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La Cuba de Raúl Castro: lo peor de ambos mundos*

  • feb 09, 201100:40h
  • 19 comentarios

Raúl Castro ha convocado al Sexto Congreso del Partido Comunista cubano. Ya se siente firmemente en control para manejarlo a sus anchas. En Cuba no hay más poder que el suyo y, por delegación, el de la media docena de generales con los que controla la autoridad, toda la autoridad, auxiliado por su hijo Alejandro Castro Espín, un coronel de los servicios de inteligencia formado en la desaparecida Unión Soviética y presunto heredero de esta dinastía de militares.

¿Y Fidel? Fidel sólo conserva un rol simbólico y se entretiene jugando al gran estadista internacional, preocupado por el estallido de una guerra nuclear desatada por Estados Unidos e Israel contra Irán, o por el asesinato inminente de algún amiguete del socialismo del siglo XXI perpetrado por la CIA. Convertido en una especie de Casandra caribeña, profetiza todas las catástrofes. Nadie le hace caso, pero se preocupa tiernamente por el bienestar de sus hijos revolucionarios. Raúl, mientras tanto, simula que lo obedece y, obsequiosamente, repite como un mantra que sus iniciativas, en realidad, son todas de Fidel, algo que, sin duda, es falso.

Eso fue verdad en el pasado, pero ya no es así. Es una tragedia que les suele ocurrir a los ancianos cuando se deterioran ostensiblemente. Los que ayer se le subordinaban solícitos, dejan de hacerles caso. Periódicamente, sin embargo, Fidel suele reunirse con Hugo Chávez para aleccionarlo sobre técnicas de supervivencia política y para planear la conquista del planeta, como si fueran dos siniestros personajes escapados de un comic de Batman. Chávez, al contrario de Raúl, mantiene su deslumbrada admiración por el Comandante y se considera su hijo putativo y su heredero moral.

En todo caso, el Sexto Congreso se reunirá en la segunda quincena de abril del 2011. Su función será legitimar la voluntad de Raúl. Ya era hora. El Quinto se celebró hace 13 años, en 1997. El Cuarto transcurrió en 1991. De acuerdo con el reglamento del Partido, esos congresos generales deben realizarse cada cinco años, pero los hermanos Castro los reúnen cuando les parece útil. ¿Qué va a suceder en el próximo? Es importante describir lo que ocurrió en los dos congresos previos para poder predecir qué sucederá en el siguiente. Al fin y al cabo, los actores y el guión son casi los mismos.

Los congresos previos

El congreso de 1991 coincidió con la debacle del marxismo-leninismo. Fue una ceremonia ritual contra la perestroika dedicada a ajustar el régimen cubano a la nueva realidad. En 1989 los alemanes habían derribado el muro de Berlín, mientras se resquebrajaba todo el mundo comunista surgido tras la Segunda Guerra Mundial. En ese congreso, celebrado hace dos décadas, Fidel Castro, tras declarar lo que desde entonces se llama “periodo especial”, enfrentado al callado criterio de la clase dirigente y de casi todo el país, ratificó su adhesión al comunismo ortodoxo y aseguró que Cuba “se hundiría en el mar” antes que abandonar esta ideología. Con la fiereza que lo caracteriza, al final del Congreso dio los gritos rituales en favor del marxismo-leninismo, de la patria y de la muerte.

No obstante, el fin del subsidio soviético, entonces calculado en unos 5 000 millones de dólares anuales, obligaba al gobierno a hacer ciertas concesiones ante la crisis que atravesaba la Isla: el colectivismo había demostrado ser desastroso y el nivel productivo del país era tremendamente bajo. ¿Qué se podía hacer? Decidieron aceptar ciertas inversiones capitalistas foráneas, pero en sociedad con el gobierno cubano. Si algún inversionista extranjero quería beneficiarse de la mano de obra cubana o de ese mercado cautivo, tendría que asociarse al estado comunista para explotarlos conjuntamente. Con el objeto de premiar a sus partidarios más leales, y por su habitual paranoia política, el gobierno colocó como sus representantes en estas empresas mixtas a numerosos militares jubilados de los servicios de inteligencia.

En esa oportunidad, Fidel Castro aseguró que bajo su dirección la sociedad cubana no tardaría en recuperar los índices de consumo que le permitían sus privilegiadas relaciones con la Unión Soviética. Como entonces se acentuaba la falta de comida hasta el punto del hambre y la desnutrición, lo que provocó que unas 60.000 personas contrajeran neuritis óptica o neuritis periférica, y muchas quedaran ciegas, el Comandante se puso personalmente al frente de un llamado “plan alimentario” que supuestamente solucionaría el gravísimo problema de la comida en apenas dos años. Entonces aseguraban que en un quinquenio Cuba habría superado la crisis y el país quedaba como reserva ideológica comunista para cuando el planeta recobrara el camino del socialismo. Fue entonces cuando la oposición describió el experimento como la creación de “un parque jurásico del marxismo-leninismo”.

Por lo demás, las líneas maestras del plan de desarrollo pasaban por potenciar la industria azucarera, explotar intensamente el níquel, crear una gran infraestructura hotelera para recibir millones de turistas (a lo que se habían opuesto durante décadas para evitar la contaminación moral), y exportar masivamente productos de alta tecnología médica creados en los laboratorios del Estado. Al mismo tiempo, fomentarían el envío de remesas desde el exterior, para lo cual despenalizaron la tenencia de dólares y facilitaron las visitas de los emigrantes que hasta ese momento habían sido considerados traidores.

Fue el parto de los montes. La industria azucarera cayó en picado, las exportaciones de níquel, concesionadas a una empresa canadiense, dependían del oscilante precio de ese mineral y no generaban los ingresos esperados, las ventas de productos biotecnológicos fueron decepcionantes, y el turismo, aunque creció gradualmente, no le dejaba grandes ganancias al país porque casi todos los insumos debían adquirirlos en el exterior con moneda dura. A veces, tenían que importar azúcar, bananos y otras frutas de República Dominicana, dado que la agricultura cubana ni siquiera podía servir esos productos tradicionales.

Simultáneamente, la falta de mantenimiento, los huracanes frecuentes y la incuria de unos funcionarios a los que parecía no importarles el deterioro creciente de las ciudades y el campo, iban demoliendo paulatinamente el paisaje nacional al extremo de que los viajeros solían hablar de “un país bombardeado en el que no había ocurrido ninguna guerra”. Un ensayista y narrador cubano, Antonio José Ponte, escribió un magnífico texto llamado Un arte de hacer ruinas que luego sirvió de idea central de un laureado documental sobre la destrucción progresiva del país.

En 1997, cuando se celebró el Quinto Congreso, ya era evidente que la fórmula castrista para sostener el marxismo-leninismo no había dado resultados materiales. Seis años después del fin del subsidio soviético y de las nuevas directrices económicas, Cuba seguía empantanada en la miseria, aunque logró detener la caída de la ínfima calidad de vida que experimentaba la sociedad. Así que, poco antes de que se celebrase la reunión, el gobierno les pidió a los militantes que expresaran sus quejas, en lo que parecía ser un ejercicio del “centralismo democrático de abajo hacia arriba” que supuestamente norma las relaciones dentro del Partido. Decenas de miles de militantes se atrevieron a dar sus opiniones, descalificando el capitalismo estado, y pidiendo libertades para crear empresas o para salir y entrar del país sin necesidad de una autorización del gobierno. Si los extranjeros podían tener empresas en la Isla, aunque estuvieran asociados al gobierno, ¿por qué ellos no podían hacer lo mismo?

Todo fue inútil. El Quinto Congreso del partido reiteró la línea ortodoxa, Fidel Castro insistió en que el país no se apartaría un milímetro del marxismo-leninismo, separó del poder a los militantes que habían exhibido tendencias reformistas con demasiada vehemencia, y vaticinó el próximo fin de las sociedades capitalistas como consecuencia de sus contradicciones internas. Ni siquiera se tomó el trabajo de explicar por qué había fracasado el plan alimentario, por qué se estaba hundiendo la industria azucarera, y, en definitiva, que había pasado con aquellas promesas de recuperación económica forjadas en 1991. La sociedad cubana en su conjunto, y miles de militantes comunistas en particular, se sintieron decepcionados y, en muchos casos, traicionados. Escapar del país de cualquier forma se convirtió en el objetivo principal de millones de jóvenes.

En el verano del 2006, Fidel Castro enfermó severamente y le entregó el poder con carácter provisional a su hermano Raúl, heredero designado desde 1959, Segundo Secretario del Partido y eterno Ministro de Defensa. Dos años más tarde, tras una zizagueante agonía que lo colocó varias veces al borde de la muerte, Fidel aceptó que no podía retornar al poder y renunció a la presidencia, mas, supuestamente, mantendría una gran influencia en las grandes decisiones estratégicas del país.

Aparentemente, Raúl se ocuparía de administrar la dictadura, pero la definición ideológica seguiría siendo la que Fidel concibiera, algo que casi enseguida comenzó a desmentirse con la discreta persecución de algunos connotados fidelistas. Tres de los más importantes funcionarios del gobierno —Carlos Lage, Segundo Vicepresidente del Consejo de Estado, Felipe Pérez Roque, Ministro de Relaciones Exteriores, y Fernando Remírez de Estenoz, su Viceministro, los dos primeros del entorno de íntimo de Fidel— fueron separados de sus cargos y humillados. A los tres, como trascendió públicamente, se les imputaban actitudes reformistas contrarias a las directrices del gobierno y comportamientos corruptos. En realidad, Raúl Castro quería manejar todos los hilos del poder con sus hombres de confianza: un puñado de militares de alta graduación que lo acompañaban desde hacía décadas. Los fidelistas eran un obstáculo para sus planes.

El Congreso que viene

Y llegamos a la víspera del Sexto Congreso. ¿Qué va a pasar? Probablemente, nada significativo, pese a la alharaca desatada. Los mismos líderes con las mismas ideas producen siempre los mismos o parecidos resultados. Ya el gobierno ha hecho circular un documento de 32 páginas en el que describe los nuevos planes económicos, y en el que deja muy claramente fijada su posición con relación al modelo comunista: la esencia del sistema seguirán siendo el colectivismo, la propiedad estatal de los medios de producción, y la planificación centralizada por parte de los burócratas del Partido. Explícitamente, ratifican la vieja estrategia enemiga de las libertades económicas. Ni siquiera se dignan mencionar las civiles y políticas.

Se permitirá, eso sí, el trabajo por cuenta propia, siempre que se ajuste a las 178 modalidades en las que tal cosa es posible: alquilar vestidos de novia, actuar como payaso de fiestas infantiles, reparar ruedas de autos, forrar botones y un largo y extraño etcétera. También se podrá montar ciertas microempresas familiares o con pocos trabajadores contratados, dado que el objetivo no es que crezcan y obtengan beneficios, sino que absorban la mano de obra desempleada que el gobierno planea echar próximamente de sus puestos de trabajo.

En los próximos meses, 500 000 trabajadores serán despedidos, pero en menos de tres años Raúl Castro planea aumentar ese número a 1 300 000, el 25% de la fuerza laboral. El general y sus corifeos alegan que las plantillas están sobredimensionadas con empleados innecesarios que obstaculizan la labor de las empresas, mientras la sociedad padece el “síndrome del pichón” y espera del papá-Estado la solución de todos sus problemas, una acusación sorprendente tras medio siglo de implacable persecución a cualquier iniciativa individual. En definitiva, quiere que la economía sea productiva liberándola del peso muerto de estos obreros prescindibles.

Naturalmente, la idea de que en una sociedad aplastada por medio siglo de colectivismo, sin capital, sin insumos, sin experiencia, mediante un decreto presidencial, se puede crear súbitamente una franja importante de trabajadores por cuenta propia o adscritos a microempresas —todos sujetos a una severa presión fiscal y a limitaciones en el crecimiento para que no acumulen excedentes—, no tiene pies ni cabeza, pero forma parte de las nuevas fantasías revolucionarias de un señor que tiene una idea muy vaga sobre cómo se crea la riqueza, cómo se malgasta o cómo se conserva.

¿Qué se propone, en definitiva, Raúl Castro? El general-presidente tiene dos objetivos fundamentales que están íntimamente ligados entre sí. El primero, es asegurar la sucesión dentro del sistema y con su propia gente. Es falsa la idea de que a los Castro no les interesa el futuro de Cuba una vez que ellos hayan muerto. Los Castro tienen un claro sentido de la historia personal y del país. Han concebido una fantástica narración en la que vinculan la guerra de independencia de fines del siglo XIX con la aventura de la Sierra Maestra. Fidel se percibe como el único heredero de Martí y Raúl se ve como el único heredero de Fidel. Quieren el gobierno revolucionario perdure. Pretenden que la generación de los hijos de los dirigentes recoja el bastón de mando y continúe la obra revolucionaria.

Para lograr ese objetivo Raúl cree que el gobierno tiene que lograr que la sociedad cubana sea más productiva y competitiva. Raúl no ignora que la situación económica del país es terrible, circunstancia que ha producido un absoluto distanciamiento entre la inmensa mayoría de la isla, la cúpula dirigente y la mitología revolucionaria. En su primer discurso como jefe del Estado, se preguntó enojado por qué la leche era tan poca que los niños cubanos sólo podían tomarla hasta los siete años. Pero esa pregunta podía extenderla a los otros aspectos básicos de la convivencia civilizada en un país moderno: por qué son tan escasas y de tan baja calidad la alimentación, el agua potable, la ropa y el calzado, la vivienda, el transporte, el suministro de electricidad y las comunicaciones. Raúl teme, y con razón, que muertos Fidel y él, nadie podrá evitar que quienes les sucedan en el poder, por las buenas o por las malas, echen abajo “la obra revolucionaria” como consecuencia de la miseria generalizada que padece la población.

¿Cómo se soluciona o alivia el inmenso inconveniente del fracaso material del país? Es obvio: con un sistema económico más productivo. Hasta Raúl Castro, tras medio siglo de absurdas chácharas revolucionarias, entiende que las sociedades desarrolladas y prósperas, dotadas de un buen nivel de vida, han alcanzado ese perfil como consecuencia de su aparato productivo. Viven mejor porque producen más y porque lo hacen a precios competitivos. El problema, pues, desde la perspectiva de Raúl y sus camaradas íntimos, consiste en hacer más eficiente el sistema comunista de manera que la sociedad cubana admita de buen grado la sucesión dentro de la revolución cuando haya desaparecido totalmente la generación de los padres fundadores.

El fracaso de la reforma

Pero eso es pedirle peras al olmo. El comunismo es improductivo por su propia naturaleza. La planificación centralizada, la propiedad estatal de los medios de producción, el control de los precios y la ausencia de libertades individuales para crear y acumular riqueza, inevitablemente conducen a la improductividad y la pobreza.

Además, el pacto social entre los gobiernos comunistas y las sociedades no está basado en la promesa de una gestión pública eficaz y resultados materiales apreciables (esas son categorías del mundo capitalista), sino en una distribución igualitaria de los poquísimo bienes y servicios que se producen y en la condena y escarnio del que descuelle y posea mejores formas de vida. Sin duda es lamentable, pero el comunismo real es eso.

Cuando Fidel gobernaba, el país vivía miserablemente, mas la defensa retórica de su gestión administrativa contaba con tres ejes: todo el mundo tenía un trabajo, acceso a la educación y a los servicios de salud. A Fidel no le importaba que las empresas perdieran dinero y la producción y la productividad fueran mínimas, sino que todos los cubanos tuvieran un puesto de trabajo y recibieran un salario, aunque fuera casi simbólico. Tampoco le importaba que el sistema de salud se hundiera en hospitales sin anestesia o sin hilos de sutura, o que el educativo careciera de buenos maestros y útiles escolares. Los servicios podían ser pésimos, pero estaban ahí y él se ufanaba de esa presencia constantemente. La legitimidad de la dictadura dependía de ese discurso, convertido en un incesante instrumento propagandístico.

Por otra parte, en vista de que el tejido productivo era irremediablemente raquítico, había dos maneras de justificar esa forma abominable de vivir: el embargo económico de Estados Unidos y, paradójicamente, las bondades de la austeridad revolucionaria. ¿Para qué quería más bienes materiales un buen revolucionario? El consumismo dejaba de ser una aspiración legítima de los trabajadores y se convertía en un pecado propio de la pervertida codicia capitalista instigado por el imperialismo, las multinacionales y otros monstruos de parecido pelaje. Los consumidores, o quienes aspiraban a serlo, eran calificados como amantes de la pacotilla (“pacotilleros”) atontados por el capitalismo corruptor.

La propuesta de Fidel era cruel, pero al menos se sustentaba sobre un sofisma poseedor de una cierta coherencia. La de Raúl es un puro absurdo: quiere que una parte sustancial de los cubanos produzcan como capitalistas, dentro de un sistema esencialmente comunista, abandonando, de hecho, el pacto social entre el estado y los individuos preconizado por la retórica marxista, mientras renuncia al igualitarismo y acepta el surgimiento de la desigualdad y el consumismo en la manera de vivir de los cubanos.

¿Para qué y por qué defender un modelo de estado comunista si la forma de gobernar se aleja totalmente de los supuestos marxistas-leninistas? El comunismo tiene una lógica interna: el Partido va a construir una espléndida sociedad, el paraíso del proletariado, en la que los medios de producción serán colectivos y las personas, cuando se logre, cuando se llegue a la fase superior del comunismo, como profetiza Marx en la Crítica al Programa de Gotha, “(trabajarán) cada cual, según sus capacidades, (y recibirán) cada cual según sus necesidades”. Para llegar a ese punto, naturalmente, hay que atravesar la incómoda fase de la “dictadura del proletariado”, hasta arrancar del corazón de las personas los malditos hábitos y costumbres arraigados en ellas tras varios siglos de feudalismo y capitalismo.

Nada de eso queda en pie con las reformas de Raúl. Según su razonamiento, tras renunciar al “síndrome del pichón”, muchos cubanos se ocuparán de ganarse la vida según su talento, suerte y recursos, al margen del estado, y obtendrán por ello los mejores resultados que puedan, aunque su desempeño económico los alejen del modo de vida general de la nación.

La pregunta obligada que se desprende de todo esto es inocultable: si ya los objetivos no son edificar una sociedad comunista de acuerdo con los postulados de la secta, ¿para qué se conserva el modelo de estado de partido único y dictadura del proletariado prescritos por el marxismo-leninismo como fórmula de construir ese modelo de convivencia?

No creo que en el Sexto Congreso del Partido Comunista Cubano nadie formule esas incómodas preguntas. Como hicieron en el Cuarto y en el Quinto, los delegados aplaudirán, repetirán consignas y respaldarán sin chistar lo que Raúl Castro decida que se debe aprobar, pero entre los asistentes y entre la sociedad cubana quedará muy claro que la revolución comunista fracasó totalmente y que será imposible mantenerla a flote de manera permanente tras la extinción de la generación de quienes la pusieron en marcha en 1959.

Con razón, los pocos comunistas ortodoxos que quedan en Cuba se sentirán traicionados por Raúl Castro, mientras la inmensa mayoría del pueblo pensará, también con razón, que el hermano de Fidel les ha venido a traer lo peor de ambos mundos: un comunismo sin dádivas clientelistas y un capitalismo maniatado que no permite, realmente, el desarrollo individual y colectivo. No hay un pueblo latinoamericano más desesperanzado y con menos ilusiones que el cubano. Eso es triste.

Carlos Alberto Montaner
Madrid-Miami

* Publicado en Letras Libres (México y España, enero de 2011), y reproducido aquí con la autorización de su autor.

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19 respuestas
Comentarios

  • paco dice:

    Genial el analisis que hace CAM, como siempre con una coherencia tal que deja sin argumentos a sus detractores, por cierto en este analisis y en otros que he leido , aparece un tal (Conde de Lotromonte) que se dedica a descalificarlo., este seguro que es un enviado mas del regimen que se encuentra por todos estos blogs tratando de desviar la atencion del problema verdadero. Ese articulo se deberia publicar en el Granma, Juventud Rebelde y Trabajadores, porque no hay en el mismo una sola mentira , solo es un analisis de lo que aha acontecido en nuestro pais. A Raul solo le interesa mantenerse en el Poder y la continuidad de su regimen con sus dos yernos y su hijo , lo demas es cuento y marana. Pero estoy convencido que el dia que desaparezcan fisicamente estos dos hermanitos,ningun sulacran que venga despues de ellos podra sostener un regimen con esa misma linea. Montaner , al igual que Vargas LLosa y Oppenhimer son los escritores que en verdad desenmascara a los nuevos”socialistas, comunistas y’ y demagogos que hay regado por todo el mundo.

  • jorge cespedes y cespedes dice:

    ya es hora cubanos que despierten, y se pongan a organizar marchas para derrocar a los castro y toda su familia, ellos no pueden matar a 11 millones de cubanos y tampoco encarcelarlos , ya es tiempo de acabar con sus amos los castro,y vivan una verdadera democracia y se den cuenta que el comunismo del 59 es una desgracia para todos los cubanos. si los egipcios pueden porque ustedes no siguen el ejemplo , miren a china es democracia disfrazada y tosos los chinos viven bien y pueden viajar a donde quieran. abajo los ancianos

  • Fer dice:

    Excelente análisis Carlos Alberto! como siempre, brillante y directo al corazón de la verdad.

    Abajo la dictadura, Internet o libertad para todos los cubanos. (da lo mismo)

  • ManuelS dice:

    De forma general estoy de acuerdo con Montaner sin embargo hay aspectos de la psicologia de los seguidores del Castrismo que no se ajustan a lo que CAM nos narra.
    No creo yo que existan muchos “comunistas puros” en Cuba. Considero yo que ninguno de ellos se cuestione el rumbo del proceso “revolucionario”. Para la mayoria de estos La Revolucion es lo que cuenta. La direccion del pais por parte de los Lideres Revolucionarios y su “Victorioso” papel frente a la sociedad cubana. Se ha visto ultimamente en algunos documentales salidos de la isla, muchos de ellos dicen: Mientras este Fidel y Raul que venga lo que sea”
    La parte de la sociedad que apoya la revolucion es Fidelista o Raulista o Castrista pero de algo usted puede estar seguro: El Comunismo Clasico ellos lo mandaron al carajo hace ya mucho rato!
    El dia que haya que recrear el monumento a Lincoln y ponerlo a un costado de la Plaza de la Revolucion porque es “vital para el proceso revolucionario” lo van a ser sin chistar y hasta 14 Domingos Rojos seran establecidos para esos menesteres.
    Aquello es Castrismo y Punto!

  • heriberto dice:

    Cada palabra de este articulo es de una indesmentible verdad de lo que acontece.Es un brillante analisis en el aspecto social, economico e historico,He ahi una dictadura que parece imbatible y que esta basada no solo en la opresion sino en una ideologia que basicamente tiene mucho de cierto , pero en la practica no da resultados,Mas de cincuenta años parecen haber convertido a este pais y su gente en automatas obedientes.Que horrible…habra algun dia una salvacion?

  • elgrecolibre dice:

    este es una monografia diga de estudiar por el pueblo de Cuba, es un retrato de la sociedad que una casta degenerada ha malformado.
    gracias a ese estudioso y brillante politologo, gracias miles.

  • Francotirador dice:

    Coño! El tipo no es solo un hijo de p… , sino que es feo con ganas! Si mi nieto lo ve, se asustaria y seguro que se pondria a llorar.

  • Mr.Bean dice:

    Muy buen contenido,refleja una realidad irrefutable,pero con el permiso del Sr.Montaner,me gustarìa agregarle algo:El sexto Congreso del PCC serà para Raùl lo que el Primero fuè para Fidel.
    Cuando se realizò el primer Congreso,quien ostentaba,hasta ese momento, el liderato de la organizaciòn,era carlos Rafael Rodriguez,liderato que Fidel le arrebatò para tener el poder absoluto(Secretario General del PCC,Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros y Comandante Supremo del Ejercito.
    Raul està haciendo lo mismo,dicho en buen cubano:-Me pusiste a dirigir al país,ahora tienes que darme todos los poderes,solo me falta el del PCC.
    La primera impresiòn que recibimos fue la de un Comandante(Fidel) sin grados en la charretera,solo el la gorra)a la usanza de los tiempos de la Sierra Maestra.
    No vamos a usar el termino arrebatar,pues al viejo camajàn nadie le arrebata nada,solo que negociaron espacios y punto(recuerden los actos simultáneos del 26 de Julio,uno en Santiago y otro en la escalinata de la Universidad de la Habana.
    Pero bien,sin desviarnos en esos aspectos;Fidel instaurò una dictadura fèrrea por 50 años,Raul sabe que no tiene 50 años màs para imponer sus criterios,pero sabe que el tiempo que le queda,seguro que va arreciar con sus mètodos de asesino silencioso para aplicar los sueños que ha tenido todo el tiempo(desde niño,que ha estado bajo la tutela de su hermano).
    Solo que no cuentan con un detalle:Un pueblo cansado,extenuado,envejecido y una juventud no dispuesta a pagar lo mismo que su generaciòn pasada.
    Ellos no le temen(el gobierno)a los viejos disidentes,eso ni hicieron nada ni van ha hacer,por falta de unidad,entre otras cosas,o porque se dejaron fragmentar,pero la juventude,esa si es de temer…le temen a los internautas,a los blogueros,los quieren callar,pero no pueden,hay que usar sus armas:”Una idea justa,desde el fondo de una cueva,vale mas que un(o mil) ejèrcito”.La idea de acacabar con la Dictadura es lo màs justo e inminente que reclama la patria.
    El Congreso del PCC es apobar,por simple acto simbòlico,lo que està haciéndose.Es la gran mentira

  • ¿Madrid-Miami? ¿Qué? ¿Lo escribió en un avión? Podrían haber puesto Oceano Atlántico. Los escritos de CAM son como esos correos que se reenvían cíclicamente por Internet y unos los recibe, más o menos, una vez todos los años. Siempre dicen lo mismo con pequeñas variaciones. ¿Será que tiene miedo? ¿Será que teme que estos torpes movimientos de Raúl puedan tener éxito?

  • Jacobo dice:

    Magnífico artículo de Carlos Alberto, como nos tiene acostumbrados.
    Pero existe un punto en el que no estoy de acuerdo, el supuesto alejamiento de Fidel Castro de las importantes decisiones que se toman en el gobierno. Es cierto que ha permitido la escuálida apertura económica, pero es algo que no ha quedado más remedio que hacerlo, ya que de seguir por el actual camino peligra su propio pellejo, el de su familia y el de la cúpula del generalato que gobierna.
    Pero en otros aspectos se nota la ideología de Castro I imponiéndose. Se puede decir, como el sabio refrán, que “conozco al pájaro por la cagada.” Estos son dos ejemplos:
    -Mantener la tirantez en las relaciones con USA es típico de Fidel Castro y opuesto a las ideas de desarrollo económico de Raúl. La política conciliadora de Obama se ha visto anulada por el secuestro de Alan Gross, cuya retención por parte de las autoridades cubanas no tiene otro sentido que el de impedir cualquier mejoramiento futuro de las relaciones. Política típica de Castro I.
    -La lenta liberación de los presos políticos y su destierro, aún haciendo quedar mal a la Iglesia católica –que tan buenos servicios le ha prestado a a la dictadura–, es típica política de Castro I.
    La magnitud del poder de Raúl se hará visible en el Congreso si logra destituir a Fidel Castro del cargo de Secretario General. No vale que le asigne un cargo de “Secretario General Honoris Causa”‘ porque sería el mismo perro con diferente collar.

    Saludos, Jacobo

  • caca toto dice:

    C.A. Montaner uno de los pocos en la propaganda politica antikkastristas con los pie en la tierra.Me gusta sus articulos ,pues para mi refleja el verdadero comportamineto del regimen feudal en la Isla-Hacienda y naturaleza del regimen….

  • Anónimo dice:

    Estas por la goma. Poniendole nombrecito de jeba al Fifo y llamando a Chavez hijo de puta (bueno, hijo putativo, pero suena parecido. Si alguien me llama hijo putativo, hablando despacio y con buen acento, me acomplejo, vaya)

  • Jesus Hernandez dice:

    Este es un excelente análisis, y espero que aquellos que critican tan duro a Montaner, puedan apreciarlo también.
    Lo que le viene encima a Cuba, “no es jamón” como se dice en nuestra tierra. La pobreza se extenderá aun mas, y los servicios se verán cada vez mas deteriorados.
    Realmente, yo soy de los pesimistas, no le veo una salida..

  • libertad dice:

    Con esa foto de la china histérica, q muy bien parece q ahora sí q se puso las chancletas, me da hasta miedo leer el artículo.

  • ErnestoRM dice:

    Excelente artículo de Montaner.

    Raúl Castro con sus reformas económicas pretende introducir en Cuba un sistema capitalista primitivo o salvaje que funcionaría mucho peor sobre todo por las altos cargos tributarios y por los límites a las libertades económicas. Añadiéndole su intención de mantener una economía centralizada, con precios centralizados, y una la mayoría de empresas de producción y de servicios estatales sin duda las refomas económicas están destinadas a un total fracaso.

    Por otra parte, el tirano sucesor no hará cambios relacionados con las libertades individuales. Su intención es seguir manteniendo el unipartidismo, la falta de libertad de expresión, de movimiento y de asociación, es decir, mantener prácticamente intacto el régimen totalitario.

    Sin duda, sus reformas tendrán lo peor de ambos mundos.

  • Pues Yo dice:

    ….1000% de acuerdo….aquello es capitalismo de estado sin ninguno de sus beneficios, y socialismo ortodoxo sin nada del asistencialismo que dicen brindar…..

  • El Jigue del Marañon dice:

    Estimado Montaner su articulo es a primera vista sin que quepa duda , magistral , usted a sabido condensar el desastre economico politico y social en que esta inmersa la nacion cubana por la tirania de los Castro . Es a mi modo de ver la tesis de lo que vendra , de eso puede estar seguro , creo sin temor a equivocarme que este ,su articulo , si se pudiera leer en las sesiones del proximo Congreso del PCC , y el pueblo de Cuba lo pudiera escuchar, provocaria la caida del gobierno , dejaria sin argumentos a los dictadores y serviria de estimulo moral para la sublevacion que tanto añoramos . Un abrazo y felicidades por tan magistral resumen .

  • Yo soy algo más optimista. Si bien el análisis de Carlos Alberto Montaner me parece lúcido, creo que la gente no aguantará más y la dictadura acabará cayendo más pronto que tarde, como ha ido pasando en todos lados, mostrando que, al final, todos estos dictadores no son más que gigantes con pies de barro. Y lo deseo de corazón por el bien de los habitantes de la isla, que son las verdaderas víctimas del castrismo…

  • pitirre dice:

    CAM dandole al Castrismo donde le duele, quitandole las máscaras y dejándolo en el esqueleto …