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Fan a la telenovela

  • feb 03, 201116:48h
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Tengo una amiga capaz de llamar a su madre para que le grabe la telenovela y no perdérsela cuando está en una fiesta. Por mi parte, era de las que no se enteraba ni cuando empezaba una nueva. Así las cosas, yo bastante radical con eso de no dejarme engatusar por la massmedia hasta que vi, el otro día, un fragmento del nuevo culebrón brasileño.

Resulta que a un perdido pueblo de campo en Brasil llegan dos muchachos jóvenes, un periodista y un publicista, para abrir un periódico. Le cuentan a un tabernero, líder de la oposición del lugar, que pretenden hacer críticas a la política actual y denunciar los desmanes de la administración en el poder. Quieren, además, promocionar aquellas campañas que puedan ser beneficiosas para la comunidad y por esa razón invitan al disidente a participar del proyecto.

Entonces lo entendí todo. Como cuando uno está enfrascado en un abstracto problema matemático y de pronto la fórmula más simple soluciona todo el embrollo numérico. Una especie de iluminación mística. Comprendí en ese mismo instante por qué gran parte de la población de mi país mira obsesivamente la novela. Sentí ganas de llamar a mi amiga y contarle que había descubierto el misterio detrás del tubo de pantalla del televisor. Ella mira la novela porque quizás las mujeres siempre encuentran al amor de sus vidas —mi amiga tiene cierta obsesión con el tema—, mi madre porque las casas son lindas e iluminadas, la suegra de un amigo porque los paisajes de Brasil la deslumbran y un vecino porque los malos nunca ganan.

Me imaginé a mí misma desembarcando, digamos, en la nueva Mayabeque y abriendo un diario llamado, por ejemplo, “Habana siempre”. Podría enfocarme, quizás, en el desastre que ha sido para todo una comunidad haber salido de la Capital sin haber cambiado el lugar de residencia. Abordaría las noticias locales que son ignoradas en la prensa oficial y analizaría, por supuesto, el trabajo de los cuadros de la zona para denunciar la corrupción. Le daría voz, además, a los políticos de oposición del barrio. En fin, después de tanto soñar estoy yo también, desde la semana pasada, viendo la telenovela: Ese mágico mundo en la pantalla, donde uno puede ir de pueblo en pueblo abriendo periódicos para hablar de política y criticar al gobierno.

Claudia Cadelo
La Habana

Foto: Claudio Fuentes Madan

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