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Telenovela protegida

  • feb 28, 201122:24h
  • 6 comentarios

Me encuentro con una vecina en el ascensor, intercambiamos saludos, comentarios sobre el clima, preguntas acerca de si llegaron o no los huevos a la bodega de la esquina. Todavía vamos por el piso seis, cuando amparada en la momentánea privacidad de la cabina, me dice que gracias a mí ha podido ver una telenovela colombiana. No entiendo nada. Qué relación podría tener esta blogger escéptica de los culebrones dramáticos con el arte de sacarle las lágrimas a la gente frente a la pantalla. Pero la mujer insiste. Comienzo a evocar los guiones del viejo Félix B. Caignet cuando todavía faltan cuatro pisos para llegar a planta baja.

La respuesta me alcanza por el camino más inaudito. Mientras la pizarra del elevador marca el número 3, ella me cuenta que el miedo a la oscuridad del parque —a un lado del edificio— era el impedimento para llegar hasta la casa de una amiga donde cada noche proyectan un capítulo de la telenovela, captada por una ilegal antena parabólica. Pero ahora, afirma con gratitud, esa franja de concreto y vegetación está custodiada las 24 horas. Hago como que no entiendo, sin embargo, me subraya que los miembros del MININT que rondan mi casa han vuelto más segura la barriada. Preferiría creer que esas sombras que veo desde mi balcón son fantasías de alguien que consume demasiadas ficciones, pero la mujer vuelve a la carga. No me deja evadirme detrás de una sonrisa, más bien quiere subrayar que me debe el llegar hasta el otro edificio sana y salva.

Sin esperármelo, me veo retribuida por el horror, alguien acaba de agradecerme por ser carne de vigilancia, objetivo de centinelas. Nunca había visto una manera más ligera de entender la represión, pero me río con la vecina, ¡qué remedio me queda! En aras de no parecer distante, le pregunto cuál es la temática de la telenovela que yo le he “ayudado” a disfrutar. Se relame gustosa. Es una recreación del siglo XVIII, con esclavos que huyen, matronas que tienen hijos ilegítimos que esconden de sus esposos, látigos que suenan sobre las espaldas, guardarrayas a oscuras que en la noche son custodiadas por mayorales y por perros.

Yoani Sánchez
La Habana

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6 respuestas
Comentarios

  • anonimo dice:

    MAGNIFICO ARTICULO DE YOAANI. ES UNA PENA QUE LA REALIDAD CUBANA SEA PEOR QUE CUALQUIER NOVELA. HASTA CUANDO?

  • el_yoyo dice:

    Otro capítulo de “lo real y maravilloso” de Cuba.

    No me ha quedado más remedio que reir. Yoani debería bajar ahora con unas tazas de café para los segurosos y compartir esta historia con ellos.

    ¡Al menos los pondría en ridículo!

  • Pepito Perez dice:

    El dinero del pueblo está siendo utilizado para pagar estos imbéciles, para que hagan guardia día y noche.

    Así los Castros continúan el ciclo de explotación; con el producto del esclavo, el mayoral alimenta a los perros que utiliza para mantener a los esclavos sumisos y ellos mismos protegidos.

    En cualquier democracia estos lame botas estaría trabajando y produciendo. En las democracias a la oposición no se le asecha con militares, eso ocurre solamente en dictaduras.

  • oscar canosa dice:

    Si, esos culebrones son terribles.

  • Abel dice:

    genial Yoani! pero que pena que en Cuba casi nadie te conoce,no es justo!

  • José dice:

    Genial!!! Esa es Cuba, a la mayoria de las personas no les importa nada que no tenga a ver con ellos. Infelizmente es así.