto “de clases” contra el capitalismo en general y contra los Estados Unidos en particular. Ese conflicto mostraba tres puntos fundamentales de enfrentamiento, que mencionaremos en orden de su importancia para la URSS:
1) Berlín occidental; una espina clavada en plena Alemania comunista, un punto que rompía el férreo control de la información totalitaria, y que mostraba un flujo migratorio —hacia el oeste— que era una verdadera vergüenza para el comunismo internacional;
2) Laos, enmarcado en el ya evidente conflicto sino-soviético;
3) y Cuba (por la importancia estratégica de su cercanía a los Estados Unidos. A ese enfrentamiento con el “enemigo principal” se sumó, a inicio de los años sesentas, un conflicto cada vez más preocupante con la China de Mao, así como el surgimiento de un concepto de No Alineación que drenó a la URSS de una buena parte de sus partidarios y de la “fuerza moral” que éstos le daban al comunismo internacional.
A esos retos en política internacional se sumó un desfasaje tecnológico que iba mucho más allá de lavadoras domésticas que se rompían a la semana de uso, o automóviles que no arrancaban. La disparidad nuclear con respecto a los Estados Unidos era muy seria y amenazaba con aumentar. Los americanos ya habían dominado la tecnología —a base de enormes inversiones— para iniciar la era de los ensayos nucleares subterráneos; con la consabida ventaja en términos de números de ensayos, y discreción de los resultados. En 1960 la URSS, por su lado, se había visto obligada a interrumpir la producción de sus misiles balísticos intercontinentales por fallas técnicas que tardarían años en ser resueltas.
La disparidad en el número de misiles era tal que la doctrina del golpe inicial, defendida y postulada por los estrategas soviéticos, indicaba una vulnerabilidad cada vez más preocupante. Los intentos de restaurar esa paridad con submarinos —capaces de acercarse subrepticiamente al continente americano—, habían dado como resultado la famosa saga del K-19, artefacto que ha pasado a la historia naval con el triste sobrenombre de “Enviudador”.
Para los americanos, sin embargo, las cosas no iban tan mal: su primer submarino atómico (USS Nautilus), había roto todos los récords de navegación, había vuelto obsoletas casi todas las tácticas navales de lucha antisubmarina desarrolladas durante la Segunda Guerra Mundial, y había sacado su torreta en el Polo Norte, exponiendo a la URSS, por primera vez, a un ataque nuclear (con misiles Polaris) desde el Ártico. Para sumar aún más a ese desbalance, los Estados Unidos habían decidido acelerar la producción de sus submarinos nucleares y, al mismo tiempo, emplazar sus misiles Júpiter, con cabezas atómicas, en Turquía.
Si esos eran los difíciles retos de la URSS, peores eran los que tenía Nikita Jruschov como Secretario General del Partido. A la solución de una extensa lista de problemas estratégicos se sumaba la necesidad política de quitarse de encima la sombra de Stalin y demostrarle al Partido y al pueblo soviético que era capaz de sacar adelante a la URSS sin utilizar los métodos estalinistas. Al principio Nikita se las arregló denunciando los crímenes de su predecesor; fanfarroneó y mintió sobre el futuro —siempre luminoso— de la economía soviética; aplaudió con zapatos en la ONU e hizo del Sputnik una prueba fehaciente y universal de los logros tecnológicos de la URSS. A medida que el tiempo fue pasando, sin embargo, todos esos actos no pasaron de ser un simple espectáculo de calentamiento, anuncios de un rendimiento que para ser real, y aceptado por la alta jerarquía del Partido, tenía que conseguir la salida de la Unión Soviética de un atolladero tecnológico, económico y político que Stalin habría resuelto fusilando diseñadores de submarinos y cohetes, robando secretos nucleares y militares en los Estados Unidos, subiéndole la parada militar a Mao y sacando del camino, como fuera posible, a cuanto “tonto” se le ocurriera defender la idea de la No Alineación.
El inicio de los años sesenta marca, entonces, un peligroso punto de viraje en la historia de la URSS. Para los viejos cuadros de la KGB el fusilamiento de Beria, el encarcelamiento de Sudoplatov o la no rehabilitación de Eitingon eran detalles menores en comparación con el anti-estalinismo feroz de Nikita, el aumento de poder de la inteligencia militar (contrapartida de la KGB), o el hecho de que al estar —casi todos— comprometidos (de una forma u otra) con los crímenes de Stalin, colgaba sobre ellos una espada de Damocles.
La reacción de esos viejos conspiradores —muchos de los cuales venían desde la época de la Cheka y manejaban redes de información que ningún burócrata podía controlar— no se hizo esperar. Los pocos años de Nikita al frente de la URSS estuvieron marcados por esos planes y deseos de la KGB, si no de tomar el poder, al menos de garantizar que ese poder nunca más pudiera convertirse en una amenaza. Para lograrlo iniciaron una campaña de desinformación y manipulación, alrededor del “simpático” Secretario General, exagerando, por ejemplo, la credibilidad que los analistas de inteligencia americanos le daban a las fanfarronadas de Nikita. Al mismo tiempo, la inteligencia soviética convirtió la amenaza nuclear estadounidense en un fantasma poderoso, sobrecogedor, y dispuesto a actuar lo antes posible.
La realidad indica —hoy— que en los Estados Unidos, a pesar de la ventaja nuclear evidente, y de los planes para seguirla ampliando, ya empezaba a existir consenso, a partir de la extrapolación de las decenas de pruebas nucleares ya realizadas, de la experiencia en Hiroshima y Nagasaki y de análisis teóricos que iban desde la famosa teoría de juegos hasta el modelaje por computación, que una confrontación nuclear era, en cualquiera de sus escenarios posibles, una situación sin ganador posible.
Hay un elemento, marginal pero muy importante para los planes de la KGB contra Nikita, que la mayoría de los analistas pasan por alto —y que la vieja guardia de la inteligencia soviética se encargó de ocultar muy bien. Me refiero a la inesperada ayuda que recibieron de unos comunistas caribeños, discípulos de la antigua Cheka y furibundos estalinistas, que pusieron encima de la mesa, como un regalo inesperado, una Revolución comunista a sólo noventa millas del enemigo principal.
Esa era la pieza que faltaba, y el núcleo central de inteligencia soviética del PSP la entregó con orgullo. Lo hicieron como aquellos jesuitas que regresaban a Roma, después de varias décadas de ausencia, para poner a los pies del Papa reinos lejanos e ignotos en los que, oh milagro, la simiente del cristianismo —plantada por ellos y cuidada con paciencia de monjes— había fructificado en una hermosa espiga que ya pedía su hoz.
(Continuará… )
César Reynel Aguilera
Montreal
Foto: El USS Nautilus (SSN-571), primer submarino norteamericano propulsado por un reactor nuclear, construido entre 1951-55. Hoy está catalogado como Monumento Histórico Nacional y anclado en Groton, Conneticut.









lo unico que yo recuerdo bien, es que, en los municipios de Cuba, no puedo decir en todos porque no los visite, pero en varios que me rodeaban, toda la fuerza politica y de inteligencia estaba manejada por los que eran miembros del PSP, no recuero ahora si ya se habian fundado PURSC o todavia estaban las ORI en octubre de 1962, si a esto le sumo el papel jugado por Anibal Escalante a nivel de todo el pais, y del resto del PSP, pues, entiendo perfectamente la idea que me transmite Cesar, que no quiere decir que necesariamente este de acuerdo con sus puntos de vista, lo que pasa es que yo tengo como una apreciaciacion, de que cuando no estamos de acuerdo, a veces manifestamos no entender, ya eso es otra cosa.
Ja!…Te partí Jacobo!!.
Tu no puedes ser otro q Ichi!…..(se te fué la mano en tantas auto referencias!…Aquí nadie es comemierda!)
Un comentarista me acusaba hace poco de estar “aporreando” a César desde su primer artículo. Pero es que en cada uno de los anteriores no se descubría otro objetivo que el de hacernos creer que el superpoderoso PSP cubano (ya casi desaparecido en cuanto a la supervivencia de sus miembros se refiere) eran la fuerza motriz que movía todas las acciones cubanas y soviéticas en este hemisferio americano. Casi nada, monada.
Este artículo está mucho más moderado y ajustado a la realidad histórica; al menos bastante más que los anteriores. Menos “globos inflados.” César ahora nos “demuestra” como la KGB manejó toda la operación argelina de la guerra contra Francia y usó a Fidel Castro como un monigote a su servicio en este conflicto. Cabe preguntarse: ¿por que, entonces, Fidel Castro mete la pata defendiendo a Ben Bella y atacando a Bouteflika-Boumediene? Estos dos últimos, golpistas, eran los seleccionados por la KGB, y Castro “se pasó con fichas” haciendo el ridículo, lo cual indica que no estaba tan subordinado a la URSS como nos hace ver César. El error se lo achacaron a “Papito” Serguera.
El análisis sobre las causas de la Crisis de Octubre es acertado. El temor al “primer golpe.” En julio 23 / 2010 Arnaldo Fernández publica en el blog de Ichikawa un buen artículo al respecto:
http://eichikawa.com/2010/07/lisanka-nikita-y-castro.html
y con fecha julio 24 /2010, un dia después, Angel Savón publica, en el mismo blog de Ichikawa — y usando inclusive la misma caricatura que ilustra este post de César–, el artículo: “Recuerdos de una crisis en octubre.” Más detallado en cuanto a los motivos de la instalación de los misiles en Cuba.
http://eichikawa.com/2010/07/recuerdo-de-una-crisis-en-octubre.html
donde nos dice:
“…todo tuvo su origen en el derribo del avión U2 de Gary Powers sobre Ukraina en Mayo de 1960. Ese año De Gaulle –entonces presidente de Francia– había citado una reunión Este-Oeste en París para el verano de 1961. En ella participarían Eisenhower, Mc Millan, Krushchev y el propio De Gaulle. Los soviéticos llegaban en plan de ser los más poderosos, basados en haber sido ellos los primeros en lanzar un satélite artificial de la tierra en octubre de 1957; pero todo el poderío militar soviético en cuanto a misiles de alcance intercontinental era puro bluff. Proclamaban ser capaces de dar un golpe destructivo total a quien se le enfrentara. Cuando los EU declararon que los U2 llevaban tiempo volando y habían fotografiado todo el territorio soviético Krushchev se dio cuenta que su bluff había quedado al descubierto, y que las demás potencias sabían que eran incapaces a responder un primer golpe desde las bases aliadas en Italia, Inglaterra, Alemania y Turquía. Enfurecido, suspendió su participación y la reunión no se llevó a efecto. Para rematar, Eisenhower declaró que los U2 seguirían volando (el derribo de Powers tiene aún sus misterios; nadie explica que estuviera volando a menor altura de la indicada).
La única solución para equilibrar las fuerzas era instalar cohetes de alcance medio en una base cercana a EU –imposible de fallar el tiro–, como Cuba. Fidel Castro aceptó, y se comenzó el trabajo constructivo para las rampas de lanzamiento….”
Tiene razón César al mencionar la obsesióin soviética de no poder responder “el primer golpe” a tiempo en caso de que este proveniera desde los Estados Unidos; no desde sus bases en Europa –que podían ser detectados a tiempo por los radares en la frontera– sino desde sus bases recién construídas en el oeste norteamericano donde se emplazaban los nuevos “Minuteman.”
Ese, y no otro, fue el motivo de instalar la Base de Lourdes en La Habana, estación repetidora de comunicaciones para retransmitir la información de los satélites espías –portadores de cámaras infrarrojas– con suficiente tiempo hacia la URSS para dar una respuesta al primer golpe.
Por cierto, la Base de Lourdes no “escucha” nada (de hecho, el término “base de escucha” es una imbecilidad técnica) y no interfiere ni intercepta ninguna comunicación. Es otro bluff, pero en este caso creado por la inteligencia norteamericana y la mentalidad calenturienta de los cubanos miamenses. En otra ocasión se puede escribir sobre esto.
Al final, César nos habla de “el núcleo central de inteligencia soviética del PSP.” Otro bluff como el de Kruschov con sus misiles intercontinentales, pero esta vez de César RA.
¿Que pretenderá con esto?
Saludos, Jacobo
Lo mismo me pasa a mi con los comentarios de canosa! No queria ser “aguafiesta” pero no entiendo ni jota.
Puede que el espanol no sea su primer idioma y este traduciendo lo que piensa; lo leo desde esa optica -suponiendo viene del ingles- y me quedo mas bota’o que pelota de jonron.
Yo estoy seguro que algunos por ahi me entienden(a lo mejor el mismo S.H., jeje).
Anonimo // Mar 11, 2011 at 19:07
Jaja…Me he reído con tu comentario pues lo mismo he pensado yo un montón de veces…LOL. Por cierto, eso de “presionar a un Universo” parece sacado de un libro de Stephen Hawking….LOL. ¡Muy divertido!
Mucho mejor la redacción esta vez, pero faltan datos y sobra un poco de apreciación personal en cuestiones claves que el relato -en sí mismo- no logra revelar. Por ejemplo, el PSP me sigue pareciendo, en este potaje, como hierba de otra sopa.
Como lector de la saga te puedo decir que: casi tengo fe. Pero me sigo sintiendo como un guajiro en restaurante japonés, atorándome con sushi. ¿Para cuándo el plato fuerte?
La verdad es que Ud, Sr. Canosa estaría bueno para escribir en un libro de jeroglificos, o en clave para espias, porque no se le entiende nada de lo que intenta decir. Leo sus comentarios y la mayoría de las veces no se entiende ni se comprende que es exactamente lo que Ud quiere decir.
Bueno, lo mismo ahora, no hay gane. No se puede presionar a un Universo. La Verdad.
Me pregunto si el titulo del seriado de TV “Las razones de Cuba” tendra que ver con el de este seriado de escritos >:)